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A la precaria universidad de los años 40
y 50, elitista y sujeta a un control político riguroso, sucedieron
las aceleradas transformaciones sociales de los años 60,
que cristalizan en el nuevo marco ofrecido por la Ley General
de Educación
de 1970 (ley de "Villar Palasí").
En esencia, se concede cierta autonomía a las universidades
en materias de docencia e investigación, impulsándose
ésta, y se introduce cierta flexibilización en los
«curricula», con la aparición de las asignaturas
optativas. Se potencian los departamentos y los institutos universitarios.
En lo institucional, reaparecen los claustros universitarios
con ciertos poderes, además de la facultad de presentar una
terna para la elección rectoral por el Ministerio. Y se crean
nuevas universidades. Las Escuelas de Magisterio y Escuelas profesionales
adquieren rango universitario, en tanto que nacen las Universidades
Politécnicas a partir de la transformación de los
institutos técnicos ya existentes. Se crean delegaciones
y colegios universitarios en la casi totalidad de las capitales
provinciales.
La Ley de 1970 tiene una importante significación, ya que
da lugar a un modelo diferente de Universidad, un poco más
libre y democrática, más dinámica y abierta
a la sociedad. Pero los estudiantes rechazaban la LGE porque dudaban
de las posibilidades de renovar la universidad mediante leyes aprobadas
sin su concurso y la criticaban normalmente por imponer la selectividad,
rentabilizar desde una óptica capitalista la enseñanza
superior, consolidar la desigualdad social (mediante el principio
de igualdad de oportunidades) y transmitir la mentalidad tecnocrática.
Los estudiantes demandaban su participación en la elección
de todas las autoridades académicas, en la organización
de la vida académica (planes, pruebas...), libertad de actividades
culturales, autonomía plena y descentralización.
Carrero Blanco nombró Ministro de Educación y Ciencia
a Julio Rodríguez, rector de la Universidad Autónoma
de Madrid durante el curso 1972-1973, quien estableció como
objetivo de su política el mantenimiento del orden en la
universidad. Para ello llamó de nuevo a la policía
a los campus y terminó de recortar la limitada autonomía
de la universidad, seccionando los planteamientos más innovadores
de la LGE, mediante una política intervencionista que contradecía
el ejercicio de la libertad de enseñanza.
La participación de los estudiantes en la gestión
de los órganos de gobierno universitarios fue totalmente
anulada, eliminada la representación de universitarios en
las juntas de gobierno de las facultades. Medida que fue fuertemente
contestada por el movimiento estudiantil y rechazado así
mismo por amplios sectores del profesorado de todas las universidades
españolas.
El proceso de descentralización estatal, abierto a raíz
de la Constitución de 1978, repercute en la institución
universitaria en el sentido de que el referente educativo tiende
a ser ahora el marco geográfico de la correspondiente Comunidad
Autónoma. La gestión universitaria se transfiere,
por tanto, desde el Estado a las autonomías regionales.
Oscilamos, así, de la tendencia centrípeta liberal
a otra centrífuga, más próxima a la problemática
diversa del entorno geográfico y social.
La Ley de Reforma Universitaria (L.R.U.), aprobada en 1983,
pone punto final a los restos del modelo liberal decimonónico,
y da comienzo una nueva etapa de amplia autonomía universitaria
y transformaciones vertiginosas. Los objetivos que se plasmaron
en la LRU se pueden resumir en torno a tres grandes ejes: la organización
democrática de la universidad, la inserción de la
universidad en su entorno social y la modernización científica
y docente de la universidad. Hasta la LRU, la universidad española
respondía rígidamente al modelo napoleónico
francés (1). El Gobierno estaba en manos del Ministerio de
Educación
y Ciencia, con la
"... única excepción significativa de esa especie
de sutil poder autocrático ejercido por un puñado
de catedráticos que gobernaban cada facultad universitaria
como si se tratase de un ducado. Todas las universidades eran iguales,
otorgaban idénticos títulos, revalidados por el Gobierno,
todos los centros seguían el mismo plan de estudios, los
presupuestos eran fijados y controlados minuciosamente por el Ministerio,
y los rectores apenas pasaban de ser figuras representativas, y
carecían prácticamente de poder de decisión
sobre los aspectos académicos o de gestión de su
institución. El auténtico Rector era el Ministro" (International
Council for Educational Development, 1987: "La reforma universitaria
española. Evaluación e informe", Consejo de
Universidades)
Paralelamente, se produce una proliferación universitaria
sin precedentes que afecta a toda España, debida a condicionantes
políticos (descentralización administrativa)
y sociales (demanda creciente de estudios superiores). Respecto
a este segundo aspecto, debemos tener en cuenta la llegada masiva
de estudiantes, de ambos sexos y de diversa procedencia social,
a la universidad, que arranca en los años sesenta y se intensifica
en los ochenta y noventa. La multiplicidad ha incidido tanto en
la diversificación de facultades y titulaciones cuanto a
la de colegios universitarios y universidades propiamente dichas.
