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Historia de la Universidad de Sevilla
Patrimonio histórico-artístico de la Universidad de Sevilla
Las sedes históricas de la Universidad de Sevilla
Historia:

 

2ª etapa: la Universidad Literaria (1772-1845)

El cambio de sede | El siglo XIX | La Universidad Literaria |Últimos años del Colegio
carlos III
Carlos III, impulsor de la reforma universitaria, pintado por Antonio Rafael Mengs (Museo del Prado)
En esta etapa, que comienza a finales del siglo XVIII, en plena Ilustración, por fin la Universidad se independiza del Colegio de Maese Rodrigo, físicamente -cambia de sede- y jurídicamente. Los manteístas ganan la batalla a los colegiales. Nace la Universidad de Sevilla, como organismo público, en esta etapa apasionante y transcental en su historia.

El siglo XVIII

A primeros del siglo XVIII, el panorama de la enseñanza universitaria en Sevilla era realmente desolador. Así lo atestiguan diversos informes del Cardenal-arbobispo y del Regente: la provisión de cátedras estaba absolutamente mediatizada por el Colegio; la enseñanza de Artes y Teología era desconocida en la universidad, impartiéndose en los conventos de religiosos, principalmente en Santo Tomás (dominicos) y San Hermenegildo (jesuítas); la única enseñanza efectiva se daba en Leyes y Medicina (1) y se hacía por sustitutos; los grados se concedían por dinero, sin asistencia obligada a las clases (2); el Colegio usurpaba todos los ingresos de la Universidad; en fin, nadie se preocupaba sinceramente de la transmisión de conocimientos ni del progreso de la ciencia, antes bien, se miraba el centro universitario como un simple peldaño en la carrera profesional, aspirando a servir en puestos más rentables como los Consejos, Cancillerías y Audiencias. Y no más halagüeño era el panorama en otras universidades españolas como la celebérrima de Salamanca o la de Alcalá.

Las medidas que pretendían una verdadera transformación de la Universidad no se emprendieron hasta el reinado de Carlos III de Borbón. Para valorarlas en toda su importancia es necesario tener en cuenta la expulsión de los jesuitas, que se llevó a cabo en abril de 1767 y que, sobre todo en Sevilla, hizo necesaria la urgente remodelación de enseñanza para cubrir el enorme vacío que en este terreno dejaron los miembros de la Compañía.

Cuando el destierro de los jesuítas plantea crudamente en España el problema de la enseñanza, hacía ya cinco años que en Francia se enfrentaban con idéntico problema. Desde 1762 hubo en el país vecino una floración de planes de estudio, destinados a colmar el vacío dejado también allí por los jesuitas.

Al mismo tiempo de la expulsión el ministro Roda encargó la redacción de un Informe sobre la reforma de la Enseñanza al ilustre erudito Gregorio Mayans y Siscar. En mayo del año siguiente estaba ya el escrito en poder de Roda y parece evidente que sus líneas maestras fueron aceptadas por el Gobierno y transmitidas poco después al promotor de la reforma sevillana, el peruano Pablo de Olavide.

La decisión de acometer la reforma universitaria no la toma Carlos III hasta después de pensar seriamente en la expulsión de la Compañía de Jesús de sus dominios. Es, por tanto, una consecuencia inmediata del vacío dejado por los jesuitas en la enseñanza.

Así una figura clave en esta reforma fue el Asistente Pablo de Olavide, quien en ese mismo año de 1767, al poco tiempo de su llegada a Sevilla y después de haber conocido los problemas, pleitos y rivalidades que padecía la Universidad, elaboró un Informe en cuya preparación intervinieron destacadas personalidades de la intelectualidad sevillana del momento, entre los que cabría destacar a los manteístas José Cevallos y Luis Germán y Ribón, clérigos pertenecientes a la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. No todos participan de todas las ideas del peruano, pero están de acuerdo en la necesidad de acabar con el poder despótico del Colegio de Santa María de Jesús.

Olavide, en su informe, opina que la educación superior debe ser considerada como un "servicio público" exclusivo de la Universidad, siendo el principal papel de ésta proporcionar servidores al Estado.

