El Colegio de San Miguel
Los más antiguos estudios de Sevilla, según Rodrigo
Caro, son los del Colegio de San Miguel, fundación del
Cabildo eclesiástico. Hazañas, por su parte, nos
dice que: "En el Colegio de San Miguel se educaban los jóvenes
que asistían al Coro de la Catedral, primero en la lengua
latina y letras humanas, y después en Filosofía o
artes liberales, y por último en la ciencia de la Religión.
Más tarde se asoció a éstos estudios la enseñanza
de la música y canto gregoriano, tan necesarios en una Iglesia
metropolitana donde el culto divino era lo más solemne y
devoto de la ciudad". Según Morgado, el Rey Sabio
fundó un Colegio "que asta oy florece con el titulo
de San Miguel". Sin embargo, en estas alusiones se confunde
el Colegio de San Miguel con los Estudios Generales de Alfonso X,
precedente de la Universidad, y con la idea de Seminario eclesiástico,
que no apareció hasta mucho más tarde.
La más antigua referencia al citado Colegio se debe a Espinosa
de los Monteros, quien asegura que en 1401, al comenzar las
obras de la catedral sevillana, se trasladaron al Colegio de San
Miguel los huesos de las personas enterradas en la iglesia antigua
hasta que se concluyese la nueva. Esta noticia es recogida por el
erudito sevillano del siglo XVIII, Francisco Lasso de la Vega .
Este primitivo Colegio de San Miguel no era propiamente Seminario
de clérigos, pues atendía a la formación de
los muchachos que participaban en las preces cantadas del Cabildo,
si bien es lógico suponer que entre ellos surgieran vocaciones
eclesiásticas.
Los primeros pasos en la creación de un Colegio Seminario
propiamente eclesiástico los dio hacia 1530 el Venerable
Fernando de Contreras, quien consiguió que el Arzobispo,
Don Alonso Manrique, fundase en el propio Palacio Arzobispal un
Colegio, bajo la advocación de San Isidoro. A este Colegio
pasaron a estudiar los de San Miguel en 1532, pero por poco tiempo,
porque en 1538 moría el Arzobispo, y con él, el Colegio
de San Isidoro. Los mozos de coro volvieron a su residencia de San
Miguel. Había de pasar un siglo hasta que se diese cumplimiento
en Sevilla a las directrices del Concilio de Trento sobre la erección
de Seminarios eclesiásticos. En 1632, el Canónigo
Don Alonso Gómez de Roxas fue a Roma para pedir a la Sede
Apostólica una Bula de creación del Seminario, que
fue concedida el 9 de septiembre de 1633. Un historiador hispalense
relata la fundación en estos términos:
| "Para el servicio del culto divino, ha concedido
licencia nuestro Beatísimo P. Urbano VIII al Deán
y Cabildo para que funde un Colegio de la advocación
de San Isidoro, en que aya sesenta colegiales, los quales se
ocupan en servir los oficios divinos. Lo qual ha puesto en execución,
fundándole en el Colegio de San Miguel, en el mes de
octubre deste presente año de 1635. El Cabildo nombró
50 colegiales, y diez el Chantre, los quales traen el manto
pardo y la beca azul; y los gobierna un sacerdote con título
de Rector. Está exento de jurisdicción ordinaria.
La jurisdicción la dio el Papa al Deán y Cabildo,
para que lo gobernase y administrase... Léese en él
una lición de casos de conciencia, y ay en él
escuela de Gramática y canto llano y de órgano.
El Cabildo les ha anexado seis veintenas, todas las capellanías
de coro, su encomienda mayor, y las tres menores, y las doce
varas del Sagrario" |
Como se ve por los estudios a realizar, esta fundación no
pasó de ser un Seminario "menor", plantel de vocaciones
para los estudios teológicos, que podían estudiarse
en la Universidad o en los múltiples conventos de la ciudad.
Aunque Espinosa se refiere al año 1635 como el fundacional,
la fecha de acuerdo del Cabildo para ponerlo todo en ejecución
es del 21 de abril de 1634, en que se determina construir un nuevo
Colegio sin pérdida de tiempo, en el mismo lugar del antiguo
de San Miguel, por cuya causa los primeros colegiales (que fueron
los 20 mozos de coro de San Miguel) se alojaron en unas casas junto
al Hospital de Santa Marta. El 24 de mayo siguiente, formados en
comunidad los 20 colegiales, entraron en la Sala Capitular y fueron
reconocidos ante Notario eclesiástico como Colegio-Seminario
de la Santa Iglesia de Sevilla. Finalizado ya el nuevo edificio
del Colegio de San Isidoro (llamado también de San Miguel,
por el sitio) se trasladaron a él los colegiales, el 28 de
septiembre de 1635, ampliándose el numero hasta 50. Cinco
años después, el 26 de febrero de 1640, el Papa Barberini
concedió al Colegio el blasón o escudo de armas de
su familia (tres abejas de oro en campo celeste). Las constituciones
fueron impresas en latín en 1644, y en castellano en 1730.
