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Sodomía masculina | Sodomía
femenina
La sodomía masculina
¿Era la prostitución la única forma de
comercio carnal que existió en la Sevilla Moderna? Esta
es la pregunta que nos intriga. Si la Iglesia de la época,
como hemos visto, llegó a tolerar la prostitución
femenina era, entre otras cosas, para evitar males mayores como
la relación homofílica (1). El
criterio de los moralistas al respecto era severo, pues el pecado
iba contra el bien de la república y constituía una
de las peores lacras de la sociedad.
Desgraciadamente, en el caso de Sevilla, hay pocos documentos para
el estudio. Las relaciones sodomíticas caían bajo
la jurisdicción civil en el Corona de Castilla, a
diferencia de los reinos aragones, en los que fue el Santo Oficio
quien se ocupó de su persecución y castigo (2).
Así como para Zaragoza o Valencia existe una documentación
lo suficientemente concreta como para haber hecho posible diversas
investigaciones, para el caso de Sevilla nos estrellamos con el
triste destino que corrieron los papeles de la Audiencia, destruidos
o vendidos al peso en su gran parte. En consecuencia, sólo
se disponen de notas y alusiones aisladas, breves pinceladas que
apenas si dejan entrever un cuadro del mayor interés. Una
fuente de primera mano es la autobiografía del padre Pedro
de León, jesuita, conocedor de las confesiones de los
sentenciados a muerte en la cárcel de Sevilla durante treinta
y ocho años (1578-1616).
De tales retazos podemos deducir la existencia en Sevilla de verdaderas
redes de prostitución masculina puestas al servicio de personajes
adinerados tocados del "pecado nefando" y que estaban
dispuestos a pagar bien a jovencitos, a esclavos o a necesitados
para satisfacer sus pulsiones carnales. Así por ejemplo,
entre otros muchos, un caso relatado por el referido P. León,
que si bien ocurrió en 1616, era similar a otros que narra
del tercer cuarto del XVI:
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"Y preguntado si había cometido este pecado con
otros, vino a decir que con un don fulano de tal había
cometídolo algunas veces y que cada vez le daba ocho
ducados porque fuese agente con él. Y que le había
dicho que andaba buscando un par de moros o turcos que fuesen
muy potentes para comprarlos y tenerlos consigo para este
maldito efecto; y que el dicho Juan le había visto
encerrarse con uno o dos moros turcos y que les había
dado el dicho precio porque lo hiciesen con él."
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Antes de continuar con los hechos históricos, debemos precisar
la terminología que estamos empleando. Encabezamos
este apartado bajo el epígrafe moderno de "homosexualidad",
pero no sería muy correcto usar este término en el
siglo XVI (3). Entonces se hablaba de "pecado
nefando" o contra natura, una de cuyas variantes,
la más popular, era la sodomía. La sodomía
consiste en el coito, ya con una persona indebida, es decir del
mismo sexo -sodomía perfecta-, ya con una persona del sexo
opuesto pero en un lugar indebido, es decir extra vas naturale
-sodomía imperfecta-. La idea que domina en este pecado es
la de la penetración y particularmente, la de penetración
anal. La imagen de la fornicación por el orificio más
sucio monopolizó rápidamente toda la carga afectiva
que contenía la idea de lujuria (4).
El coito anal se transformó en el acto contra natura
por antonomasia; Realmente cualquier tipo de actividad sexual no
reproductiva, durante la edad media, era penalizada como pecado
y, por tanto, como delito.
El que fuera confesor en la Cárcel de Sevilla, el jesuita
Pedro de León, denominó
"mariposas" a los que practicaban la sodomía.
Las mariposas, tentadas por la atracción de la llama, vuelan
adelante y atrás, cada vez acercándose más
y más al fuego. En un primer vuelo, una mariposa revolotea
cerca de las llamas de un fuego y sólo se quema un ala. Pero
la tentación del fuego es demasiado grande. Revolotea cada
vez más cerca y se quema otra parte de sí hasta que
al final se quema totalmente. Los sodomitas que no se enmiendan,
llevados por el pecado acabarán por fin en el fuego como
mariposas, aseguraba el padre León. Así contaba un
caso que atendió en la Cárcel Real de Sevilla en 1592:
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"La historia de este alguacil -un tal Quesada- es que
él tenía casa de juego y acogía allí
algunos mocitos de los pintadillos y galancitos, y a unos
procuraba palparlos y tocarles las manos y caras, y a otros
procuraba inducir al pecado consumado.
Al fin vino a parar en el fuego y como suelo decir (y aquel
día que lo mataron lo dije), que los que no se enmiendan
y se andan en las ocasiones de pecar son como las mariposillas,
que andan revoloteando por junto a la lumbre: que de un encuentro
se le quema un alilla, y de otro un pedacillo, y de otro se
quedan quemadas; así los que tratan de esta mercaduría
una vez quedan tiznados en sus honras y otra vez chamuscados
y, al fin, vienen a parar en el fuego."
"Compendio...", Apéndice
de los ajusticiados (pág. 480)
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Este fuego no era una metáfora. El pecado nefando
se castigaba con la hoguera si era mayor de edad o con azotes si
menor. Según el "Apéndice" del padre León,
en los treinta ocho años de su ministerio (1578-1616) hubo
unos 114 casos en Sevilla. Para él, una vez probado el placer
prohibido, era muy difícil dejarlo y tenía mal remedio.
Hablando de un clérigo de misa encartado dice que "la
experiencia nos ha demostrado cuán pocos son los que se enmiendan
de este vicio bestial, y el fuego solamente es el que hace este
oficio".
