El proyecto
Este riachuelo, del que ya Spannochi decía que "tiene
tan poca agua que se queda casi seco, dexando a trechos unos charcos
de agua podrida y hedionda, causa de corrupción de aire y
mala salud para las casas que le están vecinas...",
se encontraba situado entre las fábricas y la muralla.
(ver en el plano
de Olavide de 1771)
Ya en 1570 el cronista Juan de Mal Lara lo definía como
"un arroyo grande, que hace foso a Sevilla, desde la fuente
que llaman de Calderón, hasta el río, pasando por
de bajo de la puerta de Jerez".
Sobre la irregularidad de su caudal, Mal Lara los describe en bellos
términos:
"podíase decir aquí fue río
una vez, y otra vez, aquí fue tierra, según suele
venir aquel arroyo con las avenidas y compañía de
río, y según estaba hecho campo, quitaba la memoria
del agua que por allí entra en Guadalquivir".
La insalubridad del arroyo se debía a que, desde hacía
siglos, transportaba los residuos industriales que vertían
el Matadero, las curtidurías y lavaderos de lana de los
barrios de La Calzada y San Bernardo, varias tahonas y la misma
fundición de Artillería. Para colmo, los numerosos
mosquitos que crecían durante los meses calurosos extendían,
en ocasiones, el paludismo.
El ingeniero Ignacio Sala sólo preveia una ligera urbanización
del Tagarete. No se planteaba modificar su curso ni, mucho menos,
cubrirlo. A pesar de ello, el proyecto resulta en este punto
bastante atrevido, por cuanto el riachuelo, aunque encharcado la
mayor parte del año, constituía una linea de fricción
sobre la que se asomaba uno de los límites más importantes
de la ciudad, que llegaba hasta la Torre del Oro.
J. Morales Sánchez no cree tampoco que Sala pensara utilizar
el Tagarete como desagüe y cauce de limpieza de las fábricas
aunque esto se planteará así "a posteriori".
El proyecto inicial pues no tocaba apenas el riachuelo. Esta circunstancia
planteaba, sin embargo, numerosos problemas. El trazado del arroyo,
que se separaba unos metros de la muralla, dejaba entre él
y las fábricas una restringida "plaza" de maniobras,
además de algunos espacios residuales.
El propio Sala no tardaría en ser consciente de la necesidad
de darles una solución, y llegó a realizar un proyecto
de modificación del anterior que, entre otras cosas, hiciera
posible la realización de los trabajos precisos. En él,
el arroyo quedaba entubado entre las tapias que cerraban
las fábricas cuando aquellas se encontraban contra la muralla.
Estos cambios conllevarían también el de la hoja de
presupuestos, que hubo de ser solicitada.
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Reforma del Tagarete (siglo XIX)
Dentro de las actuaciones orientadas a consolidar la conquista
sobre lo rural, van a realizarse entre 1849 y 1858 una serie
de proyectos sobre entubamientos y reconducciones del Tagarete.
Este arroyo, asociado al límite sur de la ciudad medieval,
era, debido a sus pésimas condiciones naturales, una barrera
que había que salvar en orden a la consecución del
paisaje deseado. Los proyectos asociados a esta idea pondrán
de manifiesto, a medida que se vayan realizando parcialmente, la
necesidad de plantear la soldadura entre un territorio ya en gran
medida preurbanizado, y los edificios de la periferia sur.
En la misma línea de reorganización de parajes naturales
periféricos para uso recreativo de la ciudad, se mueven
las intervenciones realizadas en torno al Tagarete. Como afirma
Justino Matute,
"al sitio que ofrecía la llanura desde
la Puerta de Jerez hasta el arroyo del Tamarguillo eran las más
apetecidas salidas de sus Altezas, por la variedad de los objetos
que ofrece la concurrencia de tierra y agua, y en éste la
multitud de mayores y menores baxeles que anclados unos y navegando
otros, dan una hermosa perspectiva, que unida a la vista de las
carrozas ... (y) agregándole la gente de a pie es de lo
más lucida de la ciudad" (Matute y Gaviria: Anales
eclesiásticos y seculares de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad
de Sevilla, Sevilla, 1828)
Desde la Puerta de Jerez hacia la Torre del Oro existía
una importante masa de arbolado que bordeaba el Tagarete ya en
1771, recien acabado el foso de la Fábrica de Tabacos. Ya
hemos visto como las actuaciones sobre el arroyo datan de principio
de siglo, con la canalización del ingeniero Salas por la
calle San Fernando y el posterior arreglo del puente situado sobre
la alcantarilla que vertía
al Guadalquivir. Este era una puente de madera que en 1726 fue
sustituido por otro nuevo ante su inminente ruina, siendo construido
por el Maestro Mayor de la ciudad Marcos Sancho.
En la propuesta de encauzamiento y cubrición del Tagarete
de Balbino Marrón (1849), el arquitecto municipal,
se da el primer paso hacia la solución de su conducción
y entubamiento por la zona de la puerta de Jerez, que va a tener
interesantes consecuencias en orden a derribar las casas adosadas
a aquélla
y por tanto, a sanear todo el borde del riachuelo hasta las fábricas
de tabaco.
Asimismo
se plantea la cubrición del arroyo a su salida de la calle
de San Fernando. El entubamiento desde dicho lugar permitió
la conexión del perímetro arbolado desde la Puerta
de la Carne hasta el vértice más alejado de las fábricas,
cuyo alzado lateral servía de directriz para la ordenación.
Por estas mismas fechas, con una propuesta de desviación
del arroyo, el ingeniero J.Belló desplaza este antiguo límite
hasta una posición en la que conecta con el Tamarguillo,
señalando claramente hasta dónde llegaría la
apropiación de lo rural.
Por otro lado, en un proyecto más tardío de Balbino
Marrón para la cubrición del mismo río en el
flanco de los jardines del Cristina, fechado en 1858, se preparaba
la escena para el alzado lateral de las fábricas de tabacos.
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