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Historia de la Universidad de Sevilla
Patrimonio histórico-artístico de la Universidad de Sevilla
Las sedes históricas de la Universidad de Sevilla
Historia:

 

3ª ETAPA: 1845-... Centralización universitaria

Los catedráticos sevillanos a fines del XIX | La Universidad española a fines del XIX

La situación de la enseñanza en España a lo largo del siglo XIX es desoladora, siguiendo la febril mutabilidad de los gobiernos. El control que la Iglesia ejerce sobre la cultura y la educación, pese a los esfuerzos por eliminar o limitar el mismo por parte de los liberales, se mantiene durante todo el siglo. Aunque se producen varios intentos de reforma educativa, la alianza de la Iglesia con los sectores conservadores e integristas vinieron a frenar las aspiraciones de la burguesía a una enseñanza laica, que sirviera de cauce para llevar al Estado su ideología progresista y democrática.

La idea de la Universidad como servicio público, que nació en el siglo XVIII (con Pablo de Olavide, como hemos visto), no se consolida hasta bien entrado el siglo XIX. El esfuerzo de los legisladores, en su propósito de mejorar la calidad de la enseñanza, se fue concentrando cada vez más en la unificación de planes y materias, en la aprobación gubernamental de las oposiciones a cátedra y en la normalización de la vida universitaria.

Sin embargo, el paso definitivo tardó bastante tiempo en llegar. Al fin, en 1845 con el llamado "Plan Pidal" (RD 17-9-1845) por ser éste el Ministro de Gobernación, culminó este proceso de centralización y pérdida definitiva de las antiguas autonomías de los centros universitarios, que se hubieron de someter a un mismo ordenamiento jurídico, como simples dependencias administrativas integradas en la única Administración Pública. Esta centralización fue primordialmente económica, al quedar incluidos sus presupuestos particulares en los generales del Estado. Por consiguiente, la historia particular de cada Universidad queda, de algún modo, supeditada a lo legislado para todas. La singularidad se reserva a muy escasas parcelas de especialización.

"Era tan extremado el abandono que reinaba todavía en la mayor parte de nuestras universidades al publicarse el plan de estudios de 1845, que en muy pocas se conocían los aparatos y máquinas para el estudio de la física experimental, mucho menos para el de las ciencias naturales. Basta decir, que habiéndose pedido a todas ellas los inventarios de los gabinetes existentes, resultó que una de dichas escuelas contaba por único objeto un barómetro, que por cierto no era de su propiedad; en otra existe todavía guardada una máquina eléctrica de madera, ejecutada por el Catedrático de la asignatura para que sus discípulos formasen alguna idea del movimiento y funciones de otra verdadera"

José de la Revilla
"Breve reseña del estado presente de la Instrucción pública en España" (1854)

Pedro José Pidal, Ministro de Gobernación

En este año de 1845 se reformaron los estudios de nuestra Universidad, como en las demás, prestándosele una gran atención a los instrumentos y materiales que debían complementar las enseñanzas de Física, Química, Historia Natural y Medicina, y ampliándose las cátedras en jurisprudencia.

Por otra parte, se llevaron a cabo obras de mejora en el edificio de la Universidad, ampliándose sus aulas y adecuándose locales para la administración y para sus órganos de gobierno. También se mejoraron las instalaciones de la Biblioteca, incrementándose sus fondos con nuevas adquisiciones y con la incorporación de numerosas obras de diversa procedencia (los libros del Colegio Maese Rodrigo en 1846 y los de San Acacio en 1847).

