|
El Padre Pedro de León
(1544-1632) es un jesuita de las primeras promociones sevillanas.
Ejerció su ministerio en la Cárcel pública
de Sevilla desde 1578 hasta 1616, entre otros destinos. Allí
asistía a los presos, intercedía por ellos y los confesaba
antes de morir. Al fin de su vida, en 1616, ya jubilado, con 72
años a sus espaldas y por orden de sus superiores, escribe
su memoria pastoral. Descubierta en 1981, constituye un documento
de valor excepcional para conocer la Cárcel Real de Sevilla
de su época, descrita por quien tan bien conocía las
instalaciones y sus inquilinos. Junto con la "Relación..."
de Cristobal de Chaves, un abogado de la Audiencia (1),
son testimonios de primera mano de este recinto carcelario.
Aquí reproducimos íntegramente los capítulos
que le dedica a la descripción del edificio en su "Compendio...",
para que el lector pueda sacar sus conclusiones directamente de
la fuente histórica en que se basan tantos estudios sobre
la trena sevillana, donde en esta misma época estuvo
encerrado por deudas Miguel de Cervantes; allí maduraría
las palabras que escribiría en el prólogo del Quijote
describiendo el presidio como fuente de su inspiración: "mal
cultivado ingenio mio ... como quien se engendró en una cárcel,
donde toda incomodidad tiene su asiento, y donde todo triste ruido
hace su habitación". Precisamente, cuando este
manuscrito se redactaba, moría el ilustre recluso.
También fue cliente de la institución Mateo Alemán,
que la siente e interpreta en el Guzmán de Alfarache, como
"el paradero de los necios, escarmiento forzoso, arrepentimiento
tardo, prueba de amigos, venganza de enemigos, república
confusa, enfermedad breve, muerte larga, puerto de suspiros, valle
de lágrimas, casa de locos, donde cada uno grita y trata
de sola su locura".
Para facilitar la comprensión al lector actual, se ha actualizado
la ortografía, aunque conservando siempre el texto en toda
su originalidad, construcciones y vocablos. Del mismo modo se ha
puntuado con todo rigor, respetando el estilo en todos sus pormenores.
Finalmente, me he permitido resaltar algunas frases para agilizar
la búsqueda de detalles. Del mismo modo, en notas al pie,
he procurado traducir algunas palabras del castellano antiguo, ya
en desuso.
"Compendio de algunas experiencias ... por el Padre Pedro
de León" (según el manuscrito de Granada)
Capítulo 29º
EN EL CUAL SE DA PRINCIPIO A TRATAR DE LA DESCRIPCION DE LA CARCEL,
DE LOS NOMBRES DE SUS PUERTAS Y DE SUS APOSENTOS OFICIALES
"Aunque en algunos lugares de esta segunda parte del Compendio
y en su primer apéndice tengo apuntadas algunas cosas tocantes
a las grandezas de la Cárcel de Sevilla, grande en todo,
no solamente en capacidad de sitio y en cantidad de presos
(que antes que hubieran apartado los que pertenecían a la
Audiencia pasaban de mil), sino en la calidad de los presos,
así por ser de ordinario sus delitos calificados y de marca
mayor, como por ser muchos de los presos muy nobles y de grandes
linajes (entre los cuales conocí yo un titulado de lo más
calificado y noble de España, si bien por sus travesuras
muy conocido), hijos de buenos y por sí ruines; item, de
los fueros y desafueros de los germanes de esta gran Babilonia,
que por una de las maravillas del mundo se podría venir a
verla desde el cabo de él, y aunque tengo remitido al lector
para que las vea en la vida de la Cárcel que escribió
de mano un Cristóbal de Chaves (1),
procurador de esta Real Audiencia , no quiero dejar de poner aquí
algunas de las que me acuerdo haber visto y oído, así
porque no se hallará aquel tratado de Chaves tan a la mano,
pues habiéndolo yo buscado varias veces para esta segunda
parte del Compendio y no lo he hallado, como porque pueden ser estas
cosas no solamente de admiración a los que las leyeren, sino
de mucho provecho y enseñanza para los Padres que hubieren
de tener el asunto de tratar con esta gente no santa (2).
Y sepan que tratan cum scorpionibus (como se lo dijo Dios
al profeta Ezequiel), si bien muchas cosas de éstas están
ya acabadas, y otras de otra manera, y otras finalmente reformadas,
después que los de nuestra Compañía acuden
a menudo a doctrinarlos, pero nunca deja esta gentecilla de parecerse
a sí mismos en las maldades, travesuras, insolencias y condenadas
costumbres.
 |
Tiene esta cárcel tres puertas. A la primera llaman
de oro, porque lo ha de tener, y no poco, el que ha de quedarse
en la casa pública o aposentos del alcaide, que están
antes de la primera reja de arriba a mano derecha como subimos por
la escalera; porque para contentar al alcaide y porteros de la puerta
de la calle es menester todo eso. y mas.
A la segunda puerta, que es la primera reja de hierro al cabo de
la escalera, llaman de Hierro, o de cobre, porque basta a los que
entran por allí que tengan dineros de cobre y vellón.
A la tercera reja también de hierro, que es la tercera puerta
que sale a los corredores, llaman de plata porque ha menester tener
plata el que ha de quedar allí sin grillos, o mucho favor
que no le cueste menos, sino mucho más (como a los que el
otro fingido inquisidor favorecía para que no le echasen
grillos, que todo lo allana, y hace fácil la plata y el favor.
Los aposentos de más consideración en esta cárcel
son la Sala Vieja y los aposentos medianos adonde están los
Guzmanes y gente de mala estofa.
Luego está la Galera Vieja, en la cual está el rancho
que llaman Traidor, porque está oculto y escondido a la entrada
a mano derecha, y desde allí hacen sus traiciones. Más
adentro en la misma galera hay otros tres ranchos divididos con
mantas viejas. El primero es de los Bravos; el segundo la Tragedia,
adonde está la crujía; el tercero llaman Venta adonde
pagan el escote todos los presos nuevos.
