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El Plan de Estudios propiamente dicho comprende más de la mitad
del Informe dedicado a la Universidad.
Olavide hace una salvedad al comenzar a tratar de él: "Prevenimos
que hemos omitido la memoria del estudio de las Lenguas, de la Historia,
y de otros semejantes, por no habernos parecido conveniente que se
enseñen en la Universidad por ahora, creyéndolos más
propios y acomodados a las Academias y Juntas particulares, adonde
se podrán aprender". Si a esto unimos la división
de las Facultades siguiendo la pauta tradicional, comprendemos que
la reforma, aun siendo revolucionaria en tantos puntos, se ajustaba
lo más posible a la Universidad anterior en su estructura y
funcionamiento.
Un supuesto metodológico precede a la consideración
de las Facultades en particular. "Tenemos por estilo absurdo
y digno de corregirse desde luego el que los catedráticos
dicten y los discípulos escriban todos los días sus
lecciones. Este método (que en muchas partes se ha suprimido
ya) no produce otro efecto que el de hacer perder a los muchachos
el tiempo y la letra". Inútil resulta llamar la atención
sobre la modernidad de semejante consideración. El deseo
de los reformadores seria que existiesen en España para uso
de los alumnos "cursos buenos y aprobados por los que todos
estudiasen, y la ocupación del catedrático no fuese
otra que la de irlos explicando en las lecciones". Pero conocen
igualmente la desoladora realidad: "La desgracia es que no
los tenemos al presente, a lo menos de forma que puedan satisfacernos
con entera confianza". El Gobierno debería estimular,
mediante premios y recompensas, la formación de textos modernos,
adecuados para la enseñanza. "Pero, entretanto, para
que no se pierda el tiempo, y que pueda empezarse desde luego el
estudio, proponemos al Consejo con separación el Plan que
puede seguirse por ahora en cada Facultad".
Dos materias, absolutamente ignoradas hasta entonces en los estudios
superiores, se debían enseñar con urgencia y con todos
los medios posibles. "Creemos que sólo el estudio de
la Geometría, que se pretende hacer universal, y el
de la Política, con que se aspira a perfeccionar la
Jurisprudencia, son capaces de derramar de un golpe mucha luz sobre
la Nación... Nos lisonjeamos de que estos dos estudios, bien
enseñados y seguidos, serán bastantes a hacer en la
Nación tan feliz revolución que en diez años
de tiempo se conozca sensiblemente su reforma y adelanto"
En la Facultad de Filosofía -llamada antes de Artes y ahora
de Física- quedarán comprendidos los estudios de Lógica,
Física y Metafísica, según el siguiente reparto:
en el primer año se estudiaría la Lógica del
P. Fortunato de Brescia, por la segunda edición de 1754.
y además Aritmética (raíces cuadradas y cúbicas),
Geometría (líneas, superficies y sólidos),
Algebra (números quebrados y reducciones), "con un poco
de Trigonometría rectilínea, teórica y práctica,
y a lo menos, noticia de las principales curvas o secciones cónicas".
El texto a seguir sería el de Mr. Rivard, profesor de la
Universidad de París, que se imprimió por cuarta vez
en 1744. En el segundo año se completaría el estudio
de la Geometría y Trigonometría del mismo Rivard,
y la primera parte de la Física general del P. Fortunato
de Brescia, impresa, corregida y aumentada en 1756. En el tercer
año, se completaría el estudio de la Física
general, y se comenzaría la Física particular del
mismo autor. En el cuarto, se terminaría esta última
y se estudiaría la Metafísica, del propio P. Fortunato.
Así queda completo el Curso de Filosofía, "que
conforme a nuestro proyecto, proponemos para el uso de esta Universidad,
creyendo firmemente que su enseñanza bastará a desterrar
los abusos y futilidades del frívolo Escolasticismo y a introducir
y extender el buen gusto y utilidad de los sólidos conocimientos
y Ciencias prácticas"
Estructuración de los estudios universitarios
La estructuración de los estudios universitarios en el Plan
elaborado por Olavide y sus amigos comprendía cuatro Facultades
y un Curso. A las ya tradicionales de Artes o Filosofía,
Teología, Cánones y Leyes y Medicina, se añadía
el curso de Matemáticas, primer brote moderno de lo que habría
de ser después el árbol universitario de las Ciencias.