En 1984 existían en España 34 universidades, con un
total de 700.000 estudiantes; en 1995 las universidades eran 51,
con casi millón y medio de matriculados; en el año
2000 se había alcanzado la cifra de 61 universidades en España,
entre públicas y privadas.
Como consecuencia, la proyección geográfica de las
universidades se recorta, salvo algunas excepciones como Madrid,
que cuenta con la irradiación, y el potencial humano, político
y económico suficiente, para intentar convertirse en un conglomerados
de «universidades centrales» y privadas de referencia.
Por el contrario, la influencia de las universidades clásicas
castellanas, resulta regresiva en el conjunto de España.
Si hasta los años 60 de este siglo, Valladolid se configura
como la tercera universidad del Estado por el número de alumnos,
por detrás de Madrid y Barcelona; entrados los ochenta, y
considerando los alumnos de facultades (exclusivamente), Valladolid
se sitúa en el decimoquinto lugar y Salamanca en el duodécimo.
LA NUEVA SEDE
Las tentativas de una tercera sede para la Universidad de Sevilla
se venían sucediendo desde principios del siglo XX. En los
primeros años de la centuria se presentan varios planes
de ensanche y reforma general de la ciudad. Uno de los más
interesantes entre los no ejecutados es el Anteproyecto de Reforma
de Sevilla, presentado por Miguel de Sánchez Dalp y Calonge
en 1912, ya que incluía una serie de cambios de uso en diferentes
edificios públicos, que resultaron premonitorios en el caso
de la Universidad. El contenido de este plan es comentado por el
arquitecto Manuel Trillo de Leyva en su libro "La Exposición
Iberoamerica. La transformación urbana de Sevilla":
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"En esta temprana fecha Sánchez Dalp concibe
la formacion de un centro universitario apoyado en el uso
de la Fábrica de Tabacos y el Palacio de San Telmo.
En el primer edificio, ocupado entonces por un cuartel de
Artillería y el resto dedicado a la elaboración
del tabaco, propone la instalación de la Universidad,
Jardín Botánico, Facultad de Medicina, Instituto
Provincial de Segunda Enseñanza y las Bibliotecas
y Museos con que cuenta la ciudad, y en el Palacio de San
Telmo plantea la ubicación del Archivo de Indias,
conjuntamente con la Universidad Americanista que se creará."
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Pocos años después, en 1917, y dentro de la planificación
general de la Exposición Iberoamericana del 29, se le encarga
al arquitecto Aníbal González un Proyecto de Universidad
en los jardines de San Telmo, que finalmente no fue construido.
Alberto Villar Movellán, en su libro "Arquitectura
del Regionalismo en Sevilla", comenta las características
de este trabajo:
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"La llegada al Comité en 1914 de Feliciano Candau
y Pizarro, rector de la Universidad, como vocal representante
de los centros docentes, significó sin duda una mayor
preocupación de la Exposición Hispano-Americana
por este sector de la vida sevillana. En 1917 se decidió la
construcción de un edificio permanente que fuera en
la Exposición Palacio de Letras y Ciencias, y una
vez pasado el certamen se dedicara a Universidad. Realmente
Aníbal González proyectará una pequeña
ciudad universitaria en los jardines de San Telmo."
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A pesar de la anticipada propuesta de Sánchez Dalp, y del
intento de iniciar la construcción de una sede universitaria
de nueva planta al hilo de la preparacion de la Exposición
del 29, ni el impulso de este evento, ni la época de la
segunda República, ni por supuesto la etapa de la Guerra
Civil, permitieron la posibilidad de una nueva sede para la Universidad
de Sevilla.
