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El Plan de estudios de Olavide para la Universidad de Sevilla. 1768

retrato
El autor principal del Informe sobre la Reforma Universitaria del siglo XVIII y el Plan de Estudios para la Universidad de Sevilla
El Plan de Estudios propiamente dicho comprende más de la mitad del Informe dedicado a la Universidad. Olavide hace una salvedad al comenzar a tratar de él: "Prevenimos que hemos omitido la memoria del estudio de las Lenguas, de la Historia, y de otros semejantes, por no habernos parecido conveniente que se enseñen en la Universidad por ahora, creyéndolos más propios y acomodados a las Academias y Juntas particulares, adonde se podrán aprender". Si a esto unimos la división de las Facultades siguiendo la pauta tradicional, comprendemos que la reforma, aun siendo revolucionaria en tantos puntos, se ajustaba lo más posible a la Universidad anterior en su estructura y funcionamiento.

Un supuesto metodológico precede a la consideración de las Facultades en particular. "Tenemos por estilo absurdo y digno de corregirse desde luego el que los catedráticos dicten y los discípulos escriban todos los días sus lecciones. Este método (que en muchas partes se ha suprimido ya) no produce otro efecto que el de hacer perder a los muchachos el tiempo y la letra". Inútil resulta llamar la atención sobre la modernidad de semejante consideración. El deseo de los reformadores seria que existiesen en España para uso de los alumnos "cursos buenos y aprobados por los que todos estudiasen, y la ocupación del catedrático no fuese otra que la de irlos explicando en las lecciones". Pero conocen igualmente la desoladora realidad: "La desgracia es que no los tenemos al presente, a lo menos de forma que puedan satisfacernos con entera confianza". El Gobierno debería estimular, mediante premios y recompensas, la formación de textos modernos, adecuados para la enseñanza. "Pero, entretanto, para que no se pierda el tiempo, y que pueda empezarse desde luego el estudio, proponemos al Consejo con separación el Plan que puede seguirse por ahora en cada Facultad".

Dos materias, absolutamente ignoradas hasta entonces en los estudios superiores, se debían enseñar con urgencia y con todos los medios posibles. "Creemos que sólo el estudio de la Geometría, que se pretende hacer universal, y el de la Política, con que se aspira a perfeccionar la Jurisprudencia, son capaces de derramar de un golpe mucha luz sobre la Nación... Nos lisonjeamos de que estos dos estudios, bien enseñados y seguidos, serán bastantes a hacer en la Nación tan feliz revolución que en diez años de tiempo se conozca sensiblemente su reforma y adelanto"

En la Facultad de Filosofía -llamada antes de Artes y ahora de Física- quedarán comprendidos los estudios de Lógica, Física y Metafísica, según el siguiente reparto: en el primer año se estudiaría la Lógica del P. Fortunato de Brescia, por la segunda edición de 1754. y además Aritmética (raíces cuadradas y cúbicas), Geometría (líneas, superficies y sólidos), Algebra (números quebrados y reducciones), "con un poco de Trigonometría rectilínea, teórica y práctica, y a lo menos, noticia de las principales curvas o secciones cónicas". El texto a seguir sería el de Mr. Rivard, profesor de la Universidad de París, que se imprimió por cuarta vez en 1744. En el segundo año se completaría el estudio de la Geometría y Trigonometría del mismo Rivard, y la primera parte de la Física general del P. Fortunato de Brescia, impresa, corregida y aumentada en 1756. En el tercer año, se completaría el estudio de la Física general, y se comenzaría la Física particular del mismo autor. En el cuarto, se terminaría esta última y se estudiaría la Metafísica, del propio P. Fortunato. Así queda completo el Curso de Filosofía, "que conforme a nuestro proyecto, proponemos para el uso de esta Universidad, creyendo firmemente que su enseñanza bastará a desterrar los abusos y futilidades del frívolo Escolasticismo y a introducir y extender el buen gusto y utilidad de los sólidos conocimientos y Ciencias prácticas"

