Portada de la web Alma Mater Hispalense
Historia de la Universidad de Sevilla
Patrimonio histórico-artístico de la Universidad de Sevilla
Las sedes históricas de la Universidad de Sevilla





De los centros de enseñanza en la Sevilla del siglo XVI

Colegios: San Miguel | Santo Tomás | San Hermenegildo | de los Ingleses | de los Irlandeses

El Colegio de San Miguel

puerta san miguel
Puerta de San Miguel, de la Catedral de Sevilla, llamada así por estar enfrente del antiguo Colegio del mismo nombre, del que no queda nada. La advocación propia de la puerta es "del Nacimiento", por el relieve de su tímpano, realizado por Lorenzo Mercadante de Bretaña entre 1464 y 1467.

Los más antiguos estudios de Sevilla, según Rodrigo Caro, son los del Colegio de San Miguel, fundación del Cabildo eclesiástico. Hazañas, por su parte, nos dice que: "En el Colegio de San Miguel se educaban los jóvenes que asistían al Coro de la Catedral, primero en la lengua latina y letras humanas, y después en Filosofía o artes liberales, y por último en la ciencia de la Religión. Más tarde se asoció a éstos estudios la enseñanza de la música y canto gregoriano, tan necesarios en una Iglesia metropolitana donde el culto divino era lo más solemne y devoto de la ciudad". Según Morgado, el Rey Sabio fundó un Colegio "que asta oy florece con el titulo de San Miguel". Sin embargo, en estas alusiones se confunde el Colegio de San Miguel con los Estudios Generales de Alfonso X, precedente de la Universidad, y con la idea de Seminario eclesiástico, que no apareció hasta mucho más tarde.

La más antigua referencia al citado Colegio se debe a Espinosa de los Monteros, quien asegura que en 1401, al comenzar las obras de la catedral sevillana, se trasladaron al Colegio de San Miguel los huesos de las personas enterradas en la iglesia antigua hasta que se concluyese la nueva. Esta noticia es recogida por el erudito sevillano del siglo XVIII, Francisco Lasso de la Vega . Este primitivo Colegio de San Miguel no era propiamente Seminario de clérigos, pues atendía a la formación de los muchachos que participaban en las preces cantadas del Cabildo, si bien es lógico suponer que entre ellos surgieran vocaciones eclesiásticas.

Los primeros pasos en la creación de un Colegio Seminario propiamente eclesiástico los dio hacia 1530 el Venerable Fernando de Contreras, quien consiguió que el Arzobispo, Don Alonso Manrique, fundase en el propio Palacio Arzobispal un Colegio, bajo la advocación de San Isidoro. A este Colegio pasaron a estudiar los de San Miguel en 1532, pero por poco tiempo, porque en 1538 moría el Arzobispo, y con él, el Colegio de San Isidoro. Los mozos de coro volvieron a su residencia de San Miguel. Había de pasar un siglo hasta que se diese cumplimiento en Sevilla a las directrices del Concilio de Trento sobre la erección de Seminarios eclesiásticos. En 1632, el Canónigo Don Alonso Gómez de Roxas fue a Roma para pedir a la Sede Apostólica una Bula de creación del Seminario, que fue concedida el 9 de septiembre de 1633. Un historiador hispalense relata la fundación en estos términos:

 "Para el servicio del culto divino, ha concedido licencia nuestro Beatísimo P. Urbano VIII al Deán y Cabildo para que funde un Colegio de la advocación de San Isidoro, en que aya sesenta colegiales, los quales se ocupan en servir los oficios divinos. Lo qual ha puesto en execución, fundándole en el Colegio de San Miguel, en el mes de octubre deste presente año de 1635. El Cabildo nombró 50 colegiales, y diez el Chantre, los quales traen el manto pardo y la beca azul; y los gobierna un sacerdote con título de Rector. Está exento de jurisdicción ordinaria. La jurisdicción la dio el Papa al Deán y Cabildo, para que lo gobernase y administrase... Léese en él una lición de casos de conciencia, y ay en él escuela de Gramática y canto llano y de órgano. El Cabildo les ha anexado seis veintenas, todas las capellanías de coro, su encomienda mayor, y las tres menores, y las doce varas del Sagrario"

Como se ve por los estudios a realizar, esta fundación no pasó de ser un Seminario "menor", plantel de vocaciones para los estudios teológicos, que podían estudiarse en la Universidad o en los múltiples conventos de la ciudad. Aunque Espinosa se refiere al año 1635 como el fundacional, la fecha de acuerdo del Cabildo para ponerlo todo en ejecución es del 21 de abril de 1634, en que se determina construir un nuevo Colegio sin pérdida de tiempo, en el mismo lugar del antiguo de San Miguel, por cuya causa los primeros colegiales (que fueron los 20 mozos de coro de San Miguel) se alojaron en unas casas junto al Hospital de Santa Marta. El 24 de mayo siguiente, formados en comunidad los 20 colegiales, entraron en la Sala Capitular y fueron reconocidos ante Notario eclesiástico como Colegio-Seminario de la Santa Iglesia de Sevilla. Finalizado ya el nuevo edificio del Colegio de San Isidoro (llamado también de San Miguel, por el sitio) se trasladaron a él los colegiales, el 28 de septiembre de 1635, ampliándose el numero hasta 50. Cinco años después, el 26 de febrero de 1640, el Papa Barberini concedió al Colegio el blasón o escudo de armas de su familia (tres abejas de oro en campo celeste). Las constituciones fueron impresas en latín en 1644, y en castellano en 1730. Los seises gozaron siempre de iguales beneficios que los colegiales-seminaristas.