Esta innovación afectaba también a la Facultad de
Artes. Seguía siendo una Facultad "menor", previa
a los estudios "mayores", cambiando su nombre por el de
Facultad de Física. "Esta -dice el Plan- debiera ser
una puerta por la que entrasen cuantos quisiesen hacer su carrera
literaria, quedando todos, después de pasado este primer
Curso, en disposición de elegir la Facultad a que quieren
destinarse, ya sea la Jurisprudencia, ya la Teología, o ya
la Medicina, según la aplicación de cada uno"
Se establecía un examen de ingreso en la Universidad,
que había de hacerse obligatoriamente antes de comenzar la
Facultad de Física. Los aspirantes a la vida universitaria
habían de poseer suficientes conocimientos de Gramática
latina y de Aritmética "inferior", al menos con
aptitud en las cuatro reglas. "Este examen deberá ser
escrito y riguroso, porque de estos primeros elementos depende el
aprovechar o no en los conocimientos últimos".
A los cuatro años de Física sucederían otros
cuatro en la respectiva Facultad y otro final de Pasantía,
con lo que se cumplían los nueve años que el escolar
había de consumir en las aulas de la Universidad. Al cabo,
se le confería el grado de Bachiller, a la edad de veinte
o veintiún años, habiendo ingresado a los once o doce
en la Facultad de Física. Como se ve, esta Facultad seguía
en la mentalidad del legislador, supliendo la "enseñanza
media" tal como hoy la concebimos.
A estos años de enseñanza teórica habrían
de suceder otros tres de aprendizaje práctico de la
profesión: los abogados, practicando en los tribunales; los
médicos, en un hospital; los sacerdotes, en el Seminario
clerical. "Por este método, a la edad de 24 ó
25 años, que es la competente al sacerdocio, y en la cual
pueden ya los hombres dar al público con utilidad el fruto
de su trabajo, se hallará cada cual provecto y aprovechado
en su Facultad, y se llenaría la Nación de Profesores
superiores en ella". Una sola excepción se haría
en beneficio de los catedráticos, quienes quedarían
dispensados de los años de práctica, que sustituirían
por las clases dadas en la Universidad. "No dando a ninguno
los títulos de sacerdote, abogado ni médico sin los
citados tres años de práctica, no podrán ejercer
estas profesiones ni solicitar en la Cámara empleo alguno,
por lo que todos se aplicarán a llenar este requisito y saldrán
muy aventajados"
Para cooperar ventajosamente a la destrucción del espíritu
partidista en la Universidad, propone Olavide que se supriman
también los diferentes trajes que usan los universitarios:
| "Debieran acabarse las Opas*, Becas y Hábitos
largos de los colegiales y manteístas, subrogándoseles
otro traje que sea general de la Nación". |
Añade a esto el Asistente algunas observaciones muy sensatas
sobre la falta de prestancia y de higiene a que da lugar el uso
de trajes talares en la época formativa de la primera juventud:
"A esto concurre tambien que los trajes de la Universidad son
o se reputan eclesiásticos, cuya idea, unida a los estudios
que hacen los escolares, les va formando aquel espíritu que
ha inspirado en los Jueces tanto abandono de la Jurisdicción
Real". Por todo ello, propone que el Consejo mande que se adopte
en las Universidades "el traje de que usare comúnmente
la Nación, que hoy es el Militar".