Los seises gozaron siempre de iguales beneficios que los colegiales-seminaristas.
El Colegio universitario de Santo Tomás
Adelantándose a la realización del Colegio-Universidad
de Maese Rodrigo, el Arzobispo sevillano y promotor de los proyectos
colombinos, el dominico Fray Diego de Deza, gestionó
ante la Santa Sede la fundación del Colegio de Santo Tomás,
que había de ser el rival permanente del Santa María
de Jesús en la colación de los grados universitarios
y en la condición de segunda Universidad de la capital de
Andalucía.
Aunque su propósito inicial era construir el Colegio en
el convento de San Esteban de Salamanca, mediante Bula que obtuvo
de Leon X en 1515, se decidió finalmente por Sevilla, más
al alcance de su solicitud pastoral y fundacional. El 14 de abril
de 1516 el mismo Papa le concedió autorización
para establecerlo en el convento sevillano de San Pablo, también
de la Orden de Predicadores. Pero por motivos de solidez y salubridad
cambió de sitio, escogiendo un emplazamiento muy cercano
al Colegio de Santa María de Jesús, "enfrente
del postigo del Corral de Xerez", precisamente en las casas
que había habitado el mismo Fernández
de Santaella , que eran propiedad del Cabildo. Construido el
edificio con vertiginosa rapidez, el 28 de noviembre de 1517 otorgó
el Arzobispo escritura pública por la que donó al
Colegio el inmueble, "con todas las camas e alaxas e preseas",
dotándole con varias propiedades y censos perpetuos. Nombró
los 16 primeros colegiales, que ese mismo día se instalaron
en el Colegio en presencia de todas las autoridades eclesiásticas
y civiles de la ciudad, levantándose de todo acta notarial.
Con anterioridad, el 14 de noviembre de 1516, otra Bula Pontificia
había concedido al Colegio varios privilegios:
- tener Claustro, cementerio y biblioteca;
- quedaría sujeto a corrección y visita del General
y del Provincial de la Orden de Predicadores de la Bética;
- el nombramiento de Rector, colegiales y ministros, así
como el derecho de patronato, serían privativos de Fray
Diego de Deza, y a su muerte, de quien él designase; en
cambio, la protección y defensa del personal, bienes y
derechos sería cosa del Arzobispo y Cabildo catedral que
por tiempo fueren;
- los colegiales podrían cursar en las Facultades de Artes
y Teología, gozando los mismos privilegios que Salamanca
y demás Estudios Generales del Reino;
- los grados se habían de conferir por el Arzobispo de
Sevilla, canciller del Estudio;
- quedaban autorizados el Arzobispo, Deán y Cabildo para
sustituir, en caso de necesidad, el Colegio de religiosos por
otro de clérigos seculares, con los mismos estatutos. El
Capítulo General de la Orden de Predicadores, celebrado
en Roma, aceptó la fundación como Estudio General
de la misma, con idénticas prerrogativas del que ya funcionaba
en Valladolid.
Quedaba constituida, pues, una peculiarísima Universidad
Pontificia, con facultad para conceder grados en Artes y Teología.
Esta peculiaridad, única en la historia de la enseñanza
superior en el Siglo de Oro español, consistía en
que sólo podían acudir a sus aulas y graduarse en
ella estudiantes regulares de cualquier Orden religiosa. Porque
si bien se creó para la Orden de Predicadores, a poco se
amplió a las demás que quisiesen enviar allí
a sus estudiantes, por Bula de 30 de julio de 1518, "sin
hazer perjuicio por esto a algunas Universidades", y supuesto
siempre el consentimiento de sus superiores. Fray Diego se mostró
generoso con el Colegio y fue ampliando la dotación en años
sucesivos. Además, el 20 de septiembre de 1521 establecía
el estatuto de limpieza de sangre para los colegiales, ya
que "ningún recien convertido o descendiente de recién
convertidos" podía tener acceso a las colegiaturas,
cuyas vacantes eran cubiertas por el propio Arzobispo. Otra singularidad
que tenía como consecuencia inmediata la discriminación
social dentro del propio mundo conventual.
El 11 de julio de 1522 concluyó el Arzobispo fundador los
estatutos definitivos, más numerosos que los de Maese Rodrigo,
pues sumaban 115, en los que quedaba bien claro, de una parte, el
carácter eclesiástico de los estudios, ya que no había
más Facultades que Artes y Teología, y de otra, la
dependencia espiritual y material de la Orden de Predicadores, al
quedar sometidos los colegiales al Provincial dominico, y obligados
al estudio exclusivo de Santo Tomás. La condición
exclusivamente religiosa duró poco tiempo. En 1539 se gestionó
en Roma la extensión del privilegio de grados "a
los seglares, clérigos y legos, que quisiesen estudiar y
recibir los dichos grados", cosa que se consiguió
el 18 de julio por Bula de Paulo III, con grave perjuicio para el
Santa Maria de Jesús, que desde ese momento consideró
mermados los suyos y tuvo al Santo Tomás por rival peligroso,
como quedó comprobado en los siglos posteriores. De hecho,
como apunta Martín Villa, "el Colegio de Santo Tomás
se consideró muy desde los principios tan superior al Santa
María de Jesús cuanto lo era en dignidad el Arzobispo
fundador del Arcediano Santaella".