Estructuración de los estudios universitarios

árbol ciencia

La estructuración de los estudios universitarios en el Plan elaborado por Olavide y sus amigos comprendía cuatro Facultades y un Curso. A las ya tradicionales de Artes o Filosofía, Teología, Cánones y Leyes y Medicina, se añadía el curso de Matemáticas, primer brote moderno de lo que habría de ser después el árbol universitario de las Ciencias. Esta innovación afectaba también a la Facultad de Artes. Seguía siendo una Facultad "menor", previa a los estudios "mayores", cambiando su nombre por el de Facultad de Física. "Esta -dice el Plan- debiera ser una puerta por la que entrasen cuantos quisiesen hacer su carrera literaria, quedando todos, después de pasado este primer Curso, en disposición de elegir la Facultad a que quieren destinarse, ya sea la Jurisprudencia, ya la Teología, o ya la Medicina, según la aplicación de cada uno"

Se establecía un examen de ingreso en la Universidad, que había de hacerse obligatoriamente antes de comenzar la Facultad de Física. Los aspirantes a la vida universitaria habían de poseer suficientes conocimientos de Gramática latina y de Aritmética "inferior", al menos con aptitud en las cuatro reglas. "Este examen deberá ser escrito y riguroso, porque de estos primeros elementos depende el aprovechar o no en los conocimientos últimos".

A los cuatro años de Física sucederían otros cuatro en la respectiva Facultad y otro final de Pasantía, con lo que se cumplían los nueve años que el escolar había de consumir en las aulas de la Universidad. Al cabo, se le confería el grado de Bachiller, a la edad de veinte o veintiún años, habiendo ingresado a los once o doce en la Facultad de Física. Como se ve, esta Facultad seguía en la mentalidad del legislador, supliendo la "enseñanza media" tal como hoy la concebimos.

A estos años de enseñanza teórica habrían de suceder otros tres de aprendizaje práctico de la profesión: los abogados, practicando en los tribunales; los médicos, en un hospital; los sacerdotes, en el Seminario clerical. "Por este método, a la edad de 24 ó 25 años, que es la competente al sacerdocio, y en la cual pueden ya los hombres dar al público con utilidad el fruto de su trabajo, se hallará cada cual provecto y aprovechado en su Facultad, y se llenaría la Nación de Profesores superiores en ella". Una sola excepción se haría en beneficio de los catedráticos, quienes quedarían dispensados de los años de práctica, que sustituirían por las clases dadas en la Universidad. "No dando a ninguno los títulos de sacerdote, abogado ni médico sin los citados tres años de práctica, no podrán ejercer estas profesiones ni solicitar en la Cámara empleo alguno, por lo que todos se aplicarán a llenar este requisito y saldrán muy aventajados"

Para cooperar ventajosamente a la destrucción del espíritu partidista en la Universidad, propone Olavide que se supriman también los diferentes trajes que usan los universitarios:

"Debieran acabarse las Opas*, Becas y Hábitos largos de los colegiales y manteístas, subrogándoseles otro traje que sea general de la Nación".

Añade a esto el Asistente algunas observaciones muy sensatas sobre la falta de prestancia y de higiene a que da lugar el uso de trajes talares en la época formativa de la primera juventud: "A esto concurre tambien que los trajes de la Universidad son o se reputan eclesiásticos, cuya idea, unida a los estudios que hacen los escolares, les va formando aquel espíritu que ha inspirado en los Jueces tanto abandono de la Jurisdicción Real". Por todo ello, propone que el Consejo mande que se adopte en las Universidades "el traje de que usare comúnmente la Nación, que hoy es el Militar".

