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Los mercaderes y el mercado de esclavos en la Sevilla del siglo XVI

El precio de las hembras solia ser superior al de los varones, especialmente aquellas que tenían entre once y veinte años. Más caras si eran blancas (berberiscas). En Sevilla, no solian subastarse, sino que se vendían en las Gradas de la catedral o se ofrecian a los transeúntes ("Subasta de esclavos", de Jean-Léon Gérôme, Museo del Hermitage. San Petersburgo)
Son muy numerosos los profesionales del mercado de esclavos en Andalucía. Muchos son vecinos y naturales de la ciudad en que se compran y venden, pero también actuaron en gran escala personas procedentes de otros países: portugueses, genoveses, florentinos, ingleses y flamencos. Ellos y los mercaderes peninsulares fueron los responsables de la existencia en las ciudades andaluzas de este mercado de carne humana.

La empresa esclavista debía producir bastantes beneficios y dar mucho de sí cuando son tantas las personas que en ello estaban implicadas. El descubrimiento del Nuevo Mundo iba a dar a este comercio un giro inesperado. La apertura de este nuevo e inmenso mercado va a provocar el interés, la codicia y la sed de lucro por parte de personas que hasta ese momento habían despreciado e ignorado esta actividad, considerándola poco rentable y ciertamente arriesgada. La demanda de mano de obra en las Indias, a partir sobre todo de los años 1515-17, incita a la búsqueda y captura de esclavos negros, formándose con este objetivo compañías mercantiles entre genoveses, portugueses y castellanos. Complejos negocios y grandes fortunas se ponen en movimiento. Los intereses de las oligarquías dominantes de Castilla y Portugal así lo exigen. La Corona y los altos dignatarios, nobles y eclesiásticos, se van a hallar metidos de lleno en este asunto. El rey de Portugal llegaba incluso a intervenir en la trata, se rodeaba de esclavos negros y participaba en los beneficios de este comercio. Por su parte, los reyes de Castilla fueron los primeros interesados en la trata negrera, de la que sacaban importantes beneficios. Todo ello justifica en Sevilla y en otras ciudades andaluzas la existencia de una actividad mercantil y comercial muy intensa, que los documentos notariales no hacen sino confirmar. Al frente de estos negocios se encuentran numerosos mercaderes, protagonistas de la vitalidad financiera de los mismos.

Los esclavos que llegaban por vía marítima en las naves portuguesas traían marcas e hierros puestos por los mercaderes para que no pudieran escapar. Solían echarles argollas en los pies, en el cuello y en los brazos y los señalaban con marcas y pinturas. En ambos carrillos les ponían una S y un clavo -es decir, la palabra "esclavo"- para que todos supieran que era cautivo y no libre: "herrado en el rostro con una s y un clabo".

A veces al llegar a Sevilla los marcaban en la frente o en otro lugar con las letras DSA -que quería decir "De SevillA"-, a juzgar por la claridad con que así lo exponen los documentos, A veces, aunque no siempre, llevaban impreso las iniciales o el nombre de su dueño, como registran los documentos de compraventa (1):

"herrado en el rostro tiene un renglon que dice Gregorio Serrano Villas cuyo era el esclabo vecino de la villa de Osuna...",
"herrado en los carrillos con un letrero que dice al mirantazgo y en la frete yerro de la corona...",
"herrado en las cejas y la cara con dos letreros que dicen ser de Sevilla..."

Pero ésta era un práctica más relacionada con el castigo que con la norma general. Por ello se aplicaba más a blancos, moros y moriscos, siempre propensos a la fuga que a los negros. Todas estas señales las conservaban después de ser vendidos en el mercado, pues en las declaraciones de fuga el dueño recurre siempre a esta descripción, pese a que en algunos casos se declara que ya apenas puede verse. Estas señales constituían, pues, las señas de identidad de un esclavo que lo marcaban para casi toda la vida, si lograban sobrevivir; durante el trayecto marítimo muchos esclavos fallecían y otros morían al llegar a Sevilla, incapaces de adaptarse al clima y a las costumbres andaluzas.

Los esclavos, desde un punto de vista estrictamente mercantil, constituían un bien más objeto de compraventa y, por tanto, como todos los demás productos del mercado, tenían un precio. El valor de un esclavo venía condicionado por su sexo, edad, raza, color, y dependía del número que existía en el mercado, de los beneficios que podía producir y de la consideración que de él se tenía. Un esclavo constituía un bien que como persona había que mantener y vestir, lo que implicaba tener que invertir con él cierto gasto y, por tanto posibilidades económicas por parte de la persona que lo compraba.