No olvida este Plan de Estudios punto tan esencial como es una
buena biblioteca universitaria. En Sevilla, se formaría
con los libros de los jesuitas, "entresacando los útiles
hasta componer la más completa que fuese posible". Esta
biblioteca, que seria también pública, sería
de libros cuidadosamente seleccionados. "Todos sabemos -apunta
Olavide- la copia de malos libros que inunda a la Nación,
los que habiendo sido escritos en los dos últimos siglos,
que pueden llamarse los de nuestra ignorancia y superstición,
están llenos de errores, futilidades, malas doctrinas y peores
máximas". Nunca será bien meditada esta repetida
aversión que los hombres "ilustrados" del XVIII
sienten hacia sus predecesores, al tiempo que alaban la primera
mitad del siglo XVI. Mientras nosotros fijamos nuestra mirada en
la literatura de creación y encontramos cumbres gloriosas
en ella, los intelectuales de la Ilustración sólo
atienden el bajísimo nivel de nuestra literatura doctrinal
y científica. Olavide es uno de ellos, y quizás el
de vehemencia más apasionada. "Cuando queremos -dice-
rectificar los Estudios subrogando los útiles a los frívolos,
los principios honestos a los relajados, y las opiniones sanas a
las ambiciosas... ¿sería justo dejar que se lean estos
libros plagados del escolasticismo, de la moral más viciada
y de opiniones absurdas?"
El estudio de la Medicina
La enseñanza de la Medicina "ha padecido el mismo desorden
que las demás Ciencias, aunque con mayor perjuicio 'de la
Humanidad". A pesar de ser la única Facultad sevillana
donde la docencia era corriente en la primera mitad del siglo, la
pintura que de ella hace el Plan resulta una peyorativa caricatura.
Los textos de Bravo y Henríquez son despectivamente tratados;
los días de clase no llegaban a setenta al año; el
cuarto curso de carrera quedaba reducido a un cursete de ocho días.
Esta situación quedaba totalmente transformada en el Plan.
"El médico, para serlo, debe saber Anatomía,
conocer las enfermedades, el modo práctico de curarlas, los
remedios y cantidad de ellos que se ha de aplicar para conseguirlo".
De esta forma, al cabo de largos años de infructuosa batalla
académica, la modernísima concepción médica
de la Regia Sociedad iba a fecundar sabiamente los estudios superiores
de la especialidad.
Aunque el médico debía tener suficientes conocimientos
de Química, Farmacia, Botánica y otras materias, la
Universidad no podía proporcionárselos todos. "La
Universidad -precisa Olavide- no aspira a sacar hombres consumados,
sino a disponerlos jóvenes para que lo puedan ser con el
tiempo y la diligencia.., les da solamente aquella instrucción
que les sería difícil adquirir sin el auxilio de Maestros,
inspirándoles el buen gusto y discernimiento, y poniéndoles
en la senda verdadera para que continúen con progreso el
camino comenzado". Estos estudios pueden hacerlos en sus años
de práctica. En la Universidad se comenzará por estudiar
la Anatomía, por el compendio de Lorenzo Heister.
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"Y porque las Figuras en las estampas no dan idea clara
de los objetos como se debe tener, se podrá dedicar un
día cada semana a la práctica de estos conocimientos,
haciendo en un Hospital (que por ahora podrá ser el nombrado
del Amor de Dios) disección anatómica a presencia
de todos los discípulos, de aquella parte o partes del
cuerpo humano cuyo conocimiento teórico se hubiese estudiado
en las antecedentes lecciones" |
En el segundo año se estudiaría la Patología,
por los textos de Boerhaave, adicionados con los Aforismos de Hipócrates,
"cuyas máximas y sentencias.., han de ser los cimientos
sobre que ha de fundar su edificio el médico". Un buen
comentador de ellos -como Juan Gorter- podrá salvar las inexactitudes
y oscuridades. El tercer año se emplearía en el estudio
teórico de otros varios textos de Hipócrates, y el
cuarto y último, en aprender los remedios médicos
de curación de las enfermedades, por el Boerhaave.
