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La Ilustración y la nueva concepción de la Universidad

newton
Newton es el gran impulsor de la ciencia, en particular de la optica y la astronomía (Sir Isaac Newton, por Sir James Thornhill, 1709, Museo Lincolnshire)

El siglo XVIII es portador de un espíritu nuevo en todos los órdenes de la vida, que desde el comienzo del siglo se va haciendo cada vez más presente, en lucha constante con la vieja mentalidad. En España, el cambio de dinastía de 1700 supuso, en el orden político, un cambio significativo, pero de escasa trascendencia en los órdenes social y cultural. El cambio de estos aspectos sería una labor lenta y difícil, que exigiría una lucha continua entre las dos mentalidades enfrentadas. Aunque la causa de los reaccionarios era una causa perdida, muerta porque había llegado a un grado de cristalización mental, atribuible a diversos factores sociológicos, a causas económicas, al escaso contacto con Europa y a "la insuficiencia de los métodos de transmisión cultural, revelado en la profunda decadencia de las Universidades" (1), que presionaban en un sentido fuertemente conformista. La lucha por desplazar esta mentalidad iba a ser muy dura, y la historia de los siglos XVIII y XIX demuestra la feroz resistencia que supieron oponer, exacerbada quizá, por los planteamientos antirreligiosos que en muchos momentos adoptó la nueva mentalidad ilustrada.

El renacimiento cultural del siglo está presidido por la influencia del pensamiento de Newton, en lo que se refiere a las ciencias, y a lo que entonces se llamaba filosofía natural, y por el pensamiento de Locke, en la moral y la psicología; uno y otro se reflejan en las luchas doctrinales, sociales, políticas y pedagógicas que llenan esta época.

La publicacion de los "Principia" de Newton, en 1687, dio un impulso decisivo a la ciencia, iniciando así un proceso cuya característica general será su evolución a espaldas de los establecimientos tradicionales de enseñanza. Los mejores científicos europeos no tardaron en admitir la nueva dirección impresa a la ciencia; pero la eneñanza se mantuvo, en general, refractaria a la admisión de las nuevas doctrinas y el desarrollo científico se realiza así en establecimientos extrauniversitarios, normalmente llamados Academias.

Los Colegios y Universidades de toda Europa, por su postura opuesta a los nuevos principios, van distanciándose cada vez más de este movimiento general hacia la Historia Natural, la Química, la Física experimental, las Matemáticas. Sólo la Química, en cuanto era ciencia auxiliar de la Medicina, la podemos encontrar en las Universidades; las otras ciencias que, dada la estructura de las Universidades, tenían su lugar en la Facultad de Artes, se encontraban en general abandonadas. Y los mismo pasó con la nueva Metafísica de Locke, que rápidamente adoptó la sociedad ilustrada, mientras que las Universidades, apegadas a sus tradicionales enseñanzas, se negaron a admitir.

Esta situación va creando una profunda separación entre Universidad y Sociedad. En aquélla, anquilosada en sus moldes antiguos, los estudios se convierten cada vez más en una rutina que se mantiene por su propia inercia. Mientras, la sociedad evoluciona en un sentido cada vez más utilitarista, bajo la influencia de los hombres de la Enciclopedia, y niega valor a las Humanidades, nombre con el que suelen englobar al conjunto de estudios a los que las Universidades se aferran, impartiendo una enseñanza inadecuada para su tiempo y su sociedad.

Pero lo más trascendental de esa disociación Universidad-Sociedad es que esta última va elaborando un concepto nuevo de aquella, el problema de la cultura de un país se convierte en un asunto nacional; por tanto, las Universidades, como en general todos los centros de enseñanza del país, no puden seguir su propia evolución al margen de lo que suceda en la sociedad, de la que se encuentran separados por su sustancial autonomía. La concepción de la nueva universidad va hacia su centralización en el Estado, como toda cuestión de dimensión nacional; las nuevas teorías políticas contribuyen decisivamente a ello, es la época del Despotismo Ilustrado. Este planteamiento tiene una importancia mucho mayor en los países católicos, entre otras razones porque muchas universidades, que a consecuencia de la reforma luterana quedaron en el área protestante, fueron sujetas, ya entonces, al poder de los príncipes convertidos a la herejía, como una consecuencia más que tuvo la reforma político-religiosa que en dichos países se llevó a cabo.

