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El contrabando de tabaco | De la persecucion al monopolio

El contrabando de tabaco

vigilantes contrabando
El resguardo del tabaco, de Goya (1779)
El tabaco era monopolio real desde el siglo XVI por lo que se vigilaba el contrabando con especial interés.

Traído desde La Habana, se elaboraba en la Fábrica de Tabacos ubicada en Sevilla y se distribuía por toda la geografía nacional.

Su precio era muy elevado lo que favorecía la aparición de numerosos contrabandistas que ponían en peligro uno de los más sustanciosos ingresos de la Corona. Los guardas del tabaco controlaban la proliferación de partidas, siendo los protagonistas de este lienzo de Goya destinado al antedormitorio de los Príncipes de Asturias en el Palacio de El Pardo.

El Resguardo del tabaco (hoy Servicio de Vigilancia Aduanera) era una organización paramilitar encargada de combatir el contrabando de este artículo monopolizado. No se sabe con certeza si lo creó Felipe V o Carlos III. Desapareció cuando se extinguió el estanco del tabaco en virtud de Decreto de las Cortes de Cádiz de 9 de noviembre de 1820.

Posteriormente, por Real Decreto de 16 de febrero de 1824, Fernando VII restableció la Renta de Tabacos. En este Decreto se dice textualmente que "siempre será cierto que los valores de la Renta del Tabaco están en proporción de sus precios y de la vigilancia y actividad de los Resguardos destinados a alejar los perjuicios del contrabando y a mantener las leyes del estanco" y dispuso, en su artículo 7, que "se organizara prontamente un Resguardo, tanto de mar como de tierra, que persiga con celo y actividad el contrabando".

En el cuadro puede apreciarse que, fuertemente armados, descansan junto a un río en el que apreciamos ecos de la obra de Velázquez. Su aspecto fanfarrón ha sido perfectamente interpretado por el pintor, aplicando rápidas pinceladas de óleo que impiden detenerse en los detalles pero ofrecen una idónea sensación de conjunto.

La presencia de árboles en la mayor parte de los cartones vendría motivada por las exigencias de los tapiceros de la Real Fábrica ya que ellos cobraban por metro cuadrado de tapiz realizado, independientemente del número de figuras o elementos que integrara.

Tabaco: De la persecución al monopolio estatal

Portada Renta General Tabaco
Instrucción General para el Gobierno de la Renta del Tabaco. 1788

Curiosa la evolución del tratamiento dado por el Estado al tabaco que pasa de una sustancia prohibida a otra protegida, por meros intereses económicos. [Ahora se recomienda no consumirlo pero el Estado sigue beneficiándose...] Veamos un poco de la historia poco conocida por el que comprenderemos porqué la Corona se gastó lo que gastó para hacer el mayor edificio fabril de la época, la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, hoy sede central de la Universidad hispalense.

El tabaco, como todo el mundo sabe, fue traído de América por los conquistadores españoles a principios del siglo XVI (1). De España pasó el cultivo de esta planta a los demás países europeos.

Al principio, el consumo de tabaco no fue bien visto por las autoridades de los distintos países y se achacó a su uso grandes males para la salud, por lo que se dictaron leyes prohibitivas, algunas previendo castigos tan temibles como los que se implantaron en Rusia y Turquía, en donde se llegó a autorizar el cortar la nariz a quienes desobedecieran la prohibición.

En otros países no se llegó a prohibir totalmente el uso del tabaco, como en Francia, por ejemplo, en donde se autorizaba la venta a los farmacéuticos, si bien se preveía el castigo con latigazos de quienes lo vendieran sin serlo.

No obstante, todos los castigos y todas las prohibiciones no consiguieron nada y el consumo de tabaco se fue arraigando en toda Europa.

Entonces tiene lugar un cambio curioso. Conscientes las autoridades de la extensión que el consumo de tabaco había alcanzado, levantaron las prohibiciones y trataron de aprovechar tal situación en orden a la obtención de recursos financieros. Es decir, que la actividad de los poderes públicos, que en un primer momento tuvo un carácter punitivo, represivo, se dirigió más tarde al logro de objetivos puramente fiscales.

Para conseguir estos fines fiscales, las Cortes, en tiempos de Felipe IV, decretan el estanco (2) del tabaco en Castilla (1636) y León (1638), otorgando su explotación en arrendamiento. Hay que tener en cuenta el auge que en el siglo XVII tenían las doctrinas arbitristas, que consideraban como panacea de todos los males por los que atravesaba la Hacienda el estanco o monopolio de la renta de determinados productos. Así, a los monopolios fiscales conocidos bajo la expresión de las "Siete Rentillas" – pólvora, plomo, azufre, almagre, bermellón, naipes y lacre- vino a añadirse el de otros productos, como el aguardiente, chocolate, azúcar, papel, bacalao, etc.… y, entre ellos, el tabaco.