A los años de Pasantía y práctica de hospital
se reserva el estudio de las materias complementarias: Química,
Botámca y Farmacia, "por medio de la lectura de los
buenos libros". Finalmente, "para que no extrañe
el silencio que hemos observado en este Plan del estudio de la Cirugía,
debemos advertir que lo hemos omitido por haberlo considerado prolijo,
embarazoso y no practicable en las Universidades. Este Arte tan
preciso y conveniente a la Humanidad, sólo puede enseñarse
oportunamente en las Casas y Hospitales destinados a su ejercicio,
como son los de Cádiz y Barcelona... por lo que es indispensable
que los que hayan de aprender esta Facultad vayan a instruirse en
dichos Reales Hospitales"
El estudio del Derecho
Los términos de Cánones y Leyes son sustituidos en
el Plan por el de Jurisprudencia, cuyo estudio -se dice-
"está absolutamente abandonado en esta Universidad,
y aun en todas las demás del Reino". A la Universidad
"sólo se asiste por mera ceremonia, para proporcionarse
a recibir el Grado de Bachiller, que es un acto de solemnidad, sin
examen ni prueba". Aparte de las deficiencias de los textos
usados, se hace constar que el estudio del Derecho no estará
completo si le falta el Natural, el de Gentes y la Política,
que "yacen en un profundo olvido y ni aún se tiene noticia
de ellos en las Universidades". Además, el Derecho
Nacional "no se enseña ni se estudia en modo alguno".
Se especula después sobre la necesidad de publicar un nuevo
código de leyes nacionales, apropiado a la enseñanza.
"Esta es obra digna de la Ilustración del Consejo, y
deseada de toda la Nación, por lo que no dudamos se piensa
seriamente en ella"
En el primer año de Jurisprudencia se estudiaría
precisamente el Derecho Natural y el de Gentes, que "es el
origen y fuente de todas las Leyes". Al tratar de los textos
que se podrían explicar, el informante hace algunas consideraciones
interesantes: "Aunque merece la primera atención el
célebre Hugo Grocio, por haber sido el corifeo de los escritores
de la presente materia, trató más del Derecho Público
que del Natural, reduciendo su obra principalmente a las dos supremas
regalías de la Guerra y de la Paz. El Barón de Puffendorf,
aunque abrazó uno y otro Derecho por reglas y principios,
siguiendo el camino que hallé abierto por su precursor, formé
una obra muy vasta y dilatada que no puede enseñarse sin
notas o escolios. Y sin embargo de haberla traducido con ellas en
francés Juan Barbeyrac se hallan éstas prohibidas
en España, por estar tinturadas de la Religión de
su autor, cuyo inconveniente tienen otras varias obras de escritores
protestantes". Finalmente, se inclina por el tratado de Heineccio,
"que está escrito en compendio, por reglas y principios,
que es el método que debe observarse en las Universidades".
Para el segundo año se reservan unos prolegómenos
de la Historia del Derecho Romano, y después la instituta
de Justiniano, por el comentario de Vinnio, con las notas de Heineccio
, repartiendo los cuatro libros entre este año y el siguiente.
Los catedráticos, al tiempo de explicar este Derecho, deberán
hacer alusión a las leyes concordantes del Derecho patrio,
ya que "no es posible hacerlo en el día metódicamente
sin un nuevo Código e Instituta nacional". El cuarto
año se dedicaría al Derecho Canónico, "en
aquella parte que se necesite para el uso de los Juicios y Tribunales
eclesiásticos de la Nación". El texto escogido
es el de Lancelot. La Política, según las instituciones
Políticas del Barón de Bielfeld se debería
estudiar en el año de Pasantía, "cuya obra preferimos
a las demás de su especie por estar escrita en forma de sistema
y con tanta claridad que no necesita de más comentario ni
explicación que su simple lectura".
Los estudios de Teología
La Teología, planificada por Cevallos, se construye
-por supuesto- sobre las ruinas de la Escolástica. Queda
dividida en Fundamental (Revelación y Tradición)
y Positiva (Exégesis y Moral cristiana). "La
primera consiste en erudición, y así, sabrá
más de ella el que mas leyere la Biblia, Santos Padres y
Concilios. Pero la segunda llama a su ayuda el Arte de disponer
aquellas verdades para mejor percibirlas, enseñarlas y defenderlas,
según resulta de la combinación de sus fuentes".
