|
Don Cayetano Acosta, como le llama Ceán
Bermúdez (1), o "el portugués
Cayetano", según algunos documentos de la época,
es el más característico arquitecto retablista y escultor
del tercer cuarto del siglo XVIII en Sevilla, y a quien se deben los
conjuntos más grandiosos de su época; puede decirse
que con él llega a su culmen la arquitectura de retablos en
la capital andaluza, iniciándose a su muerte un rápido
descenso que termina en el retablo neoclásico, que ya él
mismo preludia.
Según Ceán, nació en Portugal
en 1711, muriendo en Sevilla en 1780, dejando innumerables obras
en todo el arzobispado. Probablemente se encontraba en la capital
desde 1750, pues se conoce su presencia en ella, documentalmente
en 1755, año en que realizaba la
fuente del patio principal, remates
de la fachada y otros trabajos de escultura para la Real Fábrica
de Tabacos de dicha ciudad.
De sus innumerables obras se pueden destacar los
retablos de la iglesia del convento de Santa Rosalía y los
de la Colegial del Salvador, en Sevilla, que bastan para calificar
en alto grado el criterio estético de este arquitecto-escultor.
Sus trazas, aunque alguna recuerda a la de Duque Cornejo en Umbrete,
se caracterizan por una gran riqueza de movimientos en los elementos
constructivos, pero principalmente por la fastuosa decoración
de rocalla que cubre todo el dispositivo y por la intervención
tan destacada que tiene la escultura en la composición, a
la que presta intensos matices de escenario, que no consiguió
ningún otro retablista de su tiempo.
En 1761 se incendió la iglesia del convento
de Santa Rosalía (Sevilla)(2),
destruyéndose sus retablos. Inmediatamente después
del siniestro, el arzobispo don Francisco de Solís y Folch
encargó a su arquitecto, don Cayetano da Acosta, la ejecución
de siete en sustitución de los perdidos (3),
dando lugar a uno de los interiores de iglesias sevillanas más
bellos y completos que quedan del siglo XVIII. En el corto espacio
de tres años dió cima Da Costa a esta gran obra, que
se inauguraba en 1763, dorándose el retablo mayor a expensas
de la testamentaría del arzobispo Salcedo y Azcona.
Entre estos años y 1770 acometió Cayetano
da Costa las dos obras de mayor envergadura que de él se
conservan: el retablo mayor y el que sirve de portada a la capilla
Sacramental de la iglesia del Divino Salvador, en Sevilla.
La gran portada de la capilla estaba terminada en
aquel año, siendo considerada por Sancho Corbacho como la
obra más original y que mejor caracteriza al estilo del arquitecto
portugués, y desde luego, la más representativa de
la arquitectura retablista sevillana de la segunda mitad del siglo
XVIII. El retablo mayor es de enormes dimensiones, con abundantes
grupos escultóricos y nuevos motivos ornamentales.
Es de sospechar que Da Costa hiciera muchas más
obras aún no identificadas, pues estuvo en Sevilla durante
treinta años y gozaba del prestigio necesario. También
debió tener una serie de discipulos y seguidores autores
de un conjunto de retablos muy importantes en toda la región,
como sucede con el mayor de la Colegiata de Osuna (Sevilla) o el
de Santo Domingo (Carmona). Quizás pueda considerarse colaborador
suyo el entallador Julián Jiménez, que en 1762 hacía
el retablo de la capilla de la Fábrica de Tabacos, cuya composición
se desarrolla dentro de las normas estilísticas de Cayetano
da Costa.
Notas:
(1) CEAN BERMUDEZ, Juan Agustín: "Diccionario
histórico de los más ilustres profesores de las Bellas
Artes en España", Madrid, 1800 (Este autor llegó
a conocer al hijo y nietos de Cayetano, también escultores)
(2) Este convento se fundó en 1700 por el arzobispo
de Sevilla Jaime de Palafox y Carmona; su hermana Josefa Manuela
fue la primera abadesa. Pertenece a la orden de Franciscanas Capuchinas.
Se encuentra en la calle Cardenal Spínola (Sevilla)
(3) "Reedificación de la iglesia y convento
de las RR.MM. Capuchinas...", 1763, Manuscrito en el archivo
del convento.
|
Retablo mayor del convento de Santa Rosalía (Sevilla), de Cayetano da Costa, realizado en 1763.
Tras el incendio que destruyó los anteriores, el portugués hizo siete retablos para sustituirlos: el mayor, dos colaterales y cuatro más pequeños para los machones del crucero, más otros cuatro, en forma de pequeñas vitrinas rinconeras, dispuestas sobre consolas en cada uno de los ángulos del crucero, dando lugar a uno de los interiores de iglesias sevillanas más bellos y completos que quedan del siglo XVIII