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Los esclavos se adquirían para manifestar el lujo y la riqueza
de una persona pero también para
servir y trabajar. Esta era su principal función y necesariamente
debían cumplirla.
El grupo esclavo que habitaba en las ciudades andaluzas forma en
cada una de ellas un subproletariado urbano que encuentra su empleo
primario y principal en el trabajo doméstico y secundariamente
en los diversos oficios artesanales en funciones de personal auxiliar.
Un grupo menos numeroso hallaba su ocupación en los oficios
de la construcción, del cuero, de la alimentación
y en todos aquellos trabajos considerados viles y despreciables.
Era, por tanto, un valioso ayudante en el taller, en la obra, en
la carnicería o en una tienda de sayos. Proporcionaba un
beneficio más o menos importante al dueño y lograba
en muchos casos como recompensa aprender un oficio y por supuesto
su actividad le permitía conocer la vida y costumbres de
la sociedad urbana en que vivía, que de alguna manera podría
facilitarle su integración en la ciudad cuando llegase el
momento, si llegaba de ser libre. Es famoso el caso de Juan de
Pareja, el esclavo de Velázquez (1),
que trabajaba en el taller mezclando colores y aprendió el
oficio de pintor sin que su amo se enterara.
Las mujeres especialmente se dedicaban al empleo doméstico.
Eran las encargadas de efectuar todas las labores de la casa. Cuidaban
además de los hijos e hijas de su amo ejerciendo, por tanto,
el papel de nodrizas. Actuaban como criadas sin disfrutar de la
condición de libres ni del sueldo que éstas obtenían.
Se las mantenía y se las vestía, generalmente con
las ropas usadas de su ama. Por otro lado, asistían a su
dueña como bordadoras y costureras. En muchas ocasiones los
varones también se utilizaban en las tareas domésticas,
aunque en menor grado que las hembras. Resultaba más común
servirse del esclavo como recadero, aguador o simplemente como mozo
del amo que puede mandarle hacer toda clase de cosas.
Según sea la profesión del amo se puede saber el
empleo del esclavo. En este sentido, los artesanos que adquirían
esclavos lo hacían para que trabajaran como aprendices en
sus talleres sin destinarles remuneración por ello. Entre
todos los oficios secundarios, son los esparteros los que más
frecuentan el mercado de esclavos. De esta manera, los artesanos
evitaban la molestia de tener que pagar a trabajadores libres al
disponer de una mano de obra esclava que, obligatoriamente, debía
serles fieles si querían recuperar algún día
su libertad.
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Los negros ejercían trabajos de toda índole y
los más despreciados socialmente. Negros que arriendan
asnos para colocarse como aguadores proveyendo de agua a sus amos,
o bien trabajando independientemente con una cuba, son abundantes
en esta época. Los esclavos negros, por lo general, son recaderos
de su dueño y trabajaban en todos aquellos oficios a que
se les destinaban. Así, por ejemplo, los hallamos como grumetes
al lado de su patrón, que suele ser un maestro o un piloto.
En el mercado de Sevilla había muchos esclavos que vendían
toda clase de artículos alimenticios, especialmente vinagre
y pescado. Con frecuencia aparecen también en los protocolos
notariales esclavas que practicaban la prostitución, comerciando
con sus cuerpos y exponiéndose a las iras del amo que las
repudiaba entregándolas a la justicia. En algunos contratos
de compra-venta se suele indicar con toda claridad que la esclava
es prostituta para que el nuevo dueño lo sepa. A juzgar por
el número de hembras esclavas que se encontraban detenidas
en la cárdel del concejo de Sevilla, no es de extrañar
que la prostitución estuviese bastante extendida entre la
población esclava, y sobre todo entre las mujeres esclavas
que han sido liberadas y no han podido colocarse.
Por lo que se deduce del manual del confesor llamado del "Perfeto
Confessor..." (2), algunos dueños
de esclavas debían prostituirlas para obtener ganancias extras.
La Iglesia castiga entonces al amo con el máximo premio para
un esclavo, la libertad:
| "quando el señor pone a su esclava
en alguna casa pública, o lugar semejante para que use
mal de su cuerpo, i le acuda con lo que ganare, que por el mismo
hecho queda ella libre". |
Sin embargo, cuando se trata de amancebamiento de amo y esclava,
las cosas parecen complicrse, o por lo menos, no quedan tan claras:
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"Si quando el señor solicita, e impone necessidad
a su esclava para que peque con él, consiga libertad
no consta expresamente del Derecho. Con todo esso comunmente
sienten los Dotores, que en tal caso puede ella con buena
conciencia huirse de su señor, i tratarse como libre,
o pedir ante la justicia que la venda. Si bien otros autores
classicos fundados en la ley que trata desta materia defienden,
que puede en tal caso la esclava de quien ha usado mal el
señor, implorar el auxilio del Obispo pidiendo libertad,
i que deve el Obispo constandole dello, compeler con censuras,
i todo rigor de Derecho al señor, a que conceda libertad
a su esclava, pro aver usado mal della. Una glossa celebre
de la ley citada aun dize, que todos los Dotores han entendido
siempre, que por la dicha ley puede el Obispo por sí,
dar la libertad a la esclava."
