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Sevilla es una ciudad en la que desde muy antiguo el valor estético
de sus fiestas religiosas fue cantado por propios y extraños.
La fama de la Pasión, según Sevilla, corría
ya por el extranjero en el siglo XVI. Gran parte de las cofradías
actuales se crearon en este siglo. Siendo una exuberante muestra
de la religiosidad popular de la época, no podemos sino dar
algunas pinceladas que nos acerquen al sentir de la gente.
En este tiempo, estamos asistiendo a un cambio de mentalidad en
las cofradías, al origen de la cofradía de penitencia,
la que hace estación en los días de Semana Santa,
que aparece a finales del siglo XV y sobre todo en el XVI,
cuando puede que aparezcan los disciplinantes. Las cofradías
ya existían en los siglos XIII al XV, pero de este pasado,
no conservan más que el nombre, pues la cofradía pasará
a ser otra completamente distinta.
En la Edad Media, sólo se sacaban en procesión las
reliquias, las imágenes lo hacen en el XVI,
si bien es cierto, que en Sevilla existen procesiones en las que
un Crucifijo es portado en mano. Así pudo ocurrir en la cofradía
de la Vera Cruz, del convento de San Francisco, desde 1468 y en
la del Santo Crucifijo, del convento de San Agustín,
allí colocado en 1314.
Precisamente, estas dos son las cofradías más antiguas
de Sevilla, (1) según afirma Sigüenza en su "Traslación
de la Imagen de Nuestra Señora de los Reyes", del
año
1579. Se puede afirmar que la primera cofradía es
la de la Vera Cruz, que da culto a la reliquia de la Verdadera
Cruz, reliquia que pudieron traer los franciscanos, fundadores
de la cofradía. Carrero afirma que se fundó en
1380, pero el primer dato cierto es de 1448, año que
presenta unas reglas que se aprobarán en 1501.
Junto a estas, existieron otras pero de carácter gremial,
que agrupaban a personas dedicadas a un mismo oficio y que
solían tener
por titular al santo patrono de su actividad.
El número de hermandades y cofradías de penitencia,
de sangre, de luz y vela y de gloria, era crecidísimo en
este siglo XVI. Doce mil cofrades de penitencia dice Sigüenza
(op.cit. más arriba) que había en su tiempo, 1579;
cifra que no llama la atención si se recuerda la de
los fieles que asistieron a uno de los jubileos, que ascendió,
según
Mal-Lara a cuarenta mil hombres y noventa mil mujeres, cifras muy
generosas y posiblemente calculadas a ojos vista, pero en
cualquier caso, eran muchos.
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Por otra parte, hay que tener en cuenta el Vía
Crucis a la Cruz del Campo, considerado el comienzo
de nuestra Semana Santa, lo instituye en 1521 don Fadrique
Enríquez
de Ribera, primer marqués de Tarifa, a su regreso de
un viaje por Tierra Santa. Según una antigua tradición,
el via crucis de las "doce estaciones" era el que
había seguido a diario la Virgen para recordar el tormento
de su hijo. La procesión salía
del palacio los siete viernes que componen la cuaresma, rezando
los integrantes de la procesión -penitentes y flagelantes
con capuchas o nazarenos- tantos credos o padrenuestros como
pasos dio Cristo en su pasión. La primera estación
se situó en su palacio, que desde entonces sería
conocido popularmente como "Casa de Pilatos", dado que
fue en el pretorio romano de Jerusalén donde comenzó el
camino de Jesús hacia el Gólgota; finalizaba en
la Cruz del Campo, en el cual existía además una
ermita dedicada a la Virgen de la Soledad, que estaba a cargo
de los negros
de Sevilla, muy numerosos en este siglo. Diego de Merlo había
construido el humilladero en 1482; la cruz actual del templete
fue realizada por Juan Bautista Vázquez «el Viejo» en
1571. Este Vía Crucis
supuso un hito en la historia de las hermandades de la ciudad,
al establecer, por primera vez, un espacio marcado para el desarrollo
de la penitencia pública.
Por otra parte, el Concilio
de Trento, que se celebró entre 1545 y 1563, recomienda
la estación pública, exponiendo la necesidad y ventajas
que se derivan del culto a las imágenes, verdadera efigie
de Jesús y de su madre y piensa que estas imágenes
deben salir a la calle para que el que por su voluntad no entra
en la iglesia, al encontrarse con ellas en la calle piense en el
momento de la Pasión de Nuestro Señor que esta imagen
representa. Su legislación de desarrollo intentó controlar
la representación de la Pasión a través de
una reglamentación que la jerarquía debía sancionar.