Al morir Fray Diego de Deza quedaba muy adelantada la construcción
del Colegio, que disfrutaba de mayor amplitud que el de Maese Rodrigo:
| "Dexó labrado el Sr. Fundador con toda
curiosidad el primer claustro alto y bajo, capilla donde fue
sepultado, librería, tres clases, refectorio y sacristía.
Sobre cuyos edificios quedaron labradas once celdas y un mirador
muy espacioso". |
Por Real Cédula de 2 de diciembre de 1540 se aprobó
la donación de un solar vecino al Colegio, que le hacía
el Cabildo municipal, "considerando el mucho fruto que del
dicho Colegio resulta a esta ciudad e vezinos della, a que a él
ban a estudiar e graduarse". Animado por esta concesión,
el Rector solicitó de la ciudad ese mismo año que
interpusiera su valimiento para alcanzar la confirmación
regia. En efecto, el 3 de diciembre, los capitulares acordaban interceder
en favor de la gracia solicitada, haciendo grandes elogios del Colegio
de Santo Tomás. Tres días después, los colegiales
de Maese Rodrigo protestaban en el Ayuntamiento, sin éxito.
Llegada la solicitud al Consejo de Castilla, despachóse Real
Provisión el 10 de febrero de 1541, por la cual
| "todas las personas de Orden Sacra que conforme
a la dicha Bula e Concesión de Nuestro Mui Santo Padre
cursaren en el dicho Collegio, y fueren conforme a ella graduados
en Artes o Theología, puedan gozar e gozen las gracias,
privilegios, libertades, preminencias y prerrogativas que an
gozado y gozan las personas eclesiásticas que se gradúan
en las Universidades de Salamanca y Valladolid, y otras Universidades,
como si en ellas se graduasen". |
Desde entonces se tituló Universidad, con uso de maza, y
formó Claustro desde septiembre de 1541, quedando por Rector
de la Universidad el mismo del Colegio, como en el Santa María
de Jesús.
La tirantez entre ambos Colegios fue aumentando con el tiempo.
El de Maese Rodrigo sucedió temporalmente al Santo Tomás
en los favores del Ayuntamiento, que en 1551, le cedió
el privilegio de Estudio General que tenía de los Reyes Católicos.
Envanecidos con esta victoria, los colegiales de Maese Rodrigo intrigaron
en Salamanca para que no reconociesen allí los grados de
Santo Tomás.
Pero éste acudió en defensa de sus derechos y obtuvo,
a su vez, la resolución de 5 de agosto de 1574, por la que
la primera Universidad del Reino admitía sus grados "como
los demás cursos de las Universidades aprobadas". Otro
auto de 1 de julio de 1575 extendía el privilegio de graduación
a los legos, aunque sólo en las Facultades de Artes y Teología.
Fomentó Santa María de Jesús otro recurso,
pretendiendo se restringiesen los grados y que no se titulase Universidad,
lo que consiguió por Real Cédula de 19 de diciembre
de 1576, pero veinte años después -el 20 de diciembre
de 1596- el Consejo declaró que el Colegio de Santo Tomás
era Estudio General en igual clase que las demás Universidades.
 |
Durante todo el siglo XVII fue haciéndose cada vez más
sólido el Prestigio del Santo Tomás, al mismo tiempo
que decaía, por los abusos colegiales, el Santa María
de Jesús. A él acudían muchos jóvenes
sevillanos de la alta sociedad a estudiar las Artes, y los teólogos
a prepararse para las sagradas órdenes. Además, cualquier
bachiller podía licenciarse y doctorarse en él, admitiéndose
también la incorporación de grados de otras Universidades.
El litigio jurisdiccional que, desde la fundación, se había
suscitado entre el clero secular -representado por el Arzobispo
y el Cabildo- y el regular -en la persona del Provincial dominico
de la Bética- quedó zanjado por un Breve de Clemente
VIII, de 15 de enero de 1600, en que se nombraba ejecutores de la
elección de Rector y Consiliarios al Arzobispo, Maestrescuela
de Sevilla y Arcediano de Niebla, con exclusión de los superiores
dominicos.
Siguió Santo Tomás titulándose Universidad,
contra los privilegios de Santa María de Jesús, que
nunca reconoció sus grados, hasta el 20 de mayo de
1662, en que un auto del Consejo prohibió definitivamente
tal denominación, confirmándose la sentencia tres
años después, al restringir la colación de
grados a los propios alumnos del colegio.