A la mano izquierda de la reja que dijimos arriba, que sale a los
corredores, están los entresuelos adonde hay cuatro ranchos.
Al primero llaman Pestilencia, y al que está a su lado Miserable,
y al tercero llaman Ginebra, y al cuarto llaman Lima Sorda o Chupadera,
y antes de entrar a estos ranchos hay un aposentillo pequeño
que llaman Casa de Meca.
Debajo de estos entresuelos está la gran Cámara de
Hierro, tan nombrada e insigne así por los moradores, como
por el sitio y disposición de ella. En esta cámara
están los bravos (3) y tres ranchos
(4). El primero es de Matantes, adonde echan
mil por vidas, y todo su trato es de cuestiones y no de metafísica,
ni de moral, sino contra todas buenas costumbres, de heridas y resistencias,
del otro que huyó con estoque y rodela, del que hizo mil
buenas suertes, alabándose cada uno de lo que no ha hecho.
El segundo rancho es de Delitos; el tercero de Malas Lenguas adonde
no hay honra inhiesta.
A la descendida de la escalera que va al patio a mano izquierda,
la Galera Nueva, adonde está la gente de grandes delitos,
y los galeotes rematados para el Rey. En esta galera se encierran
siete ranchos. El primero es de Blasfemos y jugadores de ventaja,
que les sirven mil por vidas de tantos. El segundo es de la Compaña,
adonde refieren sus tretas, los que arañan y hurtan, como
los vimos en el Inquisidor fingido, y en su secretario allá,
en el capítulo 26 (5). El tercero llaman
Goz, adonde los rufianes cuentan a lo grosero, sus hazañas
y desvergüenzas. El cuarto rancho llaman Crujía adonde
están los galeotes. El quinto llaman Feria adonde se vende
lo mal ganado, por barañas y pendencias, habido en mala guerra.
Al sexto llaman Gula, y sirve para las meriendas, adonde echan y
terruecan y anda el trago cruel. El séptimo, y último,
se llama Laberinto, de toda gente revuelta, como cochinos de diezmos
de todos delitos.
En el patio hay una fuente de mucha agua de pie, adonde
juegan y hacen sus suertes, mofándose unos a otros y entreteniéndose
para pasar el tiempo y desechar melancolías (6).
En rededor del patio hay catorce calabozos que son aposentos, y
hay otros entresuelos adonde se guardan los presos, a quienes quieren
dar tormento para que no se les hable, ni les den remedios para
no sentir el tormento.
Debajo de las dos rejas y de la Sala del Juzgado, que está
arriba entre rejas, hay otro tanto como lo de arriba con dos aposentos.
Dentro de esta sala, adonde está la gente que pita, como
ella dice.
Hay cuatro tabernas y bodegones arrendados a catorce y quince
reales de alquiler cada día. Y suele ser, el vino del
alcaide, y el agua del tabernero; porque nunca faltan bautismos
prohibidos en toda ley. Y aunque el Asistente la visita cada martes
y mira el vino que tienen para ver si está aguado y el precio
a como se vende, hay cuidado de poner cuatro jarros de vino riquísimo,
uno en cada bodegón y de aquél hacen muestra, dando
a entender que aquél es el que venden a los pobres, siendo
el que les dan, la pura hiel y vinagre.
Hay tiendas de fruta y aceite, las cuales arrienda el sotoalcaide
a tres reales cada día. Y Susténtanse algunos presos
pobres de hacer en la cárcel oficios de pregoneros, vendiendo
y rematando las prendas que allí se venden. Y otros que no
son presos sirven de llevar a vender a Gradas (7),
a la ropería vieja, y al baratillo, las muchas que cada día
se hurtan en la misma cárcel; y nunca se descubre quién
las haya tomado, porque hay grande fidelidad en guardar secreto,
pena de que no lo irán a penar al otro mundo.
Y para que se vea los aprovechamientos que la cárcel tiene
y su grandeza diré uno, que aunque es menudencia es notable;
y es, que se sustentan en cada Reja Alta y Baja siete u ocho presos
pobres de que las personas que vienen a buscar presos y no saben
dónde están, preguntan a quién buscan, y si
quieren que los llamen y a voces por su nombre. Lo llaman y acaece
así avisar todos dando voces a diferentes hombres diciendo:
¡a fulano! ¡ola! Y todos a una, que es la mayor confusión
del mundo, y no hay quien se entienda, ni nos dejan algunas veces
oír las confesiones. Tanta es la gritería que tienen,
y pareciendo que le dan dos o cuatro maravedises; y hay pícaro
de éstos que ganan tres o cuatro reales cada día.
No es digno de menos admiración que hay en la cárcel
cuatro pobretes de este género, que se sustentan y ahorran
dineros con un oficio que usan en la cárcel; y es, que al
dar de las raciones de pan a los pobres a mediodía por la
Reja de abajo, a cada uno dan una libra de pan, y júntanse
tres a los cuales da una hogaza entera, salen con ella y entréganla
a uno de estos cuatro que llaman oficiales de cortar raciones; el
cual, lo primero que hace con un cuchillo, que en la mano tiene
para el efecto, es cortar la hogacilla, o panecillo que la hogaza
tiene por el suelo de ella en redondo hasta la corteza de arriba,
y luego la hace tres partes y da a cada uno la suya y se queda él
con el panecillo dicho. Y de este modo salen estos cuatro, en una
hora con dos hogazas y más cada uno, con que se sustentan
y venden el pan que les sobra. Y todo va a la taberna y a la tabla
del juego, aunque más desnudos estén y sin camisa
y si alguna se les da de limosna luego la pregonan y venden para
jugar.
Capítulo 30º
EN EL CUAL SE PROSIGUEN LAS COSAS QUE PASAN EN LA CARCEL
A la entrada de la cárcel a mano izquierda está la
cárcel de las mujeres, con tres puertas de madera. Las
dos son Rejas. Dentro hay su patio y agua de pie, capilla y enfermería,
y aposento donde está la beata que las rige (si puede),
si bien cuando era la que yo puse allí, que era la que convenía,
muy a raya las tenía.