El Informe trata en su primera parte de la forma en que las casas de los jesuitas podrían ser utilizadas con fines docentes. Seis eran las casas que los jesuitas poseían en Sevilla, a las que afectó la exclaustración: la Casa Profesa (en la actual calle Laraña), el Noviciado (en la calle San Luis), el Colegio de las Becas (con entrada por la Alameda de Hércules), el de San Hermenegildo, con el anejo Hospicio de Indias (en la actual calle Jesús del Gran Poder), el de Irlandeses (en la calle de la Garbancera) y el de Ingleses (en la calle Alfonso XII). La primera es la que se destinará a universidad.

olavide
Pablo de Olavide, promotor de la reforma ilustrada de la Universidad de Sevilla

En su segunda parte se aborda la reforma universitaria, y en ella se establece como una cuestión de fundamental importancia la separación total y definitiva de la Universidad y del Colegio de Santa María de Jesús. Hubo grandes enfrentamientos entre los colegiales y los manteístas. La inferioridad numérica de los colegiales hizo que resultasen aprobadas algunas propuestas renovadoras.

Se propone también la supresión de las escuelas de Teología, en manos de las distintas órdenes religiosas, y la secularización de las cátedras, que dejarían de ser concedidas a perpetuidad para pasar a ser de carácter trienal. En Sevilla, se aprobó que la provisión de cátedras se hiciese en virtud de resolución del Consejo de Castilla, previo parecer del claustro de Doctores. Fue la primera victoria significativa de la rebelión manteísta, que logró imponer sus criterios frente al inmovilismo. Se excluía de la docencia los profesores de siempre: colegiales y religiosos. No es de extrañar que estos últimos buscaran motivos para denunciarlo a la Inquisición, lo que ocurrió finalmente.

También, entre otras medidas, se preveía la elaboración de unos nuevos estatutos, así como la publicación de nuevos textos para la enseñanza de las distintas Facultades: Artes o Filosofía, Teología, Cánones y Leyes, y Medicina, con un nuevo curso de Matemáticas. Era un ataque frontal al viejo escolaticismo y a la inutilidad de la enseñanza anterior.

"Que esta Universidad y Colegio florezcan no en las ciencias inútiles y frívolas, sino en los verdaderos conocimientos permitidos al hombre y de que puede sacar su ilustración y provecho."

"Por desgracia nuestra no ha entrado todavía a las Universidades de España ni un rayo de esta luz. Y mientras las naciones cultas, ocupadas en las Ciencias prácticas, determinan la figura del Mundo, o descubren en el cielo nuevos luminares para asegurar la navegación, nosotros consumimos nuestro tiempo en vocear las quididades del ente o el principio quod de la generación del Verbo"

Informe sobre la reforma universitaria de Olavide (1769)

El informe fue acogido con entusiasmo por el fiscal del Consejo de Castilla, Campomanes, aunque una serie de dificultades retrasaron su aprobación. Por fin, en el verano de 1769 se aprobó el Plan de Olavide mediante una Real Cédula, aunque no fue hasta dos años más tarde cuando se ordenó el traslado de la Universidad a la Casa Profesa que la Compañía de Jesús tenía en lo que hoy es la calle Laraña.

"No se comprende la razón de una institución tan extraña ni qué motivo puede haber para que un Colegio domine por instituto a una Universidad, que la parte absorba al todo y que al Rector de un Colegio, que lo suele ser el más joven y por consiguiente el menos versado e instruido, se le fíe la dirección y gobierno de un Cuerpo tan serio como debe ser el de la Universidad. El Colegio de Maese Rodrigo debe quedar como un Cuerpo dependiente de la Universidad, adonde deberán hacer sus cursos los colegiales que los necesiten."

Pablo de Olavide. Informe sobre la reforma universitaria

 

Para saber más...
Estado general de las universidades españolas en el siglo XVIII

al inicio página

La Universidad Literaria

sello
Sello de la Universidad de Sevilla hasta 2003. Aparece Santa María de Jesús, entre nubes, coronada por dos querubines, situada sobre la figura de San Fernando entronizado, con San Isidoro a la derecha y San Leandro a la izquierda. Alrededor, la leyenda "Sigillum Universitatis Litterariae Hispalensis" (El sello actual tiene muy leves variaciones)

La ya citada Real Cédula de agosto de 1769, además de aprobar el proyecto de Olavide, ordenaba establecer con urgencia en Sevilla la Universidad Literaria, dando por finalizada una etapa y poniendo las bases de algo totalmente nuevo. Para nada se menciona el Colegio de Maese Rodrigo, al que se abandona a su propia suerte. De ahora en adelante no habría en Sevilla más institución de docencia superior que la así llamada Universidad Literaria, protegida y controlada por el rey.

