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El mapa universitario | Estudiantes
y Profesores | Mujer y educación
| Unamuno: su visión de
la universidad
La configuración de la Universidad finisecular y de su profesorado
es el resultado de la centralización y uniformación
llevadas a cabo por el Estado. El siglo XIX va a contemplar en efecto
la absoluta toma de control de la Universidad española
por el poder estatal, tendencia acusada ya desde el siglo XVIII
y la implantación de los Borbones.
Leyes sucesivas van a menguar progesivamente lo que quedaba de
la autonomía de que disponían antaño los claustros
universitarios. Con el Plan Pidal de
1845 primero y la célebre Ley Moyano
de 1857, culminación del proceso centralizador y uniformizador,
la intervención estatal ya es total sobre la formación
y el contenido de los planes de estudio, la financiación
de los centros y la situación académica de los profesores.
Consecuencia directa de esta rígida sujeción, la
Universidad podía aparecer así a finales del siglo
XIX como "una cosa muerta por dentro" (1),
un coto cerrado sobre sí mismo, fosilizado, sin inserción
en la sociedad de su tiempo, de débil nivel científico,
incapaz de integrar las innovaciones. Y las críticas a la
institución, a sus hombres, su contenido, sus productos,
irán multiplicándose a finales de siglo y principios
del XX, destacándose las de Unamuno (2)
y de Giner de los Rios (3). Ya en 1895 podía
denunciar Unamuno la contradicción
entre la "sabiduría oficial y la académica"
y la vida "como el capital con el trabajo", y que aquélla
"se ha rebajado hasta no ser sino el deporte de algunos
mandarines" (4).
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"..como el Instituto, la Universidad es una cosa muerta
por dentro. Idéntico régimen, igual falta de
contenido, carencia parecida de toda misión educadora
y docente, el mismo absoluto defecto de material didáctico,
la propia ausencia de un cuerpo vivo y un alma autónoma,
formados en el inalienable molde de su fin, vocación
y destino: una oficina más que planea a su antojo el
ministro del ramo con los 300 llamados catedráticos
a quienes el estado paga un sueldo tasado, como a otro oficinista
cualquiera, para que le representen la comedia universitaria
a la medida".
Ricardo Macías Picavea, El problema
nacional... 1889
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Según Macias Picavea (5) la enseñanza
es libresca, sin práctica ni experimentación en laboratorio,
sin crítica de fuentes; no hay interés por cómo
se hace la ciencia: "eso no se enseña en España"...
Los estudiantes viven fuera de sus casas, sin ninguna disciplina,
sin vida corporativa, disipados, holgazanes, armadores del escándalo
y frecuentadores de garitos. Huelgas y vacaciones constantes. Los
profesores dejan un momento la clínica o el bufete y explican
la materia a un grupo numeroso, aburrido, indiferente; por la tarde
al paseo... Y después, antes de los exámenes todo
se remedia con un manual y el programa de la asignatura. Los padres
presionan y piden carreras fáciles... Los manuales quizá
no son caros, tampoco obligatorios, pero son buena expresión
del nivel existente, salvadas las excepciones: "Doctrinas
arqueológicas, teorizaciones de invención arbitraria,
errores increíbles, ignorancias inexplicables, lenguaje sin
arte, y aun sin gramática...". Los datos estadísticos
sobre los costes públicos de la enseñanza -mínimos-
completan su crítica. En sus recetas sobre las universidades,
señala que bastan cuatro centros, todos con el doctorado,
completos; con laboratorios, museos y bibliotecas, ejercicio constante
de los alumnos; cursos normales y otros especiales por catedráticos,
agregados y ayudantes; disciplina sobre la vida de los escolares,
vigilancia de hospedajes, corporaciones de estudiantes para el estudio
y trabajo, excursiones, juegos y deportes.
Esta pésima situación de la enseñanza universitaria
en su conjunto cobra todo su sentido si la relacionamos con los
demás niveles educativos, tampoco muy boyantes, en particular
la enseñanza elemental, caracterizada por la importancia
de aún fuertes niveles de analfabetismo (una losa de plomo
de unos once millones de analfabetos) y de subescolarización,
cuando otros países ya habían logrado generalizar
la instrucción primaria.
Desde luego, la mejora de la universidad estuvo presente en las
propuestas del regeneracionismo, pero no como eje central. Importaba
más, sin duda, la escuela, la política o la economía,
a aquellos hombres que se estremecían ante las realidades
que el 98 había dejado patentes. España no funcionaba,
era menester descubrir por qué y dar soluciones completas
para cada uno de los problemas. Esta amplitud de planteamientos
en Macías Picavea o Joaquín Costa debilitan sus análisis,
por más que el primero afirme que habla en nombre de la Ciencia
o Costa pretenda y luche por un planteamiento político de
salvación nacional.