Para compensar este fracaso, decidió denominarse en lo sucesivo
Academia Cesárea, nombre que le fue aceptado oficialmente
en 1672, frente a la oposición del Maese Rodrigo. Los gastos
de todos estos pleitos habían sumado más de 12.000
ducados.
A principios del siglo XVIII el Colegio de Santo Tomás calculaba
sus ingresos en unos 8.000 ducados cada cinco años, renta
fija de las fincas que tenía arrendadas, "sin administrarlas
por si, por no emplearse en esta extraña ocupación".
Tenía 20 colegiales, con un Rector y dos Consiliarios anuales,
procedentes de las provincias de Andalucía, Castilla y Aragón,
de la Orden de Predicadores. La elección recaía siempre
en "los sujetos más hábiles". Pero la independencia
del colegio se había consolidado. La única autoridad
en el Colegio era la del Rector y Consiliarios, que con el Provisor
o Juez de la iglesia catedral, tenían facultad para legislar
y modificar los estatutos. Quedaban subordinados al Padre General
y a los Provinciales sólo en cuanto religiosos.
Las cátedras de Filosofía eran tres: Lógica
y Física, Metafísica y Filosofía Moral. "Aunque
antes se escribían estas materias, ahora se estudian por
Goudin, por ser el más breve, completo y metódico".
En Teología había cinco cátedras: Prima, Vísperas,
Escritura, Moral y Lugares Teológicos. "No se lee
ni cita más autor que la Summa de Santo Tomás",
excepto en la última asignatura, que se seguía a Melchor
Cano". "Por su institución no tenía el Colegio
clases de Gramática, pero por los años de 1598, excitado
de la mucha necesidad de estas escuelas y observando que los regulares
de la Compañía se arrogaban toda la enseñanza,
determinó abrir dos clases de Gramática y Retórica,
que sirvieron dos maestros eclesiásticos seculares asalariados,
hasta 1623, en que los Jueces de Estatuto tuvieron por más
conveniente que ejercitasen estas cátedras dos religiosos
de la Orden, como se ha verificado hasta el presente". Vemos
ya en estas frases la naciente rivalidad con otra poderosa institución
docente: la Compañía de Jesús.
A las seis de la mañana todos los estudiantes, presididos
por el Maestro, rezaban el rosario y oían la Santa Misa.
Después tenían clase hasta las once. Cuatro veces
al año comulgaban obligatoriamente de mano de sus maestros.
Además del personal docente -exclusivamente religiosos dominicos-
había cinco religiosos legos para los oficios de cocina y
refectorio, sacristía, etc., y tres fámulos seculares,
"que se admiten los más hábiles por oposición,
para el estudio de la Filosofía y Teología, y por
costumbre inmemorial, los Padres colegiales y demás sacerdotes
del Colegio conservan la caritativa obligación de mantener
cada uno de su Plato un estudiante pobre, que les sirve para el
aseo de su celda, resultando de aquí otros tantos clérigos
instruidos para el servicio de la Iglesia". A todos les estaba
prohibido asistir a fiestas, entierros o recibir limosnas y legados,
con pensión de misas. La iglesia no era pública, y
tenía una capilla interior para rezar el Oficio canónico
y celebrar el Santo Sacrificio sin púlpito ni confesonario.
Ningún colegial podía intervenir en contrato matrimonial,
ni en testamento, y sólo podían ejercer su ministerio
eclesiástico en la Real Casa, en los Tribunales y en la Iglesia
matriz. 
El Colegio de San Hermenegildo
Algo más complicada resulta la historia de la fundación
del Colegio jesuita de San Hermenegildo. El 26 de septiembre de
1552 llegó a Córdoba, con un compañero, el
Padre Francisco Villanueva, de la Compañía de Jesús,
después de haber conferenciado en Montilla con la Marquesa
de Priego, a quien venían recomendados por su hijo, el Padre
Antonio de Córdoba, que pocos años antes había
ingresado en la Compañía. Con el apoyo moral y material
de tan ilustre dama, abrieron los Padres escuelas de Gramática
en Córdoba, en unas casas propiedad de la citada marquesa,
el 13 de diciembre de 1553. Para entonces, ya el Fundador de la
Compañía había nombrado Rector del nuevo Colegio
al propio P. Antonio de Córdoba, quien vino a la capital
andaluza con el futuro San Francisco de Borja y otro diez jesuitas.
Esta ciudad fue el centro de expansión de la Orden por Andalucía.
A principios de mayo de 1554 entraron en Sevilla los dos primeros
jesuitas. Por octubre del mismo año, la comunidad tenía
ya doce religiosos, quienes vivían en "casa prestada
y sin iglesia". El 19 de febrero de 1558 quedó fundada
la Casa Profesa en unos locales que compraron con limosnas a un
tal Hernando Suárez. En 1561 abrieron aquí cuatro
clases de Gramática, "para lo cual pasó de Córdoba
el P. Pedro de Azevedo". En 1563 había ya clase de Retórica,
y en 1564, de Filosofía.