Sin embargo, a los pocos años de finalización de
la contienda, concretamente en 1943, el Ministerio de Educación
Nacional encarga al arquitecto sevillano Antonio Illanes
del Río,
autor del edificio del Banco de España y de la Torre de
La Aurora, un estudio sobre la viabilidad de trasladar la Universidad
a la antigua Fábrica de Tabacos, retomando así la
idea que Sánchez Dalp había propuesto treinta años
antes. El arquitecto trabaja estudiando en profundidad tanto el
edificio de la antigua Casa Profesa como el edificio de la antigua
Fábrica de Tabacos, presentando ese mismo año un
Anteproyecto y varios años más tarde, en 1950, un
proyecto completo que incorpora hasta seis posibilidades diferentes
de intervención en la planta de la antigua Fábrica
de Tabacos, finalizando con el desarrollo de una de ellas, la seleccionada
como más idónea por la Comisión Universitaria
creada a tal efecto (2). En la memoria del proyecto comenta el
arquitecto:
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"El año 1943 fue honrado por el Sr. Ministro
de Educación Nacional encomendándome el estudio
de las posibilidades de convertir la Fábrica de Tabacos
en Universidad. Desarrollo de aquel estudio fue el Anteproyecto
compuesto con fecha 10 de abril de aquel año, en el
que se afirmaba la posibilidad de una buena adaptación.
Por encargo del Sr. Ministro y de la Comisión Universitaria
creada a fines del año pasado para la adaptación
y traslado de la Universidad a la Fábrica, se redacta
el presente Proyecto, que se basa en aquel Anteproyecto,
con las variantes impuestas por los programas, soluciones
de disposición y agrupamiento de Servicios y Facultades
propias de un Proyecto definitivo."
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Pero el trabajo de Illanes del Río no fue ejecutado finalmente.
La adaptación de este extraordinario edificio para sede
universitaria fue llevada a cabo por los arquitectos Delgado
Roig, Balbontín Orta y Toro Buiza. Tras cuatro años
de obras, el primer centro, la Facultad de Derecho, fue inaugurada
y bendecida el 4 de abril de 1954, por el cardenal Segura,
con asistencia del entonces Ministro de Educación Joaquín
Ruiz Giménez, siendo Rector el catedrático Carlos
García Oviedo. Un año más tarde, el
13 de abril de 1955, el arzobispo coadjutor, Bueno
Monreal bendijo la nueva Facultad de Ciencias, siendo Rector
don Juan Manzano. Finalmente, el 9 de febrero de 1956 se
instalaba provisionalmente la Facultad de Filosofía
y Letras, siendo Rector don José
Hernández Diaz.
Al concluirse las obras, se colocaron en el Patio del Reloj dos
lápidas conmemorativas de la primitiva función del
edificio y su actual destino. En la primera, situada en la esquina
sureste del patio, se cita el año 1725, reinando Felipe V,
cuando se decidió construir un nuevo edificio para la Fábrica
de Tabacos, y el año 1757 como de conclusión; al referirse
al arquitecto "belga" se usa "Van der Beer"
en vez de Van der Borcht, que es el nombre con el que aparece en
los documentos antiguos.
En la segunda placa, situada en la esquina suroeste del patio se
menciona el año 1965 y a Franco como el Jefe del Estado de
España bajo cuyo mandato se convierte en sede de la Universidad
de Sevilla.
Sin duda, la antigua Fábrica de Tabacos quedará como
la joya más preciada del patrimonio universitario. El edificio,
una de las construcciones industriales mas importantes de Europa
en su época, ocupa un rectángulo de grandes proporciones,
solamente superado en España por el monasterio de San Lorenzo
del Escorial. Es obra entera de cantería, con piedras procedentes
de Carmona, Morón y Estepa. En las cubiertas hay amplias
terrazas o azoteas, soladas de ladrillo, que sirvieron para secar
las hojas de tabaco. En estas terrazas hay nueve lucernarios, con
sus cúpulas decoradas con cerámica vidriada, que dan
luz a las diversas galerías.
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El arquitecto que dio remate a la obra entre 1750 y 1766, fue el
holandés Sebastián
Van der Borcht. Su estilo
es neoclásico, con decoración rococó. La pieza
más importante del edificio es la fachada principal, terminada
en 1757, con las armas reales en el frontón y rematada
por la estatua de la Fama, diseñada en 1755 por el portugués
Cayetano da Costa. Junto a ellos, trabajaron en la obra Vicente
Bengoechea, Maestro Mayor, y Pedro de Silva, Aparejador Mayor.
El edificio, de carácter monumental, está rodeado
de un foso para facilitar en su día la corriente de agua
necesaria para la industria del tabaco. Anejas, pero dentro del
recinto universitario, se encuentran las antiguas dependencias de
la cárcel (hoy sede del Departamento de Historia Contemporánea)
y la capilla de la Fábrica, actualmente sede de la Hermandad
de los Estudiantes.
