Evolución histórica de la calle San Fernando
La actual calle San Fernando tiene un trazado recto, fruto de la
planificación urbanística iniciada en el siglo XVIII,
la cual modificó parte del arroyo Tagarete
y el tramo de muralla situada entre la Puerta de Jerez y el Prado
de San Sebastián. Este programa de obras se inicia en 1728
y culmina en 1771, asociándose a la construcción del
Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, edificio emblemático
y el más importante centro productor del monopolio real,
como estamos viendo en esta web. La intervención de la Corona
es la clave fundamental para entender el cambio radical que se opera
en esta zona de la ciudad.
Anteriormente, esta zona formaba parte del Alcázar en su
mitad Norte, mientras que al Sur -donde se construirá la
Fábrica- se desarrollaba la línea de muralla,
flanqueada por 6 torres, un foso defensivo delimitado por un antemuro
o barbacana y, finalmente, el arroyo Tagarete. El origen de estas
construcciones defensivas se remonta a la primera mitad del siglo
XII y principios del XIII, enmarcándose en la
ampliación del recinto amurallado de Sevilla, el cual se
conserva hoy día tan sólo en algunas zonas, como la
Macarena o los Jardines del Valle.
El arroyo Tagarete corría
en paralelo a la barbacana, desde la actual Pasarela hasta su
desembocadura en el Guadalquivir, próxima a la Torre del
Oro. La muralla, según los planos históricos -confirmados
con las últimas excavaciones-, estaba situada en el eje central
de la actual calle San Fernando. Flanqueada por torres y separada
del cauce del arroyo por una barbacana que se iba adaptando a la
disposición
del lienzo de muralla y las torres.
Al interior de la muralla se situaba, formando parte del complejo
militar del Alcázar, la Huerta de la Alcoba, descrita según
las crónicas llena de árboles frutales y álamos,
con la intercalación de alguna construcción de la
servidumbre. Cerca de la Puerta de Jerez se situarían cocheras
y una alberca que regaba la huerta.
Extramuros se encontraban algunos caminos, que atravesaban el Prado
de San Sebastián, que desde época islámica
se conoce que estaba sometido a las periódicas inundaciones
del arroyo Tagarete y el río Guadalquivir, utilizándose
como zona de pasto de ganado, uso que continúa tras la reconquista
cristiana y se mantiene hasta el siglo XIX.
Toda esta zona exterior de la ciudad comienza a alterarse tras
la construcción en 1682 del Colegio de San Telmo (actual
Palacio de San Telmo), acelerándose los cambios con la instalación
entre 1728 y 1771 de la Real Fábrica de Tabacos. El enorme
edificio se situó entre San Telmo y la muralla, la cual le
servía parcialmente de protección por su flanco Norte,
el único que carece de foso, ideado éste para evitar
el contrabando.
El encauzamiento y abovedamiento del Tagarete, que discurría
entre el edificio y la muralla, posibilitó la creación
de una gran explanada, llamada de la Fama, delimitada al Este por
la capilla de la Fábrica y al Oeste por el edificio de la
Cárcel. La fachada principal de la fábrica se situaba
al Norte, donde se encontraba la muralla, ya desprovista de torres
y barbacana en ese tramo.
La muralla, por su parte, se rehace con nueva fábrica de
ladrillo, construyéndose en el centro una puerta de conexión
con la calle San Fernando, recién creada. Esta vía
se define en 1759 con la construcción de la monumental Puerta
Nueva, al Este. La propia calle San Fernando se crea ocupando
terrenos de la Huerta de la Alcoba. De esta forma se va a configurar
como una vía intramuros asociada a la Fábrica de Tabacos
y como eje de comunicación entre la Puerta Nueva y la Puerta
de Jerez. Toda la acera Norte hasta la Puerta de Jerez estará
ocupada por casas para los empleados de la Fábrica, marcándose
la anchura de la calle en 10 metros. En el extremo oeste
de la nueva vía, entre la Puerta de Jerez y una de las escasas
torres que se mantiene, se construyen otras tres casas, conformando
una manzana de planta triangular adosada, por el interior, a la
muralla. La fachada de esas casas rectifica el giro hacia el Oeste
de la muralla y permite mantener el mismo ancho de calle en todo
su recorrido.