En los primeros claustros del año 1772, a pesar de que el Rectorado había recaído en el canónigo-tesorero del Cabildo catedralicio, la voz cantante la lleva el fundador de la Real Academia de Buenas Letras y administrador del Hospital del Amor de Dios, el Doctor Luis Germán y Ribón.

Fue él quien propuso la renovación del sello universitario, suprimiendo toda alusión al Colegio de Santa María de Jesús y adoptando la leyenda latina "Sigyllum Regiae Universitatis Litterariae Hispalensis" ("Sello de la Real Universidad Literaria Hispalense") que debía imprimirse en la cabecera de toda clase de impresos y documentos universitarios. Era el reconocimiento explícito de la intervención real en la restauración de la Universidad, a la que se añade el adjetivo "literaria" en el amplio sentido que tal palabra tenía en el siglo XVIII. (Como puede apreciarse en el sello reproducido, vigente hasta el año 2003, posteriormente se suprimió el término de "real")

El cambio de sede

Por curiosidad, merece la pena que nos detengamos un momento en el ceremonial que rodeó a este traslado, de extraordinaria importancia para la historia de la Universidad hispalense. Tuvo lugar el día de San Silvestre (31 de diciembre) de 1771 , y lo comenta de esta forma Germán y Ribón:

casa 1926

«Siendo las 4 poco más o menos de la tarde, llegó la Universidad con sus maceros, ministriles, maestro de ceremonias y demás criados, con clarines y cajas, viniendo a caballo los estudiantes con bandas y pequeñas borlas en los bonetes de colores que distinguen las Facultades que estudian, y los bedeles con joyas, presidiéndoles el Rector de estudiantes;

después seguían los Maestros y Doctores con sus insignias de tales, que todos venían en coches, y en el último el Sr. Rector de la referida Universidad, a la cual recibió el Sr. Teniente primero, con mi asistencia y la de dichos ministros en la puerta llamada de la Portería; y en señal de dar posesión real, actual, corporal, vel quasi, del referido edificio material y su Iglesia a la dicha Universidad, el Sr. D. Juan Gutiérrez de Piñeres dispuso que la Universidad formada con el Sr. Rector y presidiendo su merced el concurso, entrase por la puerta de la Portería y se pasease por alrededor de los corredores del Patio principal;

que uno de los Doctores, que fue el P. Fray Francisco González, entrase, como entró, en una de las aulas y se sentase en la cátedra, de donde pasó a la Iglesia, en la que había un lucido concurso de los Señores Jefes y Nobleza principal de esta Ciudad, estando también presente el Excmo. Sr. Cardenal Solís, Arzobispo de Sevilla, al lado izquierdo del altar mayor; y a la vista de todos se colocó la Universidad y sus individuos en bancos presidiéndola el Señor Rector, y a la vista, su merced, con mi asistencia, en lugar separado, en cuyo interin se tocaron varios conciertos de música hasta que quedando todo en silencio, se predicó una Oración retórica por el Dr. D. Pedro Manuel Prieto. Todo lo que pasó quieta y pacíficamente, sin contradicción alguna».

El traslado, pues, se hizo quieta y pacíficamente. (+ sobre la nueva sede)

El día 2 de enero de 1772, con la ausencia voluntaria de los colegiales, tuvo lugar el claustro de elecciones, en el que, por primera vez, resultó elegido como Rector un manteísta, el canónigo Pedro Manuel de Céspedes, Tesorero del Cabildo. Era el primer Rector de la nueva Universidad, cargo que nunca volvería a ser ocupado por un colegial. Estaba consumada la separación del Colegio.