En 1707 se extendió el Monopolio de Tabacos a la antigua corona de Aragón, al Reino de Navarra, a Baleares y a Canarias. En 1730, Felipe V dispuso que el Estado se hiciera directamente cargo de la explotación del Monopolio, terminando con el sistema de arriendo.

Angel González de la Peña, en 1891, se refería a las disposiciones dictadas en el período 1702-1730 opinando que "determinaron un notable progreso en la historia de la Renta, pues de ellas nació la firme resolución de dar por terminado el sistema de arriendos parciales, algunos de los cuales se retrotraían al siglo XVII y que aún subsistían, gracias al favoritismo, tal vez a la necesidad o a otras causas desconocidas hoy, en tales términos, que desde 1º de septiembre de 1731, y en virtud de Decreto de 2 de diciembre de 1730, realizóse, aunque no sin grandes dificultades, la administración completa de la venta por cuenta de la Hacienda".

Años después, en 1789, y en Memoria elevada a Carlos III, anotaba D. Miguel de Múzquiz que el "gobierno (de la Renta del tabaco) se reduce en España a dos puntos, a saber: la fabricación del género y su distribución o venta, en todo lo cual se ocupan a 4.589 personas entre administradores, fabricantes y estanqueros asalariados..."

La administración del estanco de modo directo por la Real Hacienda dio lugar a opiniones contrapuestas sobre si el proceso fabril debía encomendarse a empresas privadas, acudiendo a argumentos que hoy se invocan para acusar al Estado de incapacidad empresarial. Martin de Garay, refiriéndose a la fabricación del plomo y del azogue, además del tabaco, que corría por cuenta de la Real Hacienda, eludió una respuesta frontal respecto a que pasara a manos de los particulares, porque tal novedad requería, para este Ministro de Hacienda, "meditación y reunión de noticias que no se tienen", y escribía en 1817.

Otro fenómeno que se imputaba al estanco del tabaco fue el contrabando. Las operaciones prohibidas por la ley con productos estancados o monopolizados, quedan incursas en la legislación de contrabando que, como es bien sabido, se caracteriza por la dureza de sus sanciones y demás medidas punitivas. Demos la palabra al economista liberal Canga Argüelles (3) que consume un turno en contra del estanco del tabaco desde la óptica de las disposiciones sobre contrabando. En su "Diccionario de Hacienda" (Madrid, 1834, II, pág. 517) exponía:

"Las instrucciones y ordenanzas sancionadas por el gobierno de esta Renta (la del tabaco) han llegado a imponer la pena de muerte al defraudador, conmutada hoy por la de presidio y multa, según la gravedad. Las mismas autorizan los espías para descubrir a los delincuentes; permiten las visitas domiciliarias, con prueba semiplena en las casas de los nobles y con indicios en las de los plebeyos; mandan registrar a los trajinantes y a los carruajes, incluso los de la real persona y hasta las iglesias y monasterios; confiscar el género, las caballerías, los carros en que se conduce y hasta las que caminen en su compañía, aunque no lleven tabaco.

Con tan severas disposiciones -se preguntaba- ¿ha logrado la Hacienda ser la única vendedora? ¿Se ha estirpado el contrabando? Éste dura y durará, arruinando la moral pública y las familias, y manteniendo una guerra lastimosa entre el Gobierno y los súbditos, mientras interés en hacerle; y le habrá -concluía el ilustre hacendista-, hasta que los que dirigen la Hacienda renuncien al estanco, contentándose con exigir al tabaco unos moderados derechos como se hace con el cacao y el azúcar, o hasta que arreglen sus especulaciones de modo, que el género que vendieren sea de una calidad y de un precio tan moderado que no pueda excitar el deseo en los demás negociantes, de competir en el mercado".

Hasta aquí la larga cita de Canga porque en ella, cualquiera que sea la opinión del que le lee, están enunciados los factores más relevantes en la opción monopolio legal o libertad de fabricación y comercio del tabaco.

A lo largo del siglo XIX, habiéndose extendido la mentalidad económica liberal en la sociedad española, nos encontramos con múltiples intentos de desestanco del tabaco, de liberación del monopolio estatal.

