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La cara oculta de Maese Rodrigo

retrato Maese Rodrigo
Tras su muerte, la figura de Rodrigo Fernández de Santaella fue magnificada por los colegiales, quienes necesitaban ennoblecer al fundador de su institución. Así llegaron a atribuirle el título de arzobispo electo de Zaragoza, posiblemente en el contexto de los enfrentamientos con el colegio de Santo Tomás. En 1581, en la biografía de Maese que escribiera Juan de Grado, rector del colegio de Santa María de Jesús, se le llama "confessor de los Reyes Catholicos don Fernando y Doña Ysabel", sin que se sepa de dónde sacó el dato (1). El profesor Juan Gil subraya que, a causa de la glorificación posterior de su figura, "se nos escapan las aristas de su carácter".

Asi pues, conocer la historia no confesable de Maese Rodrigo supone un ejercicio de imaginación no exento de riesgo, pero no por ello debemos omitir algunos aspectos interesantes como su probable ascendencia conversa o su vida familiar.

La posible ascendencia conversa de Maese Rodrigo

Según Ollero Pina, que Maese Rodrigo era de linaje converso lo sabían casi con seguridad sus contemporáneos. Fray Domingo de Valtanás (o Baltanás) lo consideraba como tal en su "Apología sobre ciertas materias morales en que hay opinión". Esta obra se publicó en 1556, muchos años después de la muerte de Santaella, pero todo hace suponer que el fraile dominico no se equivocaba ni estaba mal informado. A su lado también colocó como descendientes de no gentiles a personajes que sabemos de forma indudable que eran de familia conversa: fray Hernando de Talavera, Rodrigo López (el fundador del Colegio-Universidad de Baeza) y Baltasar del Río, obispo de Scalas y canónigo de Sevilla, fallecido en 1541 y cuya ascendencia judía puede demostrarse documentalmente con otras fuentes.

Aguilar Piñal da por segura su procedencia de "familia de conversos, conocidos y con múltiples ramificaciones en Andalucía". Y se basa en en un artículo de Claudio Guillén (2). La misma opinión sostiene Morales Padrón, que lo extiende a más personalidades sevillanas (3).

En una lista de conversos que integraron la composición de 1510 había un Bartolomé de Santaella (4). La coincidencia de apellido no tendría tanta importancia si no fuera éste el mismo nombre del sobrino que el Arcediano citara en su testamento o codicilo castellano.

biografia de Juan Grado
Discurso de la vida y costumbres de don Rodrigo Fernández de Santaella, recopilada por el Dr. Juan de Grado, 1581

También hay que señalar que, uno de los albaceas testamentarios que designó, Fernán Ruiz de Hojeda, era de ascendencia conversa, circunstancia que no podría ignorar; no era un caso raro en el cabildo catedralicio de la época. Cuando Santaella regresó a Sevilla desde Italia para ocupar su canonjía a fines de 1482 o principios de 1483, debió encontrarse un cabildo en una situación crítica, con varios de sus miembros en las cárceles del Santo Oficio o que habían puesto tierra de por medio entre ellos y los inquisidores (5). Luego, en Roma debió encontrarse con algunos de sus compañeros huidos, por lo que estaría familiarizado con el tema.

Aunque los futuros colegiales tampoco pudieron ignorar esta evidencia, serán ellos los primeros interesados en ocultar a la memoria posterior un baldón tan contradictorio con sus aspiraciones corporativas y con la misma legislación que procuraron otorgarse (la limpieza de sangre). La manipulación de la propia historia era condición imprescindible para que el pasado se revistiera de un valor educativo que de otro modo no hubiera poseído.