No olvida este Plan de Estudios punto tan esencial como es una buena biblioteca universitaria. En Sevilla, se formaría con los libros de los jesuitas, "entresacando los útiles hasta componer la más completa que fuese posible". Esta biblioteca, que seria también pública, sería de libros cuidadosamente seleccionados. "Todos sabemos -apunta Olavide- la copia de malos libros que inunda a la Nación, los que habiendo sido escritos en los dos últimos siglos, que pueden llamarse los de nuestra ignorancia y superstición, están llenos de errores, futilidades, malas doctrinas y peores máximas". Nunca será bien meditada esta repetida aversión que los hombres "ilustrados" del XVIII sienten hacia sus predecesores, al tiempo que alaban la primera mitad del siglo XVI. Mientras nosotros fijamos nuestra mirada en la literatura de creación y encontramos cumbres gloriosas en ella, los intelectuales de la Ilustración sólo atienden el bajísimo nivel de nuestra literatura doctrinal y científica. Olavide es uno de ellos, y quizás el de vehemencia más apasionada. "Cuando queremos -dice- rectificar los Estudios subrogando los útiles a los frívolos, los principios honestos a los relajados, y las opiniones sanas a las ambiciosas... ¿sería justo dejar que se lean estos libros plagados del escolasticismo, de la moral más viciada y de opiniones absurdas?"

El estudio de la Medicina

libro anatomia

La enseñanza de la Medicina "ha padecido el mismo desorden que las demás Ciencias, aunque con mayor perjuicio 'de la Humanidad". A pesar de ser la única Facultad sevillana donde la docencia era corriente en la primera mitad del siglo, la pintura que de ella hace el Plan resulta una peyorativa caricatura. Los textos de Bravo y Henríquez son despectivamente tratados; los días de clase no llegaban a setenta al año; el cuarto curso de carrera quedaba reducido a un cursete de ocho días. Esta situación quedaba totalmente transformada en el Plan. "El médico, para serlo, debe saber Anatomía, conocer las enfermedades, el modo práctico de curarlas, los remedios y cantidad de ellos que se ha de aplicar para conseguirlo". De esta forma, al cabo de largos años de infructuosa batalla académica, la modernísima concepción médica de la Regia Sociedad iba a fecundar sabiamente los estudios superiores de la especialidad.

Aunque el médico debía tener suficientes conocimientos de Química, Farmacia, Botánica y otras materias, la Universidad no podía proporcionárselos todos. "La Universidad -precisa Olavide- no aspira a sacar hombres consumados, sino a disponerlos jóvenes para que lo puedan ser con el tiempo y la diligencia.., les da solamente aquella instrucción que les sería difícil adquirir sin el auxilio de Maestros, inspirándoles el buen gusto y discernimiento, y poniéndoles en la senda verdadera para que continúen con progreso el camino comenzado". Estos estudios pueden hacerlos en sus años de práctica. En la Universidad se comenzará por estudiar la Anatomía, por el compendio de Lorenzo Heister.

"Y porque las Figuras en las estampas no dan idea clara de los objetos como se debe tener, se podrá dedicar un día cada semana a la práctica de estos conocimientos, haciendo en un Hospital (que por ahora podrá ser el nombrado del Amor de Dios) disección anatómica a presencia de todos los discípulos, de aquella parte o partes del cuerpo humano cuyo conocimiento teórico se hubiese estudiado en las antecedentes lecciones"

En el segundo año se estudiaría la Patología, por los textos de Boerhaave, adicionados con los Aforismos de Hipócrates, "cuyas máximas y sentencias.., han de ser los cimientos sobre que ha de fundar su edificio el médico". Un buen comentador de ellos -como Juan Gorter- podrá salvar las inexactitudes y oscuridades. El tercer año se emplearía en el estudio teórico de otros varios textos de Hipócrates, y el cuarto y último, en aprender los remedios médicos de curación de las enfermedades, por el Boerhaave.