Este sometimiento de la universidad al Estado comporta inmediatamente dos importantes consecuencias, que modifican la institución univerisitaria: por un lado, la libre disposición de los cargos directivos, y por otro, la selección y el nombramiento de los profesores. Ambos pasan a ser de la competencia exclusiva del Gobierno; esto, que se observa claramente en las nuevas fundaciones universitarias del siglo en los países más permeabilizados a las nuevas ideas, se observa también en los países como España, donde no se llega a realiar una fundación universitaria, pero sí que se reforman las antiguas. Naturalmnte, en este segundo caso, el problema resulta mucho más complicado y de más difícil consecución.

La Universidad pierde su independencia y autonomía inmediatamente que deja de tener un patrimonio propio y pasa a ser sostenida por el Estado, deja de ser una corporación con vida propia para convertirse en un organismo estatal que, por tanto, aquel se encarga de financiar. Esto, en los países ricos, es un problema que queda resuelto desde el primer momento, pues el Estado tiene los medios necesarios para llevar a cabo una instrucción nacional a todos los niveles. Pero en países pobres, como España, en que el Estado carece de los medios necesarios para acometer tal empresa, este planteamiento no aparece claro, creándose una situación confusa, en la que el Estado se hace con las Universidades, pero manteniendo éstas su patrimonio propio como único medio para sostenerse, lo cual traerá como consecuencia que las reformas que se intenten hacer en su cuerpo anquilosado resulten infructuosas ante la escasez de dicho patrimonio, una de las causas de su decadencia.

Sin embargo, la idea de centralizar las universidades no iba a encontrar ninguna dificultad en éstas, frente a lo que pudiera parecer: mucho más conscientes del estado en que se encontraban de lo que normalmente se suele creer, en este punto coincidían con los deseos de los reformistas. Por muy reaccionarias que puedan aparecer, se dieron cuenta de que el Estado era el único que las podía sacar de la situación de postración en que se hallaban, y por eso acudieron a él a implorar su ayuda. Esta actitud,que expondrán sin reservas de manera especial cuando llegue la hora de las reformas, venía precedida por lo escrito por diversos autores, que se ocupan del tema desde comienzos del siglo, hasta el comienzo del último tercio de él, es decir, lo que podríamos llamar el primer momento de la Ilustración española. Así, para Feijoo, cuando en su carta "Sobre el adelantamiento de las Ciencias y Artes en España", hace un recuento de sus críticas a las enseñanzas en el "Teatro Crítico" y propone los oportunos remedios a los vicios que ha denunciado, preocupado al final por la eficacia de sus propuestas, reflexiona sobre cómo, ni de sus declamaciones ni de las de cualquier otro particular, se puede esperar nada, "es menester buscar más arriba el remedio y subir hasta el Trono del Monarca para hallarse". El pensamiento de Feijoo, como el de algunas universidades, está bastante desprovisto de la ideología "ilustrada", se trata de una postura simplemente táctica, al observar la situación y comprobar que ésta es la única manera de solucionarla.

El deán y catedrático de la Universidad de Valencia, Martí, le escribe a su erudito paisano Gregorio Mayans, en 1736, sobre la necesidad de realizar reformas en las universidades que

"no es este daño (la mala situación de la instrucción pública) que pueda remediarse a gritos. Es el príncipe sólo quien puede ocurrir a remediar el exterminio de todas las letras, mandando el método de las escuelas y llamando extranjeros y cerrando la boca a los frailes, que son la siva bonarum artium".

Y el propio Mayans dirá que el Monarca debe reformar los estudios, porque "en lo que toca a la enseñanza pública, el príncipe debe procurar que en las universidades se enseñen aquellas ciencias que sean convenientes para conseguir la felicidad de la república cristiana y civil".

Es una postura que así viene a enlazar con los presupuestos del "despotismo ilustrado", producto ya de la generación "ilustrada" posterior a Feijoo. A estos "ilustrados" se les ha caracterizado con los siguientes rasgos: optimismo dimanante de la alta estimación de la naturaleza humana; indivudalismo, universalismo, racionalismo, pero con un fondo de milenarismo, creencia apasionada, casi mística, en la posibilidad de llegar a crear un paraíso terrestre mediante una renovación automática por medio de leyes y reglamentos.

