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La Reforma de Carlos III, en su afán centralizador, estuvo
a punto de dar al traste con la fundación. En el claustro del
19 de enero de 1771 se leyó una Carta Orden del Real y Supremo
Consejo de Castilla por la que se comunica a la Universidad de Osuna
haber cesado en la facultad de enseñar y conferir grados y
cursos ganados en ella. Con la protección del patrono -que
pagaría completamente las cátedras- la Universidad continúa.
Así continúa la universidad hasta que se recibe el
Decreto de 7 de julio de 1807, que forma parte de la
Reforma del del Ministro Caballero, por el cual se suprimen
once universidades -entre ellas Osuna y Baeza-, que se agregan a
Sevilla, dejando otras once. La universidad ursaonense recurrió
ante la Junta General de Sevilla y logró mantenerse funcionando.
La Universidad de Sevilla entabla recurso a la Junta Suprema Gubernativa
del Reino por haber abierto Osuna sus aulas nuevamente. Parece que
hay intención de su continuidad pero la vida universitaria
se ve interrumpida por la irrupción de la francesada el 28
de enero de 1810. El edificio queda ocupado y convertido en fuerte
de las tropas. Expulsados al fin de Osuna los franceses y finalizada
la guerra, la Universidad continúa su vida.
Tras los rigores del Sexenio Absolutista de Fernando VII y los
virajes y vicisitudes de la política del país, la
Real Orden de 19 de mayo de 1820 vuelve a poner en peligro
la existencia de la universidad. Se defiende ésta alegando
que por ser costeada por un particular (la casa ducal de Osuna),
si se suprimiera perdería la nación un establecimiento
que nada le cuesta. El propio Ayuntamiento, en 1821, defiende
la subsistencia de la Universidad, considerando "las
ventajas que supondría para Osuna y los pueblos vecinos".
La Comisión de Instrucción Pública del primer
Gobierno del trienio liberal da orden el 29 de junio de 1821
de incorporar al Estado todos los Centros de Enseñanza, pero
Osuna continuará al menos hasta 1824. Hay registros de matrículas
de alumnos y repartimientos de cátedras, es decir, pruebas
de la cobranza del salario por parte de los profesores, hasta dicho
año. Así pues en 1824 la universidad quedará
definitivamente clausurada.
A mediados de la centuria , la centralización y concentración
en el Estado de la enseñanza ya iniciada, se lleva acabo
por la
Ley
de Instrucción Pública de 17 de septiembre de 1845,
que proponía un plan centralista, creado por don Pedro
José
Pidal. El primer Marqués de Pidal incorporó todas
las Universidades al Estado y organizó los Institutos de
Segunda Enseñanza. Al amparo de esta Ley la antigua universidad
volvería a abrir sus puertas como Instituto hasta tiempos
muy recientes.
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