A los años de Pasantía y práctica de hospital se reserva el estudio de las materias complementarias: Química, Botámca y Farmacia, "por medio de la lectura de los buenos libros". Finalmente, "para que no extrañe el silencio que hemos observado en este Plan del estudio de la Cirugía, debemos advertir que lo hemos omitido por haberlo considerado prolijo, embarazoso y no practicable en las Universidades. Este Arte tan preciso y conveniente a la Humanidad, sólo puede enseñarse oportunamente en las Casas y Hospitales destinados a su ejercicio, como son los de Cádiz y Barcelona... por lo que es indispensable que los que hayan de aprender esta Facultad vayan a instruirse en dichos Reales Hospitales"

El estudio del Derecho

la justicia

Los términos de Cánones y Leyes son sustituidos en el Plan por el de Jurisprudencia, cuyo estudio -se dice- "está absolutamente abandonado en esta Universidad, y aun en todas las demás del Reino". A la Universidad "sólo se asiste por mera ceremonia, para proporcionarse a recibir el Grado de Bachiller, que es un acto de solemnidad, sin examen ni prueba". Aparte de las deficiencias de los textos usados, se hace constar que el estudio del Derecho no estará completo si le falta el Natural, el de Gentes y la Política, que "yacen en un profundo olvido y ni aún se tiene noticia de ellos en las Universidades". Además, el Derecho Nacional "no se enseña ni se estudia en modo alguno". Se especula después sobre la necesidad de publicar un nuevo código de leyes nacionales, apropiado a la enseñanza. "Esta es obra digna de la Ilustración del Consejo, y deseada de toda la Nación, por lo que no dudamos se piensa seriamente en ella"

En el primer año de Jurisprudencia se estudiaría precisamente el Derecho Natural y el de Gentes, que "es el origen y fuente de todas las Leyes". Al tratar de los textos que se podrían explicar, el informante hace algunas consideraciones interesantes: "Aunque merece la primera atención el célebre Hugo Grocio, por haber sido el corifeo de los escritores de la presente materia, trató más del Derecho Público que del Natural, reduciendo su obra principalmente a las dos supremas regalías de la Guerra y de la Paz. El Barón de Puffendorf, aunque abrazó uno y otro Derecho por reglas y principios, siguiendo el camino que hallé abierto por su precursor, formé una obra muy vasta y dilatada que no puede enseñarse sin notas o escolios. Y sin embargo de haberla traducido con ellas en francés Juan Barbeyrac se hallan éstas prohibidas en España, por estar tinturadas de la Religión de su autor, cuyo inconveniente tienen otras varias obras de escritores protestantes". Finalmente, se inclina por el tratado de Heineccio, "que está escrito en compendio, por reglas y principios, que es el método que debe observarse en las Universidades".

Para el segundo año se reservan unos prolegómenos de la Historia del Derecho Romano, y después la instituta de Justiniano, por el comentario de Vinnio, con las notas de Heineccio , repartiendo los cuatro libros entre este año y el siguiente. Los catedráticos, al tiempo de explicar este Derecho, deberán hacer alusión a las leyes concordantes del Derecho patrio, ya que "no es posible hacerlo en el día metódicamente sin un nuevo Código e Instituta nacional". El cuarto año se dedicaría al Derecho Canónico, "en aquella parte que se necesite para el uso de los Juicios y Tribunales eclesiásticos de la Nación". El texto escogido es el de Lancelot. La Política, según las instituciones Políticas del Barón de Bielfeld se debería estudiar en el año de Pasantía, "cuya obra preferimos a las demás de su especie por estar escrita en forma de sistema y con tanta claridad que no necesita de más comentario ni explicación que su simple lectura".

Los estudios de Teología

La Teología, planificada por Cevallos, se construye -por supuesto- sobre las ruinas de la Escolástica. Queda dividida en Fundamental (Revelación y Tradición) y Positiva (Exégesis y Moral cristiana). "La primera consiste en erudición, y así, sabrá más de ella el que mas leyere la Biblia, Santos Padres y Concilios. Pero la segunda llama a su ayuda el Arte de disponer aquellas verdades para mejor percibirlas, enseñarlas y defenderlas, según resulta de la combinación de sus fuentes".