El Colegio universitario de Santo Tomás

diego de deza
Fray Diego de Deza, fundador del Colegio de Santo Tomás, en un detalle del cuadro Apoteosis de Santo Tomás, que Zurbarán pintó para el centro (Museo BB.Artes Sevilla)

Adelantándose a la realización del Colegio-Universidad de Maese Rodrigo, el Arzobispo sevillano y promotor de los proyectos colombinos, el dominico Fray Diego de Deza, gestionó ante la Santa Sede la fundación del Colegio de Santo Tomás, que había de ser el rival permanente del Santa María de Jesús en la colación de los grados universitarios y en la condición de segunda Universidad de la capital de Andalucía.

Aunque su propósito inicial era construir el Colegio en el convento de San Esteban de Salamanca, mediante Bula que obtuvo de Leon X en 1515, se decidió finalmente por Sevilla, más al alcance de su solicitud pastoral y fundacional. El 14 de abril de 1516 el mismo Papa le concedió autorización para establecerlo en el convento sevillano de San Pablo, también de la Orden de Predicadores. Pero por motivos de solidez y salubridad cambió de sitio, escogiendo un emplazamiento muy cercano al Colegio de Santa María de Jesús, "enfrente del postigo del Corral de Xerez", precisamente en las casas que había habitado el mismo Fernández de Santaella , que eran propiedad del Cabildo. Construido el edificio con vertiginosa rapidez, el 28 de noviembre de 1517 otorgó el Arzobispo escritura pública por la que donó al Colegio el inmueble, "con todas las camas e alaxas e preseas", dotándole con varias propiedades y censos perpetuos. Nombró los 16 primeros colegiales, que ese mismo día se instalaron en el Colegio en presencia de todas las autoridades eclesiásticas y civiles de la ciudad, levantándose de todo acta notarial.

Con anterioridad, el 14 de noviembre de 1516, otra Bula Pontificia había concedido al Colegio varios privilegios:

  • tener Claustro, cementerio y biblioteca;
  • quedaría sujeto a corrección y visita del General y del Provincial de la Orden de Predicadores de la Bética;
  • el nombramiento de Rector, colegiales y ministros, así como el derecho de patronato, serían privativos de Fray Diego de Deza, y a su muerte, de quien él designase; en cambio, la protección y defensa del personal, bienes y derechos sería cosa del Arzobispo y Cabildo catedral que por tiempo fueren;
  • los colegiales podrían cursar en las Facultades de Artes y Teología, gozando los mismos privilegios que Salamanca y demás Estudios Generales del Reino;
  • los grados se habían de conferir por el Arzobispo de Sevilla, canciller del Estudio;
  • quedaban autorizados el Arzobispo, Deán y Cabildo para sustituir, en caso de necesidad, el Colegio de religiosos por otro de clérigos seculares, con los mismos estatutos. El Capítulo General de la Orden de Predicadores, celebrado en Roma, aceptó la fundación como Estudio General de la misma, con idénticas prerrogativas del que ya funcionaba en Valladolid.

Quedaba constituida, pues, una peculiarísima Universidad Pontificia, con facultad para conceder grados en Artes y Teología. Esta peculiaridad, única en la historia de la enseñanza superior en el Siglo de Oro español, consistía en que sólo podían acudir a sus aulas y graduarse en ella estudiantes regulares de cualquier Orden religiosa. Porque si bien se creó para la Orden de Predicadores, a poco se amplió a las demás que quisiesen enviar allí a sus estudiantes, por Bula de 30 de julio de 1518, "sin hazer perjuicio por esto a algunas Universidades", y supuesto siempre el consentimiento de sus superiores. Fray Diego se mostró generoso con el Colegio y fue ampliando la dotación en años sucesivos. Además, el 20 de septiembre de 1521 establecía el estatuto de limpieza de sangre para los colegiales, ya que "ningún recien convertido o descendiente de recién convertidos" podía tener acceso a las colegiaturas, cuyas vacantes eran cubiertas por el propio Arzobispo. Otra singularidad que tenía como consecuencia inmediata la discriminación social dentro del propio mundo conventual.