El éxito y la prosperidad acompañaron a los jesuitas
en estos primeros años de su historia. La provincia Bética,
una de las más florecientes, contaba en 1579 con nueve Colegios
y 260 religiosos. Precisamente este mismo año acudió
el P. Provincial al Ayuntamiento hispalense en solicitud de ayuda
para sus estudios. La erección de una suntuosa iglesia aneja
al local de la Casa Profesa les obligaba a suprimir algunas aulas,
y por ello se veían precisados a buscar nuevo local. En el
Memorial presentado se hacía ver cómo tenían
casi mil estudiantes y se habían desestimado otras mil
peticiones por falta de espacio. El Ayuntamiento se hizo eco inmediatamente
de la petición y comisionó a dos diputados para que
comprasen en la ciudad un local adecuado. Los gastos se sufragarían
con las rentas del Almojarifazgo mayor, "pues en ninguna cosa
se podía gastar con tanta utilidad pública, y que
la casa que, se hiciese quedase por la Ciudad y su Patronazgo, bajo
la advocación de San Hermenegildo". El resultado fue
la compra de unas casas en la calle de Las Palmas, frente de la
iglesia de San Miguel, el día 19 de septiembre de 1579, "donde
con sigilo se dispuso iglesia y puso campana sobre la puerta, y
al día siguiente se tocó a Misa, y dijo la primera
a puerta abierta, quedando desde este día el Santísimo
en el Sagrario". Pasó como Vicerrector y Prefecto de
estudios el P. Luis Alvarez, y "continuáronse aquí
las lecciones de Gramática y Filosofía, que era lo
que entonces había".
Muy justificado estaba el sigilo con que se había procedido,
porque en el mismo seno del Cabildo municipal había surgido,
con fuerza insospechada, la oposición. El 28 de julio de
1580 se hizo ésta patente cuando Juan del Castillo, en nombre
del Cabildo de Jurados, pidió se declarase nula la cesión;
y que los jesuitas pagasen de su bolsillo lo que se había
gastado, porque "los bienes de la Ciudad no se pueden gastar
en hacer gracias unos a otros ni a otra persona alguna". La
petición quedó razonada así:
| "Cuando los dichos padres de la Compañía
habían ido a la dicha Ciudad, que podía hacer
veinte años, poco más o menos, havían ido
publicando pobreza, dicendo que querían hazer Colegio
para enseñar a los niños, y so color de esto,
y con limosnas de los vecinos, habían comprado una casa
principal, que había costado 10.000 ducados, y en ella
y en otra que habían comprado a la redonda, habían
hecho su Casa e Iglesia y Colegio, que valía el valor
dello más de 70000 ducados, todo lo qual se había
hecho y labrado con limosna de los vecinos de dicha Ciudad,
la qual les había dado 4.500 ducados para hazer los generales
para leer y enseñar a los niños; los quales se
habían hecho mui grandes y muí sumptuosos, con
su patio grande y quatro corredores... y aulas tan grandes que
podían caber el doble de estudiantes que al presente
habian... de manera que el nuevo Colegio que pedían no
le habían menester, y era querer que con so color de
hazer Colegio, hazer otro nuevo monasterio." |
La oposición se hacía más concreta al descender
a las causas de la donación, que importaba más de
50.000 ducados, pues "había sido con negociaciones que
habían tenido los dichos padres de la Compañía
con Vos, el dicho Asistente, por tener un hijo de la dicha Orden
en el dicho monasterio de la dicha Ciudad, que aunque estaba en
otra parte residiendo, se le había traído allí
por darle gusto para este fin; y asimismo lo había negociado
con Melchor Alcázar, Veinticuatro, que era el principal autor
de este negocio, por tener otro hijo en la dicha Orden". Esta
primera acusación contra la Compañía se endurecía
al afirmar, sin rodeos, que los jesuitas "no administraban
sacramentos a los pobres sino a los ricos".
Sin embargo, Castillo reconocía que la enseñanza
que impartían era muy eficiente, "pues casi todos los
otros estudiantes de los demás Estudios se habian venido
a los de la Compañía, porque en los demás Estudios
no había el orden de clases y distinción de maestros,
e los demás medios que en la dicha Compañía
se ponían".
Pese a esta adversa postura, la traslación del Colegio adquirió
solidez con el tiempo y su prestigio no hizo más que aumentar.
En 1581 se le entregaron las rentas del antiguo edificio, que quedó
reducido a Casa Profesa, con 60 individuos que vivían de
limosna. En 1584, al mismo tiempo que se fundaba la Congregación
de la Anunciata, daban principio los cursos de Teología en
San Hermenegildo, que contaba ya con la protección real.
