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Por nacimiento don Juan era hidalgo; siendo el tercero de los hijos
de don Juan Téllez Girón, no tenía derechos
sucesorios. Había nacido en Osuna; ningún biógrafo
habla de su fecha de nacimiento con certeza, pero todos dan como
probable el año 1494. Su partida de nacimiento tal
vez se quemara en un violento incendio que destruyó la iglesia
del Castillo.
Su padre, puesto que tenía dos hijos mayores que él
y no parecía probable que fuese el heredero, lo inclinó
intencionadamente al estudio de las letras y artes liberales, música
y pintura, aficiones que desarrolló muy especialmente en
sus numerosas fundaciones. Gudiel, su primer biógrafo, dice
que en su niñez "le hicieron deprender letras, y
así se dio a la gramática y a la música, en
las cuales dos disciplinas fue tan aventajado que cualquier libro
escrito en lengua latina de cualquiera facultades tan claro entendía
que los trasladaba al castellano con mucha facilidad, y cualquiera
voz por dificultosa que fuese, cantaba sueltamente y con algunos
avisos y gracias musicales, componía algunas cosas que sonaban
dulcemente. Oyó algún tiempo la lección de
los Sagrados Cánones, de los cuales tuvo mediana noticia
y no menor de las ciencias liberales".
Parece ser que los primeros años de su mocedad y madurez
los pasó en Arahal en una casa que compró, y que vivía
de la modesta pensión que le habían asignado sus padres
y, muy especialmente, su madre, doña Leonor de la Vega, que
siempre le demostró particular afecto y a quien, según
Gudiel, "mucho parecía en ella, en rostro y cuerpo,
y la religión y reverencia del culto divino". El
le correspondió generosamente pues la misma Universidad que
fundó lo hizo por el alma de su ascendiente (ver leitmotiv
fundacional).
De esta forma, así como sus mayores habían sido hombres
de guerra, don Juan fué sin duda un hombre de paz, culto
y refinado. Más adelante quiso demostrar el afecto que
sentía por la villa de Arahal y la hizo repoblar cuando era
tan sólo una aldea sujeta a la de Morón y realizó
en ella varias fundaciones.
En Arahal le sorprende una jugada del destino: muerto su hermano
Pedro, su única hija Mencía, por la claúsula
de asignación que regía en el mayorazgo de los Girones,
cambiaba de segundón pobre a uno de los primeros magnates
castellanos el 25 de abril de 1531, en que moría su hermano
Pedro en Sevilla.
De su retrato físico, la mejor descripción es de
Gudiel, su médico personal y biógrafo:
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"Fue el Conde don Juan de hermosa presencia, de
aspecto venerable, mediano de cuerpo antes alto que bajo, y
el rostro abultado, calvo, la frente grande, ancha y sin arrugas,
los ojos leonados, grandes y hermosos, la nariz proporcionada
y un poco gruesa al cabo, la boca mediana y muy graciosa, las
barbas canas, cuando yo las conocí, largas y no espesas,
las manos también largas y abultadas, el cuerpo lleno,
las piernas delgadas sin fealdad, la voz delicada y suave; era
de claro entendimiento y de reposado juicio, de entrañas
blandas y amorosas; su trato y conversación eran llenos
de discreción y dulzura, que aficionaba a todos los que
con él conversaban" |
Con la herencia del Mayorazgo se inicia su carrera pública.
Fue don Juan "Camarero Mayor" de S.M. el Emperador Carlos
V, Notario Mayor de Catilla y asistió a las Cortes de Toledo
en 1539. Tuvo una de las fortunas más cuantiosas de Andalucía,
con unos 150.000 ducados de renta.
Casó el día de San Marcos con doña María
de la Cueva, hija del Duque de Albuquerque, "que en piedad
no le iba a la zaga al ilustre Conde", lo que pudo demostrar
con más fundaciones tras la muerte del esposo. Tuvieron un
hijo primogénito, Pedro y cinco hijas. Su heredero Pedro,
V conde de Ureña, será nombrado I Duque de Osuna
por Felipe II en 1562, inaugurándose así una de las
castas nobiliarias más poderosas de España, la Casa
Ducal de Osuna.