El 11 de julio de 1522 concluyó el Arzobispo fundador los estatutos definitivos, más numerosos que los de Maese Rodrigo, pues sumaban 115, en los que quedaba bien claro, de una parte, el carácter eclesiástico de los estudios, ya que no había más Facultades que Artes y Teología, y de otra, la dependencia espiritual y material de la Orden de Predicadores, al quedar sometidos los colegiales al Provincial dominico, y obligados al estudio exclusivo de Santo Tomás. La condición exclusivamente religiosa duró poco tiempo. En 1539 se gestionó en Roma la extensión del privilegio de grados "a los seglares, clérigos y legos, que quisiesen estudiar y recibir los dichos grados", cosa que se consiguió el 18 de julio por Bula de Paulo III, con grave perjuicio para el Santa Maria de Jesús, que desde ese momento consideró mermados los suyos y tuvo al Santo Tomás por rival peligroso, como quedó comprobado en los siglos posteriores. De hecho, como apunta Martín Villa, "el Colegio de Santo Tomás se consideró muy desde los principios tan superior al Santa María de Jesús cuanto lo era en dignidad el Arzobispo fundador del Arcediano Santaella".

Al morir Fray Diego de Deza quedaba muy adelantada la construcción del Colegio, que disfrutaba de mayor amplitud que el de Maese Rodrigo:

  "Dexó labrado el Sr. Fundador con toda curiosidad el primer claustro alto y bajo, capilla donde fue sepultado, librería, tres clases, refectorio y sacristía. Sobre cuyos edificios quedaron labradas once celdas y un mirador muy espacioso".

Por Real Cédula de 2 de diciembre de 1540 se aprobó la donación de un solar vecino al Colegio, que le hacía el Cabildo municipal, "considerando el mucho fruto que del dicho Colegio resulta a esta ciudad e vezinos della, a que a él ban a estudiar e graduarse". Animado por esta concesión, el Rector solicitó de la ciudad ese mismo año que interpusiera su valimiento para alcanzar la confirmación regia. En efecto, el 3 de diciembre, los capitulares acordaban interceder en favor de la gracia solicitada, haciendo grandes elogios del Colegio de Santo Tomás. Tres días después, los colegiales de Maese Rodrigo protestaban en el Ayuntamiento, sin éxito. Llegada la solicitud al Consejo de Castilla, despachóse Real Provisión el 10 de febrero de 1541, por la cual

 "todas las personas de Orden Sacra que conforme a la dicha Bula e Concesión de Nuestro Mui Santo Padre cursaren en el dicho Collegio, y fueren conforme a ella graduados en Artes o Theología, puedan gozar e gozen las gracias, privilegios, libertades, preminencias y prerrogativas que an gozado y gozan las personas eclesiásticas que se gradúan en las Universidades de Salamanca y Valladolid, y otras Universidades, como si en ellas se graduasen".

Desde entonces se tituló Universidad, con uso de maza, y formó Claustro desde septiembre de 1541, quedando por Rector de la Universidad el mismo del Colegio, como en el Santa María de Jesús.

La tirantez entre ambos Colegios fue aumentando con el tiempo. El de Maese Rodrigo sucedió temporalmente al Santo Tomás en los favores del Ayuntamiento, que en 1551, le cedió el privilegio de Estudio General que tenía de los Reyes Católicos. Envanecidos con esta victoria, los colegiales de Maese Rodrigo intrigaron en Salamanca para que no reconociesen allí los grados de Santo Tomás.

Pero éste acudió en defensa de sus derechos y obtuvo, a su vez, la resolución de 5 de agosto de 1574, por la que la primera Universidad del Reino admitía sus grados "como los demás cursos de las Universidades aprobadas". Otro auto de 1 de julio de 1575 extendía el privilegio de graduación a los legos, aunque sólo en las Facultades de Artes y Teología. Fomentó Santa María de Jesús otro recurso, pretendiendo se restringiesen los grados y que no se titulase Universidad, lo que consiguió por Real Cédula de 19 de diciembre de 1576, pero veinte años después -el 20 de diciembre de 1596- el Consejo declaró que el Colegio de Santo Tomás era Estudio General en igual clase que las demás Universidades.

bula
Bula fundacional del Colegio de Santo Tomás, en un detalle del cuadro Apoteosis de Santo Tomás, que Zurbarán pintó para el centro (Museo BB.Artes Sevilla)

Durante todo el siglo XVII fue haciéndose cada vez más sólido el Prestigio del Santo Tomás, al mismo tiempo que decaía, por los abusos colegiales, el Santa María de Jesús. A él acudían muchos jóvenes sevillanos de la alta sociedad a estudiar las Artes, y los teólogos a prepararse para las sagradas órdenes. Además, cualquier bachiller podía licenciarse y doctorarse en él, admitiéndose también la incorporación de grados de otras Universidades. El litigio jurisdiccional que, desde la fundación, se había suscitado entre el clero secular -representado por el Arzobispo y el Cabildo- y el regular -en la persona del Provincial dominico de la Bética- quedó zanjado por un Breve de Clemente VIII, de 15 de enero de 1600, en que se nombraba ejecutores de la elección de Rector y Consiliarios al Arzobispo, Maestrescuela de Sevilla y Arcediano de Niebla, con exclusión de los superiores dominicos.

