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El trabajo del esclavo. La esclavitud en Sevilla (siglo XVI)

mulata
El trabajo doméstico era la principal ocupación de las esclavas en Sevilla. En este lienzo, Velázquez retrata a una mulata en la cocina, con los amos al fondo (Galeria Nacional. Dublín)
Los esclavos se adquirían para manifestar el lujo y la riqueza de una persona pero también para
servir y trabajar. Esta era su principal función y necesariamente debían cumplirla.

El grupo esclavo que habitaba en las ciudades andaluzas forma en cada una de ellas un subproletariado urbano que encuentra su empleo primario y principal en el trabajo doméstico y secundariamente en los diversos oficios artesanales en funciones de personal auxiliar. Un grupo menos numeroso hallaba su ocupación en los oficios de la construcción, del cuero, de la alimentación y en todos aquellos trabajos considerados viles y despreciables. Era, por tanto, un valioso ayudante en el taller, en la obra, en la carnicería o en una tienda de sayos. Proporcionaba un beneficio más o menos importante al dueño y lograba en muchos casos como recompensa aprender un oficio y por supuesto su actividad le permitía conocer la vida y costumbres de la sociedad urbana en que vivía, que de alguna manera podría facilitarle su integración en la ciudad cuando llegase el momento, si llegaba de ser libre. Es famoso el caso de Juan de Pareja, el esclavo de Velázquez (1), que trabajaba en el taller mezclando colores y aprendió el oficio de pintor sin que su amo se enterara.

Las mujeres especialmente se dedicaban al empleo doméstico. Eran las encargadas de efectuar todas las labores de la casa. Cuidaban además de los hijos e hijas de su amo ejerciendo, por tanto, el papel de nodrizas. Actuaban como criadas sin disfrutar de la condición de libres ni del sueldo que éstas obtenían. Se las mantenía y se las vestía, generalmente con las ropas usadas de su ama. Por otro lado, asistían a su dueña como bordadoras y costureras. En muchas ocasiones los varones también se utilizaban en las tareas domésticas, aunque en menor grado que las hembras. Resultaba más común servirse del esclavo como recadero, aguador o simplemente como mozo del amo que puede mandarle hacer toda clase de cosas.

Según sea la profesión del amo se puede saber el empleo del esclavo. En este sentido, los artesanos que adquirían esclavos lo hacían para que trabajaran como aprendices en sus talleres sin destinarles remuneración por ello. Entre todos los oficios secundarios, son los esparteros los que más frecuentan el mercado de esclavos. De esta manera, los artesanos evitaban la molestia de tener que pagar a trabajadores libres al disponer de una mano de obra esclava que, obligatoriamente, debía serles fieles si querían recuperar algún día su libertad.

juan pareja
Juan de Pareja, el esclavo de Velázquez que aprendió en secreto la técnica de su amo y fue un buen pintor . Vea su historia en nota 1 (Velázquez, 1650; Metropolitan Museum of Art, New York)

Los negros ejercían trabajos de toda índole y los más despreciados socialmente. Negros que arriendan asnos para colocarse como aguadores proveyendo de agua a sus amos, o bien trabajando independientemente con una cuba, son abundantes en esta época. Los esclavos negros, por lo general, son recaderos de su dueño y trabajaban en todos aquellos oficios a que se les destinaban. Así, por ejemplo, los hallamos como grumetes al lado de su patrón, que suele ser un maestro o un piloto.

En el mercado de Sevilla había muchos esclavos que vendían toda clase de artículos alimenticios, especialmente vinagre y pescado. Con frecuencia aparecen también en los protocolos notariales esclavas que practicaban la prostitución, comerciando con sus cuerpos y exponiéndose a las iras del amo que las repudiaba entregándolas a la justicia. En algunos contratos de compra-venta se suele indicar con toda claridad que la esclava es prostituta para que el nuevo dueño lo sepa. A juzgar por el número de hembras esclavas que se encontraban detenidas en la cárdel del concejo de Sevilla, no es de extrañar que la prostitución estuviese bastante extendida entre la población esclava, y sobre todo entre las mujeres esclavas que han sido liberadas y no han podido colocarse.

Por lo que se deduce del manual del confesor llamado del "Perfeto Confessor..." (2), algunos dueños de esclavas debían prostituirlas para obtener ganancias extras. La Iglesia castiga entonces al amo con el máximo premio para un esclavo, la libertad:

"quando el señor pone a su esclava en alguna casa pública, o lugar semejante para que use mal de su cuerpo, i le acuda con lo que ganare, que por el mismo hecho queda ella libre".

Sin embargo, cuando se trata de amancebamiento de amo y esclava, las cosas parecen complicrse, o por lo menos, no quedan tan claras:

"Si quando el señor solicita, e impone necessidad a su esclava para que peque con él, consiga libertad no consta expresamente del Derecho. Con todo esso comunmente sienten los Dotores, que en tal caso puede ella con buena conciencia huirse de su señor, i tratarse como libre, o pedir ante la justicia que la venda. Si bien otros autores classicos fundados en la ley que trata desta materia defienden, que puede en tal caso la esclava de quien ha usado mal el señor, implorar el auxilio del Obispo pidiendo libertad, i que deve el Obispo constandole dello, compeler con censuras, i todo rigor de Derecho al señor, a que conceda libertad a su esclava, pro aver usado mal della. Una glossa celebre de la ley citada aun dize, que todos los Dotores han entendido siempre, que por la dicha ley puede el Obispo por sí, dar la libertad a la esclava."

