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La enseñanza media en el Informe de Pablo de Olavide de 1768

Las niñas | Los niños | Las clases sociales
Cuando Olavide es enviado a Sevilla lo hace con el doble encargo de repoblar zonas desiertas de Andalucía y del arreglo a fondo de la Universidad hispalense. Llega el Asistente a Sevilla en agosto de 1767 y se encuentra el campo abonado para hacer una gran obra reformadora al estilo europeo. Disputas en el claustro universitario, rivalidades y pleitos y, sobre todo, el vacío creado por la expulsión de los jesuitas recién efectuada. Al nuevo uso de las casas que los jesuítas poseían en Sevilla le dedica la primera parte de su famoso Informe.

Con ocasión de explicar el nuevo destino de dos de esas casas, Olavide se explaya en manifestar su opinión, y con él la de los ilustrados de la época, sobre la educación femenina y masculina no universitaria, así como la concepción ilustrada de las clases sociales. Aunque no tenga relación directa con la Universidad, es útil para conocer su pensamiento sobre el problema educacional, clave de la ideología "ilustrada". Veamos.

Las niñas

niña

El espacioso Colegio de la Compañía conocido con el nombre de "las Becas" quedaba convertido, en los planes de Olavide, en Colegio de niñas, no precisamente nobles, pero sí de la alta burguesía.

"Pretendemos formar un Seminario para aquellas niñas cuyos padres, teniendo rentas o facultades competentes, pueden y quieren darles una educación distinguida. Para aquellas que habiendo nacido en suerte más cómoda y abundante, están destinadas a hacer después un papel brillante en el mundo."

Como se ve, la discriminación económica ocupa un papel básico en todos los proyectos de la Ilustración. Se pretende la mejora de toda la comunidad nacional, pero cada uno en su sitio.

A la mentalidad "ilustrada" era completamente ajena la promoción social de los menos favorecidos por la fortuna. Todo lo contrario. Era políticamente necesario que hubiese pobres, para dedicarse a las labores más humildes de la sociedad. Así, las niñas pobres de solemnidad deberían recogerse en el Hospicio; para las pudientes se creaba este Seminario de alta educación; el resto, la gran masa femenina, habría de continuar con la tradicional enseñanza casera, puesta la vista sólo en la futura maternidad.

Sobre este centro docente dice Olavide: "No hay cosa que tanta falta haga en España, ni de que más necesite. Si alguna vez se pensó en hacer algunos colegios o fundaciones para ellas fue con ideas tan estrechas que la educación que en estas casas se les proponía era solamente propia para sacar monjas. Jamás se discurrió -comenta con dolor- en formar una madre de familia, y mucho menos, una señora que, colocada en alta dignidad, poseyese con ilustración las brillantes virtudes de su estado."

La educación en los conventos de monjas es impropia para mujeres que han de vivir después en el siglo. "En efecto, ¿qué educación se puede esperar de unas mujeres encerradas, por la mayor parte, desde su primera edad, que nunca la han recibido buena, que no conocen al mundo, que no habiéndose aplicado jamás a lectura alguna, carecen de toda instrucción? Podrán enseñarles ciertas prácticas externas por devoción.., pero ¿les enseñaran las habilidades, gracias y modales que no tienen?... ¿la liberalidad y afabilidad que deben los superiores a los ínfimos, la beneficencia y compasión que sólo están en el caso de ejercitar personas de alta esfera?"

Después de hacer varias consideraciones de tipo racional sobre la falsedad o inconveniencia de muchas vocaciones religiosas, el informante pretende basar en la educación femenina la general del país; con gran perspicacia psicológica dice:

 "El que menos conozca el corazón humano comprenderá, desde luego, que si las mujeres estuvieran bien educadas lo estarían muy presto los hombres, pues desestimarían a los que careciesen de educación, dando la preferencia al instruido, al decente y al que se distinguiera en talentos y en honor. Y este deseo tan natural al hombre de agradar al otro sexo sería el más vivo de los estímulos para esforzarlos a parecerles bien por la parte del espíritu. ¿Que hombre, especialmente si fuera de calidad, se atreviera a presentarse en el bajo traje de Majo, a fumar y a ostentar los demás vicios indecentes que son familiares a la nobleza mal educada, delante de doncellas que lo estuvieren bien?"

Consecuente con estos principios educadores, tan racionales pero tan alejados de la realidad, resume así Olavide su idea general: "Por esto, ahora que el Consejo desea mejorar la educación de España, nos parece importantísimo promueva la de las mujeres, que no sólo la completa, sino la excita, perfecciona y abrevia."