Siguió Santo Tomás titulándose Universidad, contra los privilegios de Santa María de Jesús, que nunca reconoció sus grados, hasta el 20 de mayo de 1662, en que un auto del Consejo prohibió definitivamente tal denominación, confirmándose la sentencia tres años después, al restringir la colación de grados a los propios alumnos del colegio.

Para compensar este fracaso, decidió denominarse en lo sucesivo Academia Cesárea, nombre que le fue aceptado oficialmente en 1672, frente a la oposición del Maese Rodrigo. Los gastos de todos estos pleitos habían sumado más de 12.000 ducados.

A principios del siglo XVIII el Colegio de Santo Tomás calculaba sus ingresos en unos 8.000 ducados cada cinco años, renta fija de las fincas que tenía arrendadas, "sin administrarlas por si, por no emplearse en esta extraña ocupación". Tenía 20 colegiales, con un Rector y dos Consiliarios anuales, procedentes de las provincias de Andalucía, Castilla y Aragón, de la Orden de Predicadores. La elección recaía siempre en "los sujetos más hábiles". Pero la independencia del colegio se había consolidado. La única autoridad en el Colegio era la del Rector y Consiliarios, que con el Provisor o Juez de la iglesia catedral, tenían facultad para legislar y modificar los estatutos. Quedaban subordinados al Padre General y a los Provinciales sólo en cuanto religiosos.

Las cátedras de Filosofía eran tres: Lógica y Física, Metafísica y Filosofía Moral. "Aunque antes se escribían estas materias, ahora se estudian por Goudin, por ser el más breve, completo y metódico". En Teología había cinco cátedras: Prima, Vísperas, Escritura, Moral y Lugares Teológicos. "No se lee ni cita más autor que la Summa de Santo Tomás", excepto en la última asignatura, que se seguía a Melchor Cano". "Por su institución no tenía el Colegio clases de Gramática, pero por los años de 1598, excitado de la mucha necesidad de estas escuelas y observando que los regulares de la Compañía se arrogaban toda la enseñanza, determinó abrir dos clases de Gramática y Retórica, que sirvieron dos maestros eclesiásticos seculares asalariados, hasta 1623, en que los Jueces de Estatuto tuvieron por más conveniente que ejercitasen estas cátedras dos religiosos de la Orden, como se ha verificado hasta el presente". Vemos ya en estas frases la naciente rivalidad con otra poderosa institución docente: la Compañía de Jesús.

A las seis de la mañana todos los estudiantes, presididos por el Maestro, rezaban el rosario y oían la Santa Misa. Después tenían clase hasta las once. Cuatro veces al año comulgaban obligatoriamente de mano de sus maestros. Además del personal docente -exclusivamente religiosos dominicos- había cinco religiosos legos para los oficios de cocina y refectorio, sacristía, etc., y tres fámulos seculares, "que se admiten los más hábiles por oposición, para el estudio de la Filosofía y Teología, y por costumbre inmemorial, los Padres colegiales y demás sacerdotes del Colegio conservan la caritativa obligación de mantener cada uno de su Plato un estudiante pobre, que les sirve para el aseo de su celda, resultando de aquí otros tantos clérigos instruidos para el servicio de la Iglesia". A todos les estaba prohibido asistir a fiestas, entierros o recibir limosnas y legados, con pensión de misas. La iglesia no era pública, y tenía una capilla interior para rezar el Oficio canónico y celebrar el Santo Sacrificio sin púlpito ni confesonario. Ningún colegial podía intervenir en contrato matrimonial, ni en testamento, y sólo podían ejercer su ministerio eclesiástico en la Real Casa, en los Tribunales y en la Iglesia matriz.

El Colegio de San Hermenegildo

iglesia san hermenegildo
Bóveda eliptica de la iglesia de San Hermenegildo. Esta capilla, hoy desacralizada, es lo único que queda del Colegio jesuita

Algo más complicada resulta la historia de la fundación del Colegio jesuita de San Hermenegildo. El 26 de septiembre de 1552 llegó a Córdoba, con un compañero, el Padre Francisco Villanueva, de la Compañía de Jesús, después de haber conferenciado en Montilla con la Marquesa de Priego, a quien venían recomendados por su hijo, el Padre Antonio de Córdoba, que pocos años antes había ingresado en la Compañía. Con el apoyo moral y material de tan ilustre dama, abrieron los Padres escuelas de Gramática en Córdoba, en unas casas propiedad de la citada marquesa, el 13 de diciembre de 1553. Para entonces, ya el Fundador de la Compañía había nombrado Rector del nuevo Colegio al propio P. Antonio de Córdoba, quien vino a la capital andaluza con el futuro San Francisco de Borja y otro diez jesuitas.

Esta ciudad fue el centro de expansión de la Orden por Andalucía. A principios de mayo de 1554 entraron en Sevilla los dos primeros jesuitas. Por octubre del mismo año, la comunidad tenía ya doce religiosos, quienes vivían en "casa prestada y sin iglesia". El 19 de febrero de 1558 quedó fundada la Casa Profesa en unos locales que compraron con limosnas a un tal Hernando Suárez. En 1561 abrieron aquí cuatro clases de Gramática, "para lo cual pasó de Córdoba el P. Pedro de Azevedo". En 1563 había ya clase de Retórica, y en 1564, de Filosofía.

