| Cuando Olavide es enviado a Sevilla lo hace con el
doble encargo de repoblar zonas desiertas de Andalucía y del
arreglo a fondo de la Universidad hispalense. Llega el Asistente a
Sevilla en agosto de 1767 y se encuentra el campo abonado para hacer
una gran obra reformadora al estilo europeo. Disputas en el claustro
universitario, rivalidades y pleitos y, sobre todo, el vacío
creado por la expulsión de los jesuitas recién efectuada.
Al nuevo uso de las casas que los jesuítas poseían en
Sevilla le dedica la primera parte de su famoso Informe.
Con ocasión de explicar el nuevo destino de dos de esas
casas, Olavide se explaya en manifestar su opinión, y con
él la de los ilustrados de la época, sobre la educación
femenina y masculina no universitaria, así como la concepción
ilustrada de las clases sociales. Aunque no tenga relación
directa con la Universidad, es útil para conocer su pensamiento
sobre el problema educacional, clave de la ideología "ilustrada".
Veamos.
Las niñas
El espacioso Colegio de la Compañía conocido con
el nombre de "las Becas" quedaba convertido, en los planes
de Olavide, en Colegio de niñas, no precisamente nobles,
pero sí de la alta burguesía.
"Pretendemos formar un Seminario para aquellas niñas
cuyos padres, teniendo rentas o facultades competentes, pueden y
quieren darles una educación distinguida. Para aquellas que
habiendo nacido en suerte más cómoda y abundante,
están destinadas a hacer después un papel brillante
en el mundo."
Como se ve, la discriminación económica ocupa un
papel básico en todos los proyectos de la Ilustración.
Se pretende la mejora de toda la comunidad nacional, pero cada uno
en su sitio.
A la mentalidad "ilustrada" era completamente ajena
la promoción social de los menos favorecidos por la fortuna.
Todo lo contrario. Era políticamente necesario que hubiese
pobres, para dedicarse a las labores más humildes de la sociedad.
Así, las niñas pobres de solemnidad deberían
recogerse en el Hospicio; para las pudientes se creaba este Seminario
de alta educación; el resto, la gran masa femenina, habría
de continuar con la tradicional enseñanza casera, puesta
la vista sólo en la futura maternidad.
Sobre este centro docente dice Olavide: "No hay cosa que tanta
falta haga en España, ni de que más necesite. Si alguna
vez se pensó en hacer algunos colegios o fundaciones para
ellas fue con ideas tan estrechas que la educación que en
estas casas se les proponía era solamente propia para sacar
monjas. Jamás se discurrió -comenta con dolor- en
formar una madre de familia, y mucho menos, una señora que,
colocada en alta dignidad, poseyese con ilustración las brillantes
virtudes de su estado."
La educación en los conventos de monjas es impropia para
mujeres que han de vivir después en el siglo. "En efecto,
¿qué educación se puede esperar de unas mujeres
encerradas, por la mayor parte, desde su primera edad, que nunca
la han recibido buena, que no conocen al mundo, que no habiéndose
aplicado jamás a lectura alguna, carecen de toda instrucción?
Podrán enseñarles ciertas prácticas externas
por devoción.., pero ¿les enseñaran las habilidades,
gracias y modales que no tienen?... ¿la liberalidad y afabilidad
que deben los superiores a los ínfimos, la beneficencia y
compasión que sólo están en el caso de ejercitar
personas de alta esfera?"
Después de hacer varias consideraciones de tipo racional
sobre la falsedad o inconveniencia de muchas vocaciones religiosas,
el informante pretende basar en la educación femenina la
general del país; con gran perspicacia psicológica
dice:
| "El que menos conozca el corazón humano
comprenderá, desde luego, que si las mujeres estuvieran
bien educadas lo estarían muy presto los hombres, pues
desestimarían a los que careciesen de educación,
dando la preferencia al instruido, al decente y al que se distinguiera
en talentos y en honor. Y este deseo tan natural al hombre de
agradar al otro sexo sería el más vivo de los
estímulos para esforzarlos a parecerles bien por la parte
del espíritu. ¿Que hombre, especialmente si fuera
de calidad, se atreviera a presentarse en el bajo traje de Majo,
a fumar y a ostentar los demás vicios indecentes que
son familiares a la nobleza mal educada, delante de doncellas
que lo estuvieren bien?" |
Consecuente con estos principios educadores, tan racionales pero
tan alejados de la realidad, resume así Olavide su idea general:
"Por esto, ahora que el Consejo desea mejorar la educación
de España, nos parece importantísimo promueva la de
las mujeres, que no sólo la completa, sino la excita, perfecciona
y abrevia."