La Ciudad, además del local, entregó 5.000 ducados
de limosna. El 22 de septiembre de 1587 se empezaron a construir,
también a expensas de la Ciudad, unas escuelas de Gramática
junto a San Hermenegildo. En ellas enseñarían los
jesuitas Latinidad, con carácter gratuito, a los niños
pobres de Sevilla. El Ayuntamiento subvencionó la obra con
un total de 23.000 ducados. Tendrían estas escuelas puertas
a la calle, con las armas de la Ciudad y una inscripción
que publicase ser suyas las escuelas. El municipio no podría
cederlas ni disponer del edificio, hipotecario o venderlo, "pero
sucediendo caso de que dicho Colegio se deshaga o se mude a otra
parte... la Ciudad queda libre de este compromiso".
Terminadas las obras se bendijo el edificio y consagró a
San Hermenegildo, en 1590. Hízose un gran "coloquio"
al que asistió el Arzobispo, ambos Cabildos, Audiencia y
toda la nobleza sevillana.
La evolución posterior del Colegio
El actual edificio de San Hermenegildo ha sufrido numerosas transformaciones
a lo largo de su historia, no sólo en sus funciones, sino
también en su disposición arquitéctonica. Actualmente
sólo se conserva la iglesia de lo que fue el complejo original,
constituido por la propia iglesia y el edificio anexo, que fuera
el colegio jesuita.
Inicialmente, el edificio ubicado en la actual plaza de la Concordia,
se construyó según los planos de Juan Bautista Villalpando,
aunque después, en el año 1614, el jesuita Pedro Sánchez
rediseñó parcialmente la planta del edificio, que
presenta disposición manierista, inspirada en la sala capitular
de la catedral de Sevilla. El centro de la cúpula consta
de una cartela elíptica de la que nacen doce nervios radiales,
que se abren cuando apoyan en los muros, incluyéndose en
estos espacios figuras de santos, temas vegetales y cabezas de ángeles,
apareciendo también entre los nervios lunetos con ventanas.
El diseño de las yeserías, realizadas entre 1619 y
1620 se atribuye a Francisco Herrera el Viejo. La portada se debe
a Alonso de Vandelvira.
Tras la expulsión de los jesuitas de España en 1767,
el edificio del Colegio albergó a la institución de
los "niños toribios", una especie de correccional
para menores conflictivos (2). En 1802 el edificio
cambia nuevamente de función, siendo esta vez cuartel del
tercer regimiento de artillería, al tiempo que los "toribios"
son trasladados a la casa Pumarejo. Durante la invasión napoleónica,
el edificio fue objeto de repetidos saqueos en los que gran parte
del patrimonio de la iglesia fue expoliado.
En 1823, desde el 23 de abril al 11 de junio, San Hermenegildo
acogió las Cortes constitucionales, celebrándose en
su iglesia las sesiones parlamentarias, a la vez que el tercer regimiento
artillero se traslada al contiguo Hospicio de Indias de la Compañía
de Jesús (anexo a la iglesia). Tras el avance de los Cien
Mil Hijos de San Luis, las Cortes decidieron su traslado a Cádiz.
Los diputados marcharon precipitadamente de Sevilla el día
12 y con ellos los útlimos destacamentos de milicianos y
soldados.
Posteriormente la iglesia quedó sin uso hasta el 25 de diciembre
de 1836, fecha en la que, por un período de cuatro meses,
se utilizó como teatro hasta el 30 de abril de 1837, (estrenándose
obras de autores como Rossini y Monteschi). Mientras, el antiguo
Hospicio de la Compañía de Jesús siguió
siendo cuartel, función que desempeñará hasta
su derribo en 1956. Desaparecido el cuartel, comenzaron las obras
de restauración de la iglesia, a la que se dio su aspecto
actual, dotándola también de una plaza aledaña
(Plaza de la Concordia) al aprovechar el espacio que ocupaba el
viejo cuartel.
Desde entonces y hasta 1968, la iglesia permaneció inactiva,
momento en el que se le asignaron funciones de carácter cultural,
exceptuando el periodo fundamental en que acogió los plenos
del Parlamento Andaluz entre el 3 de diciembre de 1985 y el 28 de
febrero de 1992, tras el cual fue empleada nuevamente para fines
generalmente culturales. En 1995 se instaló en ella una sala
de congresos y exposiciones del Ayuntamiento de Sevilla, uso que
permanece en la actualidad.
El Colegio de San Gregorio o de los ingleses
En 1592, a instancias de Felipe II, se instituyó en Sevilla
el Colegio de San Gregorio, para jóvenes Ingleses,
hijos de padres católicos, que quisiesen seguir los estudios
eclesiásticos en España, haciendo voto de volver a
Inglaterra, "como ministros del Evangelio, por párrocos
y pastores de los católicos ocultos en aquel Reino por la
persecución". Se erigió el Colegio con Bula de
Clemente VIII, "con facultad de graduarlos en todos los grados
de literatura que se dan en las Universidades". Estudiaban
aquí Filosofía y Teología escolástica,
"y las controversias en defensa de los sagrados dogmas de nuestra
fe santa. Por ella son muchos los colegiales de este Colegio que
han padecido martirio en Inglaterra".