El éxito y la prosperidad acompañaron a los jesuitas en estos primeros años de su historia. La provincia Bética, una de las más florecientes, contaba en 1579 con nueve Colegios y 260 religiosos. Precisamente este mismo año acudió el P. Provincial al Ayuntamiento hispalense en solicitud de ayuda para sus estudios. La erección de una suntuosa iglesia aneja al local de la Casa Profesa les obligaba a suprimir algunas aulas, y por ello se veían precisados a buscar nuevo local. En el Memorial presentado se hacía ver cómo tenían casi mil estudiantes y se habían desestimado otras mil peticiones por falta de espacio. El Ayuntamiento se hizo eco inmediatamente de la petición y comisionó a dos diputados para que comprasen en la ciudad un local adecuado. Los gastos se sufragarían con las rentas del Almojarifazgo mayor, "pues en ninguna cosa se podía gastar con tanta utilidad pública, y que la casa que, se hiciese quedase por la Ciudad y su Patronazgo, bajo la advocación de San Hermenegildo". El resultado fue la compra de unas casas en la calle de Las Palmas, frente de la iglesia de San Miguel, el día 19 de septiembre de 1579, "donde con sigilo se dispuso iglesia y puso campana sobre la puerta, y al día siguiente se tocó a Misa, y dijo la primera a puerta abierta, quedando desde este día el Santísimo en el Sagrario". Pasó como Vicerrector y Prefecto de estudios el P. Luis Alvarez, y "continuáronse aquí las lecciones de Gramática y Filosofía, que era lo que entonces había".

Muy justificado estaba el sigilo con que se había procedido, porque en el mismo seno del Cabildo municipal había surgido, con fuerza insospechada, la oposición. El 28 de julio de 1580 se hizo ésta patente cuando Juan del Castillo, en nombre del Cabildo de Jurados, pidió se declarase nula la cesión; y que los jesuitas pagasen de su bolsillo lo que se había gastado, porque "los bienes de la Ciudad no se pueden gastar en hacer gracias unos a otros ni a otra persona alguna". La petición quedó razonada así:

 "Cuando los dichos padres de la Compañía habían ido a la dicha Ciudad, que podía hacer veinte años, poco más o menos, havían ido publicando pobreza, dicendo que querían hazer Colegio para enseñar a los niños, y so color de esto, y con limosnas de los vecinos, habían comprado una casa principal, que había costado 10.000 ducados, y en ella y en otra que habían comprado a la redonda, habían hecho su Casa e Iglesia y Colegio, que valía el valor dello más de 70000 ducados, todo lo qual se había hecho y labrado con limosna de los vecinos de dicha Ciudad, la qual les había dado 4.500 ducados para hazer los generales para leer y enseñar a los niños; los quales se habían hecho mui grandes y muí sumptuosos, con su patio grande y quatro corredores... y aulas tan grandes que podían caber el doble de estudiantes que al presente habian... de manera que el nuevo Colegio que pedían no le habían menester, y era querer que con so color de hazer Colegio, hazer otro nuevo monasterio."

La oposición se hacía más concreta al descender a las causas de la donación, que importaba más de 50.000 ducados, pues "había sido con negociaciones que habían tenido los dichos padres de la Compañía con Vos, el dicho Asistente, por tener un hijo de la dicha Orden en el dicho monasterio de la dicha Ciudad, que aunque estaba en otra parte residiendo, se le había traído allí por darle gusto para este fin; y asimismo lo había negociado con Melchor Alcázar, Veinticuatro, que era el principal autor de este negocio, por tener otro hijo en la dicha Orden". Esta primera acusación contra la Compañía se endurecía al afirmar, sin rodeos, que los jesuitas "no administraban sacramentos a los pobres sino a los ricos".

Sin embargo, Castillo reconocía que la enseñanza que impartían era muy eficiente, "pues casi todos los otros estudiantes de los demás Estudios se habian venido a los de la Compañía, porque en los demás Estudios no había el orden de clases y distinción de maestros, e los demás medios que en la dicha Compañía se ponían".

Pese a esta adversa postura, la traslación del Colegio adquirió solidez con el tiempo y su prestigio no hizo más que aumentar. En 1581 se le entregaron las rentas del antiguo edificio, que quedó reducido a Casa Profesa, con 60 individuos que vivían de limosna. En 1584, al mismo tiempo que se fundaba la Congregación de la Anunciata, daban principio los cursos de Teología en San Hermenegildo, que contaba ya con la protección real. La Ciudad, además del local, entregó 5.000 ducados de limosna. El 22 de septiembre de 1587 se empezaron a construir, también a expensas de la Ciudad, unas escuelas de Gramática junto a San Hermenegildo. En ellas enseñarían los jesuitas Latinidad, con carácter gratuito, a los niños pobres de Sevilla. El Ayuntamiento subvencionó la obra con un total de 23.000 ducados. Tendrían estas escuelas puertas a la calle, con las armas de la Ciudad y una inscripción que publicase ser suyas las escuelas. El municipio no podría cederlas ni disponer del edificio, hipotecario o venderlo, "pero sucediendo caso de que dicho Colegio se deshaga o se mude a otra parte... la Ciudad queda libre de este compromiso".