Tienen sus muy reñidas pendencias entre sí,
y andan luego a la greña, que hay mujeres valentonas y jayanas
de popa que estafan a las presas nuevas. Y sobre esto y otras cosas,
arman cuestiones y araños, mesándose, y por esto y
por quitame allá esa paja, se desentierran los huesos, faltas
y delitos, y en un punto se están ardiendo, y en otro punto
se están riendo y cantando y bailando, con adufes y sonajas.
Ya lloran sus fortunas y mala suerte, ya desechan cuidados armando
juegos y echando suertes para saber sus acontecimientos. Y sería
nunca acabar querer decir la milésima parte de lo que hay
en esta cárcel de las mujeres, porque como todas ellas están
por delitos, y todos los más feos, pues por otras cosas civiles
de deudas o fianzas nunca prenden a las mujeres, ni por esas cosas
las pueden prender, claro está que han de ser las que allí
están la hez del mundo, por hechiceras, amancebadas, ladronas,
adúlteras, y aun exoricidas, porque tienen rufianes las de
la casa pública, y cantoneras y por otros innumerables vicios
y maldades.
En siendo las diez de la noche, el Alcaide pone tres velas en lo
alto y bajo de la cárcel, y como si fuese nao o fortaleza
están todos tres remudándose por sus cuartos con otros
toda la noche, hasta que amanece diciendo a voces: ¡vela,
vela hao! y lo mismo responden los demás; y el que se duerme
lleva culebra que es lo mismo que revenque o pretina (8).
Y estando presos dos hombres por una muerte fueron condenados en
vista a ahorcar. Tuvieron orden de convidar a comer al portero de
la puerta de la Galera Vieja donde ellos estaban; y sobremesa tomáronle
la llave como quien jugaba con ella, como con un cuchillo y así
jugando dijo el que la tomó: Aquí está la libertad
de muchos honrados; y con disimulación imprimió la
llave en una torta de cera, y enviándola otro dia a la cerrajería
hicieron por la impresión otra que hacía a la cerradura.
Y el uno de las tres velas, que hacia la suya en el corredor alto,
donde se suele poner el que la hace, y al cabo del corredor estaba
la puerta de la Galera. Y el uno de los dos presos, que estaban
condenados a muerte, abrió muy sutilmente la puerta con la
llave hechiza, y el otro llamó desde dentro al que hacía
la vela, el cual no entendiendo que está la puerta de la
Galera abierta y llegándose cerca a hablar a quien le llamaba,
le asieron por la garganta y lo mató uno de ellos, y el otro
prosiguió con la vela que el muerto hacía, diciendo:
¡vela, vela, hao!, y el otro se ocupó en traer dos
bancos de cama de su rancho, y amarrarlas al pilar que estaba debajo
del tejado, por donde habla de ser la huida. Y sirviendo los pies
de escalones ganaron el tejado y fueron a dar a una calleja de los
Cordoneros, que cae frontera de San Salvador. Y fue muy graciosa
cosa que el delincuente que tomó la mano a hacer la vela
no cesó de proseguir con su ¡ola, vela, hao! cuando
subía y yendo por el tejado y de esta manera se fueron los
dos y no parecieron más.
Las puertas nunca en todo el día se cierran, ni de noche,
hasta que han dado las diez que se recogen los presos y el alcaide
toma las llaves. Y todo el día hasta estas horas están
como hormigueros o procesión entrando y saliendo hombres
y mujeres con comidas y camas, y a hablar a los presos, sin preguntarles
a qué entran, ni qué quieren. Y el alcaide hace tras
visitas cada noche con sus bastoneros, y en siendo las diez, que
se han de cerrar las puertas (como queda dicho) andan cinco hombres
que no sirven de más que de dar voces diciendo: ¡ah
del patio, arriba, arriba! Los de la Galera Nueva y el otro dice:
¡acá los de la Galera Vieja!; y el otro: ¡acá
los de la Cámara del Hierro!; otro: ¡acá los
de los entresuelos! Y hasta que no queda ninguna por encerrar, siempre
dan voces diciendo esto. Y desde que los presos están encerrados,
dan otras voces diciendo: ¡ah de la calle, ah bao! ¿quién
sale fuera? que se llevan las llaves, ¡a la una, a las dos,
a la tercera; éste es el postrero! Y con éste cierran
los golpes y cerrados, aunque importe la vida de mil hombres, no
abren las puertas y se quedan dentro los que de fuera no han salido.
Y después de encerrada toda esta canalla, con haber entre
ellos tan mala gente, conocen a Dios de manera que uno que tiene
cargo del altar, que cada aposento tiene, enciende dos velas de
cera en dos candeleros de barro y sirve como de sacristán,
al cual respetan todos mucho, pues con un revenque en la mano hace
que se hinquen de rodillas y dejen los juegos y otras cosas, y a
una voz dicen la Salve al tono que aquél les enseña;
y su responso en forma, al fin; y otras oraciones y: Señor
mío Jesucristo, pues derramásteis vuestra Sangre por
mi, etc. Y al fin el acto de Contrición, con lo cual se hace
un gran ruido, como todos los aposentos rezan a un tiempo. No han
faltado algunos que hayan usado mal este oficio de sacristán.
Porque estando un Juan de Ribera preso, por traidor al Rey, diéronle
dos reales de limosna. Púsose a jugar, perdió los
quince cuartos, y no quiso jugar los dos que le quedaban por reservarlos
para aceite a una lámpara que él tenía cuidado,
que ardiese delante una imagen de Nuestra Señora. Después
quiso con estos dos cuartos probar ventura pensando que la imagen
los guardaria, que no los perdiese por cuanto los tenía para
aceite a su lámpara; pero los dio y perdiólos. Y acabándolos
de perder, dio una palmada en la mesa y diciendo: ¡Valga el
diablo el alma de quien bien me hace!; y fuese a su rancho donde
estaba la dicha imagen y alzando los ojos a ella le dijo: De manera
Señora, Madre de Dios, que ni aun dos cuartos para aceite
para alumbrarse no fue para guardar? Pues por vida de N. que se
la ha de encender su Hijo, que mi dinero no le debe nada.