En la definición del valor de un esclavo el comprador consideraba de primera importancia la posesión de algunos requisitos como gozar de buena salud, ser joven, no tener ningún defecto, plena capacidad de servicio en suma. El vendedor suele detallar los defectos físicos de los esclavos que vende:

"Un esclavo blanco de nacion berberisco... con una nube pequeñita en el ojo derecho...",
"un varon siego de la vista corporal Miguel de hedad de quince años...",
"un esclabo moro pequeño de cuerpo manco del dedo y pulgar de la mano derecha...",
"una esclava amulatada berberisca hoyosa de biruelas..."

Muchos esclavos andaluces sufrían de enfermedades como la tisis o la gota, o tenían defectos físicos como ser cojo, tuerto o faltarle las orejas: "y no se la seguro de enferma porque le suelen dar algunos dolores de cabeza...", "declaro que la dicha esclaba esta enferma de una purgación de riñones..." Estas deficiencias abarataban considerablemente el precio de un esclavo.

Asimismo la conducta inmoral -borracho, ladrón, fugitivo, prostituta- y el carácter violento del esclavo podía disminuir el precio. "y le aseguro que la dicha esclaba que de beber vino de cuya causa tiene yinflamasion en las narizes...", "Sin vos lo asegurar de borracho ni ladron ni huydor ni de sanidad alguna porque con todas y cualesquier tachas y defectos y enfermedades publicas y secretas que tenga e parece aver tenido os lo bendo..."

Si el vendedor intentara ocultar alguno de estos vicios ocultos, asegurando que el esclavo es intachable, puede sucederle que tenga que devolver el dinero al comprador y recoger, de nuevo, al esclavo, como le sucedió en 1634 al vendedor Antonio García: "por mandamiento de Pedro de Soria se chancelo la escritura por ser el esclavo ladron y haberse huido por lo queal Francisco López recive los mill y ochocientos reales y Antonio Garcia el esclabo..."

Pero, a decir verdad, no sólo las minusvalías, vicios o marcas son las que se indican en las escrituras de compraventa, sino también las cualidades que los pueden hacer agradables o deseables: "una esclava blanca cabello rubio de buen cuerpo con un lunar en el carrillo derecho..."

A veces se llegaba a vender esclavos que habían huido o se encontraban presos, con lo cual resultaban más baratos para el comprador. También se llevan a cabo cambios o trueques de un esclavo por otro o por algún animal.

A fines del siglo XV, el esclavo más cotizado y el que alcanzaba mayor valoración en el mercado andaluz era el berberisco (que es blanco), debido a su excepcional resistencia física, a su gran capacidad de trabajo y a la posibilidad de obtener por él un buen rescate; la hembra berberisca llegaba a cotas tan altas o mayores que las del varón. El precio de este esclavo oscilaba entre 12.000 y 15.000 maravedíes y a veces llegaba incluso a superar los 20.000 maravedíes. Los negros eran, en general, más baratos, ya que al ser más numerosos, la oferta podía resultar en bastantes ocasiones mayor que la demanda. Su precio oscilaba entre 8.000 y 12.000 maravedíes, y por término medio podríamos situarlo en torno a los 10.000. Casi nunca superó los 12.000 maravedíes.

gradas
Las gradas de la Catedral eran el lugar habitual en Sevilla para la venta de esclavos

También los "membrillos" (aludiendo a su tono bronce) y los mulatos valen más que los negros, pero las diferencias de precios entre todos estos grupos tampoco son excesivas.

El precio del esclavo canario fue más o menos similar al del negro, con tendencia acusada a la baja. El esclavo más barato era el que procedía del Nuevo Mundo, que fue el último en llegar al mercado. Fueron siempre pocos los indios, eran débiles y, además, la legislación les solía proteger más que al resto de sus compañeros de infortunio.

Por regla general, el precio de las hembras tendía a ser ligeramente superior al de los varones, especialmente aquellas que se hallaban embarazadas y las que tenían entre once y veinte años. El encarecimiento de las mujeres se debía a su capacidad de procreación, a su mayor longevidad y a que, generalmente, eran más obedientes y se daban menos a la fuga que los varones. A ello había que añadir el hecho de que en muchos casos se convertían en concubinas del dueño, por lo que habría que suponer que su atractivo sexual podría aumentar su valor, sobre todo para un comprador que en el 70-80% de los casos era varón. Por otra parte hay que subrayar, además, el carácter de servicio doméstico que tuvo la esclavitud andaluza, lo que podía motivar, por tanto, una mayor predilección por la hembra. En todo caso, la esclava negra era más cara que el varón y más barata que el berberisco.

Ya hemos visto que la mujer comprendida entre los once-quince y los veinticinco años era la más apreciada en el mercado. A partir de los treinta, su precio experimentaba una sensible disminución. Por su parte, el varón más cotizado era aquel que se hallaba entre los doce y los veintidos o veinticinco años. El niño hasta los once años y el adulto desde los treinta y cinco en adelante marcan un precio inferior a los demás. Los valores más bajos corresponden a los deficientes, a las criaturas de meses y a los ancianos de cincuenta y seis años en adelante. Así pues, la preferencia del mercado por los jóvenes es clara.