Al detallar el método de enseñanza a seguir en este Colegio, tiene buen cuidado de precisar una idea capital, esclarecedora de otras muchas: "No queremos llamarlo de Nobles porque no ha de ser exclusivo de las gentes honradas que empiezan a ilustrarse con la riqueza y suelen acabar con ocupar empleos de consecuencia. Abominamos las instituciones de educación en que es menester hacer pruebas para ser admitidos, porque es razón que se eduque bien toda persona decente, que quiera y pueda costearlo." La Ilustración es obra netamente burguesa, que da importancia no a la sangre, sino al dinero; no al apasionamiento cordial e impulsivo, sino al racional comportamiento; no a las virtudes del corazón y de la fe, sino a las de la inteligencia y al exquisito trato social. Es el fruto más sabroso del espíritu neoclásico.

El Seminario estaría gobernado por una Rectora o Superiora, que debería reunir excepcionales cualidades, puesto que "ella es quien debe dar el tono al establecimiento, cuyo objeto debe serle tanto más difícil cuanto no tendrá modelo que proponer, y al contrario, ha de estar luchando continuamente contra el ejemplo público". Debería ser muy instruida, de buena familia, entrada ya en años, "y que haya vivido en el mundo con estimación y decoro". Tan difícil le parece a Olavide encontrarla en España que sugiere la posibilidad de contratarla en el extranjero. Lo mismo dice de las Ayas que habrían de cuidarse más directamente de la enseñanza, "a las que se puede perdonar el nacimiento, pero no la instrucción".

Las educandas pagarían 300 ducados anuales y 100 más si tuviesen con ella alguna criada. "El espíritu del Seminario no debe ser austero ni riguroso. Allí no van las niñas a formarse para monjas, sino para vivir en el siglo, y aprendiendo la Religión y las virtudes, deben tener aquella libertad honesta y decente desenfado que no les abata el espíritu".

La edad de ingreso no sería inferior a siete años, y se tendría buen cuidado de enseñar el catecismo, "a cuyo fin debe escogerse uno mejor de los que se usan en la Nación, y nos parece muy oportuno el de Fleuri". Al mismo tiempo, se aplicarían a leer, escribir y aprender las labores propias de su sexo. "A todas se enseñará a dibujar, porque este estudio, que puede llamarse la Geometría de las Artes, importa mucho a una Nación el que florezca en todos sus individuos".

Se prescribe igualmente que todas aprendan a bailar y a solfear. "Lo primero se ha hecho necesario en nuestras costumbres -afirma Olavide- para el comercio del mundo. Y lo segundo es una habilidad que las dispone para adquirir otras, pues el conocimiento de la música y el ejercicio del solfeo proporcionará a las que tengan voz para que canten, y a las que no la tengan, para que aprendan bien fácilmente el uso de algún instrumento".

Como base de toda la enseñanza posterior, se establece la Gramática de la lengua castellana, "que les servirá para hablar bien el castellano". Estudio obligado sería también el francés, la geografía, la cronología, y "sobre todo" la historia. Por añadidura, "a las que descubriesen más talentos o se quedasen más tiempo en el Colegio, se les dará alguna idea de la cosmología, con alguna tintura de los Poetas".

"Estos conocimientos les formarán el espíritu, pero aún falta lo mas importante, que es formarles el corazón. Este debe ser el primero y más esencial cuidado de la Rectora y de las Ayas, por lo que deben valerse de distintos medios, y sobre todos el de inspirarles el gusto de la lectura, proporcionándoles los buenos libros que están en la esfera de su comprensión y se ven llenos de máximas de honor, decoro y virtud. No hay cosa que forme y rectifique, tanto el corazón de la juventud como el leer buenos documentos en aquella edad tierna que recibe con facilidad y retiene tenazmente las primeras impresiones"

"Debemos añadir -prosigue el Olavide restaurador del teatro- que entre los talentos agradables que se les puede enseñar es uno de los más importantes el de la declamación o representación, pues por su medio retienen versos escogidos, que les dan gusto para la poesía, les proveen de copia de frases y voces selectas. Agrégase a esto que el ejercicio de declamar las habitúa a tenerse bien, estar derechas y adquirir cierta airosa gentileza en el porte y en el gesto, acostumbrándolas a hablar en público con tono natural y decente. Por eso no sería extraño que tuviesen un pequeño Teatro, en que ejercitarse por diversión, representando algunas piezas de buena moral y costumbres". La debilidad de Olavide por las artes escénicas no podía menos que relucir.