El doctor Juan de Grado, rector colegial, escribía en 1581 en su relato biográfico del fundador que había sido "de clara y limpia generación del linaje de los Sancta Ellas". Pero curiosamente no había ningún Santaella ni algún otro que pueda relacionarse con este apellido, entre los regidores y jurados del Concejo de Carmona en las últimas décadas del siglo XV ni en las primeras del XVI, según datos del profesor Manuel González Jiménez. Sólo se sabe de la existencia de un arriero de Carmona en 1473 que se llamaba Martín González de Santaella. Además, por conveniencia, Grado fantaseó en algunos detalles que cuenta. Realmente, él pretendía poner como modelo la figura de Maese, resaltando la cualidades del perfecto colegial: linaje, letras y virtud.

La vida familiar de Maese Rodrigo

El concubinato era una práctica bastante extendida entre los miembros del cabildo eclesiástico sevillano, como los conversos Luis Fernández de Soria y Bernal de Cuenca, amigos íntimos y colegas de Rodrigo Fernández de Santaella.

El Concilio de Sevilla de 1478, reunido a petición de los Reyes, había establecido severas leyes contra los concubinarios, leyes que fueron confirmadas por las Cortes de Toledo en 1480 y seguidas durante algún tiempo de una vigilancia atenta. No sería hasta mediados del siglo XVI cuando el Concilio de Trento lo proscribiría totalmente.

Pero curiosamente, como señala Pascual Barea, en su propio testamento Santaella establece que

"María Sánchez, mujer honesta que está en mi casa e la administra, por muchas e buenas obras y servicios de d'ella he rescebido, y porque es una gran sierva de Dios y persona de mucha virtud, reciba cuarenta mil maravedís y una cama de ropa de las piezas que ella escogiese y que se le dé todo lo que dijese que trajo a su casa, y si algo se ha gastado o perdido tome otro tanto a su voluntad".

Le deja una esclava de su casa, la que ella quisiese, y si no le agradare ninguna le sea dado para comprar una a su voluntad, y si no quisiere pueda tomar de alhajas o bienes muebles hasta en precio de diez mil maravedís. Manda que mientras viva se le dé por el Colegio cuatro mil maravedís cada año para que pague una casa, una fanega de harina y que "el Rector e Collegiales y oficiales la obedezcan y acaten y traten como a verdadera Madre, que mucho más le debe el Colegio e yo".

Tras ocuparse activamente en los asuntos relativos al Colegio, María Sánchez hizo a éste heredero de todos sus bienes y fue enterrada en su capilla junto a Rodrigo. La desprendida y sorprendente generosidad de maese Rodrigo hacia la administradora de su casa y el común interés de ambos por el Colegio son prueba de una relación muy íntima entre ambos que, sin embargo, no parece haber dado ningún motivo de escándalo.

En otra linea, Maese Rodrigo tuvo especial debilidad por sus familiares, como bien destaca Ollero Pina; toda una tropa de sobrinos tendrían la posibilidad de permanecer en el Colegio simplemente como estantes, fuera de la disciplina colegial, pero a cama y mantel mientras estuvieran estudiando, "no turbaren la paz de los que estuvieran en el Colegio" y hasta que obtuviesen un grado mayor: Pedro de Palma, Diego Ortiz, Rodrigo y Bartolomé de Santaella. Y, cuando se despidieran, deberían recibir una determinada cantidad de dinero que oscilaba entre los veinte ducados de Pedro y Diego y los cincuenta de Bartolomé. Casi nada se sabe de lo que ocurrió con ellos.

Pero no sólo sus familiares de sangre gozaron de esta oportunidad, también otros allegados contaron con la misma opción en las disposiciones testamentarias. Un tal Talavera, un estudiante que vivía en su casa, recibió esa gracia de residir en el Colegio durante ocho años, hasta que recibiera el grado mayor. Otro, Diego de Carmona, estudiante que ya era familiar de Maese Rodrigo en 1508 recibió diez o doce años de estancia en Santa María de Jesús, o el tiempo que quisiera, hasta que se graduara, con todos los gastos pagados "más cincuenta ducados para ataviarse quando oviere de salir".

