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Los estudiantes universitarios de Osuna

azulejo
Colegiales del siglo XVI, en el magnífico zócalo de azulejos del claustro del Convento de la Encarnación, de Osuna
Tres fueron las clases de alumnos matriculados y cursantes en la antigua Universidad de Osuna: colegiales, sopistas y manteístas, estudiantes naturales de Osuna o alojados en régimen de pupilaje.

Los colegiales constituían la clase privilegiada, una verdadera casta, como lo constituyeron en todas las Universidades españolas, una clase estudiantil que tenía asegurada casa y comida mientras duraba el estudio en el presente y una prebenda más o menos brillante en el porvenir. En Osuna tenía que haber veinte colegiales: seis teólogos, seis canonistas, cuatro legistas y cuatro médicos. El número asignado de colegiales resulta ambicioso, si se considera la importancia de la fundación y su proximidad a Sevilla, habiendo también otras universidades en Andalucía (Granada, 1531; Baeza, 1538). El Colegio de Santa María de Jesús, embrión de la Universidad de Sevilla, tenía por Constitución 15 (once colegiales y cuatro capellanes); en el Colegio de Santa Cruz de la Fe, de Granada, antecedente de su universidad, "había doce e un rector". Realmente, nunca hubo el número previsto. El número más alto de colegiales registrados fue de ocho en 1596.

Los "sopistas" o capigorrones (1) fueron aquellos treinta y seis que el fundador, en su Escritura de fundación, preveía y ordenaba que fuesen "pobres, mancebos de abilidad, los doze gramáticos, los doze artistas y los doze theólogos, socorriendo a cada estudiante destos para su manutención con cinco maravedís y dos libras de pan cocido a cada uno, cada un dia y par de zapatos de quero negro cada mes, que valgan dos reales: y estos estudiantes... mando que sean todos hijos de vasallos míos, naturales de mis tierras y estados, que yo tengo en la Andaluzía..."

No era un objetivo de promoción social como podría pensarse actualmente el que el fundador perseguía, sino asegurarse el alumnado para dar brillo y fama a su Universidad. La investigadora Soledad Rubio no pudo encontrar documentos sobre el cumplimiento de esta orden del fundador; sólo la tradición de la llamada Casa de la sopa o Corral de la sopa, un edificio que estaba cerca del Colegio y donde según tradición se administraba la sopa a los estudiantes y del cual sólo queda un solar abandonado. Estos sopistas eran los de cuchara al cinturón, de la cual queda como símbolo ese cubierto que adorna las capas de las tunas estudiantiles actuales. Los había en todas las universidades del Reino y se llamaban también capigorrones. Tomaban la sopaboba en cualquier convento y formaban el hampa estudiantil, de la que se nutría ampliamente la picaresca española.

El resto de los alumnos de Osuna -los manteistas- o eran naturales de ella o vivían con sus familias o eran, en gran parte, religiosos que vivían en sus conventos o naturales de los pueblos cercanos, fundamentalmente de los estados del Duque, que se hospedaban en Osuna en régimen de pupilaje, régimen que desde el 5 de julio de 1538 fue regulado con las Instrucciones para los Bachilleres de pupilos, las cuales en Osuna se cumplían grosso modo, ya que no se da en ella las hospedería estudiantil propiamente dicha, sino el pupilaje en casa de la patrona. Son, por cierto, muy numerosas las causas judiciales que dirimieron los rectores sobre haber abandonado la casa sin pagar a la patrona u otra suerte de fechorías, como dejar encinta a la criada y meterse de novicio en un convento para que no le alcanzase la justicia.

Entre los estudiantes de Osuna fueron frecuentes las revueltas callejeras, los desórdenes y pendencias. Como en las demás Universidades del Reino, "patrimonio de muchos de ellos fue el hambre y el estudiante con el estómago vacío, se desgarraba de la vida escolar para hacerse escudero, buldero, mendigo, pícaro, truhán o ladrón; es decir, para transformarse en un parásito social" (Garcia Mercadal, op.cit.abajo)

No podían matricularse sin la aprobación del rector, y académicamente, ya en los principios, cuando la visita de Ferrer en 1572, debía haber grandes alteraciones, como se deduce de las ordenaciones que se vio obligado a dar:

 "Por cuanto los estudiantes tienen grande desorden, pateando y palmeando y haciendo ruido y estruendo, impidiendo la lectura a los catedráticos, de suerte que el ruido que se hace en cualquier general resulte impedimento a los demás, y de aquí sucede dejarse de leer en muchos días lectivos..."