El estudio de La Teología se basaría, pues, en la
vuelta a las fuentes de las verdades reveladas: Antiguo y Nuevo
Testamento en el primer año, "con los comentarios de
Calmet y de nuestro Arias Montano". En el segundo año
se estudiarían los once primeros libros de los Lugares teológicos
de Melchor Cano y en los dos años restantes la Teología
positiva por Duhamel . "Sus objetos deberán ser la Existencia,
Esencia y Unidad de Dios, con sus atributos, y los misterios de
la Trinidad y Encarnación". El año de Pasantía
se dedicaría a la Historia eclesiástica y al repaso
de las anteriores materias.
La dotación económica del Plan
Llega la hora de tratar de las rentas de la Universidad, y Olavide
dice sin remilgos que "con las miserables dotaciones que
tienen las cátedras era imposible que ninguno las sirviese
bien. Por eso se han reducido a un honor de puro lucro, pero
de mucho descanso, pues ningún catedrático asistía
a enseñar en ella".
Bien sabían los redactores del Plan, como se parece olvidar
hoy, que sería una quimera estructurar una Universidad ideal
sin contar con los medios económicos necesarios para su subsistencia.
Habría que ofrecer unos salarios atractivos a todo el personal
rector, docente o subalterno. "En nuestro dictamen, todos los
catedráticos deben dar, a lo menos, dos lecciones cada día,
una de hora y media por la mañana, y otra de una hora por
la tarde; además, deben tener una o dos conferencias cada
semana, para que sirvan a los discípulos de repaso de lo
que hayan estudiado en los días antecedentes y se reconozca
el progreso de cada uno.
A esto debe añadirse la continua asistencia a la Universidad,
a los actos públicos y Grados, en que siempre habrán
de tener parte, ya presidiendo y ya replicando. Estas ocupaciones
requieren la aplicación de todo el tiempo... ¿Y quién
querrá ni podrá dar el suyo si no tiene renta con
que mantenerse mientras lo ocupa, y no vive con esperanzas de lograr
algún ascenso?". Por ello, si el Consejo desea realmente
la reforma, habrá de acudir con generosidad a la dotación
de las cátedras. Esta condición, tan sabiamente impuesta
por el Asistente, fue la más descuidada, y en última
instancia la que provocó el fracaso de la reforma.
Frente a la desigualdad en las dotaciones de las antiguas cátedras,
que promovía indirectamente la rotación de los catedráticos
y el ascenso de unas a otras, inutilizando la poca efectividad que
ya de por si tenía la enseñanza, el Plan de Olavide
establece la igualdad económica para todas ellas,
excepto las de Matemáticas y Medicina.
El criterio seguido era que "cada catedrático goce
aquella dotación que le baste para vivir sin penuria, proporcionándole
el desahogo y comodidad que necesita para entregarse todo entero
a su ministerio, y este objeto es igual en todos". A esta justicia
distributiva se unía la equidad en la consideración
sooial. Al ser todas igualmente necesarias, "toda la diferencia
de honor consistirá en quien hizo mejor su trabajo. Por este
motivo importará que se supriman hasta los nombres de cátedra
de Prima, Vísperas, Escritura, Digesto, etc., y que sólo
se llamen de Física, de Jurisprudencia, de Teología,
de Medicina y de Matemáticas, de primero, segundo, tercero
y cuarto año, pues en cada uno debe empezar nuevo Curso de
todas ellas, según nuestro método". Los reformadores
ofrecen aquí un caso notable de intuición psicológica.
Saben cuánto importa, para implantar nuevas costumbres, desarraigar
de la mente hasta los vestigios externos o puramente nominales de
los antiguos o inveterados hábitos.