Del estado de las aulas universitarias españolas deja constancia Antonio Gil de Zárate, Director General de Instrucción Pública a mediados de siglo, en su obra "De la instrucción pública en España", (Madrid, Impr. del Colegio de sordo-mudos, 1855):

"Principiando por los edificios, aquellos magníficos templos que en tantos puntos habían erigido al saber nuestros antepasados, se hallaban derruidos y en un estado que acusaba la incuria, así del Gobierno como de los inmediatamente encargados de su conservación. Las aulas eran obscuras, sucias, y sin el necesario mueblaje, o hallábase éste tan maltratado, que daba rubor el verlo. Si la fachada de algunos de estos edificios inspiraba admiración y respeto por su belleza arquitectónica, el entusiasmo se trocaba en vergonzoso sentimiento cuando, al entrar en ellos, todo ofrecía el aspecto de la miseria y del abandono. A más de esto, veáse que los mismos fundadores cuidaron más de la ostentación exterior, que de las verdaderas necesidades de la enseñanza, pues aunque solían verse espacios generales, y anchurosos teatros o paraninfos, en ninguna parte existían los departamentos que exige el cultivo de las ciencias, ni aun el número de aulas necesario para una educación varia y extensa cual en el día debe darse.

Aún menos había que buscar en tales establecimientos esa riqueza de aparatos y colecciones que forma el ornato de la escuela donde se tributa culto a las ciencias de observación. Despreciadas estas ciencias, o más bien proscriptas, ni aun como objetos de mera curiosidad eran buscados por aquellos a quienes bastaba para enseñar el púlpito y los bancos que con poca seguridad sustentaban a discípulos y maestros. Si en alguna parte se encontraba un imán tosco y mal montado, una antigua máquina pneumática inservible, u otra eléctrica sin disco, hallábase arrinconado tan inútil aparato como trasto viejo y despreciable. Sólo alguna que otra universidad, en los últimos años, y merced al celo de jóvenes rectores, había empezado a adquirir los instrumentos más precisos; pero la mayor parte ni rastro tenían de ellos, y en ninguna había que pedir gabinetes regulares de física, laboratorios, ni menos colecciones de historia natural. En cuanto a jardines botánicos sólo existía uno en la de Valencia, además del fundado por Carlos III en Madrid, con los de Barcelona, Cádiz y algún otro, no pertenecientes a universidad"

El período de secularización que supuso el Plan de 1845 duró poco; la firma del Concordato con la Santa Sede en 1851 pone de nuevo la enseñanza bajo control eclesiástico. La Iglesia asume la función de vigilante de la ortodoxia en todos los niveles de la educación, como pone de manifiesto el artículo 2 del Concordato:

"... la instrucción en las Universidades, Colegios, Seminarios y Escuelas públicas o privadas de cualquiera clase, será en todo conforme a la doctrina de la misma religión católica; y a este fin no se pondrá impedimento alguno a los obispos y demás prelados diocesanos encargados por su ministerio de velar sobre la pureza de la doctrina de la fe y de las costumbres, y sobre la educación religiosa de la juventud en el ejercicio de este cargo, aún en las escuelas públicas. "

Concordato 1851 (ver extracto)

La Ley de Instrucción Pública de 1857, siendo ministro de Fomento Claudio Moyano , y que se mantendrá en vigor más de cien años, supone la legitimación del intervencionismo eclesiástico iniciado en 1851. Además es una ley fuertemente centralizadora, en la que la dirección, a nivel nacional, de la Instrucción Pública se asigna ahora al Ministerio de Fomento (1). A nivel local, se encomienda a los rectores de las Universidades, jefes de sus respectivos distritos universitarios (arts. 243 y 260 de la Ley). Entre los diez distritos universitarios que configura esta Ley, el de Sevilla comprende las provincias de Sevilla, Badajoz, Cádiz, Islas Canarias, Córdoba y Huelva (art. 259).

Las reformas continuaron, aunque de menor calado: 1858, 1859, 1863, 1866... Una de las señas características de quien asume el poder educativo lo constituye la vestimenta. Por un reglamento de 1859 se suprime el traje talar de los estudiantes y se exige para entrar en el recinto universitario "levita de color oscuro, pantalón, corbata negra y sombrero redondo", es decir, del traje eclesiástico al traje burgués. Las togas e insignias quedaban sólo para las grandes ocasiones.