Terminadas las obras se bendijo el edificio y consagró a San Hermenegildo, en 1590. Hízose un gran "coloquio" al que asistió el Arzobispo, ambos Cabildos, Audiencia y toda la nobleza sevillana.

La evolución posterior del Colegio

edificio antigua iglesia Colegio San Hermenegildo (Sevilla)
El edificio actual de la antigua iglesia del Colegio de San Hermenegildo, dedicado a sala de exposiciones

El actual edificio de San Hermenegildo ha sufrido numerosas transformaciones a lo largo de su historia, no sólo en sus funciones, sino también en su disposición arquitéctonica. Actualmente sólo se conserva la iglesia de lo que fue el complejo original, constituido por la propia iglesia y el edificio anexo, que fuera el colegio jesuita.

Inicialmente, el edificio ubicado en la actual plaza de la Concordia, se construyó según los planos de Juan Bautista Villalpando, aunque después, en el año 1614, el jesuita Pedro Sánchez rediseñó parcialmente la planta del edificio, que presenta disposición manierista, inspirada en la sala capitular de la catedral de Sevilla. El centro de la cúpula consta de una cartela elíptica de la que nacen doce nervios radiales, que se abren cuando apoyan en los muros, incluyéndose en estos espacios figuras de santos, temas vegetales y cabezas de ángeles, apareciendo también entre los nervios lunetos con ventanas. El diseño de las yeserías, realizadas entre 1619 y 1620 se atribuye a Francisco Herrera el Viejo. La portada se debe a Alonso de Vandelvira.

Tras la expulsión de los jesuitas de España en 1767, el edificio del Colegio albergó a la institución de los "niños toribios", una especie de correccional para menores conflictivos (2). En 1802 el edificio cambia nuevamente de función, siendo esta vez cuartel del tercer regimiento de artillería, al tiempo que los "toribios" son trasladados a la casa Pumarejo. Durante la invasión napoleónica, el edificio fue objeto de repetidos saqueos en los que gran parte del patrimonio de la iglesia fue expoliado.

En 1823, desde el 23 de abril al 11 de junio, San Hermenegildo acogió las Cortes constitucionales, celebrándose en su iglesia las sesiones parlamentarias, a la vez que el tercer regimiento artillero se traslada al contiguo Hospicio de Indias de la Compañía de Jesús (anexo a la iglesia). Tras el avance de los Cien Mil Hijos de San Luis, las Cortes decidieron su traslado a Cádiz. Los diputados marcharon precipitadamente de Sevilla el día 12 y con ellos los útlimos destacamentos de milicianos y soldados.

Posteriormente la iglesia quedó sin uso hasta el 25 de diciembre de 1836, fecha en la que, por un período de cuatro meses, se utilizó como teatro hasta el 30 de abril de 1837, (estrenándose obras de autores como Rossini y Monteschi). Mientras, el antiguo Hospicio de la Compañía de Jesús siguió siendo cuartel, función que desempeñará hasta su derribo en 1956. Desaparecido el cuartel, comenzaron las obras de restauración de la iglesia, a la que se dio su aspecto actual, dotándola también de una plaza aledaña (Plaza de la Concordia) al aprovechar el espacio que ocupaba el viejo cuartel.

Desde entonces y hasta 1968, la iglesia permaneció inactiva, momento en el que se le asignaron funciones de carácter cultural, exceptuando el periodo fundamental en que acogió los plenos del Parlamento Andaluz entre el 3 de diciembre de 1985 y el 28 de febrero de 1992, tras el cual fue empleada nuevamente para fines generalmente culturales. En 1995 se instaló en ella una sala de congresos y exposiciones del Ayuntamiento de Sevilla, uso que permanece en la actualidad.

El Colegio de San Gregorio o de los ingleses

En 1592, a instancias de Felipe II, se instituyó en Sevilla el Colegio de San Gregorio, para jóvenes Ingleses, hijos de padres católicos, que quisiesen seguir los estudios eclesiásticos en España, haciendo voto de volver a Inglaterra, "como ministros del Evangelio, por párrocos y pastores de los católicos ocultos en aquel Reino por la persecución". Se erigió el Colegio con Bula de Clemente VIII, "con facultad de graduarlos en todos los grados de literatura que se dan en las Universidades". Estudiaban aquí Filosofía y Teología escolástica, "y las controversias en defensa de los sagrados dogmas de nuestra fe santa. Por ella son muchos los colegiales de este Colegio que han padecido martirio en Inglaterra".