Este mismo, estando preñada la Reina, hizo encender la misma
lámpara delante de la imagen para que Nuestra Señora
alumbrase a la Reina y le diese un hijo, porque el Rey hiciese mercedes
y soltase los presos en albricias. Iba cada día el dicho
a echar aceite a la lámpara y decíale: Mire, Señora,
lámpara, que ha de parir la Reina un hijo; si no, ¡por
vida de tal! que ha de llevar más palos que una encina. Y
habiendo parido hija y no haciendo el Rey las mercedes que él
pensó, tomó un palo y hizo pedazos la lámpara
y tomó las armas de la lámpara y dijo: ¡por
vida de tal! que han de quedar colgadas en esta viga por memoria,
como las banderas de Santiago de Galicia.
Tiene esta cárcel una servidumbre (9)
tan grande como un grande estanque grandisimo y de la forma de él,
con escalones de piedra con sus arcos y mármoles por delante.
Es muy hondo, y con toda la grandeza y hondura que tiene, se saca
cada cuatro meses, y no la pueden agotar cien bestias. A la entrada
de esta poza hay unos ladrillos para entrar a ella que ponen los
muy pícaros que no tienen entrada ni jurisdicción
en los aposentos, y cualquiera que quiera entrar a sus necesidades
les ha de dar cuatro maravedises, o por lo menos dos. Y aquí
se suelen entrar huyendo los que están sentenciados a azotar
al tiempo que quieren ejecutar la sentencia, y se meten en la inmundicia
hasta la garganta, haciendo motín y tirando pelladas de aquel
mal barro al verdugo y bastoneros, y en efecto: hasta que ellos
quieren no se ejecuta la sentencia. Y para limpiarse se desnudan
y se ponen a lavar en la pila para que se asienten mejor los azotes.
Todos los presos que entran de nuevo por luego los mandan encerrar
en los aposentos dichos, hasta que los germanes (10)
del dicho aposento ruegan al portero de la puerta de plata que los
saque; sácanlos y tráenlos a conocer, y de esto dan
dos reales por mitad, tanto al portero como al rogador, y lo mismo
es cuando se le ruega que quite prisiones o que deje al preso estar
en buen lugar. Puédese afirmar con verdad, que se sustentan
de esto quinientos presos sin tener quien les haga bien, ni les
conozca, porque estos presos que entran de nuevo es ordinario que
sustentan a los de aquel rancho y estancia hasta que entran otros
de nuevo y hacen lo mismo, gozando los antiguos de las patentes
que los nuevos pagan. Y así cuando salen libres o para
galeras llevan de la cárcel muchos dineros. Y los que
acuden a esto son los más temidos y son los que ya están
rematados para las galeras y tienen por coselete y blasón
el estar ya rematado, y a voces publican que son esclavos de su
Majestad. De donde les nace extraños atrevimientos, como
si fuese dignidad y exención que luego son temidos y estafan
y quitan la capa al que no les da de comer o lo que tiene, y fuego
es de rango y valentía; y tiene parte en el aceite y limpieza,
y en lo demás aprovechamientos, habiendo sido primero como
el de la piscina.
Capítulo 31º
PROSIGUESE LO COMENZADO
Cuando ha de haber alguna pendencia son conocidos los de la ocasión,
en que traen capas con que encubren los terciados, cuchillos, pastorcillos
(que así llaman a los palos tostados al fuego y con puntas)
y salen al desafío al patio, como si estuvieran en
la calle, y cerca de la Iglesia. Y se levanta una polvareda de todo
género de armas, jarros, platos y escudillas, de donde salen
algunos heridos y otros muertos. Y acudiendo el alcaide al alboroto,
ni halla armas, ni a hombre de la pendencia; y la justicia no puede
descubrir culpado ni testigo, ni hay quien lo ose decir.
Salieron una vez de una pendencia de éstas dos heridos,
uno de cada bando, subiéronlos a curar a la enfermería.
Y estando curando al uno de ellos que le cabía la mano del
cirujano por la herida que tenía en los riñones, rogábale
el cirujano que se estuviese quedo para sacarle los cuajarones de
sangre que tenía. El cual estaba contando la historia a otros
desalmados como él envolviendo su cuento con mil gentilidades
y blasfemias y jurando que aquel hombre que alli estaba, su contrario,
era honrado y que como le dio a él, le podía él
matar, y que tenía amigos que como pudieron le dieron a él
su pago. E importunándole todavía el cirujano que
se estuviese quedo, decía: Déjeme todo género
de hombre; y vuestra merced tape eso ahí con algo; y llegando
un escribano a hacer de ello averiguación, mandóle
poner la mano para que jurase y dijese quién lo hirió
y por qué.
Alzó la mano y respondió, que para qué se
metía en aquello, y que si lo había él llamado.
Que él no sabia si estaba herido o no. Replicó el
escribano que cómo decía no estar herido, viendo el
que lo estaba. Respondió el herido: Pues yo no veo la herida,
si vuestra merced la ve ponga ahí que vio una herida a un
hombre que no tiene la justicia que ver con él, porque es
galeote de su Majestad y dejando a éste, se fue el escribano
al otro herido; el cual, como pusiese la mano en la cruz y queriendo
declarar, lo atajó luego otro de la buena vida germánica,
diciéndole que perdía punto en aquello; y así,
no quiso declarar, y le dijo al escribano: Vaya, vuestra merced,
con Dios, que lo que dijere aquel hombre que está ahí
herido, digo yo. Y no vivieron entrambos veinticuatro horas.