Además de la Universidad de Sevilla, funcionaban en Sevilla, en vísperas de la revolución, un Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, una Escuela Superior Industrial, una Escuela Profesional de Bellas Artes, una Escuela Normal, un Instituto de Música y Declamación, y un Seminario conciliar, creado en 1848 por el arzobispo Judas José Romo, en el antiguo Colegio de Santa María de Jesús.

La Revolución de 1868, con sus secuelas de apertura ideológica y de introducción de nuevas corrientes de pensamiento, significó para la Universidad de Sevilla la adopción de un nuevo talante y abrió una etapa de fecunda labor docente y de proyección hacia el resto de la sociedad. Esta revolución, conocida como la "Gloriosa", puso fin al reinado de Isabel II y dio paso inmediato al Plan de Ruiz Zorrilla, que siguió vigente hasta la Restauración sin más virtualidad que poner en práctica el Plan Moyano de 1857.

Se declara libre el ejercicio de la enseñanza en todos los niveles educativos, se suprimen las asignaturas de Doctrina Cristiana, Historia Sagrada, Religión, Moral Cristiana, etc.; desaparece la Teología como facultad universitaria (2), se vuelve a expulsar a los jesuitas y a las órdenes religiosas establecidas en España desde 1837, se suprime la subvención a los seminarios conciliares... La reforma educativa aparece como la premisa de la regeneración de España.

Sanz del Rio
Julián Sanz del Río

Sanz del Río trae de Alemania la filosofía krausista. Los grupos krausistas, hegelianos y positivistas de los cuadros docentes imprimieron a la vida académica un vigor y una altura que nos permiten considerar al último tercio del siglo XIX como uno de los más brillantes de la historia de nuestra institución. Nombres como los de Francisco Mateos Gago (Teología), Manuel Bedmar (Derecho), Leon Carbonero y Sol (Filosofía y Letras) y Antonio Machado y Núñez (Ciencias)* ocuparon por aquellos años los Decanatos de las diferentes facultades sevillanas y se preocuparon por sacar la actividad de las cátedras a los diversos centros culturales de la ciudad, como el Ateneo o la Sociedad Económica de Amigos del País, donde se organizaron unas enseñanzas nocturnas dedicadas a instruir a las clases populares. El Rector, por su parte, había establecido la democrática costumbre de dar audiencia diaria en su despacho a todo estudiante que lo solicitase.

Tras el sexenio revolucionario, la Universidad vive años de penuria y desorientación. En febrero de 1873 se proclama la I República, pero es apenas un paréntesis en la historia de España. En 1877 Sevilla recibe con entusiasmo al joven rey Alfonso XII y aplaude actos tan monárquicos como la colocación de la primera piedra del monumento al rey conquistador, Fernando III el Santo, en la Plaza Nueva, y el multitudinario recibimiento a los restos de otro rey vinculado a la ciudad, Pedro I el Cruel -ahora bautizado como el Justiciero- que van a hacer compañía a los de su antepasado en la Capilla Real.

En Sevilla son años de gran actividad política y cultural. Si, por un lado, nacen el anarquismo, el socialismo y el movimiento obrero, por otro, los intelectuales se reúnen en tertulias y sociedades, como la del Archivo Hispalense, la Filarmónica sevillana y el Ateneo (1887). En 1881 se celebran los centenarios de Calderón y Murillo.

Pero el período progresista va a terminar sin que se produzca una autentica reforma educativa. El ambicioso proyecto de escolarización se vio abortado por la falta de presupuesto. La ley sobre libertad de enseñanza trataba de paliar la impotencia estatal facilitando la expansión de la escuela privada, pero al estar ésta en manos de la Iglesia y de los sectores más integristas del país, no fue sino un obstáculo para los proyectos de la burguesía liberal. La debilidad política de las fuerzas en el poder y el pronto advenimiento de la Restauración conservadora que acabó con la Primera República, devolvió a la Iglesia y a los sectores integristas la dirección de los aspectos educativos a través de su renovada influencia sobre el Estado. Un Decreto del 26 de febrero de 1875 sobre Textos y Programas obligaba a los profesores a presentar a la autoridad competente sus programas de estudio y libros de texto, violando el principio de libertad de enseñanza, tan celosamente defendido por los krausistas. Más aún, una Circular de Orovio (ministro de Fomento) de la misma fecha, ordenaba se expedientase a los profesores que no acatasen las órdenes. La Circular resumía al final su objetivo:

"A tres puntos capitales se dirigen las observaciones del Ministro que suscribe. a evitar que en los establecimientos que sostiene el Gobierno se enseñen otras doctrinas religiosas que no sean las del Estado; a mandar que no se tolere explicación alguna que redunde en menoscabo de la persona del Rey o del régimen monárquico constitucional; y, por último, a que se restablezcan en todo su vigor la disciplina y el orden en la enseñanza."

La reacción de cierta parte del profesorado no se hizo esperar. Había comenzado lo que se ha bautizado como la segunda cuestión universitaria. Aunque no sea este el lugar apropiado para tratar los diversos episodios a que dio motivo esta nueva edición de la cuestión universitaria, sí debe señalarse que la reacción más enérgica provino de los profesores que habían hecho de la libertad de cátedra un ideal y una norma de conducta. El enfrentamiento se produjo, pues, entre una concepción ultramontana de la educación y una concepción krausista de la libertad de la ciencia.

El resultado de esta lucha entre estos profesores y el ministro de Fomento fue que figuras tan relevantes como Nicolás Salmerón, Francisco Giner de los Rios -que acababa de acceder a su cátedra de Filosofía del Derecho en Madrid- y Gumersindo Azcárate fueron separados de sus cátedras y desterrados, por no aceptar la exigencia de adhesión a la forma monárquica de gobierno, a la religión católica, a las reglas de la "sana moral" y por rehusar atenerse obligatoriamente a los programas y libros de texto impuestos por el Gobierno. Por solidaridad, presentarían la dimisión personalidades como Castelar, Montero Ríos, Figuerola, Moret. etc.

Esta situación daría origen al nacimiento de la Institución Libre de Enseñanza; el año siguiente, Giner crea, con otros compañeros la Institución Libre de Enseñanza, una entidad privada de enseñanza que aspiraba a crear el "hombre nuevo", capaz de afrontar la situación profundamente degradada del país, y superarla con un modelo individual y colectivo más racional, más ético y más humano. Se trataba, en suma, de un proyecto de regeneración moral de la sociedad.

El conflicto no se resolvería hasta que en 1881 llegaran al Gobierno los liberales de Sagasta con Albareda al frente del Ministerio de Fomento. La Real Orden de 3 de marzo de 1881 derogaría la circular de Orovio.

La Institución Libre de Enseñanza fue fundada en 1876 por un grupo de catedráticos (entre los que se encontraban Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate y Nicolás Salmerón), separados de la Universidad por defender la libertad de cátedra y negarse a ajustar sus enseñanzas a los dogmas oficiales en materia religiosa, política o moral.

Ello los obligó a proseguir su tarea educadora al margen de los centros universitarios del Estado, mediante la creación de un establecimiento educativo privado, cuyas primeras experiencias se orientaron hacia la enseñanza universitaria y, después, a la educación primaria y secundaria.

Giner

Así pues la situación universitaria estaba lejos de haber mejorado. Las periódicas limitaciones de la libertad de cátedra, la separación de los profesores de la universidad, el control de la enseñanza y la falta de puesta al día en el terreno humanístico, filosófico y científico-técnico habían acabado por sumirla en la rutina y la impotencia. La vuelta, en 1881, de los catedráticos expedientados no sirvió de mucho ya que la mayor parte de ellos estaban volcados en proyectos extrauniversitarios. Sin embargo, la aceptación del principio de libertad de cátedra y la reintegración a la Universidad de los profesores destituidos, supone un cambio en la orientación de la Institución Libre de Enseñanza que, después de un primer período muy combativo, va a adoptar a partir de entonces una línea posibilista, tratando de reformar el sistema educativo desde dentro, centrándose sobre todo en la renovación pedagógica.