Según Ortiz de Zúñiga (Anales), empezó este colegio en la collación de San Lorenzo el 25 de noviembre de 1592, pasando poco después a una casas del antiguo Mayorazgo de los Señores de Castilleja de Talhara, Ortices y Melgarejos, donde estando ya expedidas Bulas de su confirmación desde el 11 de mayo por el papa Clemente VIII, se acabó de perfeccionar, aunque siempre tuvo poco hacienda. El título del colegio era el de San Gregorio, papa conocido como el Magno, y que pasó a la historia por ser en su pontificado cuando se logró la conversión de Inglaterra al catolicismo, a finales del siglo VI (aunque quizá su papel más conocido sería la fijación definitiva del canto sagrado, el llamado Canto gregoriano). Por tanto era un nombre muy familiar para los católicos británicos e incluso para los sevillanos, pues fue amigo íntimo de San Leandro de Sevilla. Así nos cuenta Zúñiga la fundación del Colegio Inglés:

"de esta Ciudad que está a cargo de la Compañía de Jesús, tuvo principio este año de 1592 a 25 de noviembre, viniendo con cartas del Rey a solicitar su fundación en beneficio de la oculta cristiandad de aquel reino el Padre Roberto Personio [Parsons], de la misma Compañía, varón insigne, a quien entre otras de recomendación dio el Rey ésta para el Cardenal Arzobispo:

Don Felipe por la gracia de Dios, etc. Muy reverendo en Cristo Padre Cardenal Arzobispo de Sevilla, nuestro muy caro y muy amado amigo, ya tenéis noticia de Roberto Personio de la Compañía de Jesús, y sabéis cuán buena cosa es y en cuán buenos pasos anda: ahora va allá a lo que de él entenderéis, y la calidad de la obra, de que es de creer que sacará Dios Nuestro Señor mucho fruto para su servicio; y aunque siendo esta obra tal, se pudiera ejecutar el encomendárosla, todavía os encargo la favorezcáis y ayudéis por vuestra parte en lo que fuere menester para la buena ejecución de ella, procurando que se haga con secreto y disimulación, como veréis que conviene, y acoged a este padre como lo merece su buen espíritu y bondad: y sea muy reverendo en Cristo Padre Cardenal de Sevilla, mi muy caro y muy amado amigo, nuestro Señor en vuestra continua guardia. Madrid. 12 de septiembre de 1592." (1)

El Colegio de la Concepción, de San Patricio o de los irlandeses

San Patricio, patrón de Irlanda
San Patricio, patrono de Irlanda, fue un predicador y religioso británico, tradicionalmente considerado el introductor de la religión cristiana en la isla.

El Colegio de la Concepción de Nuestra Señora y de la Santa Fe destinado a la formación eclesiástica de jóvenes irlandeses, tiene su oscuro origen a fines del siglo XVI, en que piadosos sevillanos acogían en sus casas a jóvenes procedentes de Irlanda, que venían huyendo de la persecución protestante. Ortiz de Zúñiga (Anales, año 1618, núm. 3) dice que empezó formalmente en 1614. El 11 de abril de 1616, el sevillano Gregorio de Medina Ferragut hizo donación de una casa en la calle de la Garbancera para la instalación del Colegio (llamado también de San Patricio), con un corral anejo que daba a la Alameda. El Colegio fue ampliando sus locales mediante la compra de casas vecinas en 1656, 1717, 1720, 1721 y 1734. Asimismo, se vio favorecido con un Breve de Paulo V, con fecha 10 de julio de 1617, en el que se concedía a los alumnos el poderse ordenar sin patrimonio ni beneficio eclesiástico, pero obligándose a volver a Irlanda, a predicar la fe católica.

A petición de don Félix de Guzmán, Dignidad de Sevilla, Felipe III encargó el Colegio a la Compañía de Jesús el 25 de julio de 1619, siguiendo el ejemplo de otros Colegios regidos por la misma Compañía en Lisboa, Santiago, Salamanca y Flandes. El primer Rector del Colegio, antes de la llegada de los jesuitas, fue el Venerable Teobaldo Stapleton, que había estado en el colegio irlandés de Lisboa antes de venir a Sevilla. El primer Rector jesuita fue el Padre Conveo, irlandés. Fueron colegiales destacados de este Colegio Edmund Brun, que fue Arzobispo de Dublín; Diego Lync, Arzobispo de Iuan, y el también Obispo Lucas Fagan. Del Colegio de Salamanca salieron cinco Obispos, cuatro Arzobispos y un Primado.

El Colegio tenía por instituto "recibir estudiantes irlandeses, perfectos Gramáticos, de conocida habilidad, juicio y virtud; de limpia y pura sangre, de padres y ascendientes católicos y honrados", según afirma un documento de 1720. Eran examinados en Irlanda, antes de venir a España, por el Superior de la Compañía, "sin cuyo informe y patente no pueden ser admitidos en este Seminario". Estudiaban Filosofía y Teología escolástica,

"para los altos y gloriosos fines de volver a su patria a predicar el santo Evangelio, administrar los Santos Sacramentos, consolar y alentar a sus paisanos, y combatir y rebatir a los herejes, enemigos declarados de nuestros alumnos teólogos, por la experiencia que tienen de la grande y constante guerra que han hecho siempre a sus falsos dogmas y heregías, en cuyas frecuentes lides y batallas han perdido nuestros colegiales, unos las vidas, otros la Patria y otros la libertad y salud en una cárcel perpetua. Y cualquiera de estos irlandeses que sale de Irlanda a estudiar a España tiene impuesta la gravísima pena de crimen legal Majestatis por el Gobierno de Inglaterra, y si a la vuelta de España los descubren y aprehenden, infaliblemente los ahorcan, ofreciendo grandes premios a los que los descubren y delatan".