(Tienen más detalles en las páginas
dedicadas a las sedes)
La adaptación de la Fábrica de Tabacos
La más importante acción edificatoria de la Universidad
de Sevilla en todos sus tiempos fue la ocupación, entre
1954 y 1957, de la Fábrica de Tabacos como sede central,
del Rectorado, Biblioteca y Facultades de Derecho, Letras y Ciencias,
todas ellas instaladas hasta entonces en el
edificio de los jesuitas.
El proyecto definitivo, en las etapas de los rectores D. Carlos
García Oviedo y D. Juan Manzano, fue encargado a los arquitectos
A. Delgado Roig y A. Balbontín por un lado y a Alfonso Toro
Buiza por otro. Los dos primeros proyectaron el plan director del
edificio y las facultades de Derecho y Letras, y el segundo la
de Ciencias.
Se abrieron 3 nuevas portadas y se demolieron importantes
sectores de la fábrica para crear nuevos patios. En el eje
este-oeste (Derecho-Letras) surgieron dos patios, que reproducen
el modelo del Archivo de Indias y en la Facultad de Ciencias se
abrieron otros para iluminar aulas y despachos. También
se demolieron bóvedas interiores para crear aulas y las
nuevas escaleras. Lamentablemente los derribos superaron en mucho
lo que hoy habría sido permisible con la Carta del Restauro
(*).
En el discurso que Alberto Balbontín leyó en 1954
para ingresar en la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de
Hungría, decía entre otras cosas:
"El hecho de estar formado el edificio por dos partes diferenciadas,
facilita extraordinariamente la tarea... Una de las zonas, la más
extensa, pues ocupa los dos tercios de la planta, tiene por su
destino un carácter estrictamente fabril. La otra, situada
en el ala de la calle San Fernando, es fundamentalmente palacial...
Aquella está formada en su totalidad por un elemento de
bóveda vaída que se repite indefinidamente y no tiene
más interés que el que le proporciona su enorme extensión.
Esta es constituida por diversos recintos, cubiertos con colosales
bóvedas de diversos tipos y ofrece al restaurador temas
abundantes para adentrarse en tan delicado trabajo...
Los elementos que aún pueden faltar, pueden encontrarse
en la maravillosa Casa Lonja, antecedente inmediato del edificio
de la Real Fábrica... De esta obra herreriana son tomados
datos para los zócalos de las nuevas escaleras y para la
organización de los grandes patios de facultad, cuyos detalles
son deducidos también del de la fuente de la misma Fábrica.
Las portadas de acceso a las facultades de Derecho, Ciencias y
Filosofía, están inspiradas en la tan conocida de
la calle San Fernando, respondiendo su decoración y gusto
arquitectónico a la de los citados patios de facultad ahora
proyectados."
Es paradójico observar que en la planta de A. Balbontín
y A. Delgado Roig no se completaba el trazado Este-Oeste, debido
a la instalación de la biblioteca de Letras en el tránsito
entre los patios. A primeros de este siglo XXI se ha podido remodelar
la biblioteca y recuperar las tres bóvedas que darían
continuidad al eje, que hoy permite el paso desde la Avenida del
Cid al Palacio de San Telmo, como una nueva calle de la ciudad.
Notas
(1) En el estilo "napoleónico" los establecimientos universitarios
son públicos, dependientes de la Administración Central, con financiación
estatal, y fundamentalmente docentes, aunque la labor investigadora
también se tiene en cuenta. Por tal motivo, es preciso crear institutos
y otros organismos de investigación independientes de las universidades.
Este es el sistema que tradicionalmente ha seguido Francia y, a
continuación, todos los países latinos. [Volver
al punto de lectura]
(2) La comisión universitaria, que luego se
transformaría
en la Junta de Obras, fue presidida primero por el Rector don Carlos
García Oviedo y más tarde por don José Hernández
Diaz. [Volver al punto de lectura]
(*) La "Carta
del Restauro" es
el nombre que recibe el compendio de recomendaciones italianas
sobre restauración, tanto arquitectónica como pictórica
y escultórica. Es un término de origen italiano por
ser en ese país donde se hizo en 1932. Son la base sobre
la que se mueven las disposiciones gubernamentales de los principales
países de nuestro entorno. La de 1972 -elaborada por el
Ministerio de Instrucción Pública- establece la prohibición
de "Remociones o demoliciones que cancelen el paso de la obra
de arte a través del tiempo, ..." [Volver
al punto de lectura]
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