Según Ortiz de Zúñiga (Anales), empezó
este colegio en la collación de San Lorenzo el 25 de noviembre
de 1592, pasando poco después a una casas del antiguo Mayorazgo
de los Señores de Castilleja de Talhara, Ortices y Melgarejos,
donde estando ya expedidas Bulas de su confirmación desde
el 11 de mayo por el papa Clemente VIII, se acabó de perfeccionar,
aunque siempre tuvo poco hacienda. El título del colegio
era el de San Gregorio, papa conocido como el Magno, y que pasó
a la historia por ser en su pontificado cuando se logró la
conversión de Inglaterra al catolicismo, a finales del siglo
VI (aunque quizá su papel más conocido sería
la fijación definitiva del canto sagrado, el llamado Canto
gregoriano). Por tanto era un nombre muy familiar para los católicos
británicos e incluso para los sevillanos, pues fue amigo
íntimo de San Leandro de Sevilla. Así nos cuenta Zúñiga
la fundación del Colegio Inglés:
| "de esta Ciudad que está a cargo de la Compañía
de Jesús, tuvo principio este año de 1592 a 25
de noviembre, viniendo con cartas del Rey a solicitar su fundación
en beneficio de la oculta cristiandad de aquel reino el Padre
Roberto Personio [Parsons], de la misma Compañía,
varón insigne, a quien entre otras de recomendación
dio el Rey ésta para el Cardenal Arzobispo:
Don Felipe por la gracia de Dios, etc. Muy reverendo en Cristo
Padre Cardenal Arzobispo de Sevilla, nuestro muy caro y muy
amado amigo, ya tenéis noticia de Roberto Personio
de la Compañía de Jesús, y sabéis
cuán buena cosa es y en cuán buenos pasos anda:
ahora va allá a lo que de él entenderéis,
y la calidad de la obra, de que es de creer que sacará
Dios Nuestro Señor mucho fruto para su servicio; y
aunque siendo esta obra tal, se pudiera ejecutar el encomendárosla,
todavía os encargo la favorezcáis y ayudéis
por vuestra parte en lo que fuere menester para la buena ejecución
de ella, procurando que se haga con secreto y disimulación,
como veréis que conviene, y acoged a este padre como
lo merece su buen espíritu y bondad: y sea muy reverendo
en Cristo Padre Cardenal de Sevilla, mi muy caro y muy amado
amigo, nuestro Señor en vuestra continua guardia. Madrid.
12 de septiembre de 1592." (1) |
El Colegio de la Concepción,
de San Patricio o de los irlandeses
 |
El Colegio de la Concepción de Nuestra Señora y de
la Santa Fe destinado a la formación eclesiástica
de jóvenes irlandeses, tiene su oscuro origen a fines del
siglo XVI, en que piadosos sevillanos acogían en sus casas
a jóvenes procedentes de Irlanda, que venían huyendo
de la persecución protestante. Ortiz de Zúñiga
(Anales, año 1618, núm. 3) dice que empezó
formalmente en 1614. El 11 de abril de 1616, el sevillano Gregorio
de Medina Ferragut hizo donación de una casa en la calle
de la Garbancera para la instalación del Colegio (llamado
también de San Patricio), con un corral anejo que daba a
la Alameda. El Colegio fue ampliando sus locales mediante la compra
de casas vecinas en 1656, 1717, 1720, 1721 y 1734. Asimismo, se
vio favorecido con un Breve de Paulo V, con fecha 10 de julio de
1617, en el que se concedía a los alumnos el poderse ordenar
sin patrimonio ni beneficio eclesiástico, pero obligándose
a volver a Irlanda, a predicar la fe católica.
A petición de don Félix de Guzmán, Dignidad
de Sevilla, Felipe III encargó el Colegio a la Compañía
de Jesús el 25 de julio de 1619, siguiendo el ejemplo
de otros Colegios regidos por la misma Compañía
en Lisboa, Santiago, Salamanca y Flandes. El primer Rector del
Colegio, antes de la llegada de los jesuitas, fue el Venerable
Teobaldo Stapleton, que había estado en el colegio irlandés
de Lisboa antes de venir a Sevilla. El primer Rector jesuita
fue el Padre Conveo, irlandés.
Fueron colegiales destacados de este Colegio Edmund Brun, que
fue Arzobispo de Dublín;
Diego Lync, Arzobispo de Iuan, y el también Obispo Lucas
Fagan. Del Colegio de Salamanca salieron cinco Obispos, cuatro
Arzobispos y un Primado.