Al detallar el método de enseñanza a seguir en este
Colegio, tiene buen cuidado de precisar una idea capital, esclarecedora
de otras muchas: "No queremos llamarlo de Nobles porque no
ha de ser exclusivo de las gentes honradas que empiezan a ilustrarse
con la riqueza y suelen acabar con ocupar empleos de consecuencia.
Abominamos las instituciones de educación en que es menester
hacer pruebas para ser admitidos, porque es razón que se
eduque bien toda persona decente, que quiera y pueda costearlo."
La Ilustración es obra netamente burguesa, que da importancia
no a la sangre, sino al dinero; no al apasionamiento cordial
e impulsivo, sino al racional comportamiento; no a las virtudes
del corazón y de la fe, sino a las de la inteligencia y al
exquisito trato social. Es el fruto más sabroso del espíritu
neoclásico.
El Seminario estaría gobernado por una Rectora o Superiora,
que debería reunir excepcionales cualidades, puesto que "ella
es quien debe dar el tono al establecimiento, cuyo objeto debe serle
tanto más difícil cuanto no tendrá modelo que
proponer, y al contrario, ha de estar luchando continuamente contra
el ejemplo público". Debería ser muy instruida,
de buena familia, entrada ya en años, "y que haya vivido
en el mundo con estimación y decoro". Tan difícil
le parece a Olavide encontrarla en España que sugiere la
posibilidad de contratarla en el extranjero. Lo mismo dice de las
Ayas que habrían de cuidarse más directamente de la
enseñanza, "a las que se puede perdonar el nacimiento,
pero no la instrucción".
Las educandas pagarían 300 ducados anuales y 100 más
si tuviesen con ella alguna criada. "El espíritu del
Seminario no debe ser austero ni riguroso. Allí no van las
niñas a formarse para monjas, sino para vivir en el siglo,
y aprendiendo la Religión y las virtudes, deben tener aquella
libertad honesta y decente desenfado que no les abata el espíritu".
La edad de ingreso no sería inferior a siete años,
y se tendría buen cuidado de enseñar el catecismo,
"a cuyo fin debe escogerse uno mejor de los que se usan en
la Nación, y nos parece muy oportuno el de Fleuri".
Al mismo tiempo, se aplicarían a leer, escribir y aprender
las labores propias de su sexo. "A todas se enseñará
a dibujar, porque este estudio, que puede llamarse la Geometría
de las Artes, importa mucho a una Nación el que florezca
en todos sus individuos".
Se prescribe igualmente que todas aprendan a bailar y a solfear.
"Lo primero se ha hecho necesario en nuestras costumbres -afirma
Olavide- para el comercio del mundo. Y lo segundo es una habilidad
que las dispone para adquirir otras, pues el conocimiento de la
música y el ejercicio del solfeo proporcionará a las
que tengan voz para que canten, y a las que no la tengan, para que
aprendan bien fácilmente el uso de algún instrumento".
Como base de toda la enseñanza posterior, se establece la
Gramática de la lengua castellana, "que les servirá
para hablar bien el castellano". Estudio obligado sería
también el francés, la geografía, la cronología,
y "sobre todo" la historia. Por añadidura, "a
las que descubriesen más talentos o se quedasen más
tiempo en el Colegio, se les dará alguna idea de la cosmología,
con alguna tintura de los Poetas".
"Estos conocimientos les formarán el espíritu,
pero aún falta lo mas importante, que es formarles el corazón.
Este debe ser el primero y más esencial cuidado de la Rectora
y de las Ayas, por lo que deben valerse de distintos medios, y sobre
todos el de inspirarles el gusto de la lectura, proporcionándoles
los buenos libros que están en la esfera de su comprensión
y se ven llenos de máximas de honor, decoro y virtud. No
hay cosa que forme y rectifique, tanto el corazón de la juventud
como el leer buenos documentos en aquella edad tierna que recibe
con facilidad y retiene tenazmente las primeras impresiones"
"Debemos añadir -prosigue el Olavide restaurador del
teatro- que entre los talentos agradables que se les puede enseñar
es uno de los más importantes el de la declamación
o representación, pues por su medio retienen versos escogidos,
que les dan gusto para la poesía, les proveen de copia de
frases y voces selectas. Agrégase a esto que el ejercicio
de declamar las habitúa a tenerse bien, estar derechas y
adquirir cierta airosa gentileza en el porte y en el gesto, acostumbrándolas
a hablar en público con tono natural y decente. Por eso no
sería extraño que tuviesen un pequeño Teatro,
en que ejercitarse por diversión, representando algunas piezas
de buena moral y costumbres". La debilidad de Olavide por las
artes escénicas no podía menos que relucir.