Pero estas ideas sobre la educación femenina no eran exclusivas de Olavide. Un año antes del Informe, don Luis Germán y Ribón, del Claustro universitario, fundador de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, e ilustre personalidad en el mundo intelectual de Sevilla, escribía una carta secreta (1) a Campomanes en la que decía lo siguiente:

 "Para las niñas, que con precisión habían de aprender a leer, escribir, contar, coser, bordar y cantar, se podían destinar las muchas casas de Religiosas que tiene esta Ciudad, dándoles sitio contiguo, o dentro de sus clausuras, a que fuesen conducidas por mujeres de respeto, y allí recibiesen la enseñanza con método, destinándoles Maestras que, con separación de las otras Monjas, las criasen. Este, aunque es ramo separado de la Universidad, pero no debe serlo de quien desea el adelantamiento común, pues se experimenta inconveniente ya en los Maestros que van a las casas, y ya en las que llaman Amigas, que suelen admitir por su necesidad criaturas de ambos sexos, y lo que es peor, que ni unos ni otros saben, y ellas se quedan de forma que después de tomar estado de casada, si enviudan, se ven precisadas a que el cajero, el criado, el oficial, les maneje lo que queda, y tal vez se ven precisadas a casarse con ellos, dilapidando las tutelas de sus hijos; no así en Flandes y otros Países, en que se crían hábiles para mantenerse por sí, sin esta necesidad".

Luis Germán y Ribón, 16-12-1767

Los niños

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El Colegio de los Ingleses sería destinado para "Seminario de alta educación". Esta institución respondía a la misma idea anterior, es decir, a la conveniencia suma de que "los jóvenes nobles y ricos tengan la mejor educación que sea posible", porque "todos saben que éstos nacen destinados a presidir el Gobierno, y que para la felicidad de éste es muy conveniente aprovechar la primera edad de aquéllos, instruyéndolos bien e imprimiéndoles las buenas ideas y conocimientos que después han de contribuir al común beneficio de la Nación".

Queda muy explícita la principal idea "ilustrada" sobre educación: formar ante todo una minoría selecta, de familias pudientes, en cuyas manos estaría en el futuro el gobierno del país, y que servirían incluso de modelo para el pueblo. Educándolos, mejoraría de condición la Nación entera.

"Teniendo ya Universidades con buenos estudios y Seminarios Generales para el Cuerpo de la Nación, adonde vayan a estudiar los que quieran hacer sus cursos para seguir la carrera de las Letras, sólo nos resta que haya Colegios en donde, por otro método, puedan los muchachos ricos adquirir noblemente la superior educación que puedan costear. Por eso, no debe ser destinado solamente para los nobles, sino para todas aquellas personas decentes que, pudiéndola pagar, quieren tener mejor crianza"

El personal educador estaría integrado por un Rector, dos Prefectos de Estudios y varios celadores. Los alumnos deberían ingresar a los nueve años, sabiendo ya leer, escribir y contar. Su primera educación será la del estudio de la Gramática castellana, siguiendo el método de Nebrija, "ínterin que se forma otro mejor". Seguiría el estudio del latín, de las matemáticas, moral, derecho natural y público (por Heineccio o Wolff) y finalmente, como coronación de todos los estudios teóricos, la Política, entendiéndola como "el conocimiento de los medios más propios para hacer una Nación respetable, y a sus ciudadanos felices", o en otros términos, "el arte de gobernar un Estado y dirigir los negocios públicos". Propone como texto el primer volumen del Barón de Bielfeld. Se completaría la formación con la enseñanza del dibujo, del baile y del idioma francés, "sin el cual no pueden viajar ni pasar con decencia a Corte alguna en servicio de su Nación".

¿No podría considerarse este proyectado Colegio como el germen de la primera Escuela Diplomática de España? Para que nada falte a este fin, se estudiará aquí lo que no se había prescrito todavía para la Universidad: la Historia universal, "acompañada de sus dos ojos, que son la Cronología y la Geografia". Pero como este estudio debe ser de toda una vida, propone algunos historiadores, cuya lectura ha de resultar amena, a la par que indispensable: Tito Livio, Montesquieu (Causas de la grandeza y decadencia de los Romanos), Vertot (Resoluciones del Pueblo Romano), Hume (Historias de la Casa de Stuard), etc.

 "Esta es la educación que ha de dar el Seminario a todos sus colegiales, con arreglo a la pensión que pagan por ello. Pero si alguno quisiere añadir algún talento más, como el de solfear, tocar un instrumento, montar a caballo, con otras habilidades propias de Caballeros se le deberá permitir, pagando el Maestro, y en horas que no interrumpan los demás estudios que van indicados, pues deben aprovechar para esto las de su recreación, como se explicará en los Estatutos, si el Consejo se dignase aprobar nuestro proyecto"

Al igual que para las niñas, Olavide recomienda la práctica de la declamación y el mantenimiento de un pequeño teatro donde se puedan representar algunas piezas al año. "No las que solían hacer hasta aquí, que eran insulsas, frías y tal vez relajadas, en que no Se les enseñaba otra cosa que a cogerlas de memoria, y se les dejaba recitar versos insípidos en un tono pueril, trivial y desabrido, sino unas piezas de buena moral y ejemplos, que les den justas ideas de las virtudes y los vicios, llenas de máximas sensatas y filosóficas, que les queden grabadas en el corazón y les enriquezcan la memoria de lenguaje castigado, para tener fácil copia de palabras escogidas y poder formar un escrito corregido y natural". A fin de cuentas, Olavide defiende su idea de revalorización del teatro como escuela de las costumbres.