Se intentó asegurar este control mediante disposiciones relativas
al decoro de imágenes y cortejo, sirviéndose para
ello de penas que incluian la excomunión.
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"...declara que se deben tener y conservar, principalmente
en los templos, las imágenes de Cristo, de la Virgen
madre de Dios, y de otros santos, y que se les debe dar el
correspondiente honor y veneración: no porque se crea
que hay en ellas divinidad, o virtud alguna por la que merezcan
el culto, o que se les deba pedir alguna cosa, o que se haya
de poner la confianza en las imágenes, ...sino porque
el honor que se da a las imágenes, se refiere a los
originales representados en ellas; de suerte, que adoremos
a Cristo por medio de las imágenes que besamos, y en
cuya presencia nos descubrimos y arrodillamos; y veneremos
a los santos, cuya semejanza tienen
Enseñen con esmero los Obispos que por medio de las
historias de nuestra redención, expresadas en pinturas
y otras copias, se instruye y confirma el pueblo recordándole
los artículos de la fe, y recapacitándole continuamente
en ellos: además que se saca mucho fruto de todas las
sagradas imágenes, no sólo porque recuerdan
al pueblo los beneficios y dones que Cristo les ha concedido,
sino también porque se exponen a los ojos de los fieles
los saludables ejemplos de los santos, y los milagros que
Dios ha obrado por ellos, con el fin de que den gracias a
Dios por ellos, y arreglen su vida y costumbres a los ejemplos
de los mismos santos; así como para que se exciten
a adorar, y amar a Dios, y practicar la piedad."
Concilio de Trento. Sesión XXV. 4-12-1563
La invocación, veneración y reliquias de los
santos, y de las sagradas imágenes |
La celebración de la Pasión se iniciaba con la la
ceremonia de las Señas, en que se tremolaba el estandarte
de la cruz en el altar mayor por parte del Chantre. El Domingo de
Ramos se organizaba desde la catedral una procesión, en que
participaban todas las cruces de las parroquias y que discurría
alrededor del templo catedralicio. La ruptura del velo, el miércoles,
era la indicación para que las cofradías comenzaran
a salir de sus templos, a recorrer la estación de penitencia.
La estación penitencial se realizaba desde el templo donde
se residía a varias iglesias o conventos de la collación.
Así, por ejemplo, la Vera-Cruz realizaba cinco estaciones,
al Convento de San Francisco, a la Catedral, al Salvador, a Santa
María Magdalena y al Convento de San Pablo. La Trinidad visitaba
seis casas de "Nuestra Señora (...), Nuestra Señora
de la Yniestra e la Encarnación y el Socorro de Santa María
de las Dueñas, San Salvador, Yglesia Mayor [y] Sancta Maria
del Valle."
Los recorridos de cada una no estaban sujetos a orden alguno,
lo cual les hacía muy anárquicos. No es hasta el
sínodo de 1604 cuando el
Cardenal don Fernando Niño de Guevara, ordena que las cofradías
hagan estación a la Catedral; para una
mayor vigilancia se obligó a que todas las de Sevilla
pasaran por la Catedral y las de Triana por la Parroquia de Santa
Ana. Así nace la actualmente denominada "carrera oficial",
que contribuyó decisivamente no solo a reglamentar las
procesiones, sino a institucionalizar la fiesta y la devoción
popular. De esa manera, las cofradías sevillanas se dividieron
en penitenciales o de luz. Las primeras podían ser, además,
de sangre o de disciplina y pretendían promover el culto
y la contemplación de la pasión de Cristo.
Como curiosidad, podemos citar algunas de las hermandades que existían
a primeros del siglo XVI, cuando se funda la Universidad de Sevilla,
muchas de las cuales han llegado hasta nuestros días:
"El
Silencio", probablemente fundada en 1340.
La
Hiniesta, refundada en 1879, tras dos siglos sin vida,
procede de otra hermandad que en el siglo XV ya existía.
"Los
Negritos". El Hospital de Nuestra Señora
de los Reyes, fundado por el arzobispo don Gonzalo de Mena
y Roelas en 1393, es el origen de esta cofradía. (ver
Cofradías de negros
en Sevilla)
Vera
Cruz, refundada en 1942, procede de otra hermandad de la
que ya hemos tratado anteriormente.