Tras realizar numerosísimas fundaciones, falleció
don Juan en su palacio de Osuna el 19 de mayo de 1588, entre
las 10 y las 11 de la mañana, al parecer de fuertes calenturas,
a los 64 años de edad. Estaban allí don Pedro, su
hijo; su yerno, el Marqués de Vélez, y el Duque de
Arcos, su sobrino. A sus hombros fue conducido desde el palacio
a la Capilla del Santo Sepulcro. Le formaron cortejo de acompañamiento
el rector y claustro de la Universidad y capilla del Colegio, el
canciller de la misma y abad de la Colegiata con los curas de ella,
los frailes de Santo Domingo, de San Francisco, de Terceros, de
Mínimos, del Carmelo y Agustinos, y cuantas figuras de la
Iglesia y del Estado le rodearon en sus últimos momentos.
El epitafio
que hay sobre su tumba, en la Cripta-Panteón
Ducal de la Colegiata, dice así:
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"Aquí
yace el Ilmo. y Excmo. Sr. D. Juan Téllez Girón,
IV Conde de Ureña, gran cristiano y amigo de obras
santas en las cuales empleó su vida y su hacienda, reedificando
muchas iglesias y casas de oración en sus Estados, fundando
y dotando en el de esta Andalucía 16 Monasterios, la
Universidad y el Colegio, Iglesia Colegial de aquí y
esta Capilla del Santo Sepulcro, para entierro de sus padres.
Fue casado con la Ilma. y Excma. señora Doña María
de la Cueva, y murió antes que ella y muy santamente
con grande fervor y ayuda de Nuestro Señor, día
de la Ascensión como lo había deseado, en esta
su villa de Osuna a 19 de mayo de 1558" |
Había otorgado testamento y codicilo cerrados el 12 de octubre
de 1556 y el 5 de mayo de 1558 respectivamente.
Después de su fallecimiento, su esposa continuó la
obra de las fundaciones con el Convento de las Monjas Clarisas de
Osuna y el de la Mínimas de Archidona. Murió doña
María en el Palacio Real de Madrid el 9 de abril de 1566.
Sus restos se depositaron en el Monasterio de Santa María
de la Cruz, de monjas franciscanas, cercano a Madrid, hasta que
su hijo don Pedro los trasladó a Osuna. Hoy descansan muy
cerca de los de su esposo, en la capilla del Santo Sepulcro.
La fundaciones
En los pocos rasgos personales que conocemos de su vida, en sus
numerosas fundaciones y en su testamento vemos reflejarse la personalidad
de don Juan como una figura de encrucijada de singular interés.
Tenía don Juan un concepto medieval de la existencia, de
trascendencia religiosa, pero tenía también una formación
de tipo humanista y un espíritu tan cultivado -"cantaba
con gracia y arreglo"- que le sitúan en un plano claramente
renacentista. Medieval es el espíritu religioso de muchas
de sus fundaciones, pero claramente renacentista es la intención
de fundar una Universidad, la de perpetuarse en una capilla sepulcral
y el arte que inspira las mismas.
Hombre de encrucijada también en su linaje, es el prototipo
que suele suceder a una generación de conquistadores y otra
de acrecentadores de fortuna, es el hombre de la tercera generación
el que nace señor y continúa siéndolo, el que
derrama generoso una fortuna heredada en vez de poner su empeño
en acrecentarla, si bien hay que reconocer que fue buen administrador
de la misma y que no inició su gran empresa de las fundaciones
hasta que no saneó aquella y pagó las numerosas deudas
dejadas por su padre y que su hermano no satisfizo.
La mayor parte de sus fundaciones son obra de él mismo,
desde su concepción hasta la ejecución del último
detalle. Si pensamos que todas ellas -un hospital, 16 monasterios,
la Universidad, la iglesia Colegial y la Capilla del Santo Sepulcro-
las hizo en menos de treinta años, no podemos menos de asombrarnos
de su capacidad de realización.
Cuando don Juan se convierte en el IV Conde de Ureña, traslada
su residencia a Osuna -Sevilla, a 80 kms. de la capital-
al castillo donde vivían sus padres y, a imitación
del cardenal Cisneros en Alcalá de Henares, piensa en la
creación de una universidad. Antes, realiza otras fundaciones
clericales y monásticas en la villa. Manda levantar la Iglesia
Colegiata (1535), con una hermosa cripta donde enterrar a sus padres
y descendientes, popularmente conocida como el "Escorial de
los Duques de Osuna", habiéndose anticipado unos años
al panteón escurialense. Su fervor religioso hizo que se
le conociera como "El Santo".