El Colegio tenía por instituto "recibir
estudiantes irlandeses, perfectos Gramáticos, de conocida habilidad,
juicio y virtud; de limpia y pura sangre, de padres y ascendientes
católicos y honrados", según afirma un documento
de 1720. Eran examinados en Irlanda, antes de venir a España,
por el Superior de la Compañía, "sin
cuyo informe y patente no pueden ser admitidos en este Seminario". Estudiaban
Filosofía y Teología escolástica,
"para
los altos y gloriosos fines de volver a su patria a predicar el
santo Evangelio, administrar los Santos Sacramentos, consolar y
alentar a sus paisanos, y combatir y rebatir a los herejes, enemigos
declarados de nuestros alumnos teólogos, por la experiencia
que tienen de la grande y constante guerra que han hecho siempre
a sus falsos dogmas y heregías, en cuyas frecuentes lides
y batallas han perdido nuestros colegiales, unos las vidas, otros
la Patria y otros la libertad y salud en una cárcel perpetua.
Y cualquiera de estos irlandeses que sale de Irlanda a estudiar
a España tiene impuesta la gravísima pena de crimen
legal Majestatis por el Gobierno de Inglaterra, y si a la vuelta
de España los descubren y aprehenden, infaliblemente los
ahorcan, ofreciendo grandes premios a los que los descubren y delatan".
Sin embargo, estos valientes jóvenes hacían juramento
público de volver a Irlanda, antes de tomar la Beca, "porque
el temor de tantos riesgos y peligros en volver a Irlanda o el amor
y afecto que de nuevo conciben a España, ni embarace sus
gloriosos intentos ni entibie sus fervorosos propósitos".
La pobreza del Colegio era suma, y vivía sólo de limosnas:
cincuenta reales mensuales y cuatro fanegas de trigo por Pascuas
les donaba el Arzobispado; cien ducados al año, el Cabildo
eclesiástico, hasta 1710, en que le quitó un tercio
para socorrer a las Religiosas de la Encarnación. Los Padres
se quejan en 1717 de que les quedan sólo "poco más
de mil reales para mantener el número de colegiales, que
hoy son siete, y los jesuitas y mozos, con los gastos de iglesia
y sacristía, que viene a ser lo mismo que vivir eternamente
de limosna". Para colmo, cien ducados de renta que les dejó
el canónigo Gerónimo Zapata "ha muchos años
que está embargada por los Padres del Colegio de San Alberto
(carmelitas) en satisfacción de un censo que este Seminario
paga a dicho Colegio". Durante el siglo XVIII la decadencia
fue progresiva hasta la época de la expulsión de la
Compañía.
|
Resumiendo:
A fines del siglo XVI, pues, la enseñanza en
Sevilla contaba con el Colegio de Santo Tomás, donde
se enseñaba Filosofía y Teología; el
Colegio de Maese Rodrigo, que era de colegiales juristas,
embrión de la futura Universidad de Sevilla; el de
San Miguel, que era de Gramática, pero "muy costoso
y no bien ordenado"; y San Hermenegildo, de los padres
jesuitas, al cual "toda la gente principal lleva sus
hijos, por las buenas costumbres y virtud que les enseñaban".
Con el tiempo, las aulas del San Hermenegildo se vieron frecuentadas
por colegiales de otros tres Colegios: el de la Purísima
Concepción (de las Becas), el de San Gregorio (para
ingleses) y el de San Patricio (para irlandeses), los tres
regentados por la misma Compañía de Jesús.
|
Notas:
(1) Cita recogida por Pedro Herrera Puga en "Grandeza
y miseria en Andalucía", pág. 395
(2) La institución de Los Toribios de Sevilla
fue fundada por el llamado Hermano Toribio (Toribio de Velasco)
en 1723. Se considera precursora de los Tribunales de Menores pues
su misión era la regeneración de los menores delincuentes
y la protección de los menores desamparados (huérfanos),
recogiendo a los niños que vivían en la calle y dándoles
oportunidad de formarse; llegó a juntar a 150 niños;
en la gestión y dirección del centro, los niños
tenían una parte muy activa. Su importancia radica en que
la regla general hasta el siglo XIX, era el procesamiento, encarcelamiento
y hacinamiento común en establecimientos penitenciarios de
menores y adultos delincuentes. Sólo fueron permitidos por
vía de privilegio y excepción, internamientos de jóvenes
en casas-refugio, hospitales y, en algún caso concreto, en
asilos para jóvenes desamparados como este de Toribio de
Velasco. (Véase Montero Pedrera, Ana Mª: "La escuela
hospicio de los niños Toribios. Fundación sevillana
del siglo XVIII". En Educación Popular. Actas del VIII
Coloquio de Historia de la Educación, Universidad de La Laguna,
1998, Tomo I, pp. 245-253.)
| |
Para saber más... |
 |
"La Universidad de Sevilla en el siglo XVIII. Estudio
sobre la primera reforma universitaria moderna" / Francisco
Aguilar Piñal /Anales de la Universidad Hispalense nº
1; Sevilla, 1969 |
|