Gran
Poder, fundada en 1431, aunque sus primeras reglas son
de 1587.
El
Valle, formada por la fusión de dos hermandades,
la más antigua de ellas, la de la Santa Faz, se fundó
en 1450.
Esperanza
de Triana, parece que fue fundada en 1481.
San
Benito, reorganizada en 1921, viene de otra hermandad que
poseia un Hospital a principios del siglo XVI en Triana.
Cristo
de Burgos, aunque sus reglas son de 1943, su fundación
viene de 1888, cuando los cofrades de la hermandad del Buen Fin,
se trasladan a San Pedro, por problemas con la comunidad franciscana,
y al no poder llevarse las imágenes, toman otras de una hermandad
extinguida, que ya existía en el siglo XVI, conocida como
"la de los estudiantes".
Montesión,
parece proceder de un grupo de disciplinantes, reunidos en torno
a un Crucificado, en el siglo XIV, que se establecen a finales del
XV en el monasterio de Santa Paula, donde actualmente se encuentra
dicho Crucificado, bajo el nombre del Coral.
Quinta
Angustia, formada en 1500 en el convento del Carmen, sus
primeras reglas son de 1541.
Hermandad
y Cofradía del Santo Crucifijo y Nuestra Señora
de Gracia, del convento de San Agustín; ya hemos tratado
de su antigüedad, pero hay que señalar, que esta hermandad
desapareció a finales del siglo XIX y su Cristo se perdió
en el incendio de 1936, pero se hizo una reproducción y en
la actualidad, es titular de la hermandad de San Roque.
Hermandad
del Santísimo Cristo de la Sangre, San Juan Bautista
y María Santísima de la Candelaria; cofradía
fundada en 1480 en el Hospital de San Antonio, en la collación
de Omnium Sanctorum, y que desapareció en el siglo XVIII.
Entre 1530 y 1550 se crearon muchas más; algunas de ellas
existían antes del XVI, aunque con otros objetivos y se
convirtieron en hermandades de penitencia en este siglo. Arriesgandome
a indicar fechas en ocasiones controvertidas, cabe citar a las
hermandades de Pasión (1531) fundada
en 1531 en el que fue Convento de la Merced (hoy Museo de Bellas
Artes); la del Sagrado
Decreto en la iglesia de la Trinidad (1535); Cristo
de la Veracruz en el convento de San Francisco; Ntra.
Sra. de la Coronación (1540). En 1542 se fusionan
la hermandad de Ntra. Sra. de la Esperanza fundada por los ceramistas
trianeros (1481) con la de San Juan Evangelista, obra del gremio
de pescadores. A mediados de siglo surgen la del Dulce
Nombre de Jesús (1550) en el Convento de San
Pablo; Nuestra
Sra. de la Luz (1550) en San Andrés; la Sagrada
Cena en Omnium Sanctorum y Ntra. Sra. de la Soledad y
Ntra. Sra. de la Encarnación (1558) que, situada en el
Convento del Valle, cambiará de nombre y se unirá (1590)
a la de la Coronación, establecida en
San Martín. En 1582 el alfarero genovés Tomás
Pesaro solicitó formar la cofradía del Santo
Entierro,
y a finales del siglo XVI los mercaderes catalanes se unieron
para fundar la cofradía del Santísimo Cristo de
la Conversión del Buen Ladrón y María Santísima
de Montserrat. Ya en las postrimerías del siglo
(1595) se funda en la iglesia de San Basilio, del barrio de la
Feria, la "Cofradía de Nuestra Señora de la
Esperanza", hoy conocida como la Macarena.
La mayor parte
de las cofradías se
erigen como tales y principian a realizar la estación
de penitencia en la segunda parte del siglo. Certeras son las
palabras del profesor Sánchez Herrero cuando
dice:
"Nunca más como en el siglo XVI se volverán
a fundar cofradías en torno al Crucificado, su Sangre, los
Misterios de su Pasión y Muerte. El siglo XVI es el siglo
de la fundación de las cofradías en torno a la Pasión
y Muerte de Cristo, de manera que los siglos siguientes vivirán
para mantener aquella gran explosión de cofradías
cristíferas, cuya vida se prolongará por la influencia
de diferentes motivos intrínsecos y extrínsecos a
la misma religiosidad cristiana."