Estamos en vísperas de un nuevo período de la historia de España: en 1879 se ha constituido el Partido Socialista Democrático Obrero de España, después P.S.O.E.; en 1881, disuelta la Federación Regional Española de la Internacional, que había subsistido en la clandestinidad, surge a la legalidad la nueva Federación de Trabajadores de la Región Española de corte bakuninista; en 1883 se recuperan los derechos de reunión y expresión; en 1887, la Ley de Asociaciones permite el ejercicio del derecho a libre sindicación: la España del siglo XX empieza a apuntar a lo largo del dilatado período de la Restauración y del sistema de alternancia en el poder entre Cánovas y Sagasta: la burguesía y el proletariado se constituyen y enfrentan paulatinamente.

Exposición Colectiva" redactada por Gumersindo Azcárate contra la Circular de Orovio
Estatutos de la Institución Libre de Enseñanza | Programa de la Institución Libre de Enseñanza | Junta directiva

 

Los catedráticos sevillanos a fines del XIX

Para conocer como era la Universidad de Sevilla a fines del siglo XIX es interesante el estudio del profesor Jean Louis Guereña sobre los catedráticos de la universidad finisecular, basándose en los escalafones de antigüedad. En él se abordan temas como la procedencia geográfica, la edad media del colectivo, la edad media de acceso al Cuerpo y la movilidad universitaria. Veamos lo que nos dice sobre los catedráticos de la Universidad hispalense.

El dato del lugar de nacimiento de los catedráticos sólo empieza a figurar en los escalafones a partir de 1902, por lo que, para años anteriores, hay que recurrir a los expedientes personales. Por lo general, el cuerpo de catedráticos se reproducía in situ. En efecto, los catedráticos solían ser originarios en su gran mayoría de la provincia (por no decir de la capital de provincia) sede de la universidad donde ejercían su actividad docente en los años indicados: era el caso de 40,3% de ellos en la Universidad de Sevilla, de 48,38% en la de Oviedo, de 53,9% en la de Barcelona y del 57,9% en la de Valencia.

En cuanto a la edad media, se puede constatar un general envejecimiento del cuerpo de catedráticos en el período considerado, rondando por lo general los 50 años a principios del siglo XX (49,23 en 1907). En la Universidad de Sevilla, la edad media pasó de 43,9 en 1895 a 46,4 en 1905, conociendo pues un envejecimiento de sólo 2,5 años en un periodo de 10 años.

Referente a la edad media de acceso al cuerpo de catedráticos, la Ley Moyano estipulaba que para ingresar en el cuerpo docente se debía tener por lo menos 25 años, lo que no impedía algunas excepciones. Indice del relativo envejecimiento del cuerpo de catedráticos, éstos ingresaban en el escalafón cada vez más tarde, pero por lo general antes de los 35 años. La edad media de acceso al cuerpo de catedráticos de universidad era de 35,7 años en la Universidad de Sevilla entre 1895 y 1905, de 35,6 en la de Barcelona en 1888 y de 34,1 años en 1902.

El examen de los escalafones permite disponer de algunas indicaciones en cuanto a la movilidad universitaria y a la carrera profesional de los catedráticos, así como establecer la "categoría" de las universidades (universidad de "destino" o "de paso"). En la Universidad de Sevilla, universidad "de paso", sólo una tercera parte de los catedráticos se queda más de 10 años en su puesto, lo que contrasta con la gran fidelidad a su universidad mostrada por los catedráticos de la Universidad de Oviedo (quedándose más de 10 años el 60,7%), que puede aparecer como una universidad específica a finales del siglo XIX y principios del XX con la existencia del famoso "Grupo de Oviedo".

Para hacernos una idea de la movilidad en las demás universidades, citemos a la Universidad de Valencia que, como la de Barcelona, aparece como una universidad de destino, pues sólo una quinta parte solicita y obtiene su traslado a otra universidad, cuando un 40% procedía de otra universidad. En Barcelona, el 37,3% de los catedráticos había enseñado ya en otra universidad y logrado su traslado a la ciudad condal, cuando el 21,3% lo hacía a otro distrito.


