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Los propietarios de esclavos en Sevilla

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Nobles y clérigos eran los principales propietarios de esclavos en Sevilla (detalle "Retrato de orantes", Francisco Pacheco)
La esclavitud en Andalucía a fines del siglo XV y primer cuarto del XVI se encontraba muy difundida socialmente. En Sevilla y Córdoba todos los grupos sociales poseían esclavos. Esta afirmación, que en principio puede sorprender, ya que adquirir un esclavo representaba un costo económico serio, halla su más completo significado cuando analizamos la personalidad social y profesional de sus dueños. Efectivamente, no sólo la nobleza y los eclesiásticos, sino también prácticamente la totalidad de los oficios artesanos y de las profesiones pertenecientes al sector terciario disponían de esclavos.

Aristocracia y eclesiásticos son los grupos que consiguieron reunir mayor número de esclavos. Así por ejemplo, los duques de Medina Sidona, don Fadrique Enríquez de Ribera, el mariscal Fernán Arias de Saavedra, etc. Por lo que respecta al estamento eclesiástico, nos encontramos con el arzobispo de Sevilla, el Cabildo completo de la Catedral, arcedianos, canónigos, racioneros, simples curas y el personal de los monasterios y conventos. Todos ellos poseían un buen número de esclavos.

Las profesiones liberales, los oficios y cargos públicos y los más prósperos sectores artesanales también disfrutaban de los servicios que les proporcionaban los esclavos. Así era corriente contemplar en los mercados urbanos andaluces a carniceros, tejedores, fundidores, plateros, carpinteros e incluso albañiles que compraban, vendían y cambiaban esclavos. Y lo mismo bachilleres, jurados, alguaciles, escribanos, médicos, etc. Todos ellos desfilan por las escrituras notariales, signo inequívoco de que disponían de una situación económica desahogada que les permitía o había permitido adquirir esclavos.

De todas formas, la mejor clientela de los mercados de esclavos fueron siempre los aristócratas, los canónigos y los racioneros. Casi todos ellos adquirían esclavos porque su posesión les permitía mantener una apariencia social lujosa. La posesión de esclavos estaba muy bien vista en la sociedad andaluza, y de esta manera no puede causarnos extrañeza que tanto las personas pertenecientes a profesiones liberales como los artesanos, que utilizaban su trabajo en los talleres, adquiriesen y fuesen dueños de esclavos. Al resto de los trabajadores por cuenta propia no incluídos en las situaciones anteriores les era más difícil comprar esclavos. Y era imposible, desde luego, para todos aquellos que se encontraban en el estrato más bajo de la sociedad: braceros, aprendices, peones, etc.

En Sevilla, los poderosos tenían un gran número de esclavos, pero también algunas familias relativamente modestas poseían al menos uno. Se compraba un esclavo, por lo general, para valerse de su trabajo o para disponer de él a su antojo. Así, el esclavo servía para pagar una deuda o para terminar embargado o hipotecado cuando las dificultades de su dueño le llevaban a la ruina. El esclavo era una propiedad más del dueño, sujeta, por tanto, a las variaciones y cambios normales en la situación económica y en la vida de su propietario. Si su amo le permitía trabajar por su cuenta, adquiría entonces una cierta libertad que no la tenían otros. En ocasiones el dueño se servía de su esclavo como confidente. En concreto, las hembras esclavas podían en ciertos casos proporcionar al dueño lo que podría definirse como salario del placer, aunque la Iglesia no viera con buenos ojos el amancebamiento de amo y esclava (como ningún otro).

Hemos comentado que el clero secular (canónigos, presbíteros, beneficiados...) era un sector muy activo tanto en las ventas como en las compras de esclavos. En cuanto al clero regular, a las órdenes religiosas, también son propietarias de siervos. Normalmente vendían más esclavos que compraban, pues los que tenían solían proceder de donaciones hechas al convento. Estas ventas tienen como objetivo tener dinero en metálico para hacer frente a las necesidades del convento o por expreso del donante:

"Fray Cristobal de Aguilar, del orden de predicadores, prior del monesterio y conbento de Sto. Domingo de la ciudad de Oran el real, estante al presente en Sevilla vendo... (dos muchachos moros) que su exelensia el duque de Maqueda, gobernador y capitán general de la dicha ciudad de Orán dio de limosna a el dicho monesterio de una presa que hiço en una escaramusa que tubo con los moros que confinan con la dicha ciudad de Oran, para hacer de su presio una lampara para alumbrar la ymagen de Nuestra Señora del Socorro que esta en el dicho monesterio..."

Se tiene constancia que poseen esclavos y los venden las siguientes órdenes masculinas: Dominicos, Mercedarios, Jesuítas, Franciscanos y la Orden de San Juan de Dios.

En los conventos femeninos, que mueven más esclavos que los masculinos, la situación es similar, con la particularidad que el esclavo podía entrar en el convento sirviendo a la dueña cuando esta profesa. Destaca la presencia de esclavos en los conventos de Santa María de Gracia, de Pasión, Madre de Dios, Santa Clara, Santa Paula, Asunción...

 "[La esclava] nos pertenece por donación que della fizo Francisco de Collantes, vezino desta ciudad para que sirbiese a mi la dicha soror Maria de San Gabriel su hija, y se la bendemos para feto de comprar otra en su lugar..."

"vendo a soror María de la Soledad monxa profesa del monasterio de santa Maria de Graçia de Sevilla para ella y para el dicho convento y las demas monjas que se pudieren servir de la esclaba conforme a la licencia de sus prelados..."

Los Hospitales también contaban con esclavos para vender, procedentes de donaciones: tal es el caso del Hospital de las Bubas, el Amor de Dios, el de Nuestra Señora de la Paz o el de los Inocentes.

En cuanto a los malos tratos que pudieran recibir los esclavos por parte de sus señores, lógicamente dependería de la crueldad de estos. Lo cierto es que el señor dispone hasta de la vida de su cautivo, sin que la autoridad civil pueda inmiscuirse, la Iglesia le aconseja que sea justo y moderado en los castigos; en caso de que muera el esclavo por malos tratos, será considerado pecador y todo pecador tiene su penitencia: "el daño no se le causó al esclavo, ni a sus hijos, i herederos, sino a sí mismo, pues con la muerte de su esclavo, quedó privado de su servicio..."

  Para saber más...
"El mercado de esclavos en la Sevilla de la primera mitad del siglo XVII", María del Rosario Santos Cabota; colaboración en "La antigua hermandad de los negros de Sevilla", Isidoro Moreno
"La esclavitud en Sevilla y su tierra a fines de la Edad Media", Alfonso Franco Silva; Diputacion Provincial de Sevilla 1979
"El 'Tablero de ajedrez' sevillano: bautizos y matrimonios de esclavos", Juan Manuel de Cires Ordóñez y Pedro E. García Ballesteros; colaboración en "La antigua hermandad de los negros de Sevilla", Isidoro Moreno
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