Sin embargo, estos valientes jóvenes hacían juramento público de volver a Irlanda, antes de tomar la Beca, "porque el temor de tantos riesgos y peligros en volver a Irlanda o el amor y afecto que de nuevo conciben a España, ni embarace sus gloriosos intentos ni entibie sus fervorosos propósitos". La pobreza del Colegio era suma, y vivía sólo de limosnas: cincuenta reales mensuales y cuatro fanegas de trigo por Pascuas les donaba el Arzobispado; cien ducados al año, el Cabildo eclesiástico, hasta 1710, en que le quitó un tercio para socorrer a las Religiosas de la Encarnación. Los Padres se quejan en 1717 de que les quedan sólo "poco más de mil reales para mantener el número de colegiales, que hoy son siete, y los jesuitas y mozos, con los gastos de iglesia y sacristía, que viene a ser lo mismo que vivir eternamente de limosna". Para colmo, cien ducados de renta que les dejó el canónigo Gerónimo Zapata "ha muchos años que está embargada por los Padres del Colegio de San Alberto (carmelitas) en satisfacción de un censo que este Seminario paga a dicho Colegio". Durante el siglo XVIII la decadencia fue progresiva hasta la época de la expulsión de la Compañía.

Resumiendo:

 A fines del siglo XVI, pues, la enseñanza en Sevilla contaba con el Colegio de Santo Tomás, donde se enseñaba Filosofía y Teología; el Colegio de Maese Rodrigo, que era de colegiales juristas, embrión de la futura Universidad de Sevilla; el de San Miguel, que era de Gramática, pero "muy costoso y no bien ordenado"; y San Hermenegildo, de los padres jesuitas, al cual "toda la gente principal lleva sus hijos, por las buenas costumbres y virtud que les enseñaban". Con el tiempo, las aulas del San Hermenegildo se vieron frecuentadas por colegiales de otros tres Colegios: el de la Purísima Concepción (de las Becas), el de San Gregorio (para ingleses) y el de San Patricio (para irlandeses), los tres regentados por la misma Compañía de Jesús.

 

Notas:

(1) Cita recogida por Pedro Herrera Puga en "Grandeza y miseria en Andalucía", pág. 395

(2) La institución de Los Toribios de Sevilla fue fundada por el llamado Hermano Toribio (Toribio de Velasco) en 1723. Se considera precursora de los Tribunales de Menores pues su misión era la regeneración de los menores delincuentes y la protección de los menores desamparados (huérfanos), recogiendo a los niños que vivían en la calle y dándoles oportunidad de formarse; llegó a juntar a 150 niños; en la gestión y dirección del centro, los niños tenían una parte muy activa. Su importancia radica en que la regla general hasta el siglo XIX, era el procesamiento, encarcelamiento y hacinamiento común en establecimientos penitenciarios de menores y adultos delincuentes. Sólo fueron permitidos por vía de privilegio y excepción, internamientos de jóvenes en casas-refugio, hospitales y, en algún caso concreto, en asilos para jóvenes desamparados como este de Toribio de Velasco. (Véase Montero Pedrera, Ana Mª: "La escuela hospicio de los niños Toribios. Fundación sevillana del siglo XVIII". En Educación Popular. Actas del VIII Coloquio de Historia de la Educación, Universidad de La Laguna, 1998, Tomo I, pp. 245-253.)

  Para saber más...
"La Universidad de Sevilla en el siglo XVIII. Estudio sobre la primera reforma universitaria moderna" / Francisco Aguilar Piñal /Anales de la Universidad Hispalense nº 1; Sevilla, 1969
La universidad de la época
Un divertido cuento para ilustrar la "pedagogía" de la época en la enseñanza preparatoria o complementaria a los estudios propiamente universitarios la podemos encontrar aquí. No puedo negar que me ha suscitado algo más que una sonrisa la "clasificación de los castigos corporales". Sea para nuestro relax y divertimento.
página anteriorpágina principal
INDICE historia Sevilla | De la Sevilla del siglo XVI | De por qué Sevilla fué puerto y puerta de Indias | De cómo creció la población sevillana | De nobles y clérigos | De plebeyos o pecheros | De moriscos, esclavos y gitanos | De judios conversos | De pícaros, mendigos y malas mujeres | De cómo se gobernaba la ciudad: Ayuntamiento, Audiencia e Inquisición. La Casa de la Contratación | De las cofradías sevillanas | De los centros de enseñanza | De la música: capillas y ministriles | La boda de Carlos V
 
  "Nihil novum sub sole" Página personal © Alfonso Pozo Ruiz
Enviarme un correo electrónico Mejor con Mozilla Firefox