Con la celebración de la Feria de Abril en el Prado de
San Sebastián, a mediados del siglo XIX y la posterior
construcción
de la estación de ferrocarril de San Bernardo, la calle
San Fernando aumenta su importancia como eje de comunicación
de la ciudad. Esta circunstancia, unida al imparable proceso de
demolición de puertas y murallas, acelerado a partir de
la Revolución de 1868, potencia la idea de la ampliación
de la calle San Fernando a costa del recinto fortificado. La Puerta
de Jerez se derriba en 1864. Posteriormente, en 1868,
le seguirán el lienzo de muralla y la Puerta Nueva (1).
Sin embargo con estas demoliciones no se produce la ampliación
de la calzada en un primer momento, puesto que sobre los restos
del lienzo de muralla se instaló una verja de delimitación
con la Fábrica de Tabacos. Fue entre 1919 y 1923 cuando
esta verja se desplaza unos metros hacia el Sur, hasta su ubicación
actual, consolidándose el trazado actual de la calle San
Fernando.
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Proyecto de ensanche de la calle San Fernando
aparecido en "El Correo de Andalucía" de
8 de marzo de 1911.
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Retranqueo de las verjas de la Universidad
en 1919, presenciado por el entonces alcalde Federico Amores
Ayala, conde de Urbina |
Las viviendas
Ya Bordick planteó explicitamente la conveniencia de la
construcción de una serie de viviendas que sirvieran de alojamiento
para aquellos trabajadores que estuvieran a cargo de servicios permanentes
de la factoría.
La intervención es una de las más importantes
en términos urbanos de las que se realizaron en la Sevilla
del XVIII.
En el primer plano que Borcht diseña de las viviendas y
su ordenación, se ven perfectamente definidas las claves
de la misma. Ignacio Sala colocaba un callejón paralelo a
la muralla del Alcázar, ocupando unos terrenos pertenecientes
a su huerta. Esta será la situación aproximada de
las viviendas que va a proyectar Borcht. Irían intramuros,
paralelas a la muralla de la huerta, con la que definían
calle. Seguidamente, enlazaban la plazuela de la Universidad en
las inmediaciones de la puerta de Jerez, hasta el lugar en el que
se quebraba la muralla, en el que se situaría la Puerta Nueva.
De las casas, sólo queda una, aunque se encuentra muy transformada.
El objetivo que debían cumplir las viviendas consistía
en cubrir las necesidades domésticas de los
trabajadores permanentes de la factoría. El principal obstáculo
a salvar era la prohibición de abrir huecos a la huerta del
Alcázar. La tipología utilizada consiste en
una simple crujía con cubierta a doble agua, de la que parten
perpendicularmente otras dos, que encierran un patio contra la tapia
de la huerta. Por lo demás, en la casa que aún permanece
en pie se conserva la escalera de la crujía de fachada contra
la medianera, que ascendía a los cuartos.
Su tipología, sus medidas constructivas, ancho de crujía,
cubrición, etc... fijan los modelos de referencia para las
nuevas poblaciones con las que tanto tuvieron que ver los ingenieros
militares.
La construcción de estas viviendas resolvió prematuramente,
al menos para los trabajadores de las fábricas, el problema
de vivienda que Sevilla tendría en la segunda mitad del XVIII
a raiz de la especulación que afectó a los alquileres.
La puerta nueva de San Fernando
Para hacer la nueva puerta, se va a edificar una torre que es repetición
de otra ya existente, donde
doblaba la muralla. Desde la nueva torre arrancará un
tramo de muralla nuevo que rectificaría la trayectoria inclinada
que antes tenía. Queda así construida otra entrada
a la ciudad antigua, pero sustancialmente diferente a las existentes.
Es significativo que mientras hasta el momento era normal que las
puertas de la ciudad adoptaran denominaciones que se referían
a situaciones geográficas o comerciales, en el caso de esta
nueva entrada su nombre atenderá a un código diferente.
La arquitectura y la ciudad se harán más que nunca
principio y final de las celebraciones reales o de otro signo.
Borcht va a contruir un "arco triunfal" de un
vano reforzado formalmente por columnas dóricas. El lenguaje
utilizado es similar en todos sus aspectos: apilastrados que corren
detrás de las medias columnas, almohadillados, placas, frisos,
balaustrada superior maciza y jarrones responden a los mismos temas
lingüisticos del edificio principal, que también ser
veran repetidos en los alzados de las viviendas que se construirían.
La puerta, colocada entre
dos altas torres paralelepipédicas, aumentaba su importancia
a la vez que rectificaba el límite simbólico de la
ciudad hasta ahora medieval en este punto.