No fue tan pacífica la puesta en marcha del Plan de Olavide. El Plan de Estudios de Olavide, que consistía en definitiva en la aplicación del espíritu de la Ilustración a la enseñanza universitaria, generó lógicas tensiones y múltiples problemas que impondrían serias limitaciones a su desarrollo.

No el menor de ellos fue el de la carencia de medios económicos (3) en los que tuvo que desenvolverse a causa de la falta de apoyo que en este sentido le ofreció el gobierno, puesto que ni siquiera pudo beneficiarse de los bienes de los jesuitas expulsados, la mayor parte de los cuales fueron subastados a particulares (el Duque de Alba, por ejemplo, compró varias fincas pertenecientes al Colegio de San Hermenegildo) y su producto empleado, entre otros fines, en el mantenimiento de los jesuitas expulsos, en especial de los que hubieron de quedar en España por enfermedad. No sin resistencia pudo obtener los viejos bancos y cátedras de San Hermenegildo y del Colegio de las Becas.

El ilustrado Conde del Aguila (4) alude en 1779 a esta escasez de medios al enjuiciar el Plan de Olavide: "Proyecto verdaderamente magnífico y de aquellos que no encuentran dificultades en el papel, siendo casi imposibles en la práctica, y más habiéndose comenzado por vender las fincas de las mismas Casas que podían y en parte debieran servir a su dotación".

Recortando la autonomía universitaria, el Estado asumió la responsabilidad de la normativa pero no la financiación de las reformas.

En la mente de los reformadores la enseñanza había de ser costeada siempre por un dinero de procedencia eclesiástica. La contradicción era evidente: el Estado pretendía asumir una política cultural basándose solamente en unos bienes privados, como eran los eclesiásticos, sin aportar nada del erario público. Además, no le daba gran importancia al asunto, dejando en vía muerta cuantas proposiciones se le formulaban.

Así pues, la Universidad sevillana tuvo que seguir subsistiendo con sus propios medios, que consistían fundamentalmente en los derechos de matrícula y examen, en las «propinas» por la obtención de grados, y en algunas exiguas rentas que poseía.

Tampoco hay que olvidar el acrecentamiento de la rivalidad que la reforma provocó con las órdenes regulares y con los colegiales, quienes seguían resistiéndose a perder los privilegios de que habían disfrutado hasta entonces. Contra las órdenes regulares, el Informe de Olavide cargaba frontalmente:

 "No se descubre razón ni utilidad para que los Regulares estudien ni enseñen en las Universidades públicas. Los estudios de Ciencias prácticas y Físicas, que como útiles a la Nación vamos a promover, son ajenos de su profesión y vida ascética. Los Religiosos antes deben ser santos que sabios, y lo que necesitan aprender, deben hacerlos en sus claustros... sin salir de su retiro, para mezclarse y tal vez corromperse con los profanos"

Todas estas dificultades fueron desvirtuando la reforma de Olavide, cada vez más incapaz de superar el escollo que significaba la implantación de una nueva estructura institucional y de un sistema de enseñanza más acorde con los tiempos que corrían, en un ambiente ideológico y social que se mostraba generalmente hostil.

El Santo Oficio tomó cartas en el asunto, impulsado por aquellos que se sentían perjudicados por el Plan (p.ej. los catedráticos de órdenes religiosas afectados por la pérdida de sus cátedras). Pablo de Olavide fue procesado y la reforma iniciada no pudo culminarse. Ello permitió que los Regulares continuaran manteniendo sus enseñanzas, que las cátedras de la Universidad dejaran de proveerse y que la reforma de 1767 terminase en definitiva en un manifiesto fracaso. al inicio página

Para saber más...
"La Universidad de Sevilla en el siglo XVIII. Estudio sobre la primera reforma universitaria moderna" / Francisco Aguilar Piñal /Anales de la Universidad Hispalense nº 1; Sevilla, 1969
El informe de Olavide sobre la reforma universitaria | El Plan de Estudios de Olavide para la Universidad de Sevilla | La enseñanza media en el Informe de Pablo de Olavide

El siglo XIX

Al iniciarse el siglo XIX se intentó una nueva reforma. Se trataba del llamado Plan de 1807 (5), del ministro Caballero (6), que se aprobó con carácter general para todas las universidades españolas con el objeto de situar a estos centros a la altura de los que venían funcionando en el resto de Europa. Esta reforma introducía nuevas disciplinas, como el Derecho Público y la Economía Política, imponiendo una reglamentación y un orden en las enseñanzas desconocidos hasta entonces.