Estos niños se educarían en régimen de internado durante nueve años, hasta cumplir los dieciocho. Al llegar a este punto, confiesa Olavide que sus ideas no son absolutamente originales y que es deudor de los más importantes pedagogos extranjeros. "Todos los que tratan de la educación aconsejan que se procure casar a los muchachos al salir del Colegio, y antes de que en el intervalo de su educación y el matrimonio, puedan viciarse y corromperse". La cuadratura racional de la época llega a los últimos rincones de los proyectos "ilustrados". Nada queda fuera de su precavida mirada. Pero tan rígido y estudiado ordenancismo carece, ya a simple vista, de la flexibilidad requerida para coordinar los múltiples imprevistos de la condición humana.

Las clases o "castas" sociales

faenas agricolas
Quien no pueda pagar la enseñanza de su hijo deberá destinarlo a artesano o labrador, en la mentalidad ilustrada

Que la Ilustración quisiera extender y mejorar la educación del país no suponía ese concepto moderno de "educación básica universal y gratuita", ni mucho menos, como ya hemos visto al tratar de la enseñanza media de niños y niñas.

Ya en el Fuero de las Nuevas Poblaciones, Olavide deja muy claro que hay quien nace para mandar y quien nace para trabajar; los campesinos son la fuerza bruta que mueve la economía del país y deben existir necesariamente: "No habrá Estudios de Gramática en todas estas nuevas Poblaciones y mucho menos de otras Facultades mayores, en observancia de lo dispuesto en la Ley del Reyno, que con razon les prohibe en lugares de esta naturaleza, cuyos moradores deben estar destinados a la labranza, cria de ganados, y a las artes mecánicas, como nervio de la fuerza de un Estado"

Veamos lo que Olavide dice en el famoso Informe sobre la reforma de la enseñanza en Sevilla (y por extensión, del país). Nada mejor que sus propias palabras:

"Las escuelas deben estar abiertas para todos los que quieran ir a ellas, pero han de ser obligados a pagar una módica pensión. Ya hemos dicho, hablando de la Universidad, lo importuno que es que los pobres se apliquen al estudio, abandonando los oficios de sus padres. Damos aquí por repetidas las mismas razones, pero añadiremos que son mucho más eficaces para con los estudios de Gramática, por ser los que abren la puerta, pues hallándolos de valde, no hay artesano ni labrador que no sea tentado de enviar a ellos a alguno de sus hijos, distrayéndolos de su profesión, de que resultan poblarse tanto los conventos, con irreparable perjuicio del Estado. Conviniera, pues, mandar que ninguno pudiese aprender la Gramática sin pagar una pensión suficiente. Así no lo intentarían sino aquellos que en adelante pudieran continuar los demás estudios de la Universidad, y transformarse en hombres útiles a la Nación"

Agrega Olavide, con cierto escrúpulo de conciencia: "No nos atrevemos a seguir estrechamente esta idea, pero a lo menos nos parece indispensable que cada muchacho pague al mes alguna cantidad que, aunque muy corta, baste a mantener siquiera al Pasante del aula. ¿Y qué menos se puede señalar que ocho reales mensuales? ¿Qué padre de los que deben aplicar sus hijos a este estudio no podrá pagar esta pequeña asignación? Y el que no pudiere satisfacerla, no deberá destinar a su hijo a estudiante, sino a artesano o labrador"

Para saber más...
"La Universidad de Sevilla en el siglo XVIII. Estudio sobre la primera reforma universitaria moderna" / Francisco Aguilar Piñal /Anales de la Universidad Hispalense nº 1; Sevilla, 1969
  La Sevilla de Olavide, 1767-1778 / Francisco Aguilar Piñal /Sevilla, 1995
Pablo de Olavide, biografia. Las Nuevas Poblaciones | El informe de Olavide | Plan de Estudios de Olavide para la universidad de Sevilla

 


Notas:

(1) Citada por Aguilar Piñal, en "La Universidad de Sevilla en el siglo XVIII...", p. 191

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  "Historia vitae magistra" (Cicerón) Página personal © Alfonso Pozo Ruiz
Enviarme un correo electrónico Miembro del Comisariado del V Centenario Universidad Sevilla y autor de la sección histórica de la web institucional www.quintocentenario.us.es