Hay una Cofradía de disciplina que tienen los presos;
y la sirven como si estuvieran en libertad, y fueran más
virtuosos de lo que son. Sale el Viernes Santo por lo alto
de la cárcel y baja al patio. Piden todas las noches con
su imagen por toda la cárcel y [a]llegan mucha limosna. Acompañan
esta demanda los más valientes y más temidos. Y cuando
hay alguno que hacer justicia, van todos los presos de noche con
su cera encendida cantando las letanías hasta el lugar donde
está recogido el que ha de morir, y si es algún valentón
el paciente, todos los del hampa envían por luto alquilado
a la ropería; y de esta manera llegan y le dan un pésame
más gentílico que cristiano.
Estando condenado a muerte fulano de Cabra le pusieron en la enfermería
junto al altar. Donde la última noche, sabiendo que otro
día había de morir, trató con un negro ladino
que servía a los enfermos de irse, y haciendo que se iba
a proveer a la cocina que tiene este aposento, le dijo al negro
que por merced lo llevase a hacer sus necesidades. Empero porque
dos pares de grillos que tenían no le daban lugar de andar
porque eran muy cortos, llevólo a cuestas el negro; y esto
fue delante de mucha gente que con él estaba ayudándole
a pasar la melancolía y tristeza de su muerte. Subiólo,
pues, el negro en la frente del tabique, que hacía una chimenea.
Y en un momento, con una presteza increíble, con una barrena
gruesa, cortó una tabla que estaba entre dos vigas haciendo
barrenos espesos, que apenas cupiera una criatura por el agujero,
y, con la mano, quitó la tierra en el sombrero; y luego,
alzó las tejas. Y dándole el negro del pie, ganó
el tejado, que cae a una casa de la calleja de la cárcel
y rodando y deslizándose como anguila se fue. Y queriendo
salir el negro por el mismo agujero no cupo y se quedó asido
por la cintura de manera que ni pudo entrar ni salir hasta que se
desbarató a la mañana el enmaderado. Y esto le hizo
provecho al primero, porque no pudiendo salir por el agujero que
estaba tapado con el negro no le siguieron; que si luego salieran
por ir aprisionado lo cojerían en la primera azotea.
Túvose por milagro esta huida y por muy gran necedad suya
no haberse sabido poner en cobro, pues dentro de un año lo
volvieron a prender en Sanlúcar de Barrameda adonde se suelen
recoger a buen vivir, como el otro mesonero que se fue a ser ventero
en Sierra Morena, diciendo se había querido quitar de ocasiones
de hurtar y se habia venido a recogerse allí a buen vivir.
Y de Sanlúcar lo trajeron a Sevilla y al tercer día
lo ahorcaron.
Cuando se hizo en esta cárcel la fuente de agua que está
en el patio, se edificó para su remanente una atajea
(11) de un estado en alto, desde el patio;
y por debajo de las paredes de la cárcel sale a la calle
y por la plaza de San Francisco van a dar al río.
Por ésta, pues, se determinaron los presos de delitos graves
de salirse, y sin considerar que podría ser estar asolvada
de inmundicia, y que todo era de cal y arena, y que sólo
llevaban puñales y algunos formones de carpinteros, ordenaron
la entrada por el patio y unos tras de otros fueron por el atajea
más de ciento cincuenta pasos, y llegando a la plaza de San
Francisco se ahogaron muchos de ellos de mal olor; y los que iban
detrás no temiendo la muerte, con un ánimo diabólico,
pasaron por encima de los muertos y tuvieron tal maña que
oradaron la atajea por el arco o cimbria que hacen los artífices,
lo cual se vio a la mañana y acudió la justicia y
hizo abrir mucho más y sacó los muertos para enterrar
y los vivos para las galeras.
Hase sabido, que en años pasados hicieron en esta cárcel
los presos de graves delitos, un agujero para salirse en uno
de los calabozos bajos, que salía a la vecindad de una
calleja que llaman de los Cordoneros, que es paredaña de
la cárcel, y la tierra del agujero, que iban quitando, la
sacaban en los sombreros poco a poco y echaban en la servidumbre.
Y con ser gran cantidad así de tierra como de ladrillos,
con la continuación y tiempo tuvieron lugar para todo; y
por la parte de la calleja arrendó un aposento un deudo de
uno de los presos; y picaba la pared por su aposento hacia la parte
que ellos horadaban, y con botijas de vinagre y barrenas gruesas
y escoplos pudieron tanto, que rompieron las más fuertes
paredes que se pudieron imaginar, porque de más de ser de
cuatro ladrillos de ancho, eran de cal y de arena y ladrillo; entremedias
llevaban rejas de hierro, algunas de ellas, y otras de madera, por
manera que toda esta fortaleza no fue parte contra la industria
humana, porque llegando a la madera la barrenaban con barrenas de
bombas, que hacen poco más que el puño el agujero,
y llegando a la reja de hierro la limaban. Acabóse este guzpataro
(12) la víspera de San Juan y en memoria
de la fiesta que se debe al santo, hicieron los presos que se habían
de salir un juego de cañas, con libreas de papel de colores
y otros en forma de indios y de otras maneras.
Y hechas cuadrillas con sus adargas de papelón. Y con esta
ocasión tuvieron licencia del alcaide para desaherrojar a
los bravos y sacarlos de los aposentos fuertes, y que pudiesen bajar
al patio donde habían de hacer la entrada en sus caballos
de caña. Y entró mucha gente de fuera a ver el regocijo,
y el alcaide se puso con toda su casa a las barandas de un corredor;
y porque no entrase ni saliese nadie por gozar bien la fiesta tomó
todas las llaves de las puertas. Sucedió, pues, que siendo
seis cuadrillas de a ocho jugadores, los cuales de dos en dos partían
de carrera de una parte del patio e iban a parar a la otra, donde
estaba el calabozo del guzpataro; y como iban entrando en el dicho
calabozo se iban saliendo a la calle. Mas como viese el alcaide
que de los que entraban en el aposento, no volvían a salir
ninguno, siendo pequeño como era el aposento, no le pareció
bien tanta dilación y mohino con la tardanza bajó
abajo y halló se habían salido de los jugadores cuarenta
de ellos. De donde se verá lo que encubre la cárcel,
pues no se descubrió esta huida con tanto tiempo como duró
hacer el guzpataro.