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Todas las clases sociales, en sus diversos oficios, participaban
o integraban las hermandades de penitencia: los Veinticuatro
y Jurados salían con el Cristo de San Agustín
o del Santo Crucifijo; los magistrados y letrados
en nuestro Padre Jesús de la Pasión; los nobles
en Nuestra Señora de la Concepción, la de Regina y
la de la Antigüa; los comerciantes en la Veracruz;
los negros en el Cristo de la Fundación;
los estudiantes en las Negaciones y Lágrimas
de San Pedro; los mulatos con el Ecce Homo de San
Ildefonso; los medidores de la Alhóndiga
en la Entrada en Jerusalén; con el Cristo de la Expiración
iban los plateros; los toneleros,
en Ntra. Señora de la Luz; los alfareros
y marineros acompañaban a la Virgen de la
Estrella; los panaderos se agrupaban en torno al
Prendimiento, etc...
Muchas de las hermandades tenían hospitales que, sumados
a los de los gremios y a los de fundación particular, constituían
un número elevadísimo; dice Morgado en su "Historia
de Sevilla" que, en su tiempo, año de 1586, pasaban
de cien. Esta proliferación hospitalaria adolecía
de graves defectos e inconvenientes, haciendo muchas veces ineficaz
su fin, pues por lo general, muchos de estos establecimientos dotados
escasamente en su fundación y con pocas rentas, apenas si
podían sostenerse. Ortiz de Zúñiga, en sus
"Anales", refiere muy al por menor la reducción
de esos hospitales a dos: Hospital del Espíritu Santo y Hospital
del Amor de Dios, llevada a efecto, con autorización real,
por el Cardenal don Rodrigo de Castro en el año de 1587.
Para explicar la proliferación espectacular de hermandades
de penitencia en este siglo XVI no podemos olvidar el fundamental
papel que desempeñaron los sermones y los predicadores;
el sermón fue el instrumento que utilizaron tantos los reformistas
luteranos como los contrarreformistas católicos para difundir
sus ideas. Entre los predicadores de la época en Sevilla
debemos citar al beato Juan de Avila y Fernando de Contreras, ambos
grandes devotos y defensores de la Eucaristía. Sin embargo,
en el fondo de la cuestión podía estar la necesidad
de expiar los propios pecados, a los que se les imputaba las calamidades
naturales (huracanes, peste, sequías...) en la mentalidad
de la época. Tampoco podemos olvidar que el protestantismo
campeante de la época había discutido el valor de
las imágenes sagradas.
La Cofradía de la Cárcel
Real
No todo fueron procesiones públicas. Una peculiar cofradía
de penitencia aparece a fines de siglo en la Cárcel pública
de Sevilla, cuya existencia no es muy considerada por los cronistas
oficiales de la Semana Santa, quizás por el reducido entorno
en que se desenvolvía. Fue creada por el Padre
León, un jesuita que ejercía su ministerio pastoral
entre los presos. Empezó como una hermandad anti-blasfemia
y terminó como cofradía de penitentes. La procesión
desfilaba el Viernes Santo por el interior de la cárcel,
con disciplinantes e insignias, como cualquier otra cofradía
sevillana; contaba incluso con una pequeña "bolsa de
caridad" con la que se libraban algunos presos por deudas.
Pero dejemos que nos lo cuente el propio Pedro de León en
su "Compendio...":
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"Procuré con muchas veras estirpar el abuso
notable que había en las cárceles de jurar
y blasfemar, predicándoles de los males y daños
que han venido al mundo por este vicio. Y para más
obligarlos, hice una cofradía o congregación
del nombre de Jesús
contra los juramentos, en la cual se asentaron todos los
que actualmente estaban presos entonces, y se iban asentando
los que de nuevo entraban y estaban algún tiempo
presos; y se avisaban unos a otros cuando se oían
jurar, que era una de las reglas de la cofradía,
y aprovechaba mucho este cuidado, e hiciéronse algunos
años
las fiestas con mucha música y muchos señores
de los oidores y alcaldes, que se hallaban en ellas; y alguna
vez el señor Regente y el Asistente y los treinta
de la Congregación (2) que después se instituyó
y a la Misa comulgaron estos caballeros y algunos de los
presos, cosa que causaba mucha devoción, predicándoles
a las Misa algunos de los Nuestros.