Esta puerta será derribada en 1868, como otras de
Sevilla (2)
Integración en el circuito festivo
La puesta a punto del edificio en su conexión con el territorio
no podría hacerse sin asegurar su integración urbana.
Era complicado por la existencia de la muralla, que convertía
las fábricas en una pieza extramuros de la ciudad.
La solución vendría dada en clave barroca, la única
que podría entenderse en el interior del recinto urbano.
La inclusión del monumento dentro del recorrido festivo del
"centro" ayuda a ello.
En vísperas de la proclamación de Carlos III como
rey, hecho que tiene el lugar al año siguiente de haberse
finalizado el cuerpo principal del edificio, en 1759, los
directivos del mismo creen indispensable que forme parte del circuito
real ornamentado en que se incluían los principales monumentos
de la ciudad: Ayuntamiento, Inquisición, Hospital Real, Alcázares,
Aduana, Casa de la Moneda, etc. El círculo quedaría
perfectamente cerrado si a la representación arquitectónica
del poder político en la ciudad imaginada se unía
la del poder económico, que hasta el momento contaba con
una escasa presencia.
Muy importante para la consecución de tal objetivo fue el
apoyo formal urbano de las fábricas: la ordenación
de las viviendas y la Puerta Nueva. A partir de ahora unas imágenes
de los Santos Patrones se colgarán en la Puerta Nueva de
San Fernando, cara al enigmático territorio del sur descubierto
tras la intervención de Van der Borcht.
Con motivo de la proclamación de Carlos IV en 1789,
arquitecturas efímeras se erigen frente al alzado principal
del edificio, acotando un lugar tras la muralla con un anfiteatro
circular, gobernado por las figuras de Hércules y la Fama
en el punto central y más elevado: el tímpano de la
portada de las fábricas. Todo ello serviría, por supuesto,
al realce de los retratos reales encargados al pintor de la Corte
Francisco de Goya, que regían toda la composición
escénica.
Notas:
(1) El factor desencadenante es la aparición
de una nueva mentalidad que rechaza la idea del encintado mural
como elemento señalizador de un orden histórico vinculado
a la tradición, lo cual supone la existencia de una ciudad
cerrada y autosuficiente que el mundo contemporáneo pretende
desterrar sustituyéndola por otra de carácter abierto,
dinámico y expansionista. Este nuevo concepto que propugna
la desaparición de la muralla a nivel simbólico,
tendrá su paralelo en el aspecto puramente físico
de su demolición, ya que la inexistencia de peligros exteriores
y los nuevos planteamientos económicos derivados del proceso
de industrialización, la han liberado de sus antiguas funciones
defensivas.
La supresión del recinto amurallado se generaliza
en las ciudades españolas durante la década de los
años
60, siendo Sevilla una de las pioneras con la demolición
de un trozo de muro en la zona portuaria durante la Asistencia
de Arjona en el primer tercio del siglo XIX. [Volver
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(2) El derribo de la muralla sevillana, tema
que viene coleando desde los años 40 del XIX, comienza con
el de la Puerta Real en 1862 para proseguir con los de la Puerta
de la Carne, la de San Juan, de Jerez y del Arenal en 1864; el
del Postigo del Carbón en 1867; en el año 68 los
de las puertas de Triana, Osario, Carmona y San Fernando, y los
derribos de la Puerta de Córdoba y del Sol en 1872 y 1873
respectivamente (Cfr. González Dorado, Antonio: "Sevilla,
centralidad regional y organización interna de su espacio
urbano",
Sevilla, 1975, pág. 327) [Volver
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Para saber más... |
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Morales
Sánchez, José: "La Real Fábrica
de Tabacos. Arquitectura, territorio y ciudad en la Sevilla
del siglo XVIII"; Sevilla 1991 |
Montoto y Rautenstrauch, Luis, (1851-1929): "La calle
de san Fernando y la Fábrica de tabacos : cartas al
excmo. sr. d. Federico de Amores de Urbina"; Sevilla 1919 |
Colegio Oficial de Arquitectos de Andalucía Occidental
y Badajoz: "La calle San Fernando : informe"; Sevilla
1976 |
Collantes de Terán Sánchez, Antonio y otros: "Diccionario
histórico de las calles de Sevilla"; Ed. Consejería
Obras Públicas, Sevilla 1993 |
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