Suelen entrar más de cien mujercillas cada noche a quedarse
a dormir con sus amigos (13). Y una noche
dieron aviso a un juez, que después de haber banqueteado
más de cincuenta de éstas con sus amigos se quedaron
en la galera, uno de los aposentos de la cárcel; y el juez,
más por entretenimiento que por el remedio que había
de poner, quiso ir después de las diez acompañado
con un escribano y otra gente que gustaba de ir a ver esta emboscada.
Entró en la cárcel y luego se dio la voz que venía
el juez, dando con la llave en la reja muy aprisa, que aquellas
horas es señal que el juez viene a visitar la cárcel
o a hacer alguna averiguación. Y al punto, los presos, con
una destreza increíble, acomodaron las camas una junto a
otra desviadas de la pared, y las cabezas todas a una banda, y encorvando
las piernas hicieron hueco y pusieron sobre las rodillas y pechos
las mantas y capas descubriendo parte de las piernas porque era
verano; y en el hueco de ellas metieron a la hila a las mujeres,
como si fuera tarugo de madera. Las cuales tendidas cupieron muy
bien sin que el juez ni otra persona advirtieron a ello, aunque
entraron con un hacha encendida y miraron muy bien. Y aun salió
el juez injuriando al que le había dado el soplo, y los presos
dieron gritos, y corrido de esto el que había dado el aviso,
torné a decir que las buscase bien, que dentro estaban. Volvió
el juez a entrar y miró a la cara a todos, uno por uno, y
no hallando mujeres se volvió a salir más corrido;
y estándolo mucho el soplón y descubriendo que él
lo había dicho, entró tercera vez con el alcaide y
hizo que se levantasen todos; y quitando la ropa fueron descubiertas,
y por dar los presos muchas voces diciendo que si las prendían
era quitarles a ellos la comida, y porque dos de ellas eran casadas,
y por las lágrimas de todas, fueron dejadas.
Capítulo 32º
EN QUE SE DA FIN A LAS COSAS DE LA CARCEL
Tiene esta cárcel enfermería con su portero,
el cual es preso y está siempre sentado a la puerta guardándola;
y por esto tiene ración competente. Hay barbero que tiene
su mujer y casa dentro de un cuarto de la enfermería; el
cual acude a curar los heridos, echar ventosas y sangrar; y tiene
salario competente de la ciudad. Tiene un bastonero, el cual es
también preso y acompaña al capellán cuando
entra y sale por la enfermería y anda por la cárcel
y va a decir Misa; y acompaña también a la salida
y entrada a los médicos y cirujanos. Tiene un enfermero mayor
y dos menores, que todos son presos y acuden al regalo de los enfermos
y a darles de comer y a lo demás; que también tienen
su ración. Tiene asimismo la enfermería su cocinero
y despensero de fuera; y cocina, donde se adereza la comida a los
enfermos, Y lavandera, que fuera lava la ropa de los enfermos.
Hay en esta cárcel dos bastoneros, los cuales con
sus bastones asisten a la puerta de la Sala de las Visitas al tiempo
que se hacen; y el uno guarda la puerta, y el otro entra con los
presos que entran a visitarse, y los que los jueces y escribanos
piden para tomarles las confesiones, y acaece algunas veces no tener
uno capa para visitarse y prestarle la suya otro preso. Y suelen
los jueces echarlo la puerta afuera, al cual le parece angosta hasta
verse en la calle, pues va mejorado: que habiendo entrado sin capa
sale con ella, y aunque el pobre dueño da muchas voces pidiendo
su capa no es oído. Tal es el tráfago que allí
hay y lo mismo sucede cuando quieren soltar a otros que los piden
de abajo, que todo cuanto tiene prestado ajeno se lo lleva; y en
ocho días que su dueño lo anda a buscar por la cárcel
no hay quien dé razón de él, ni se sabe si
salió. Tanta es la multitud de los presos y tantos los rincones
de la cárcel, y en ninguna cosa más se verifica esto,
a mi ver, que en el oficio que un hombre tiene: el cual es fiscal
de todos los presos que salen a comer y a dormir a sus casas, haciendo
memoria por escrito de ellos, y por cuyo respeto salen, y a quién
dieron por fiadores, y esto le vale cada día dieciséis
y veinte reales, demás de lo que saca a los presos en dinero
en sus casas y tiendas.
Esta es la descripción de la cárcel, su arquitectura,
sus palacios y salas, sus estufas y recámaras, sus cumplimientos
y oficinas, y no faltan sus tablas de juegos adonde se sacan los
naipes, mil veces una misma baraja; porque de puro uso están
tapetadas, mugrientas, asquerosas y de tanto jugar con unos mismos
tan achicados y cercenados que apenas se pueden tener en las manos.
De donde se verá, qué gente sea la moradora de estas
casas, pues aun los nombres de los calabozos, ranchos y galeras,
son tan malos que toman la denominación y nombradía
de los que viven en ellos, ¡qué tales serán
aquellos de cuyas hazañas toman los nombres! Todo cuanto
hay en estas cárceles es confusión de Babilonia (14)
y entre las cosas que en Sevilla hay de admiración es una
de ellas la cárcel pública y aun para hacer fruto
en ella.
Véase si para tratar con esta gentecilla serán menester
partos de letras, virtud y celo de las almas. Dios nos lo dé
a todos como es menester.
Tiene esta cárcel un administrador que suele ser
hombre rico y lo nombra la ciudad de Sevilla, como queda dicho en
esta segunda parte de este Compendio, a cuyo cargo está cobrar
para el sustento de los pobres y enfermos la renta siguiente en
casas, juros y tributos más de mil ducados que han dejado
situados particulares por sus testamentos. Tiene el cuarto de lo
que vale el aprovechamiento, de lo que se saca de las farzas, así
de la entrada en ellas, como del cuarto que se cobra de por sí
por persona de los asientos que es del dueño del corral,
como de los aposentos, sillas, y bancos. Tiene de cada puerco que
se apacienta en los muladares del contorno de Sevilla, cuatro reales
por cabeza cada uno. Tiene las penas arbitrarias que le aplican
los oidores y regentes en sus salas, y en la de los alcaldes, y
por los jueces ordinarios, tribunal de la Hermandad, y en el de
los ejecutores y en las visitas que se hacen en las cárceles.