La Revolución de 1868, con su programa individualista y contrario a cualquier obstáculo al libre comercio, amparó las medidas que se proponían respecto del desestanco de productos como la sal y el tabaco; la fabricación e importación de éste último debía ser libre desde el día 1 de julio de 1870. Pero los programas políticos han de ajustarse a la realidad social y económica. La utopía también estuvo en la "Gloriosa" pero el realismo se impuso pronto. No debe sorprender que el propio D. Laureano Figuerola (4), al presentar el proyecto de Presupuestos del Estado para 1870-71 afirmara:

"Propone, por lo mismo, la continuación del estanco del tabaco que tan pingües rendimientos proporciona al Tesoro, porque al prescindir de este monopolio, sería preciso recargar las contribuciones directas. Y dada la situación del país, abrumado bajo el peso de tantas cargas; dada la situación del Tesoro [...], el ministro de Hacienda considera que sería una injusticia en el orden moral y gravísima imprevisión en el político, abaratar una planta exótica, artículo de lujo para el hombre, encareciendo en cambio las producciones del suelo, alimento indispensable y riqueza principal de una nación agrícola..."

El estanco volvió a ser riguroso, se abolió el Real Decreto de 1865 -que permitía la entrada de tabaco de Cuba pagando el Arancel de Aduana- y se extendió el monopolio del tabaco a las provincias vascongadas (Ley de 21-7-1876 y R.D. 28-2-1878).

Ahora bien, y como expuso el ministro de hacienda D. Joaquín López Puigcerver, la Renta del tabaco era susceptible de incrementar sus ventas, pero convencido como estaba de que la Administración no era capaz de lograr mayores ingresos, y requerido, además, por la necesidad de imputar al Presupuesto estatal, como recurso extraordinario, el valor de las existencias de tabaco, propuso a las Cortes el arrendamiento del monopolio, que así fue acordado según ley de 22 de abril de 1887. Con esta ley nace la "Compañía Arrendataria de Tabacos". A ella seguirían las que ampararon los contratos de 1896, 1900, 1909, 1921, 1944 y la de 1971, que autorizó el contrato de administración y explotación del monopolio con "Tabacalera, S.A."

Notas:

(1) Según destacados autores, las primeras remesas de semilla de tabaco a Europa desde La Española se hicieron a Sevilla, donde se recibió el año 1499 por encargo del misionero español Ramón Pané. Otros autores atribuyen a Francisco Hernández Boncalo, naturalista y médico de Felipe II, la introducción en nuestro país de las primeras semillas de tabaco. [Volver al punto de lectura]

(2) Estanco: En sentido estricto, sistema de administración y control de una venta, por ejemplo, la del tabaco. [Volver al punto de lectura]

(3) José Canga Argüelles (1770-1843): Economista y político asturiano. Estudia en Oviedo y Zaragoza, doctorándose en leyes en 1791. Funcionario de Hacienda, trabaja en la Caja de Amortización de Vales Reales, cargo desde el que escribe análisis sobre los problemas económicos y fiscales de la época. Diputado en las Cortes de Cádiz de 1811, es nombrado Ministro de Hacienda y elabora el primer presupuesto español de gastos e ingresos del estado. Desterrado por la monarquía absolutista, vuelve a ser ministro de Hacienda en 1820, en el inicio del Trienio Liberal. [Volver al punto de lectura]

(4) Laureano Figuerola y Ballester (1816-1903) fue un economista liberal, más conocido por haber sido el creador de la peseta como moneda nacional en 1869. Colaborador y amigo del general Prim, intervino activamente en la preparación de la Revolución de 1868, que expulsaría del país a Isabel II. Gracias a este cambio político entró en el gobierno como ministro de Hacienda, con el objetivo de llevar a la práctica las ideas de reforma liberal de la economía española, que había venido defendiendo durante mucho tiempo en foros como la universidad, el Ateneo, la Sociedad libre de Economía Política -que él fundó- y la Asociación para la reforma de los Aranceles de Aduanas. Mantuvo la cartera desde el 8 de octubre de 1868 al 13 de julio del siguiente año, obteniéndola de nuevo en octubre de 1869 a diciembre de 1870, hasta el segundo Gobierno del reinado de Amadeo de Saboya, en que le sucedió Segismundo Moret. [Volver al punto de lectura]

 

Para saber más...
Náter, Laura (Universidad de Puerto Rico): "El negocio colonial de tabaco en el Imperio Español". Documento electrónico en formato PDF (Disponibilidad verificada 21-6-2005)
Historia de la Vigilancia Aduanera
Albiñana García-Quintana, César: "Apuntes de historia fiscal del tabaco en España"; en "Sevilla y el tabaco", Sevilla 1984, pp. 25-33

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