Pero estas ideas sobre la educación femenina no eran exclusivas
de Olavide. Un año antes del Informe, don Luis Germán
y Ribón, del Claustro universitario, fundador de la Real
Academia Sevillana de Buenas Letras, e ilustre personalidad en el
mundo intelectual de Sevilla, escribía una carta secreta
(1) a Campomanes en la que decía lo
siguiente:
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"Para las niñas, que con precisión
habían de aprender a leer, escribir, contar, coser,
bordar y cantar, se podían destinar las muchas casas
de Religiosas que tiene esta Ciudad, dándoles sitio
contiguo, o dentro de sus clausuras, a que fuesen conducidas
por mujeres de respeto, y allí recibiesen la enseñanza
con método, destinándoles Maestras que, con
separación de las otras Monjas, las criasen. Este,
aunque es ramo separado de la Universidad, pero no debe serlo
de quien desea el adelantamiento común, pues se experimenta
inconveniente ya en los Maestros que van a las casas, y ya
en las que llaman Amigas, que suelen admitir por su necesidad
criaturas de ambos sexos, y lo que es peor, que ni unos ni
otros saben, y ellas se quedan de forma que después
de tomar estado de casada, si enviudan, se ven precisadas
a que el cajero, el criado, el oficial, les maneje lo que
queda, y tal vez se ven precisadas a casarse con ellos, dilapidando
las tutelas de sus hijos; no así en Flandes y otros
Países, en que se crían hábiles para
mantenerse por sí, sin esta necesidad".
Luis Germán y Ribón, 16-12-1767
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Los niños
El Colegio de los Ingleses sería destinado para "Seminario
de alta educación". Esta institución respondía
a la misma idea anterior, es decir, a la conveniencia suma de que
"los jóvenes nobles y ricos tengan la mejor educación
que sea posible", porque "todos saben que éstos
nacen destinados a presidir el Gobierno, y que para la felicidad
de éste es muy conveniente aprovechar la primera edad de
aquéllos, instruyéndolos bien e imprimiéndoles
las buenas ideas y conocimientos que después han de contribuir
al común beneficio de la Nación".
Queda muy explícita la principal idea "ilustrada"
sobre educación: formar ante todo una minoría selecta,
de familias pudientes, en cuyas manos estaría en el futuro
el gobierno del país, y que servirían incluso de modelo
para el pueblo. Educándolos, mejoraría de condición
la Nación entera.
"Teniendo ya Universidades con buenos estudios y Seminarios
Generales para el Cuerpo de la Nación, adonde vayan a estudiar
los que quieran hacer sus cursos para seguir la carrera de las Letras,
sólo nos resta que haya Colegios en donde, por otro método,
puedan los muchachos ricos adquirir noblemente la superior educación
que puedan costear. Por eso, no debe ser destinado solamente
para los nobles, sino para todas aquellas personas decentes que,
pudiéndola pagar, quieren tener mejor crianza"
El personal educador estaría integrado por un Rector, dos
Prefectos de Estudios y varios celadores. Los alumnos deberían
ingresar a los nueve años, sabiendo ya leer, escribir y contar.
Su primera educación será la del estudio de la Gramática
castellana, siguiendo el método de Nebrija, "ínterin
que se forma otro mejor". Seguiría el estudio del latín,
de las matemáticas, moral, derecho natural y público
(por Heineccio o Wolff) y finalmente, como coronación de
todos los estudios teóricos, la Política, entendiéndola
como "el conocimiento de los medios más propios para
hacer una Nación respetable, y a sus ciudadanos felices",
o en otros términos, "el arte de gobernar un Estado
y dirigir los negocios públicos". Propone como texto
el primer volumen del Barón de Bielfeld. Se completaría
la formación con la enseñanza del dibujo, del baile
y del idioma francés, "sin el cual no pueden
viajar ni pasar con decencia a Corte alguna en servicio de su Nación".
¿No podría considerarse este proyectado Colegio como
el germen de la primera Escuela Diplomática de España?
Para que nada falte a este fin, se estudiará aquí
lo que no se había prescrito todavía para la Universidad:
la Historia universal, "acompañada de sus dos ojos,
que son la Cronología y la Geografia". Pero como este
estudio debe ser de toda una vida, propone algunos historiadores,
cuya lectura ha de resultar amena, a la par que indispensable: Tito
Livio, Montesquieu (Causas de la grandeza y decadencia de los Romanos),
Vertot (Resoluciones del Pueblo Romano), Hume (Historias de la Casa
de Stuard), etc.
| "Esta es la educación que ha de dar el Seminario
a todos sus colegiales, con arreglo a la pensión que
pagan por ello. Pero si alguno quisiere añadir algún
talento más, como el de solfear, tocar un instrumento,
montar a caballo, con otras habilidades propias de Caballeros
se le deberá permitir, pagando el Maestro, y en horas
que no interrumpan los demás estudios que van indicados,
pues deben aprovechar para esto las de su recreación,
como se explicará en los Estatutos, si el Consejo se
dignase aprobar nuestro proyecto" |
Al igual que para las niñas, Olavide recomienda la práctica
de la declamación y el mantenimiento de un pequeño
teatro donde se puedan representar algunas piezas al año.