Tiene las mandas que les hacen los difuntos, que van muriendo en
Sevilla y las que los naturales de ella que mueren en la India.
Tiene la manda que dejó la Condesa de Ureña, para
que por mano del prior de San Pablo se gaste cierta cantidad en
dar a comer a los pobres los días que alcanzare. Tiene la
limosna con que entre-año le acuden el arzobispo, el Duque
de Alcalá, y otros señores, los conventos de frailes
y de monjas, y la Santa Iglesia, y otros particulares, y lo que
de las Indias les viene en las flotas para ellos a los factores
que asisten en Sevilla, enviado de los que allá están.
Tiene más que cobrar el mayordomo de cada esclavo que está
preso por huido o por otro cualquier delito, por el sustento que
se le da, un real cada día; y este sustento apenas monta
medio, y son muchos de ordinario los esclavos presos, que vienen
a ser una buena cantidad cada año.
Y para las solturas que se hacen de presos por deudas, las Pascuas,
Florida y Navidad tiene más de mil ducados, que han dejado
don Rodrigo de Castro, Cardenal y Arzobispo de Sevilla, y otros,
cuyos patronos acuden con las bolsas a estas solturas a los tiempos
dichos.
Todos los sábados hay visita de dos oidores por su
turno y el Asistente; y allí, presentes los tenientes para
que oigan de su derecho, cuando no se lo han guardado a los pobres
presos o no les han tomado su confesión. Y a los unos dicen:
Por la puerta ¡a fuera!, y a los otros: Sigan su justicia,
y aun pegándoles buenas manos a los escribanos y procuradores,
y a veces a los jueces ordinarios, y más cuando los oidores
vienen hablados y vicuteados, y quiera Dios no pagados y untadas
las manos blandamente con ungüento amarillo o blanco de oro
o plata o de algunas preseas, como alguna y algunas veces se ha
sabido. Como cuando el otro se hizo loco sin estarlo, porque no
lo quemasen por moneda falsa; que como su hermano era muy rico,
se dio traza que se visitase cuando concurriesen los dos oidores
amigos (más de las colgaduras y piezas de damasco, que no
de su persona), habiéndose visitado varias veces para que
lo llevasen a la casa de los locos, no se había podido acabar
con los oidores de visita hasta que se juntaron los dos dichos;
de lo cual véase 1º apéndice, número 152
(15).
Los martes, visita el Asistente y sus tenientes, y alcalde de la
justicia a los presos nuevos que han entrado desde el sábado
hasta entonces. Y el jueves, el mismo Asistente con alguno de los
tenientes, visita las causas de los presos viejos para que no estén
estanticas y revalsadas.
Así se hiciesen todas estas cosas bien hechas como están
admirablemente bien ordenadas y como las ejercitan los jueces de
buena conciencia. Quedémosnos aquí que no es mi intento
querer decir todo lo que pasa en las cárceles, porque sería
nunca acabar. Y más, si nos espaciásemos por esa plaza
de San Francisco entre los escribanos, procuradores y solicitadores:
no bastaría papel, ni tinta, ni tiempo para decir los muchos
males y traiciones de que usan con los desdichados presos hasta
dejarlos en cueros vivos. Dios les ayude que no sé yo cuánto
les aprovechará su enmienda y corrección y el haberse
hecho la Congregación de los escribanos, letrados y justicia
en la casa Profesa, que yo mucho temor me tengo de que no sea verdad
lo que comúnmente se dice allá fuera y aun entre los
maestros, que hurtan ahora más a lo disimulado y con palabritas
más mansas, y diciendo que ellos no los han de pelar como
otros; y deben de querer decir, que no tan al descubierto como los
otros, y conciertan en tanto más tanto, vendiendo la justicia
y robando en poblado para si y para los jueces, como ellos lo dicen
muy claramente.
Dios ponga su mano en ellos y en todos para que cumplamos nuestras
obligaciones."
Notas:
(1) Cristóbal de Chaves, otro clásico
de la Cárcel de Sevilla, procurador o abogado de la Audiencia,
escribió a fines del XVI su "Relación de las
Cosas de la Cárcel de Sevilla y su trato" (1585-97),
obra conocida por el P. León como él mismo confiesa
aquí, aunque no las encuentra en el momento de redactar su
"Compendio...". Escribe Chaves como erudito y curioso
historiador, con la particularidad de que recogió en ella
el ambiente y parte de la obra realizada por el P. León.
De aquí las frecuentes coincidencias en sus relaciones, e
incluso la misma literalidad de los hechos. [Volver
al punto lectura]
(2) León no escribe su "Compendio..."
como historiador, para conocimiento de todo el mundo; ni siquiera
hace unas memorias para que se recuerde su paso por la vida; escribe
para los compañeros jesuitas que vendrán después
de él, para que conozcan el trabajo a realizar. Y lo hizo
a la fuerza, obligado por sus superiores: "que si no fuera
por pura obediencia no hubiera tenido ánimo para tomar la
pluma en materia semejante, más pusome por una parte y muy
principal la santa obediencia, mandándomelo muchas veces,
como tengo dicho". No obstante, nuestro clérigo consigue
un relato objetivo y riguroso, como historiador, sinceridad que
no gustó a sus correligionarios que opinaban que "le
sobra verdad". Y es que por su obra desfilan numerosas autoridades,
civiles y eclesiásticas, además de otras personalidades
de alto rango social. Por ello fueron tachados los nombres de su
"Apéndice de los ajusticiados". Y, además,
la obra se mantuvo en secreto hasta tiempos muy recientes. [Volver
al punto lectura]
(3) Bravo: Vulgar y comunmente
se entiende y dice el que es preciado de valentón, guapo,
jactansioso, y que gasta mucha fanfarronería y bravura (Dicc.