Ante Alonso de la Cámara, escribano, hace la escritura
de fundación del Colegio-Universidad de la Inmaculada Concepción
el 8 de diciembre de 1548, el mismo día en que se
bendijo la capilla del edificio, ya construido a su cargo. Lo dotó
con quince cátedras mayores en la Universidad y ocho menores
en el Colegio, siendo veinte los colegiales permanentemente,
con casa y comida, y en la Universidad treinta y seis estudiantes,
a los que el Colegio da ración de comida y calzado:
| "..otras ochos cátedras menores, con que
continuamente se menee el exercicio de las letras en el dicho
Colegio, que tengan de institución cada una dellas diez
mil maravedíes, las quales ocho cátedras han de
ser dos de cánones, dos de leyes, y dos de matemáticas,
y dos de latinidad y poesía; y para que esté el
dicho Colegio poblado de número de colegiales continuos
reunidos en el dicho colegio, que hayan oido o cursado o empezado
a cursar en otras universidades primero que en el dicho Colegio
sean recibidos, porque se tiene experiencia de las personas
poco exercitadas, que raras veces salen tan letrados como convenía
que lo fuesen para obtener el grado de honor que en remuneración
de los trabajos y vigilias del estudio se suelen dar a las personas
beneméritas, a los quales veinte dichos colegiales la
dicha casa y colegio de Santa Concepción dé a
cada uno de ellos a comer dos tablas cada día, a mañana
y noche, en refectorio, cuya pitanza y razón sea tres
platos de viandas, sin el pan e sin el vino, muy concertadamente
dado y con mucha limpieza en las mesas...
...Y por cuanto por ser nueva universidad conviene ordenar
que haya en ella desde luego copia de estudiantes demás
de los que vinieron de fuera parte a oir, digo que el colegio
será bien que dé ración a treinta y seis
estudiantes que sean pobres, mancebos de habilidad, los doce
gramáticos y los doce artistas y los doce teólogos,
socorriendo a cada estudiante destos para su mantenimiento
con cinco maravedís y dos libras de pan cocido cada
uno cada día, y un par de zapatos de cuero negro cada
un mes, que valgan dos reales; y estos estudiantes... mando
que sean todos hijos de vasallos míos, naturales de
mis tierras y estados que yo tengo en el Andalucía"
Escritura de fundación
del Colegio-Universidad de Osuna, 1548
Recogida por F. Fernández Marin en "Cervantes
y la Universidad de Osuna", 1899 |
Más aún, el 7 de octubre de 1552, el fundador hizo
escritura de donación de la capilla colateral a la de la
epístola de la Colegiata, "por donde se entra a la capilla
del Sepulcro que yo he fundado", que está bajo la advocación
de la Concepción de Nuestra Señora, para enterramiento
de todas las personas de la universidad: "Rector, Canciller,
colegiales, catedráticos, Doctores, Maestros de dicho colegio
y Universidad tan solamente que por el tiempo en ella falleciesen
... sin que hayan de dar nada por ello, ofreciendo como limosna
a Dios Nuestro Señor los gastos que en ella se produjesen"
Además de las fundaciones en Osuna, realizó en Morón
el Monasterio del Corpus Christi, de la Orden de San Francisco,
y en la villa de Arahal el Monasterio de Nuestra Señora de
la Victoria, de la Orden de los Mínimos, y en la villa de
Olvera el Monasterio de la Natividad de Nuestra Señora de
los Caños Santos, de la Tercera Regla de San Francisco, y
en la villa de Archidona el Monasterio de Santa Catalina,, de la
Orden de los Mínimos; en la villa de Cazalla el de Nuestra
Señora de la Candelaria, de la misma Orden. También
fundó en Archidona un convento de Santo Domingo, en cumplimiento
de la promesa de si Dios le daba un hijo varón, cuando nación
don Pedro, su inmediato sucesor, que sería el I Duque de
Osuna.
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