La frecuencia de la maternidad en la esclava constituía una garantía para el dueño, que veía de esta manera incrementado el número de sus esclavos. El embarazo, aunque podía implicar una disminución en el trabajo de la esclava, sin embargo traía como resultado un nuevo ser, igualmente con capacidad de trabajo, un beneficio más para el dueño. Claro que el riesgo de muerte por complicaciones puerperales era alto; así, en Barcelona, llegaron a hacerse seguros a las esclavas encinta (2). Con frecuencia se adquirían esclavas con uno, dos e incluso tres hijos de meses o de muy pocos años, y sin embargo, su precio de venta no se alteraba mucho, a lo sumo tres ducados. Y no es extraño teniendo en cuenta la altísima mortalidad infantil de la época: invertir en un niño esclavo no tenía ninguna garantía de futuro.

La mayoría de los niños esclavos eran ilegítimos; las partidas de bautismo son sumamente minuciosas con esta cuestión y recogían expresamente si el bautizado era hijo de legítimo matrimonio, es decir, sacramentado, o no lo era. Ilegítimos son el 90 por 100 de los niños esclavos bautizados en la iglesia del Sagrario (la parroquia de la Catedral). Y nada hay de extraño en esta altísima ilegitimidad, si tenemos en cuenta que era práctica habitual el que muchos amos de esclavos, tanto clérigos como seglares, tuvieran relaciones sexuales con sus esclavas domésticas y sólo en contadas ocasiones reconocían a sus hijos ilegítimos, aunque sí se preocupaban de que el recién nacido recibiera el bautismo correspondiente. En estos casos de amancebamiento de amo y esclava, la Iglesia protegía a la esclava recomendando su liberación o dándosela el obispo por sí mismo (aunque no consta ningún caso de ello):

 "Si quando el señor solicita, e impone necessidad a su esclava para que peque con él, consiga libertad no consta expresamente del Derecho. Con todo esso comunmente sienten los Dotores, que en tal caso puede ella con buena conciencia huirse de su señor, i tratarse como libre, o pedir ante la justicia que la venda."

"Perfeto Confessor i Cura de Almas
Machado de Chaves, 1641 (3)

Pero no sólo es esto, otros datos apuntan hacia lo extendidas que se encontraban estas relaciones y su imposibilidad de atajarlas; de este modo, en 1609 se anula el acuerdo del Sínodo de 1604 en el que se excomulgaba a los amancebados con esclavas. Cinco años bastaron para que la rigidez eclesiástica de la medida establecida por el Cardenal Niño de Guevara cediera ante un fenómeno tan habitual.

Otra causa de "ilegitimidad" era la dificultad de los esclavos para casarse. El índice de uniones ilegítimas entre esclavos es muy alto, las condiciones no favorecían la formación de familias estables. La Iglesia considera válido el matrimonio entre esclavos, aunque se celebre sin permiso del señor. Y por lo que puede deducirse de los manuales de confesores, muchos señores vendian a sus esclavos cuando éstos iban a casarse; probablemente el matrimonio entre esclavos que pertenecen a distintos dueños era fuente de problemas, que se evita impidiendo la unión.

La primera mitad del siglo XVII es el último periodo relevante del mercado esclavista sevillano y, al mismo tiempo, es el inicio de un declive sin límites.

  Para saber más...
"El mercado de esclavos en la Sevilla de la primera mitad del siglo XVII", María del Rosario Santos Cabota; colaboración en "La antigua hermandad de los negros de Sevilla", Isidoro Moreno
"La esclavitud en Sevilla y su tierra a fines de la Edad Media", Alfonso Franco Silva; Diputacion Provincial de Sevilla 1979
"El 'Tablero de ajedrez' sevillano: bautizos y matrimonios de esclavos", Juan Manuel de Cires Ordóñez y Pedro E. García Ballesteros; colaboración en "La antigua hermandad de los negros de Sevilla", Isidoro Moreno
Los esclavos en la Sevilla del siglo XVI | Procedencia | Los mercaderes | Los propietarios | El trabajo del esclavo sevillano | Los negros libertos | Cofradías de negros y mulatos

 

Notas: [Volver al punto de lectura]

(1) Citas recogidas por Santos Cabota, en obra citada, pp. 504 ss
(2) Veáse "Los seguros de vida de esclavos en Barcelona (1453–1523) Documentos para su estudio", José María Madurell Marimón; Publicaciones del Instituto nacional de estudios juridícos, Madrid, 1955.
(3) "Perfeto confessor, i cura de almas: asunto singular, en el qual..., se reduzen à principios universales... de ambos Derechos, Civil, i Canonico, todas las materias pertenecientes al Teologo Moral..." / por el doctor Iuan Machado de Chaues /Barcelona, 1641

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