RAE Autoridades 1726, pág. 673) [Volver
al punto lectura]
(4) Rancho: División.
El Diccionario RAE Autoridades 1737 dice: "Vale asimismo lugar
o sitio desembarazado, para pasar o transitar la gente, u hacer
otra cosa: y así se dice hagan rancho, por hagan lugar".
También dice que "por translación se llama la
unión familiar de algunas personas, separadas de otras, y
que se juntan a hablar o tratar alguna materia o negocio particular.
Lat. Conventus: Cuando los piadosos y los castos se congregan, esta
junta no es rancho, sino escuela; no es faccion si no curia".
En la marina, se llamaba "rancho de Santa Barbara" a la
división que está debajo de la cámara principal
del navío, donde está la caña del timón.
[Volver al punto lectura]
(5) El capítulo 26 se titula
"En que se trata de otro falsario de mayor calidad; y de algunas
cosas que hacen y dicen los presos desalmados en que se echa de
ver el colmo de sus maldades": "No se debe pasar en silencio
una cosa notable de uno que se hizo inquisidor en España,
haciendo visita de moriscos con muy grande ostentacion y aparato
de criados y secretario y alguacil mayor y menor, y lo demás
que convenía para tales diligencias..." [Volver
al punto lectura]
(6) Doña Guiomar Manuel
hizo grandes beneficios a la cárcel Real, entre ellos el
de la fuente de agua, aquí indicada, como consta en ORTIZ
DE ZÚÑIGA, Anales Eclesiásticos y Seculares...,
(vol. 2, año 1418). Sobre la misma doña Guiomar se
vuelve a hacer elogiosa mención en el vol. 3, año
1506, p. 215, donde se habla de su enterramiento a los pies de la
Capilla Real de la Catedral de Sevilla y de la inscripción
latina que hay sobre "honrosa lápida", y que traducida
del latín dice: "A Guiomar Manuel, noble y piadosísima
mujer, de sus padres, que consigo quiso puestos en el mismo sepulcro,
y de su patria benemérita, como después de la egregia
magnificencia de la sal, al senado y pueblo de Sevilla, y de la
de las fuentes de agua para el beneficio de la cárcel de
la comodidad de empedrar las calles, como una parte también
de sus riquezas, a Dios óptimo máximo, dedicase en
la fábrica de este templo, los Padres de esta Iglesia con
igual piedad cuidaron de ponerle esta piedra con elogio: Descase
en paz." Su actuación en favor de la cárcel fue
tan meritoria y recordada, que siempre que apunta el tema reaparece
doña Guiomar con nuevos reconocimientos, véase también
vol. 4, año 1569, p. 48, de los mismos Anales de ZÚÑIGA.
[Volver al punto lectura]
(7) Las Gradas de la catedral
de Sevilla era el lugar habitual donde los comerciantes hacían
sus negocios. [Volver al punto
lectura]
(8) La pretina es la cintura
o cinturón (RAE A 1737); "poner en pretina" equivaldría
a la actual "meter en cintura", amonestar, llamar al orden.
[Volver al punto lectura]
(9) Servidumbre: Letrinas.
Según el Diccionario de Autoridades de la Real Academia (1739,
pág. 100): "Algunas veces se usa por la letrina. En
este sentido lo trae Covarrubias en su Thefóro". Bonita
palabra castellana con la misma raiz que la actual "servicio"
que "se llama también el vaso que sirve para los excrementos
mayores." [Volver al punto
lectura]
(10) Germanes: (Del lat.
germanus, hermano) m. Rufián. La Germanía es la rufianesca,
el "hampa" que diríamos hoy. Su jerga recibe el
mismo nombre. (Ver "El delincuente español. El lenguaje
: (estudio filológico, psicológico y sociológico)
: con dos vocabularios jergales" por Rafael Salillas, en CervantesVirtual
[Volver al punto lectura]
(11) Atajea: Artajea, desagüe.
Según el Diccionario Usual de la RAE (1817, pág. 101):
Caja de ladrillo con que se visten las cañerías para
su defensa. También se llama asi el conducto o encañado
por donde las aguas de la casa van al sumidero. Lateritia capsula
intra quam conduntur syphones aquatici". [Volver
al punto lectura]
(12) Guzpataro o guzpátaro:
Voz de la Germanía que significa el agujero. [La recoge]
Juan Hidalgo en su Vocabulario. El guzpatarero es, en la jerga germanesca,
el ladrón que horada y agujera las paredes. (Cf. RAE A 1734
pag. 101) Lo que hoy denominamos "butrón" y "butronero"
[Volver al punto lectura]
(13) Esta situación la
confirma Cristobal de Chaves en su Relación cuando dice:
"Suelen dormir de noche en la cárcel de ordinario
ciento y más mujeres, ..." Más aún,
cuenta el mismo episodio [Volver
al punto lectura]
(14) Babilonia es el nombre
que recibe Sevilla en la jerga de la germanía. Aquí,
el autor juega con el doble sentido, de confusión bíblica
-por la cantidad de razas que confluían en la Sevilla puerto
de Indias- y con el nombre que recibe la ciudad por los hampones
[Volver al punto lectura]
(15) Se refiere al Apéndice
a la segunda parte del "Compendio", llamado de los Ajusticiados
por contener una relación de los casos que atendió
el P. León. El caso 152 es del año 1587 y trata de
un hombre condenado a la hoguera por falsificación de moneda.
Durante un año se hace pasar por loco y así eludir
la ejecución; su hermano, un rico mercader, "andaba
disponiendo las cosas de manera que llevasen a su hermano Otero
a la casa de los locos. Cosa que muchas veces había pretendido,
en varias visitas de cárcel, de las que se hacen los sábados
por los señores oidores, y por el asistente y justicia y
tantas se lo habian denegado". Finalmente, mediado soborno,
lo consiguió y ya en el manicomio se escapó al extranjero.
[Volver al punto lectura]
|