"No las que solían hacer hasta aquí, que eran
insulsas, frías y tal vez relajadas, en que no Se les enseñaba
otra cosa que a cogerlas de memoria, y se les dejaba recitar versos
insípidos en un tono pueril, trivial y desabrido, sino unas
piezas de buena moral y ejemplos, que les den justas ideas de las
virtudes y los vicios, llenas de máximas sensatas y filosóficas,
que les queden grabadas en el corazón y les enriquezcan la
memoria de lenguaje castigado, para tener fácil copia de
palabras escogidas y poder formar un escrito corregido y natural".
A fin de cuentas, Olavide defiende su idea de revalorización
del teatro como escuela de las costumbres.
Estos niños se educarían en régimen de internado
durante nueve años, hasta cumplir los dieciocho. Al llegar
a este punto, confiesa Olavide que sus ideas no son absolutamente
originales y que es deudor de los más importantes pedagogos
extranjeros. "Todos los que tratan de la educación aconsejan
que se procure casar a los muchachos al salir del Colegio, y antes
de que en el intervalo de su educación y el matrimonio, puedan
viciarse y corromperse". La cuadratura racional de la época
llega a los últimos rincones de los proyectos "ilustrados".
Nada queda fuera de su precavida mirada. Pero tan rígido
y estudiado ordenancismo carece, ya a simple vista, de la flexibilidad
requerida para coordinar los múltiples imprevistos de la
condición humana.
Las clases o "castas" sociales
Que la Ilustración quisiera extender y mejorar la educación
del país no suponía ese concepto moderno de "educación
básica universal y gratuita", ni mucho menos, como ya
hemos visto al tratar de la enseñanza media de niños
y niñas.
Ya en el Fuero de las Nuevas Poblaciones, Olavide deja muy claro
que hay quien nace para mandar y quien nace para trabajar; los campesinos
son la fuerza bruta que mueve la economía del país
y deben existir necesariamente: "No habrá Estudios de
Gramática en todas estas nuevas Poblaciones y mucho menos
de otras Facultades mayores, en observancia de lo dispuesto en la
Ley del Reyno, que con razon les prohibe en lugares de esta naturaleza,
cuyos moradores deben estar destinados a la labranza, cria de ganados,
y a las artes mecánicas, como nervio de la fuerza de un Estado"
Veamos lo que Olavide dice en el famoso Informe sobre la reforma
de la enseñanza en Sevilla (y por extensión, del país).
Nada mejor que sus propias palabras:
"Las escuelas deben estar abiertas para todos los que quieran
ir a ellas, pero han de ser obligados a pagar una módica
pensión. Ya hemos dicho, hablando de la Universidad, lo
importuno que es que los pobres se apliquen al estudio, abandonando
los oficios de sus padres. Damos aquí por repetidas las
mismas razones, pero añadiremos que son mucho más
eficaces para con los estudios de Gramática, por ser los
que abren la puerta, pues hallándolos de valde, no hay artesano
ni labrador que no sea tentado de enviar a ellos a alguno de sus
hijos, distrayéndolos de su profesión, de que resultan
poblarse tanto los conventos, con irreparable perjuicio del Estado.
Conviniera, pues, mandar que ninguno pudiese aprender la Gramática
sin pagar una pensión suficiente. Así no lo intentarían
sino aquellos que en adelante pudieran continuar los demás
estudios de la Universidad, y transformarse en hombres útiles
a la Nación"
Agrega Olavide, con cierto escrúpulo de conciencia: "No
nos atrevemos a seguir estrechamente esta idea, pero a lo menos
nos parece indispensable que cada muchacho pague al mes alguna cantidad
que, aunque muy corta, baste a mantener siquiera al Pasante del
aula. ¿Y qué menos se puede señalar que ocho
reales mensuales? ¿Qué padre de los que deben aplicar
sus hijos a este estudio no podrá pagar esta pequeña
asignación? Y el que no pudiere satisfacerla, no deberá
destinar a su hijo a estudiante, sino a artesano o labrador"
| Para saber más... |
 |
"La Universidad de Sevilla en el siglo XVIII. Estudio sobre
la primera reforma universitaria moderna" / Francisco Aguilar
Piñal /Anales de la Universidad Hispalense nº 1;
Sevilla, 1969 |
| |
La Sevilla de Olavide, 1767-1778 / Francisco Aguilar Piñal
/Sevilla, 1995 |
Notas:
(1) Citada por Aguilar Piñal, en "La Universidad
de Sevilla en el siglo XVIII...", p. 191
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