Mientras que para sus sobrinos y los familiares de su casa Santaella se limitó a recomendar una estancia en el Colegio hasta la consecución de un grado mayor, solicitó de los ejecutores de su voluntad que, en la elección de los primeros colegiales, fueran benevolentes con cinco estudiantes, y que les otorgasen preferencia en el ingreso. Sólo uno de sus nombres aparecerá con posterioridad entre los primeros habitantes de Santa María de Jesús, el de Francisco García de Almonte, al que había mencionado en su testamento como hijo de Diego García de Almonte, un vecino de la villa con la que el Arcediano guardaba algún tipo de vínculo.

Esto me hace recordar una antigua coplilla que recoge el viajero Richard Ford (1845): "Los canónigos, madre, no tienen hijos/los que tienen en casa son sobrinicos". O esta otra: "En la calle de los Abades/todos han Tíos y ninguno Padres". En esta calle de Sevilla, cercana a la catedral y al palacio arzobispal, solían vivir muchos clérigos. Continuaba diciendo el inglés: "El Papa podía muy bien negar a su clero esposa e hijos, pero el diablo les abastecía de amas (¿ab amare?) y sobrinos". Pero ésto no son más que opiniones y bromas populares.

Eva
La misoginia tradicional del clero de esta época se explica con la idea de que la mujer era la cabeza del pecado, arma del diablo, por quien vino la expulsión del paraíso (Grabado de 1486 conservado en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla)

Lo antesdicho no supone afirmar que Santaella tuviera una concubina o barragana. Por lo que sabemos de su personalidad y sus obras, Rodrigo debía ser un hombre íntegro, de estrecha moral cristiana. En Roma, había compuesto Santaella un "Dialogus contra impugnatorem caelibatus et castitatis presbyterorum ad Sixtum IV Papam directus", en el que intervienen los personajes Libido y Pudicitia. En su "Manual de doctrina necessaria al visitador e a los clérigos" dispone también que aquél se informe sobre los clérigos abarraganados.

En las Constituciones del Colegio, escritas por Maese en 1506, manifiesta su concepto del individuo que se pretende formar: devoto, estudioso, pacífico, caritativo, honesto, instruido, prudente, afable, dulce, humilde... Para él, los beneficios y las dignidades eran consecuencia de la práctica de la virtud. Ejemplos de este concepto de la honestidad son las reglas que sancionaban conductas como la del colegial que durmiera en la habitación de un compañero, o más grave aún, tuviera relaciones externas con mujer (concubina); ésto último estaba castigado con la expulsión del Colegio; su encubrimiento estaba castigado con la excomunión y expulsión.

Era tradicional en la época una cierta misoginia en el clero, ya que se consideraba que la mujer era la cabeza del pecado, arma del diablo, por quien vino la expulsión del paraíso y se corrompió la ley divina. En el Colegio se prohibía el acceso a las féminas, salvo a las vecinas honestas que podían oir los oficios divinos. Para Santaella, la conversación con mujeres, aún de las honestas, era sumamente peligrosa para los hombres eclesiásticos. Ninguna podía entrar para visitar a sus habitantes, como no fuera la madre o la hermana o alguna otra cuyo estado, edad o parentesco no hiciera suscitar sospecha. Pero ni madre ni hermana ni anciana podían pernoctar en el Colegio, y el colegial que lo hiciera sería castigado con la expulsión.

Lo expuesto son facetas muy humanas del fundador de la universidad de Sevilla, que para nada desdoran su imagen, excesivamente maquillada por sus sucesores.


