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En la colina que domina Osuna,
el llamado cerro del Higuerón, decidió don Juan Téllez
levantar su Colegio-Universidad, junto a la Colegiata
que también el patrocinara y el Hospital
de la Encarnación (luego Monasterio).
Según la tradición, el mismo conde de Ureña
hizo los planos, levantando una fábrica de planta cuadrangular,
rematada en los ángulos con torres pinaculares, hecha en
sillares de piedra de color dorado para formar el cuerpo del edificio;
la piedra se extrajo de canteras cercanas. La sobriedad cromática
y constructiva de los paramentos contrasta con los azulejos de las
cúpulas de los
torreones, que dan un aspecto palaciego al conjunto.
La sencilla portada,
un arco de medio punto, está flanqueada por un dintel labrado
sobre el cual está colocada la efigie
de la Purísima Concepción de Nuestra Señora,
advocación bajo la cual está la fundación.
El edificio tiene como eje central un claustro
cuadrado que consta de dos plantas, también con seis arcos
de medio punto. En su centro hay un algibe con brocal labrado. La
parte baja estaba destinada a las clases, capilla, sala de grados
y sala rectoral. En la parte alta estaban los cuartos de los colegiales,
cuyas puertas estaban finamente labradas. Las clases tenían
sus cátedras, balaustres y gradas. La escalera del claustro,
con rico pasamanos, ubicada en la esquina cercana a la entrada,
está decorada en su bóveda
con yeserías fechadas en el año fundacional, con
motivos extraídos de Serlio y desembarca en la planta alta
con una portada
plateresca.
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Según la leyenda, el mismo Conde de Ureña pintó
la Sala de Grados, que precisamente por eso se le llamó y
continúa llamándose la Girona (por su segundo apellido:
Girón). De las pinturas que se conservan en la actualidad
no se puede decir cuáles fueron de la mano del Conde y cuáles
no. Tiene en los cuatro ángulos la figura de los cuatro Santos
Padres -Ambrosio, Agustín, Jerónimo y Gregorio-
y en la parte central una imagen
de la Virgen -lo más valioso artísticamente- sobre
un paisaje renacentista italiano. Todo fue lamentablemente retocado
en el siglo XIX. Debió tener una sillería de caoba
rodeando la pieza y un sitial de mármol "perfectamente
labrado" en el centro, donde se situaba el graduando, de los
que no queda absolutamente nada.
La Biblioteca ocupaba en un principio, al parecer, la sala que
había en la parte alta, a lo largo de la fachada principal
del edificio. Más adelante ésta sería la sala
rectoral alta y hoy el
Paraninfo o salón de actos. Para acceder a él,
una magnífica puerta.
Su techumbre, que se conserva íntegramente, es bellísima,
de madera pintada al estilo plateresco. En las paredes se colocaron
y aún permanecen los retratos
de los hijos ilustres, entre ellos los seis que donó
en 1785 el entonces Rector don José María Robles.
Son los del padre Diego de Avellaneda, del Sr. Barrios de San Millán,
del Sr. Gómez de Arellano, don Pedro Salazar, don Antonio
de Morga y don Fernando de Ojeda.
La capilla está situada en la planta baja, a la derecha
de la entrada, enfrente de la Girona. Conserva su techumbre de madera
decorada elegantemente. En el
retablo había siete notables pinturas en tabla, atribuidas
hoy a Hernando de Sturmio (1), de las que se
conservan cuatro.
La
verja que separa la capilla mayor del resto de la iglesia es
de hierro, decorada al mismo estilo que la de la capilla del Santo
Sepulcro de la Colegiata. A ambos lados del altar estaban las estatuas
orantes del fundador y su esposa, lamentablemente desaparecidas,
ocupado hoy su lugar dos retratos de los fundadores, de escasa calidad
artística y sin ninguna fidelidad si hemos de dar crédito
al retrato literario que del fundador hizo Gudiel, su médico
personal y biógrafo.
No podía faltar un púlpito de madera en la pared
del evangelio y un sencillo coro,
muy diáfano por su barandilla, que nos obliga a contemplar
la belleza del artesonado.
Este edificio, a lo largo del tiempo en que fue sede de la Universidad,
no sufrió ninguna reforma importante. En cuanto a obras en
sí sólo se registran en las capillas, ya que el cuidado
del edificio dependía de ésta, no del claustro de
la Universidad, y ligeras reparaciones para su conservación,
así como la habilitación de un cuarto rectoral en
la parte alta. En cambio, sí hubo algunas transformaciones
en el mobiliario y, sobre todo, un progresivo aumento de la "plata
y alhajas" a base de donaciones de antiguos colegiales.
En cuanto a las vicisitudes del edificio, hay que hacer constar
que, clausurado el Colegio-Universidad por la Dirección General
de Estudios en 1807, e interrumpida poco antes la vida en común,
esta casa se fue deteriorando, y cuando por la intervención
de la Junta Suprema de Sevilla se procede a abrir la Universidad,
el Rector debió solicitar en 1808 al presidente de la Real
Sociedad Patriótica de la villa de Osuna que se le permitiera
abrir algunas habitaciones para establecer en ellas las clases hasta
que se habilitaran las de la Universidad. El 28 de enero de 1810
entraron los franceses en Osuna y se acuartelaron en ella, con lo
cual el edificio sufrió aún más.
Tras dejar de ser universidad se utilizó como Instituto
de Segunda Enseñanza hasta tiempos muy recientes. Para su
adaptación apenas necesitó más reformas que
la redistribución de espacios. En la actualidad, afortunadamene
ha vuelto a sus orígenes recuperando su uso universitario,
siendo una Escuela Universitaria adscrita a la Universidad de Sevilla.
(1) Sturmio es un pintor renacentista,
de origen holandes y afincado en Sevilla, autor del retablo de los
Evangelistas de la catedral de Sevilla. También colaboró
en el retablo mayor de la iglesia de San Pedro, en Arcos de la Frontera
y en la iglesia de Santa María de la Asunción de Alcalá
del Rio.
Fotos: Alfonso Pozo
Mi agradecimiento a don Patricio
Rodriguez Buzón, por su gentileza y las facilidades dadas
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