El estudio de La Teología se basaría, pues, en la vuelta a las fuentes de las verdades reveladas: Antiguo y Nuevo Testamento en el primer año, "con los comentarios de Calmet y de nuestro Arias Montano". En el segundo año se estudiarían los once primeros libros de los Lugares teológicos de Melchor Cano y en los dos años restantes la Teología positiva por Duhamel . "Sus objetos deberán ser la Existencia, Esencia y Unidad de Dios, con sus atributos, y los misterios de la Trinidad y Encarnación". El año de Pasantía se dedicaría a la Historia eclesiástica y al repaso de las anteriores materias.

La dotación económica del Plan

dinero
El Estado quiso sufragar sus reformas con el dinero de otros, los eclesiásticos. He aquí su talón de Aquiles

Llega la hora de tratar de las rentas de la Universidad, y Olavide dice sin remilgos que "con las miserables dotaciones que tienen las cátedras era imposible que ninguno las sirviese bien. Por eso se han reducido a un honor de puro lucro, pero de mucho descanso, pues ningún catedrático asistía a enseñar en ella".

Bien sabían los redactores del Plan, como se parece olvidar hoy, que sería una quimera estructurar una Universidad ideal sin contar con los medios económicos necesarios para su subsistencia. Habría que ofrecer unos salarios atractivos a todo el personal rector, docente o subalterno. "En nuestro dictamen, todos los catedráticos deben dar, a lo menos, dos lecciones cada día, una de hora y media por la mañana, y otra de una hora por la tarde; además, deben tener una o dos conferencias cada semana, para que sirvan a los discípulos de repaso de lo que hayan estudiado en los días antecedentes y se reconozca el progreso de cada uno.

A esto debe añadirse la continua asistencia a la Universidad, a los actos públicos y Grados, en que siempre habrán de tener parte, ya presidiendo y ya replicando. Estas ocupaciones requieren la aplicación de todo el tiempo... ¿Y quién querrá ni podrá dar el suyo si no tiene renta con que mantenerse mientras lo ocupa, y no vive con esperanzas de lograr algún ascenso?". Por ello, si el Consejo desea realmente la reforma, habrá de acudir con generosidad a la dotación de las cátedras. Esta condición, tan sabiamente impuesta por el Asistente, fue la más descuidada, y en última instancia la que provocó el fracaso de la reforma.

Frente a la desigualdad en las dotaciones de las antiguas cátedras, que promovía indirectamente la rotación de los catedráticos y el ascenso de unas a otras, inutilizando la poca efectividad que ya de por si tenía la enseñanza, el Plan de Olavide establece la igualdad económica para todas ellas, excepto las de Matemáticas y Medicina.

El criterio seguido era que "cada catedrático goce aquella dotación que le baste para vivir sin penuria, proporcionándole el desahogo y comodidad que necesita para entregarse todo entero a su ministerio, y este objeto es igual en todos". A esta justicia distributiva se unía la equidad en la consideración sooial. Al ser todas igualmente necesarias, "toda la diferencia de honor consistirá en quien hizo mejor su trabajo. Por este motivo importará que se supriman hasta los nombres de cátedra de Prima, Vísperas, Escritura, Digesto, etc., y que sólo se llamen de Física, de Jurisprudencia, de Teología, de Medicina y de Matemáticas, de primero, segundo, tercero y cuarto año, pues en cada uno debe empezar nuevo Curso de todas ellas, según nuestro método". Los reformadores ofrecen aquí un caso notable de intuición psicológica. Saben cuánto importa, para implantar nuevas costumbres, desarraigar de la mente hasta los vestigios externos o puramente nominales de los antiguos o inveterados hábitos.