El mapa universitario
A finales del XIX la Universidad española se estructuraba
en cinco Facultades (Filosofía y Letras, Ciencias -con
secciones de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales-, Derecho,
Medicina y Farmacia), habiendo sido suprimida definitivamente la
de Teología en 1868. La verdadera novedad había sido
la implantación de la Facultad de Ciencias en 1857, puerta
abierta a la difusión científica, y la autonomización
de la de Filosofía, funcionando antes como propedéutica
a la enseñanza universitaria.
Pero sólo la Facultad de Derecho estaba presente oficialmente
en todas las Universidades, y la de Farmacia sólo existía
en cuatro centros (Madrid, Barcelona, Granada y Santiago de Compostela).
La Facultad de Filosofía y Letras no existía más
que bajo la forma de enseñanzas preparatorias a las jurídicas,
y con sólo tres profesores en vez de nueve o dieciocho (Madrid),
en cuatro Universidades (Oviedo, Santiago de Compostela, Valencia
y Valladolid). No había Facultades de Medicina en las Universidades
de Oviedo y de Salamanca, y la Facultad de Ciencias a menudo
quedaba reducida a una sola sección sobre las tres existentes
(como en las Universidades de Sevilla, Granada y Valencia),
o dos (Universidades de Barcelona y Zaragoza), o bien no ofrecía
más que enseñanzas preparatorias a la Medicina y la
Farmacia (Universidades de Santiago y de Valladolid).
El mapa universitario presentaba pues una estricta jerarquía
de las Universidades por el abanico de Facultades y la importancia
numérica de su cuerpo profesoral y población estudiantil.
De creación reciente, por supresión y transferencia
en 1836 de la Universidad de Alcalá, fundada por el Cardenal
Cisneros en 1499 (paralalelamente la de Cervera fue trasladada a
Barcelona), la Universidad de Madrid tenía no obstante
la categoría de Universidad Central, ocupando un lugar
preeminente en el dispositivo universitario, por la naturaleza y
el número de sus enseñanzas, las remuneraciones y
el prestigio de sus profesores. Sólo la Universidad Central
disponía de las enseñanzas de doctorado y de todas
las Facultades completas, siendo por tanto lugar de paso obligado
para los universitarios.
En el otro extremo, la Universidad de Oviedo estaba constituida
por una sola Facultad, la de Derecho, con algunas enseñanzas
complementarias en Letras. "Sólo una razón
económica pudo hacer que las diez Universidades que existen
en España no tengan el mismo número de facultades",
diría el famoso jurista Adolfo Posada en 1889 (6).
Frente a esta situación las autoridades locales y provinciales
prefirieron subvencionar algunas Facultades no provistas por el
Estado para completar el potencial de enseñanza de las Universidades,
tales como la Facultad de Medicina de Sevilla y la de Filosofía
y Letras de Valencia (a cargo del presupuesto provincial), o la
de Ciencias de Oviedo (por el municipio y la Diputación)
autorizada en 1895.
Junto con las Facultades, el espacio universitario se completaba
por supuesto con Escuelas Superiores profesionales (Notariado, Diplomacia,
Ingenieros Industriales, Comercio, náutica, Veterinaria...)
y, amén de las Escuelas Normales, con Escuelas llamadas Especiales
con buena proyección científica (Ingenieros de Caminos,
Canales y Puertos, Minas, Montes, Agrónomos, y Ayudantes
de Obras Públicas)
Estudiantes y Profesores
A finales de siglo, sólo unos 8.000 estudiantes estaban
presentes en los locales universitarios, y si añadimos una
cifra ligeramente superioir de estudiantes libres, obtenemos
un total de aproximadamente 17.000 estudiantes, matriculados esencialmente
en Derecho (7.400). El número de estudiantes variaba mucho
según las Universidades, de los 4.800 de Madrid a los 400
de Oviedo, girando la mayoría de las universidades en torno
a unos 1.000-1.500 estudiantes.
El número y la naturaleza de los diplomas estaban en relación
directa. La universidad española producía así
algo menos de 2.000 licenciados y de 200 doctores en 1900. El reparto
por asignaturas de los diplomas testimoniaba de manera harta significativa
las prioridades de la sociedad española y de la naturaleza
de la institución universitaria. Primaba de manera casi absoluta
el Derecho: 985 títulos de licenciados, casi la mitad del
total, contra 545 en Medicina (27%), 268 en Farmacia (13%), 145
en Filosofía y Letras (7%) y sólo 49 en Ciencias (2,5%).