Después de consultar con "las personas más prácticas
e inteligentes", indica Olavide que el sueldo normal de un
catedrático, "suficiente para la subsistencia en esta
Ciudad" es de 700 ducados de vellón al año. Para
los de Medicina juzga que esta cantidad se pudiera rebajar, "porque
siendo regular que las soliciten y obtengan los médicos provectos
que están ejerciendo su profesión en la Ciudad y ganando
continuamente los intereses de su ejercicio práctico, podrán
contentarse con menos, porque no han de vivir con sólo la
renta de su cátedra, como regularmente sucederá a
los catedráticos de las otras profesiones". Se toca
aquí el tema de la dedicación exclusiva, que no ha
sido recogido de nuevo hasta tiempos recientes.
En cambio, para los catedráticos de Matemáticas,
"siendo tan escaso el número de sus Profesores, y conviniendo
por otra parte alentar a que se promueva el estudio de estas útiles
Facultades, tenemos por preciso el extenderse algo más en
la dotación de su renta". En total, las dieciocho cátedras
exigían un desembolso anual de 11.600 ducados. Como ya la
Universidad tenía una renta de 3.450 ducados, se hacía
preciso aportar los 8.150 restantes. Sólo el Rey podía
adoptar las medidas necesarias para obtener esta cantidad, y Olavide
insinúa, como hizo con las demás dotaciones del Informe,
que se haga con cargo a los bienes que la Compañía
de Jesús poseía en el Arzobispado hispalense. Esta
propuesta, que parecía de tan fácil ejecución,
iba a quedar inoperante, así como las restantes soluciones
que se fueron presentando en años posteriores.
| Al quedar sin resolver asunto tan importante como el
económico, la Universidad quedaría desamparada,
sostenida sólo por la buena voluntad de los profesores
y las esperanzas de un cambio radical de situación. |
Epílogo
Concluido el Plan y fechado el día 12 de febrero de 1768,
seis días después se le hizo una importante cláusula
adicional. Llegó a oídos de Olavide en estos días
que los bienes de la Compañía de Jesús tenían
ya destino en la mente del Monarca -entre otros, la manutención
de los mismos religiosos expulsos y la colonización de Sierra
Morena- y entonces arbitró nueva solución para cubrir
los gastos de Universidad y Casa de Pupilaje. A los 8.000 ducados
necesarios para aquélla agregó los 2.500 para éste,
formando un total de 10.500 ducados, los cuales, según el
ingenuo razonamiento que sigue, podría costear el Cabildo
eclesiástico:
| "El Cabildo de esta Santa Iglesia -dice- se compone
del crecido número de 91 individuos, entre los que hay
11 Dignidades, 40 Canongías y 40 Prebendas, entre Raciones
y medias Raciones. De las cuales tiene aplicadas dos Canongías
y tres Prebendas al Santo Oficio de la Inquisición y
para músicos de su Capilla. Nos parecía que, aunque
se suprimiesen cuatro Canongías para destinar su congrua
a la Universidad y Seminario de Estudios, a fin de ayudar a
mantener sus catedráticos y Maestros en beneficio común
de la misma Iglesia y de la Provincia, que la sostiene con sus
diezmos, nada perdería la Catedral de su decoro y dignidad" |
El argumento decisivo de Olavide es reflejo fiel del espíritu
racionalista de la época: "Qué es lo que importa
más al Cabildo y a la Nación entera, que haya cuatro
individuos más en una Iglesia donde quedarán 87, o
que haya en Sevilla una Universidad sabia y floreciente de la que
salgan no sólo doctos Canónigos, sino grandes Obispos,
y además de esto, eximios Juristas, Médicos y Matemáticos?".
Era de esperar que este interrogante no hiciera mucha gracia al
orgulloso Cabildo catedral de Sevilla.
| Para saber más... |
"La Universidad de Sevilla en el siglo XVIII. Estudio sobre
la primera reforma universitaria moderna" / Francisco Aguilar
Piñal /Anales de la Universidad Hispalense nº 1;
Sevilla, 1969 |
(*) la Beca colegial, "quae vulgo opa dicitur"
|