Después de consultar con "las personas más prácticas e inteligentes", indica Olavide que el sueldo normal de un catedrático, "suficiente para la subsistencia en esta Ciudad" es de 700 ducados de vellón al año. Para los de Medicina juzga que esta cantidad se pudiera rebajar, "porque siendo regular que las soliciten y obtengan los médicos provectos que están ejerciendo su profesión en la Ciudad y ganando continuamente los intereses de su ejercicio práctico, podrán contentarse con menos, porque no han de vivir con sólo la renta de su cátedra, como regularmente sucederá a los catedráticos de las otras profesiones". Se toca aquí el tema de la dedicación exclusiva, que no ha sido recogido de nuevo hasta tiempos recientes.

En cambio, para los catedráticos de Matemáticas, "siendo tan escaso el número de sus Profesores, y conviniendo por otra parte alentar a que se promueva el estudio de estas útiles Facultades, tenemos por preciso el extenderse algo más en la dotación de su renta". En total, las dieciocho cátedras exigían un desembolso anual de 11.600 ducados. Como ya la Universidad tenía una renta de 3.450 ducados, se hacía preciso aportar los 8.150 restantes. Sólo el Rey podía adoptar las medidas necesarias para obtener esta cantidad, y Olavide insinúa, como hizo con las demás dotaciones del Informe, que se haga con cargo a los bienes que la Compañía de Jesús poseía en el Arzobispado hispalense. Esta propuesta, que parecía de tan fácil ejecución, iba a quedar inoperante, así como las restantes soluciones que se fueron presentando en años posteriores.

 Al quedar sin resolver asunto tan importante como el económico, la Universidad quedaría desamparada, sostenida sólo por la buena voluntad de los profesores y las esperanzas de un cambio radical de situación.

Epílogo

Concluido el Plan y fechado el día 12 de febrero de 1768, seis días después se le hizo una importante cláusula adicional. Llegó a oídos de Olavide en estos días que los bienes de la Compañía de Jesús tenían ya destino en la mente del Monarca -entre otros, la manutención de los mismos religiosos expulsos y la colonización de Sierra Morena- y entonces arbitró nueva solución para cubrir los gastos de Universidad y Casa de Pupilaje. A los 8.000 ducados necesarios para aquélla agregó los 2.500 para éste, formando un total de 10.500 ducados, los cuales, según el ingenuo razonamiento que sigue, podría costear el Cabildo eclesiástico:

 "El Cabildo de esta Santa Iglesia -dice- se compone del crecido número de 91 individuos, entre los que hay 11 Dignidades, 40 Canongías y 40 Prebendas, entre Raciones y medias Raciones. De las cuales tiene aplicadas dos Canongías y tres Prebendas al Santo Oficio de la Inquisición y para músicos de su Capilla. Nos parecía que, aunque se suprimiesen cuatro Canongías para destinar su congrua a la Universidad y Seminario de Estudios, a fin de ayudar a mantener sus catedráticos y Maestros en beneficio común de la misma Iglesia y de la Provincia, que la sostiene con sus diezmos, nada perdería la Catedral de su decoro y dignidad"

El argumento decisivo de Olavide es reflejo fiel del espíritu racionalista de la época: "Qué es lo que importa más al Cabildo y a la Nación entera, que haya cuatro individuos más en una Iglesia donde quedarán 87, o que haya en Sevilla una Universidad sabia y floreciente de la que salgan no sólo doctos Canónigos, sino grandes Obispos, y además de esto, eximios Juristas, Médicos y Matemáticos?". Era de esperar que este interrogante no hiciera mucha gracia al orgulloso Cabildo catedral de Sevilla.

Para saber más...
"La Universidad de Sevilla en el siglo XVIII. Estudio sobre la primera reforma universitaria moderna" / Francisco Aguilar Piñal /Anales de la Universidad Hispalense nº 1; Sevilla, 1969
El Informe de Olavide | La enseñanza media según Olavide | Biografía de Olavide

 


(*) la Beca colegial, "quae vulgo opa dicitur"

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  "Historia vitae magistra" (Cicerón) Página personal © Alfonso Pozo Ruiz
Enviarme un correo electrónico Miembro del Comisariado del V Centenario Universidad Sevilla y autor de la sección histórica de la web institucional www.quintocentenario.us.es