A finales del siglo XVII el estado de cosas llega a un extremo en que se considera necesario reunirse en claustro, y el día 11 de noviembre de 1678 se acuerda nombrar tres diputados para que pongan remedio a los abusos que hay entre los catedráticos y estudiantes de la Universidad. En el acuerdo se refleja que los estudiantes se matriculaban en cualquier época, que no siempre se ganaban los cursos yendo a clase ni sabiendo las lecciones, que la estancia y asistencia a clase era irregular y que no todos los profesores cumplian su obligación docente.

colegiales
Los colegiales de Osuna usaban beca azul, el color de la Inmaculada

Es este Visitador el que recuerda que "el hábito de que han de usar los estudiantes ha de ser sotana y montera clerical y los sombreros de tres picos si no estuvieren ordenados in sacris", dado que no había una norma general en las universidades para el vestuario de los estudiantes, tan sólo debía ser sobria y modesta (2). En cambio, el vestido que habían de llevar los colegiales era un manto de paño negro y una beca de color azul, así como calzado adecuado. También bonetes, que habian de quitarse ante al rector. Estaba prohibido usar el manto y beca fuera del Colegio.

En las ceremonias de doctorado se distinguían los estudiantes por el color de las mucetas, costumbre que hoy en día se mantiene: "Las mucetas han de ser forradas de negro de terciopelo o raso, de color blanco para los teólogos, verde para los canonistas, encarnado para los legistas, amarillo para los médicos y azul para los artistas".

Pero la disciplina estudiantil siguió relajándose de modo que en 1782 el rector tuvo que promulgar un edicto en el que se ordenaba "que todos los dichos estudiantes sean modestos, se abstengan de tirar piedras, tanto dentro como fuera de esta Universidad; de hacer daño en sus puertas y edificios; de manchar las paredes con letreros y pinturas..." "Que no se presenten en esta universidad (aun ya acabados los estudios) sin hábito talar, con redecillas, trajes indecentes o con moños que comúnmente llaman castañas y jerezanas..."

Para saber más...
"Estudiantes, sopistas y pícaros" / José García Mercadal /Buenos Aires Espasa-Calpe, 1954

Notas:

(1) Los sopistas eran estudiantes pobres que con sus músicas, simpatía y picardías recorrían figones, conventos, calles y plazas a cambio de un plato de sopa (cosa que les otorgó el nombre) y de unas monedas que les ayudaban a costear sus estudios. Recibían el nombre de sopistas porque de ellos se decía que vivían de la sopa boba; siempre iban provistos de cuchara y tenedor de madera, lo que les permitía comer en cualquier lugar donde se les presentaba la ocasión. Estos cubiertos de madera eran distintivo de los sopistas, siendo en la actualidad símbolo de todas las Tunas Universitarias. Otras veces no tenían dinero ni para comprarse el tricornio (sombrero de tres picos) ni la capa, por lo que recurrían a algún noble altruista para que les regalara el sombrero y la capa. Entonces se les comenzó a llamar capi-gorrones y luego, nada más, gorrones. Este término proviene de la palabra "gorra" y se aplica actualmente a quien "tiene por hábito comer, vivir, regalarse o divertirse a costa ajena", según el diccionario de la RAE. La primera referencia escrita a los sopistas data del año 1300 y apareció en el "Liber Constitutionem" de la Universidad de Lérida

(2) Lo mismo que el hábito de los "colegiales" aparece regulado en todos los Colegios por las Constituciones respectivas, no existía ordenación ninguna sobre el vestido estudiantil, con tal que fuese honesto, sin colores vivos, ni sedas ni adornos costosos. Habitualmente usaban un traje para concurrir diariamente a las clases y otro, para las fiestas que se ajustaba a la moda del momento. El traje ordinario consistía generalmente en la "loba" o sotana corta, sin mangas, calzones gruesos y el manteo de paño.

"Si no variaba el traje en su composición, variaba el color en los numerosos colegiales, según perteneciesen a los Mayores, Menores de las Ordenes Militares y de los Institutos religiosos. Estos últimos tenía reflejado en el nombre con que se le designaba el color de sus vestimentas, y por eso se decía que en el árbol universitario anidaban toda casta de pájaros: golondrinos (los colegios dominicos), pardales (los franciscanos), cigüeños (los mercedarios), grullos (los bernardos), tordos (los jerónimos), palomos (los mostenses) y verderones (los de San Pelayo" (J. García Mercadal op.cit.)

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  "Historia vitae magistra" (Cicerón) Página personal © Alfonso Pozo Ruiz
Enviarme un correo electrónico Miembro del Comisariado del V Centenario Universidad Sevilla y autor de la sección histórica de la web institucional www.quintocentenario.us.es