Notas:

(1) El Ministerio de Fomento se ocupaba, además de la Educación, las Obras Públicas y Comercio. Hasta entonces, conforme al Plan Pidal de 1845, correspondía al Ministerio de la Gobernación (artº 131 R.D. 17-9-1845). Habrá que esperar a los inicios del siglo XX para que se cree un ministerio ad hoc para la educación: el Ministerio de Instrucción Pública, creado en 1900 y cuyo primer ministro fue García Alix. [Volver al punto de lectura]

(2) El artº 19 del Decreto de 21 de octubre de 1868, por el que se fijaba la apertura del curso académico 1868-69, decía así: "Se suprime la Facultad de Teología en las Universidades: los Diocesanos organizarán los estudios teológicos en los Seminarios, del modo y en la forma que tengan por más convenientes". En su exposición de motivos se argumenta lo siguiente: "La Facultad de Teología, que ocupaba el puesto más distinguido en las Universidades cuando eran Pontificias, no puede continuar en ellas. El Estado, a quien compete únicamente cumplir fines temporales de la vida, debe permanecer estraño a la enseñanza del dogma y dejar que los Diocesanos la dirijan en sus Seminarios con la independencia debida. La ciencia universitaria y la Teología tienen cada cual su criterio propio, y conviene que ambas se mantengan independientes dentro de su esfera de actividad... La política, pues, de acuerdo con el derecho, aconsejan la supresión de una Facultad en que sólo hay un corto número de alumnos, cuya enseñanza impone al Tesoro público sacrificios penosos, que ni son útiles al país ni se fundan en razones de justicia". [Volver al punto de lectura]

(*) Antonio Machado y Núñez, abuelo de los hermanos Machado, progresista, republicano y anticlerical, fue el introductor en España de las teorías de Darwin sobre la evolución, por lo que la Iglesia lo pondría en su punto de mira. Además fue el fundador de la Sociedad Antropológica (1871) y del Museo Arqueológico y Antropológico de Sevilla. Fue rector de la Universidad de Sevilla en dos ocasiones (1868 y 1872) y alcalde y gobernador de esta ciudad. Ejerció gran influencia en sus nietos, según Ian Gibson. Por su amistad con Giner de los Ríos, los nietos estudiaron en la Institución Libre de Enseñanza. Fue el padre de Antonio Machado Alvarez "Demófilo", padre de los poetas. [Volver al punto de lectura]

  Para saber más...
"Historia de la Universidad de Sevilla", Francisco Aguilar Piñal. Sevilla, 1991
"Aproximación sociológica al cuerpo de los catedráticos de Universidad a finales del siglo XIX"; Jean-Louis Guereña, Universidad François Rabelais (Tours) en "Las universidades hispánicas: de la Monarquía de los Austrias al Centralismo Liberal", págs. 169-181
"Historia de la Educación en España", tomo III: de la Restauración a la II República, Ministerio de Educación y Ciencia, 1982 [Legislación y documentos]
  "Espacios y tiempos en la universidad de la España del XIX (1845-1898)"; José María Hernández Diaz, Universidad de Salamanca [en "Las universidades hispánicas...", pp.217-233]
  Enlaces web externos
  Historia de las universidades españolas: etapa contemporánea
   Plan de Ruiz-Zorrilla | texto íntegro del Plan de Estudios Pidal y Reglamento en Proyecto Filosofía en español: Colección de documentos sobre Filosofía & Administración
  Los 10 distritos universitarios de España en 1845 y su población
  La administración educativa en España (1812-1939), por Joaquín Diaz, Jefe del Archivo Central del Ministerio de Educación. Centro de Investigación y Documentación Educativa (CIDE)
  Panorama del pensamiento español siglo XIX: El krausismo
  Los 290 catedráticos de la universidad española en 1849
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Enviarme un correo electrónico Miembro del Comisariado del V Centenario Universidad Sevilla y autor de la sección histórica de la web institucional www.quintocentenario.us.es