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Aunque ambos hechos debían ser frecuentes, el amancebamiento
y la prostitución, no consta en los documentos ningún
caso de libertad a la esclava por estos pecados del señor.
La Iglesia se muestra permisiva cuando es la esclava la que se prostituye
por sí misma; parece claro que lo que, de verdad, interesa
es el alma del señor, pero es indiferente con el alma de
la esclava, e incluso cuida de su salud material:
| "todo aquello que se le da a la esclava,
por razon de mal trato de su cuerpo es para ella, i no para
su señor; porque lo adquiere con el uso de su cuerpo,
en lo qual no tiene que ver su señor". |
Junto a todo ello encontramos también un embrión
de esclavitud agrícola empleada por sus dueños en
las faenas rurales. Pero este tipo de esclavo fue muy raro, ya que
en el campo la mano de obra era más barata, más numerosa
y, por supuesto, más experimentada que la esclava en esas
lides. También trabajaban esclavos en otras actividades diversas
como las jabonerías del Arzobispado.
Por otra parte, algunos esclavos desempeñaban actividades
lucrativas fuera de la vigilancia de sus amos, con o sin su permiso;
a este respecto el manual del Confesor (2)
demuestra que debía ser frecuente y considera que "aquella
cantidad que el esclavo grangea por su cuydado i trabajo, o por
el juego, que como sea sin perjuyzio que deve a su señor,
segun afirman grandes autores, adquiere el dominio en ellas..."
Numerosos esclavos, junto a sus amos, pasaron al Nuevo Mundo para
trabajar en las minas o en el campo. Unos fueron como criados o
escuderos, otroas ayudaron a sus dueños en la profesión
que éstos desempeñaban.
Un buen número de esclavos se encontraban imposibilitados
para trabajar por padecer enfermedades, por impedimentos físicos
o simplemente por vejez. Entre el 10 y el 15 por 100 aproximadamente
de la población esclava sevillana estaba incapacitada y no
podían emplearse, constituyendo, por tanto, una molesta carga
para el dueño, que trataría por cualquier medio de
verse libre de ellos. Algunos eran ingresados en un hospital; a
otros se les permitía continuar en casa de sus amos por la
caridad y el cariño que hacia ellos sentían; unos
pocos, en fin, lograban ser vendidos a precios baratísimos.
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Para saber más... |
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"Los esclavos de Sevilla" / Alfonso Franco Silva /
Diputación Provincial de Sevilla, 1980 |
"La esclavitud en Sevilla y su tierra a fines de la Edad
Media", Alfonso Franco Silva; Diputacion Provincial de
Sevilla 1979 |
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"El mercado de esclavos en la Sevilla de la primera mitad
del siglo XVII", María del Rosario Santos Cabota;
colaboración en "La antigua hermandad de los negros
de Sevilla", Isidoro Moreno |
Notas:
(1) Juan de Pareja
(1606-1670) fue un pintor sevillano, nacido de padres esclavos en
1606 y muerto en 1670. Sirvió a Velázquez también
como esclavo, ocupándose en limpiar pinceles, moler colores
y preparar cuadros, y se dedicó en secreto a la pintura,
copiando e imitando las obras de su amo. Acompañó
a éste a Italia, y siguió haciendo progresos. De vuelta
a Madrid descubrió su habilidad delante del rey Felipe IV,
al visitar éste un día el estudio de Velázquez,
obteniendo de este modo la libertad. La anécdota es simpática:
un día observó que el rey aprovechaba las ausencias
de Velázquez para bajar a su taller y dar la vuelta a los
cuadros que Velázquez solía dejar apoyados y girados
contra la pared. Juan de Pareja pintó con gran esmero un
cuadro y lo colocó vuelto contra la pared. Cuando el rey
reparó en él e intentó girarlo Juan de Pareja
se arrojó a sus pies confesándose autor del cuadro
y rogando al rey que intercediese para que su amo no le castigase
pues como esclavo no estaba autorizado a pintar.
Velázquez le concedió carta de libertad en 1650 con
motivo del viaje que realizó con su maestro a Roma, momento
en el que Velázquez ejecutó su excepcional retrato.
Luego continuó a su lado como pintor. Fue discípulo
del que fuera su amo y llegó a imitarle con tal perfección,
que sus obras se han confundido muchas veces con las de Velázquez
y las de su yerno Juan Bautista del Mazo. Las más notables
son: La vocación de San Mateo (Museo del Prado); Bautismo
de Cristo (Museo BB.AA. Huesca); San Juan Evangelista; San Oroncio;
La Virgen de Guadalupe (en Madrid). [Volver
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(2) "Perfeto confessor, i cura de almas: asunto
singular, en el qual..., se reduzen à principios universales...
de ambos Derechos, Civil, i Canonico, todas las materias pertenecientes
al Teologo Moral..." / por el doctor Iuan Machado de Chaues
/Barcelona, 1641 [Volver al
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