Suprimía, por otra parte, las universidades menores y dejaba reducido a once el número de universidades en España. A la Universidad de Sevilla se agregaban con su rentas y grados, las de Osuna y Baeza. Para llevar a cabo la disminución de universidades, el ministro había enviado en 1806 una circular a todas ellas reclamando una información exacta de las rentas con que contaba y, de acuerdo con las informaciones que fue recibiendo, con criterio rígido, decidió la supresión de todas aquellas que juzgó con rentas insuficientes para mantener las enseñanzas. Naturalmente, todas las suprimidas eran universidades menores y fueron las siguientes: Toledo, Osma, Oñate, Orihuela, Avila, Irache, Baeza, Osuna, Almagro, Gandía y Sigüenza.

Aunque en Sevilla fue bien acogida esta reforma, como nos comenta Martín Villa, la Guerra de la Independencia, que estalló a los pocos meses, y las difíciles circunstancias que presidieron los primeros años del reinado de Fernando VII, dieron de nuevo al traste con las esperanzas de una Universidad más progresista y racionalmente organizada.

Durante el Trienio Constitucional, las Cortes abordaron también la transformación en profundidad de la Universidad española, mediante la modernización de los estudios y la mayor dotación de medios para su funcionamiento. Sin embargo, los vaivenes de la política española durante el primer tercio del siglo XIX, impidieron de nuevo la aplicación de estas reformas, ya que la segunda restauración de Fernando VII impuso un forzado paréntesis en la evolución de nuestra Universidad.

Como dato curioso hay que señalar que las actuales calificaciones, con especificación de aprobados, notables, sobresalientes o suspensos, comenzaron a regir en el curso 1839-40.

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Últimos años del Colegio

El Colegio de Santa María de Jesús, por su parte, continuó su vida con independencia de la Universidad. El ardor de las primeras reclamaciones fue decayendo con los años. Desapareció en él la enseñanza, la colación de grados y cuanto hasta entonces había constituido su condición de Estudio General, quedando reducido a una residencia de becarios.

En 1815, Fernando VII restableció los antiguos Colegios Mayores. El de Maese Rodrigo pidió de inmediato que 'SM. se sirva mandar que la Universidad Literaria de Sevilla continúe unida formalmente al Colegio Mayor de Santa María de Jesús, vulgo de Maese Rodrigo, que se desaprueben las novedades hechas en ella, excepto la de su separación material o traslación a la Casa Profesa". La situación se complicó al quedar restablecida también la Compañía de Jesús, que pensó en recuperar la Casa Profesa.

portada capilla
Portada capilla Sta. Mª de Jesús, del viejo Colegio de Maese Rodrigo

Todas las ilusiones de los absolutistas quedaron fallidas con la llegada de los liberales al poder (1820-23). Por real orden de 13 de diciembre de 1822, al mismo tiempo que se agregaban a la Universidad las rentas de San Hermenegildo, se suprimía el Colegio de Maese Rodrigo, aplicando todos sus bienes a la misma Universidad, que también recibió poco después los de Santo Tomás también suprimido. Con la vuelta de Fernando VII al poder absoluto, renacen las esperanzas del Colegio. El Rectorado es cubierto en 1829 y 1830, pero durante los años siguientes solamente queda un colegial, hasta que en 1836 el Colegio es suprimido definitivamente.

El edificio fue cedido a la diócesis que lo destinó a Seminario conciliar. Fue derribado en 1920 para permitir el ensanche de la actual avenida de la Constitución, siendo respetada su capilla, al ser declarada monumento nacional por iniciativa de José Gestoso, el 10 de junio de 1901. El Seminario pasó entonces al palacio de San Telmo, antigua universidad de mareantes.