La presencia femenina era aún insignificante: sólo
seis mujeres obtuvieron un diploma de licenciada y cuatro un doctorado
en la Universidad Central antes de 1900.
El personal universitario se vertebraba en torno al viejo cuerpo
de los catedráticos numerarios, a los cuales cabe añadir
los catedráticos supernumerarios y los profesores auxiliares,
encargados según la Ley Moyano "de auxiliar al catedrático
en las operaciones prácticas o desempeñár los
cargos de las Facultades y Escuelas Superiores que señale
el reglamento", y que tan sólo en 1902 quedarán
reseñados en su correspondiente escalafón.
El número de catedráticos en funciones permanecía
modesto, aunque en aumento constante en la segunda mitad de siglo
según los "Escalafones de antigüedad de los catedráticos
de Universidad": 276 en 1847, 309 en 1867, 346 en 1879, 386
en 1887 y 413 en 1897, o sea una progresión de casi 50 %
en medio siglo. A finales de 1895, había un total de 458
cátedras (de las cuales 51 eran vacantes) contra 444 (50
vacantes) a finales de 1894. La progresión se situaba en
las Facultades de Ciencias, signo esperanzador de renovación,
mientras que las Facultades de Derecho y Medicina, bien dotadas,
conservaban el mismo número de cátedras (272).
Pero si durante la Restauración, entre 1876 y 1923, el número
de catedráticos pasó de 373 a 576, con un crecimiento
de poco más del 54 %, el de profesores auxiliares aumentó
de 57 a 443, con un crecimiento del 677%, es decir pasando desde
una relación de seis catedráticos por cada auxiliar
en 1876 a otra prácticamente paritaria en 1923.
Las desigualdades por universidades y facultades podían
observarse en función del número de cátedras
correspondientes. La Universidad de Madrid concentraba globalmente
en 1895 a casi un centenar de catedráticos, más de
la quinta parte del total, y las Facultades tradicionales de Derecho
y de Medicina seguían atrayendo lo esencial de los profesores
(más del 58% del conjunto de catedráticos).
La escala de las remuneraciones, sumamente rígida, comportaba
ocho categorías formando una pirámide de cúspide
muy estrecha (7 catedráticos sólo), ampliandose progresivamente
de 10.000 pesetas a 3.500 anuales, o sea una relación de
uno a tres, pero las dos terceras partes de los catedráticos
ganaban 5.000 pesetas o menos:
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"Un catedrático de universidad de provincias,
v.g. de Oviedo, tenía un sueldo anual de 3.500 pesetas
allá por los años ochenta y tres y siguientes:
deducidos descuentos percibía al mes cincuenta y un
duros, ¡ah!, y catorce reales, si mal no recuerdo..."
Adolfo Posada (1860-1944): "Fragmento
de mis memorias"
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La debilidad de las remuneraciones, pagadas directamente por el
Estado, obligaba a los universitarios a trabajos auxiliares, y en
primer lugar a la elaboración de libros de texto de lectura
obligatoria para los estudiantes, o a multiplicar los artículos
periodísticos como fue el caso de Clarín. Las cátedras
madrileñas eran las más cotizadas, pues suponían
una prima anual de 1.000 pesetas, una décima parte del sueldo
más alto. Las estrategias universitarias eran así
claramente orientadas. La Universidad de Madrid aparecía
como la universidad-cumbre para terminar su vida profesional, y
las pequeñas universidades de provincia, mucho menos dotadas
en personal y medios, como meras universidades de paso, etapas hacia
universidades más prestigiosas:
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"En todo caso siempre queda en pie esta conclusión:
el personal destinado a universidades situadas en poblaciones
pequeñas emigra en cuanto puede, a menos de que razones
de familia, de origen, de salud o de intereses no le retengan"
(7)
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Notas:
(1) Ricardo Macías Picavea, El problema nacional.
Hechos, causas, remedios. Madrid, 1899 [Volver
al punto de lectura] Ver reseña biográfica en
nota 6.
(2) "De la enseñanza superior en España",
Revista Nueva, Madrid 1899 [Volver
al punto de lectura]
(3) "Escritos sobre la Universidad española"
[Volver al punto de lectura]
(4) Miguel de Unamuno, Introducción a algunas
consideraciones sobre la educación burguesa, 1895. [Volver
al punto de lectura]
(5) Ricardo Macías Picavea
nació en 1846 (Santoña, Cantabria). Su vida trascurrió
en Valladolid, donde desarrolló su labor como catedrático
de instituto, intelectual y escritor. Fue discípulo de Julián
Sanz del Río, a quien Macías conoció en la
Universidad de Madrid, y de Nicolás Salmerón, de aquí
su republicanismo progresista. Macías desarrolla y difunde
su pensamiento en el ámbito local, provincial y regional,
circunscribiéndose éste en el ámbito de Valladolid,
ámbito en el cual se distribuía el diario 'La Libertad'
en el cual no sólo trabajó Macías sino que
además fue el diario que utilizó para difundir sus
pensamientos y principios , aprovechando que era su director. Está
en el Ayuntamiento Republicano de Valladolid desde 1891 hasta 1895.