Notas:

(1) "Y en quanto a que el fundador de Maese Rodrigo, que fue el Maestro Rodrigo de Santaella, fuese Confesor de los señores Reyes Católicos, me remito a las historias de aquellos tiempos, y Catalogos de los Confesores de los señores Reyes de España, especialmente de los Señores Reyes Catolicos, a donde no se hallara que el dicho Maestro haya sido su confesor, sino que lo fue don Diego Deza, fundador del Colegio y Universidad de Santo Tomás". (fray Tomás Franco, 1658, dominico, en 'Resumen hecho por la Universidad de Santo Tomás de Aquino de la Ciudad de Sevilla de la probanza que en su favor resulta en el memorial ajustado a los autos por mandato de los señores del Consejo Real en el pleito con la universidad de Santa María de Jesús de la misma Ciudad sobre el ser y nombre de Universidad que siempre ha tenido la de Santo Thomas') [Volver a lectura]

(2) "Un padrón de conversos sevillanos (1510)", en "Bulletin Hispanique", t. 55, enero-junio de 1963, citado por Francisco Aguilar Piñal en su libro "La Universidad de Sevilla en el siglo XVIII..." [Volver a lectura]

(3) Francisco Morales Padrón, “La ciudad del Quinientos”, pp. 97-98: "La calidad de los judaizantes o conversos sevillanos o del reino de Sevilla, se aprecia al repasar la nómina de intelectuales tachados como de tales. Con ascendencia conversa se citan al filósofo Sebastián Fox Morcillo, al lingüista Arias Montano, al novelista Mateo Alemán, al clérigo Bartolomé de las Casas, al poeta Baltasar de Alcázar, al fundador de la Universidad Rodrigo Fernández de Santaella, y a algún que otro cardenal-arzobispo..." [Volver a lectura]

(4) La lista íntegra ha sido publicada recientemente por Juan Gil en "Los conversos y la inquisición sevillana", tras nuevo cotejo con el original. En la página 442 del volumen II, con el número 326, aparece "Bartolomé de Sanctaella", que debe pagar 30 ducados. Este padrón de los conversos sevillanos acogidos a la composición de 1509 (15 de septiembre de 1510) se guarda en la Bibliothéque Nationale de Paris y fue publicado inicialmente por C. Guillén, "Un padrón de conversos sevillanos. 1510", Bulletin hispanique, LXV (1963). Contiene un total de 390 personas. [Volver a lectura]

(5) El Santo Oficio se cebó en los familiares de los primeros condenados, sin mostrar compasión o respeto ni siquiera con los miembros del cabildo eclesiático. Todo aquel que resultase sospechoso por su linaje pasó ante el Tribunal de los inquisidores. En estos primeros años (a partir de 1481) fueron quemados "tres clérigos de misa e tres o cuatro frailes, todos de este linaje de los confessos". Entre los primeros miembros del cabildo eclesiástico en que se pusieron las miras estuvieron el canónigo Alonso Benadeva y el beneficiado Juan Benadeva (ambos descendientes de Pedro Fernández Benadeva, quemado en el segundo Auto que hubo). Obviamente, tomaron las de Villadiego, en parte para poner su vida a salvo, en parte para defender con toda su alma la justicia de su causa ante la curia de Roma. También se las vieron casi de inmediato con la Inquisición el arcediano de Jerez, D. Juan de Góngora, y dos canónigos, el doctor Nuño Alvarez de Cepeda y Rodrigo de Jaén. Poco después, otro canónigo, Gabriel Martinez. A finales de 1484 o principios de 1485 fue condenado y quemado el canónigo Diego Alonso de Jaén. [Volver a lectura]

  Para saber más...
Pascual Barea, Joaquin: "Maese Rodrigo de Santaella y Antonio Carrión. Poesías. Sevilla, 1504" /Secretariados de Publicaciones de las Universidades de Sevilla y Cádiz, 1991
Hazañas y La Rua, Joaquín: "MAESE RODRIGO: 1444-1509" / Publicado por Sevilla Izquierdo y Ca, en 1909
Ollero Pina, José Antonio: "La Universidad de Sevilla en los siglos XVI y XVII" /Sevilla, 1993
Gil Fernandez, Juan:"Los conversos y la Inquisición sevillana"; Universidad de Sevilla-Fundación El Monte, 2000
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