Su asalto al poder constituyó la operación táctica necesaria para llevar a cabo las reformas que se proponían. Sanchez Agesta ha puesto de manifiesto la paradoja que representa esta exaltación del poder real, esta máxima exaltación del despotismo monárquico, que llevó a cabo esta segunda generación del siglo enciclopedista. Y describe las numerosas repercusiones que tuvo para el país el que, por obra de Carlos III, estos hombres pudieran llevar a cabo sus ideas preparando decisivamente el triunfo del Estado liberal. Con una clara idea de los fines que persiguen buscan el instrumento apto para realizarlo. La situación histórica era propicia a este triunfo minoritario, dados los presupuestos políticos del antiguo régimen, y lo único que hacía falta era acentuar su absolutismo. En diferentes escritos de la época se encuentra claramente expuesto este pensamiento. Así, en las Cartas al conde de Llerena, donde se lee:

"Para el logro de las grandes cosas es necesario aprovecharnos hasta del fanatismo de los hombres. En nuestro populacho está tan válido aquello de que el rey es señor absoluto de la vida, las haciendas y el honor, que el ponerlo en duda se tiene por especie de sacrilegio, y he aquí el nervio principal de la reforma. Yo bien sé que el poder omnímodo del monarca expone la Monarquía a los males más terribles, pero también conozco que los males envejecidos de la nuestra, sólo pueden ser curados por el poder omnímodo".

En este celo táctico por la soberanía regia nadie se destacó tanto como Campomanes, quien, desde su puesto de fiscal del Consejo, intervino decisivamente en todas las reformas que se llevaron a cabo y especialmente en la de las Universidades.

"Porque si los defensores de la autoridad real, en lugar de auxilio sólo experimentasen oposición y vejaciones, y ser tachadas las opiniones y doctrinas favorables a la regalía, con vilipendio y aversión, bien en breve quedaría aniquilada en el reino la soberanía y reducidos nuestros estudios a la lastimosa época de los siglos de la ignorancia. [...] Si no es que se considerase a las universidades como unos cuerpos existentes fuera de la república o con idependencia de sus leyes, no se puede entender que se derramen y enseñen allí doctrinas opuestas abiertamente a las leyes reales, al sistema de los tribunales altos y aun a la tranquilidad común..."

(Campomanes, Alegaciones fiscales. Este informe fue emitido por el Fiscal como consecuencia de un incidente en la Universidad de Valladolid)

La unión de esta idea política con la importancia que estos ilustrados concedían a la cultural, dentro del contexto general de las reformas que se proyectaban, significa ya una profundización mayor en la idea de la centraliación de la enseñanza, que queda reflejada en las palabras que dedica a este punto Bernardo Ward en su "Proyecto económico", en que da las razones por las que considera que la reforma de la enseñanza debe significar la instauración del Estado como órgano dispensador y controlador de la cultura nacional. Para Ward, el retraso en que nos encontramos con respecto al resto de Europa es tal, que sólo un poder fuerte y organizado, como debe ser el del Estado, es capaz de superar esa situación, hasta ahora en manos de arbirtristas. El Gobierno central, gracias a su poder y mejor informado que nadie, podrá acudir a remediar todos los males y además, la mejor forma de hacer prudente y pacíficamente la revolución política necesaria que ha de realizar el Gobierno es por medio de la instrucción y elevación de la cultura del pueblo; pero siendo éste un medio tan eficaz, es lógico que sea el Estado quien lleve firmemente las riendas. Esta táctica, prudente y pacífica, sería además la que el rey encontraría más apropiada para llevar adelante las reformas que le proponían sus ministros, después de que el motín de Esquilache hizo ver la conveniencia de seguir una senda más cautelosa y prudente para llegar a los objetivos propuestos.

Pérez Bayer, en su "Memorial por la libertad de la literatura española", en donde expone la situación de decadencia que ha sumido a la universidad la prepotencia de los Colegios Mayores, afirma que la única manera de realizar las reformas será la acción directa del monarca, para someter sobre todo a la casta colegial, principal obstáculo para cualquier acción renovadora. Sólo el poder real, manejando todos los resortes, podría llevar a cabo el establecimiento de un nuevo orden los centros universitarios.

En una tercera fase, la Ilustración del reinado de Carlos IV profundizará más en esta idea, y en el pensamiento de Jovellanos y Cabarrús, entre otros, aparecerá la enseñanza como un problema nacional de una manera más terminante y, por tanto, su nacionalización adquirirá un soporte más filosófico al gusto de la época.