Aunque ambos hechos debían ser frecuentes, el amancebamiento y la prostitución, no consta en los documentos ningún caso de libertad a la esclava por estos pecados del señor. La Iglesia se muestra permisiva cuando es la esclava la que se prostituye por sí misma; parece claro que lo que, de verdad, interesa es el alma del señor, pero es indiferente con el alma de la esclava, e incluso cuida de su salud material:

"todo aquello que se le da a la esclava, por razon de mal trato de su cuerpo es para ella, i no para su señor; porque lo adquiere con el uso de su cuerpo, en lo qual no tiene que ver su señor".

Junto a todo ello encontramos también un embrión de esclavitud agrícola empleada por sus dueños en las faenas rurales. Pero este tipo de esclavo fue muy raro, ya que en el campo la mano de obra era más barata, más numerosa y, por supuesto, más experimentada que la esclava en esas lides. También trabajaban esclavos en otras actividades diversas como las jabonerías del Arzobispado.

Por otra parte, algunos esclavos desempeñaban actividades lucrativas fuera de la vigilancia de sus amos, con o sin su permiso; a este respecto el manual del Confesor (2) demuestra que debía ser frecuente y considera que "aquella cantidad que el esclavo grangea por su cuydado i trabajo, o por el juego, que como sea sin perjuyzio que deve a su señor, segun afirman grandes autores, adquiere el dominio en ellas..."

Numerosos esclavos, junto a sus amos, pasaron al Nuevo Mundo para trabajar en las minas o en el campo. Unos fueron como criados o escuderos, otroas ayudaron a sus dueños en la profesión que éstos desempeñaban.

Un buen número de esclavos se encontraban imposibilitados para trabajar por padecer enfermedades, por impedimentos físicos o simplemente por vejez. Entre el 10 y el 15 por 100 aproximadamente de la población esclava sevillana estaba incapacitada y no podían emplearse, constituyendo, por tanto, una molesta carga para el dueño, que trataría por cualquier medio de verse libre de ellos. Algunos eran ingresados en un hospital; a otros se les permitía continuar en casa de sus amos por la caridad y el cariño que hacia ellos sentían; unos pocos, en fin, lograban ser vendidos a precios baratísimos.

  Para saber más...
"Los esclavos de Sevilla" / Alfonso Franco Silva / Diputación Provincial de Sevilla, 1980
"La esclavitud en Sevilla y su tierra a fines de la Edad Media", Alfonso Franco Silva; Diputacion Provincial de Sevilla 1979
  "El mercado de esclavos en la Sevilla de la primera mitad del siglo XVII", María del Rosario Santos Cabota; colaboración en "La antigua hermandad de los negros de Sevilla", Isidoro Moreno
Los esclavos en la Sevilla del siglo XVI | Procedencia | Los mercaderes | Los propietarios | El trabajo del esclavo sevillano | Los negros libertos | Cofradías de negros y mulatos

Notas:

(1) Juan de Pareja (1606-1670) fue un pintor sevillano, nacido de padres esclavos en 1606 y muerto en 1670. Sirvió a Velázquez también como esclavo, ocupándose en limpiar pinceles, moler colores y preparar cuadros, y se dedicó en secreto a la pintura, copiando e imitando las obras de su amo. Acompañó a éste a Italia, y siguió haciendo progresos. De vuelta a Madrid descubrió su habilidad delante del rey Felipe IV, al visitar éste un día el estudio de Velázquez, obteniendo de este modo la libertad. La anécdota es simpática: un día observó que el rey aprovechaba las ausencias de Velázquez para bajar a su taller y dar la vuelta a los cuadros que Velázquez solía dejar apoyados y girados contra la pared. Juan de Pareja pintó con gran esmero un cuadro y lo colocó vuelto contra la pared. Cuando el rey reparó en él e intentó girarlo Juan de Pareja se arrojó a sus pies confesándose autor del cuadro y rogando al rey que intercediese para que su amo no le castigase pues como esclavo no estaba autorizado a pintar.
Velázquez le concedió carta de libertad en 1650 con motivo del viaje que realizó con su maestro a Roma, momento en el que Velázquez ejecutó su excepcional retrato. Luego continuó a su lado como pintor. Fue discípulo del que fuera su amo y llegó a imitarle con tal perfección, que sus obras se han confundido muchas veces con las de Velázquez y las de su yerno Juan Bautista del Mazo. Las más notables son: La vocación de San Mateo (Museo del Prado); Bautismo de Cristo (Museo BB.AA. Huesca); San Juan Evangelista; San Oroncio; La Virgen de Guadalupe (en Madrid). [Volver al punto de lectura]

(2) "Perfeto confessor, i cura de almas: asunto singular, en el qual..., se reduzen à principios universales... de ambos Derechos, Civil, i Canonico, todas las materias pertenecientes al Teologo Moral..." / por el doctor Iuan Machado de Chaues /Barcelona, 1641 [Volver al punto de lectura]

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