Y llegó a tanto su devoción que no se contentaron
los presos con que fuese esta cofradía para estorbar
pecados, no jurando, sino para hacer penitencia de lo que
habían jurado, y el Viernes Santo hacían por
dentro de la cárcel su procesión de azotes y
sus insignias, como si fuera por las calles y con mucha sangre,
y azotábanse con tal denuedo que hasta caían
por ahí desmayados. No había quien les quitase
las diciplinas de las manos y era tan de ver la procesión,
que venían gentes de fuera de la cárcel a verla,
y decían que no había ninguna tan devota con
sus pasos de la pasión y su estandarte y sus bocinas
y muy gran número de disciplinantes, todos presos,
y con muy grande concierto, y a la verdad como era dentro
de la cárcel parecía que tenía un no
sé qué de correspondencia con los azotes, que
le habían dado a Nuestro Señor Jesús
en la cárcel y prisión.
De lo que sobraba de la cera y del gasto para la fiesta se
sacaban presos de deudas o de los que estaban por algunas
costas; y todos estos gastos eran de las penas que se les
llevaban a los que juraban, y de lo que dentro de la misma
cárcel se juntaba de limosna que pedían así
los que venían a ver los presos, como de lo que se
les pedía a ellos mismos". |
Notas:
(1) Hay que tener en cuenta que, como decía González
de León en
1852, "Quizá no hay nada más obscuro en la historia de Sevilla,
después de la conquista, que la fundación de las Hermandades, llamadas
Cofradías de Semana Santa, de Penitencia, Sangre y Luz". [Volver
al punto de lectura]
(2) La Congregación a la que se refiere es la de Nuestra
Señora
de la Visitación, fundada por el Padre León y don
Andrés Fernández de Córdoba, Obispo de Badajoz
en 1600. Estaba integrada por "treinta personas principales"
que se preocupaban de las causas de los presos indefensos. Juan
de Santibáñez, Martin de Roa y Antonio de Solís
reconocen al Padre León como fundador de esta institución,
a excepción de Alonso Morgado, que aunque la presenta,
y reproduce sus Constituciones, hace sobre el Padre León
un riguroso silencio. La justificación de esta asociación
viene dada "porque como la Virgen María Señora
Nuestra fue a visitar a Santa Isabel y a San Juan, estando
en la cárcel del seno de las entrañas de su
madre, y fue lleno del Espíritu Santo, así a
su modo los de esta Congregación visiten a los presos
y los llenen de consuelo".
Tenía su sede en la Casa Profesa de los jesuitas en Sevilla.
No duró muchos años pues no le gustó al Padre
General Claudio Aquaviva, ya que "de regla no había
confesiones ni comuniones, sino cuando mucho una plática
cada mes", por lo que ordenó que no estuviera
en la Casa provincial. Se allí pasó al Hospital
de las Vírgenes (Santas Justa y Rufina), donde se fue
extinguiendo paulatinamente. [Volver
al punto de lectura]
artículo gentileza de Alberto
Pozo Ruiz
| Bibliografía |
Sánchez Herrero, José. Las cofradías de
Sevilla, historia, antropología, arte. Universidad y
Ayuntamiento de Sevilla. Sevilla, 1985. |
González Moreno, Joaquín. Vía Crucis a
la Cruz del Campo. Editorial Castillejo. Sevilla, 1992. |
Carrero Rodríguez, Juan. Anales de la cofradías
sevillanas. Hermandad de las Penas. Sevilla, 1984. |
Gómez Lara,Manuel J./Jiménez Barrientos, Jorge.
Guía de la Semana Santa en Sevilla. Ayuntamiento de Sevilla,
1992 |
Ortiz de Zúñiga, Diego; "Anales eclesiásticos
y seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla...";
Madrid, 1677 |
"Grandeza y miseria en Andalucia. Testimonio de una encrucijada
histórica 1578-1616", Pedro de León, 1616
/Edición, introducción y notas de Pedro Herra
Puga / Granada 1981. Contiene íntegro el "Compendio
de algunas experiencias..." del Padre León. La Cofradía
se describe en el Cap. 2, pags. 202-203 |
González
de León, Félix: "Historia crítica
y descriptiva de las cofradías de penitencia, sangre
y luz, fundadas en la ciudad de Sevilla, con noticias del origen,
progresos y estado actual de cada una, y otros sucesos y curiosidades
notables" (1852); ed. facsímil de Ediciones Giralda,
S.L.; Sevilla, 1994 |
| Webs |
| "La
evolución de las Hermandades y Cofradías de Sevilla
desde sus momentos fundacionales a nuestros días"
/ José Sánchez Herrero, Catedrático de
Historia Medieval. Universidad de Sevilla |
|