  Para saber más...
"Historia de la Universidad de Sevilla" / Francisco Aguilar Piñal /Sevilla, 1991
"La Ilustración y la reforma de la universidad en la España del siglo XVIII; Antonio Alvarez de Morales; Ed. Pegaso, Madrid 1985

Notas:

(1) Con la práctica desaparición de Artes y Teología, Santa María de Jesús había quedado convertida, a mediados del siglo XVIII, en una universidad para la formación, principalmente, de canonistas y, en segundo lugar, de médicos. Estos últimos eran poco apreciados por la sociedad, que solía tener más confianza en la "práctica" médica de los simples "revalidados" por el Protomedicato. Esta realidad tomó carta legal en 1741, en que este organismo central comunicó a la Universidad que sus títulos médicos carecían de valor, ya que, para ejercer la medicina, sus graduados habían de obtener la reválida de dicho organismo. [Volver al punto de lectura]

(2) Las clases, regidas por el reloj de la catedral, debían durar una hora, con dos semanas de vacaciones en Navidad y otras dos en Semana Santa, además de las de verano, que duraban del 23 de junio al 15 de septiembre. Los demás días festivos, excluidos los domingos, llegaban al medio centenar, lo que suponía reducir el curso a unos ciento cincuenta días lectivos. La aprobación de los cursos, al no existir los exámenes, se hacía por cédula firmada por el catedrático correspondiente, que había de quedar registrada en los libros de Pruebas de la secretaría. Este sistema de aprobar por cédulas dura hasta 1772. A partir de esta fecha se requerirán certificaciones firmadas de los catedráticos, procedimiento que seguirá en vigor hasta 1807. [Volver al punto de lectura]

(3) En el informe de Olavide se decía que para el normal funcionamiento de la nueva Universidad serían necesarios 11.600 ducados al año, siendo las rentas cobradas por la Universidad de poco más de 3.450 ducados, faltaban 8.150 que, teóricamente, debían salir de las "temporalidades". [Volver al punto de lectura]

(4) Miguel de Espinosa y Maldonado, segundo Conde del Aguila, munícipe de la Sevilla ilustrada. Hombre culto y bibliófilo. De su actividad municipal cabe destacar: la protección y conservación de la Biblioteca pública de San Acacio, el fomento y defensa del Hospicio general y la fundación y posterior labor en la Sociedad Patriótica de Sevilla. [Volver al punto de lectura]

(5) El título completo de la Real Cédula que contiene el Plan es muy expresivo de su contenido: "Real Cédula de S. M. y señores del Consejo por la cual se reduce el número de Universidades literarias del Reyno; se agregan las suprimidas a las que quedan, según su localidad; y se manda observar en ellas el Plan de estudios aprobado para la de Salamanca en la forma que se expresa", Madrid, 1807 [Volver al punto de lectura]

(6) José Antonio Caballero nació en Aldeadávila (Salamanca) en 1754. Estudió Leyes en la Universidad de Salamanca y fue decisivo en su carrera el apoyo de su tío el teniente general Jerónimo Caballero, ministro de la Guerra, gracias al cual en 1797 fue nombrado fiscal togado del Consejo Supremo de Guerra, cargo del que pasaría ya a la Secretaría de Gracia y Justicia. En 1788 se casó con una camarera de la Princesa de Asturias, lo que también le ayudaría en su carrera, ya en el reinado de Carlos IV. Aunque cesó en la Secretaría como consecuencia del motín de Aranjuez y la proclamación de Fernando VII, éste le nombró gobernador del Consejo de Hacienda y miembro del Consejo de Estado y del Consejo Privado. Permaneció en Madrid, tras la llegada de los franceses y colaboró con el gobierno de José Bonaparte, que le nombró Consejero de Estado. Esta conducta le obligó ya a emigrar a Francia, al ser derrotados los franceses. El trienio constitucional le abrió otra vez las puertas de la patria, a donde regresó, para morir al poco tiempo, en 1821. Su trayectoria ha sido criticada por muchos e importantes autores. Menéndez y Pelayo le retrataba en "Heterodoxos" como "ruín cortesano, principal agente de las persecuciones de Jovellanos y hombre que se ladeaba a todo viento". [Volver al punto de lectura]

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  "Historia vitae magistra" (Cicerón) Página personal © Alfonso Pozo Ruiz
Enviarme un correo electrónico Miembro del Comisariado del V Centenario Universidad Sevilla y autor de la sección histórica de la web institucional www.quintocentenario.us.es