El segundo punto en que el empuje de la Ilustración contribuye a formar un nuevo concepto de universidad es precisamente con respecto a su misión en la sociedad en la que vive. Hasta este momento, desde que aparece en la Edad Media, lo único que a ellas y a sus profesores correspondía era la enseñanza. Pero ahora esa sociedad se crea la necesidad de realizar una investigación científica, como consecuencia de la importancia superior que se conceden a las ciencias pragmáticas, y toma la responsabilidad de llevar a cabo esta misión.

Las Universidades, en general, aparecen como inservibles para poder desarrollar esta tarea, por eso la sociedad pone en marcha unas instituciones en donde se pueda llevar a cabo: las Academias. Las cuales, como es obvio, no son una creación propia del siglo, pues ya fueron una de las manifestaciones más interesantes del Renacimiento, pero es indudable que el siglo XVIII puede considerarse como el siglo de las Academias. Punto de partida del extraordinario desarrollo que consiguieron en todos los paises europeos fue la influencia y prestigio que adquirió la Academia de Berlín, fundada por Leibniz en 1711.

Estas sociedades científicas se conciben como centros de trabajo desinteresados, llamados a enriquecer los conocimientos humanos de la sociedad, igual que a las Universidades les corresponde simplemente el extenderlos. Este planteamiento, que inicialmente parece disociar ambas ideas: investigación y enseñanza, es rápidamente superado en los países más avanzados, superación que consiguen mediante la creación de nuevas universidades, que saben aunar ya ambas finalidades -basta recordar la Universidad de Gotinga, la gran creación del siglo-, o mediante el establecimiento de una cooperación entre ambas instituciones, Universidad-Academia. (Veáse Los estudios en las universidades europeas del XVIII). Pero desgraciadamente, en los países como España, en que el terreno no estaba tan abonado para la rápida extensión de las nuevas ideas, el introducir en la Universidad la nueva misión, será un proceso más lento y costoso, que tendrá que comenzar por dar mayor extensión a las enseñanzas que se daban en las universidades, introduciendo muchos estudios, tanto humanísticos como científicos, que no habían tenido lugar en ellas hasta entonces.

Además, en una sociedad como la española, la aparición de las Academias, fenómeno que se produce como en todos los demás países, será mal mirado por las universidades, que las verán como cuerpos enemigos que vienen a disputarles el puesto que ellas ocupan. Por consiguiente, les declararán la guerra desde el primer momento y tratarán de suprimir todas las que puedan, dirigiendo especialmente sus tiros contra aquellas que, por no ser de directa fundación real, podían ser más vulnerables. No hay más que recordar como episodios de esta lucha los casos de la Sociedad Médica Sevillana, fundada en 1697, y contra quien dirigirá los tiros la Universidad hispalense, o el informe de la Universidad de la Universidad de Salamanca contra la Academia del Buen Gusto zaragozana. Sin embargo, afortunadamente para el país, la protección regia a estas instituciones las sacó adelante, proliferando especialmente en el reinado de Carlos III. Ellas se convirtieron en los vehículos más poderosos del pensamiento filosófico, científico y literario, agrupamientos libres de curiosos y científicos, su dedicación a la libre investigación, subyugaba con mucha más energía a los espíritus selectos de aquella sociedad, que vuelven sus espaldas a las universidades, que quedan dedicadas a su función propia: la enseñanza, de mejor o peor manera, según los casos, y que, además, se niegan a ocuparse de cosas cuya utilidad social no estaba establecida todavía, aferrándose a sus temas tradicionales, cuya ocupación no les dejaba tiempo para poder dedicarse a las investigaciones científicas y literarias.

  Para saber más...
"La Ilustración y la reforma de la universidad en la España del siglo XVIII; Antonio Alvarez de Morales; Ed. Pegaso, Madrid 1985 (3ª edición)
Estado de las universidades españolas en el XVIII | Los nuevos estudios en Europa | El padre Feijoo y la reforma universitaria ilustrada | La reforma de Caballero en 1807

 

Notas:

(1) Domínguez Ortiz y Mercader Riba: "La época del Despotismo ilustrado" en la Historia de España y América, dirigida por J. Vicens Vives [Volver al punto de lectura]

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  "Historia vitae magistra" (Cicerón) Página personal © Alfonso Pozo Ruiz
Enviarme un correo electrónico Miembro del Comisariado del V Centenario Universidad Sevilla y autor de la sección histórica de la web institucional www.quintocentenario.us.es