Fue el autor de 'Apuntes y estudios sobre la instrucción
pública y sus reformas' 1882, 'Geografía elemental.
Compendio didáctico y racionado' 1895, 'La muerte de Cervantes'
, 'La mecánica del choque', 'El derecho a la fuerza', 'Tierra
de Campos' y más tarde de 'El problema nacional' 1898-1899,
la cual se concluye poco antes de su muerte, que sucede el día
11 de Mayo del año 1899. Krausista, aunque como buen hijo
de su tiempo y de espíritu abierto, también defendió
el Darwinismo, aceptó el método positivista y fue
figura cumbre del Regeneracionismo español. Para Picavea
la educación es una función propia de la sociedad,
en la que el Estado ha de ejercer una función tutorial prestando
apoyo y dirección. La libertad del profesor para enseñar,
la libertad de los padres para escoger la enseñanza para
sus hijos, la coexistencia armónica de la enseñanza
privada y la oficial, y la obligatoriedad de la enseñanza,
al menos en su nivel primario, son otros tantos principios sustentados
por Macías. En el proceso de enseñanza-aprendizaje
Macías confiere especial importancia al protagonismo del
alumno como artífice de su propia educación. La función
del profesor consistiría en ayudar al educando, dirigiéndole
su actividad y ofreciéndole las condiciones más adecuadas
para su desarrollo. Con razón Picavea se opone a la enseñanza
oficial en la que predominaban el escolasticismo y el dogmatismo.
Algunos de sus argumentos radicales sobre un poder fuerte capaz
de cambiar el país, fueron utilizados por el régimen
franquista español. Entre la bibliografía moderna
de este personaje cabe destacar la obra de Fernando Hermida de Blas,
"Ricardo Macías Picavea y el problema del regeneracionismo
español" (reseña en http://www.filosofia.org/rev/bas/bas22116.htm)
y la de María Sánchez Agustí, "Pedagogía
y regeneración a finales del siglo XIX. Macías Picavea.
Teoría y acción de un educador" (reseña
en http://www.csic.es/cbic/BGH/resemar1.htm) [Volver
al punto de lectura]
(6) Sobre Adolfo Posadas, ver "Adolfo
Posada: Teoría y práctica política en la España
del siglo XIX" (pdf), tesis doctoral de Mónica Soria
Moya, Valencia, 2003. Contiene datos sobre la educación nacional
de la época, la autonomía universitaria, europeismo
y extensión universitaria. [Volver
al punto de lectura]
(7) Ministerio de Instrucción
Pública y Bellas Artes. Subsecretaría.- Sección
de Estadística. Escalafón de antigüedad de los
catedráticos numerarios de las Universidades del Reino en
1º de enero de 1902, Toledo. [Volver
al punto de lectura]
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Para saber más... |
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"Las universidades hispánicas: de la Monarquía
de los Austrias al Centralismo Liberal"; V Congreso Internacional
sobre Historia de las Universidades Hispánicas, Salamanca,
1998; Ed. Luis E. Rodríguez-San Pedro Bezares; Universidad
de Salamanca y Junta de Castilla y León, 2000 |
"Política universitaria tras el desastre del 98";
Mariano Peset, Universidad de Valencia. En "Las universidades
hispánicas..." op.cit. Es la conferencia con la
que se clausuró el V Congreso Internacional... -celebrado
en Salamanca en mayo de 1998- cuyas ponencias se publicaron
en el libro citado. |
"La Universidad española (siglos XVIII y XIX): Despotismo
Ilustrado y revolución liberal"; Mariano Peset y
José Luis Peset; Ed.Taurus, Madrid 1974 |
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Enlaces web externas |
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La
administración educativa en España (1812-1939),
por Joaquín Diaz, Jefe del Archivo Central del Ministerio
de Educación. Centro de Investigación y Documentación
Educativa (CIDE) |
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Ricardo
Macías Picavea y el problema del regeneracionismo español,
por Fernando Hermida de Blas (Madrid), en revista El Basilisco
(Oviedo), nº 21, 1996, páginas 41-42 |
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