Los tribunales de Granada y Sevilla, junto con el Tribunal de la
Casa de la Contratación, instruyeron 175 casos de sodomía
entre 1560 y 1699, en los que sentenciaron a unos cincuenta sodomitas
a la hoguera. Y esos eran los descubiertos. Como con las prostitutas
arrepentidas, debemos suponer que eran muchísimos más
los ocultos, los que permanecían "en el armario",
según la expresión actual. Esto lo confirmaba el P.
León cuando decía "que no son los mayores
pecadores los que mueren quemados, que otros hay que nos los prenden".
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El lugar más habitual de la actividad en Sevilla eran la
Huerta del Rey y las casas de juego del Arenal, por donde merodeaban
los putos "agentes" o "pacientes",
como se les llamaba entonces. A muchos se les distinguía
por sus vestidos, pinturas y afeites, otros permanecían en
la clandestinidad. Cita Pedro de León a un "mocito hermoso",
Francisco Galindo, que "andaba con tantas galas que parecía
más mujer que hombre; las cuales dicen que le daban los que
usaban con él de aquella desventura, porque siempre servía
de mujer y era el paciente".
Los pecadores eran de toda clase social y origen: nobles,
clérigos, frailes, taberneros, maestros de escuelas, napolitanos,
franceses, negros, mulatos, turcos ...; "mocitos galanes",
"caballeritos" de 17 años y niños -incluso
los del Hospital de la Misericordia- aparecen embaucados o violados
por depravados, aunque la ley los castigaba duramente: potro, azotes,
exhibición y la hoguera. Salvo a los menores de edad, a los
que se azotaba, se enviaba a galeras, se les encerraba y se les
llevaba a ver cómo ardía el cómplice.
"Y el caso fue que el dicho Hamete (turco
de nación, de Túnez) ... yendo al campo a la salida
de la ciudad se encontró con un muchacho de hasta nueve o
diez años y comenzóle a regalar y prometerle que le
había de dar esto y lo otro; y embaucado el pobre muchacho
se fue con él. Y cuando lo tuvo en ese campo comenzó
a quererlo forzar y acometióle fuertemente, porque el muchacho
daba gritos y pedía favor de Dios y de los hombres. Y con
la fuerza que le hizo el hombre hizo lo que pudo, si bien no cumplidamente
la sodomía, vino a cumplir su deseo entre las pernezuelas
del muchacho, el cual escapó descalabrado y de esta manera
se vino al alcalde de la justicia llorando y corriendo sangre".
La amenidad y la frescura de la Huerta del Rey, que Morgado
describe como "hermoso sitio de Sevilla", le habían
convertido en el refugio de las clandestinidades sociales más
comprometidas del siglo XVI. Con frecuencia apunta en este sentido
la Huerta del Rey en la obra del Padre León, y siempre como
aliada y cómplice de las peores debilidades. Un ejemplo valga
por todos: "Don Diego Maldonado, que pertenecía a
una religión de un hábito de Italia, donde se le debía
de haber pegado la lacra, andaba siempre con mocitos galanes y convidándolos
a meriendas, y a las huertas, y tal se encontró con uno a
quien convidó a merendar en la Huerta del Rey. Estando debajo
de la higuera comiendo higos, después de algunas palabras
tiernas y amorosas, descompúsose él a quererle besar
y pedirle que le dejase hacer su gusto con él, a lo cual
el mozo dio voces diciendo: ¡al punto! ¡que me quieren
forzar!, y cosas semejantes". Al oirse los gritos, el alguacil,
que estaba preparado con anterioridad para prenderlo, corrió
hacia él y lo llevó a la cárcel.
En una ciudad donde gentes de tantas procedencias y costumbres
iban y venían, donde además era perceptible un superávit
masculino notable, no es demasiado de extrañar el que las
relaciones sexuales entre varones fuesen relativamente frecuentes.
No faltaron altos varones que acabaron pagando con su vida su voluntad
de llevar hasta el final su inclinación sexual. Veamos algunos
casos ilustrativos.
En la Biblioteca Colombina y Capitular de Sevilla se conservan
unas Efemérides que refieren la quema del noble
Alonso Téllez Girón y su paje, acusados de sodomitas,
el 30 de abril de 1597, además de haber asesinado a su esposa,
doña Inés de Guevara. Don Alonso era Alguacil Mayor
de Sevilla y administrador de los ducados de Osuna y Alcalá.
| "1597 [...] en lunes 28 de abril el lic. Pedro Velarde
Alcalde del Crimen de la Chansilleria de Granada [...] procedio
contra D. Alonso Celles Gixon sobre la muerte de Dña
Ines de Guerara su muger defunta y sobre lo demás conttenido
en su proceso: lo condeno aque fuese llevado por las calles
públicas de Sevilla [..] hasta el campo fuera de la puerta
de Jerez donde se le diese primero garrote y luego quemado por
el pecado nefando [...] y en perdida de todos su bienes; yba
D. Alonso en mula de silla, vestido de luto y con el su paje
con quien cometia el delito con opa blanca en albarda a los
quales dos quemaron en el quemadero de la Inquisicion en treinta
deste mes de abril" |
En agosto de 1567 fue ejecutado don Alonso Henríquez de
Guzmán por el mismo delito: "1567 [...] en 29 de
dicho ajusticiaron a Don Alonso Henrriques de Guzmán por
el pecado nefando y a un mancebo con quien estando preso lo comettia..."
En diciembre de 1544 fueron quemados por "el pecado nefando"
nada menos que veinte hombres, posiblemente un grupo clandestino
más o menos organizado para captar adeptos o comprar los
servicios de prostitutos profesionales. Hacia 1578, el poeta Vicente
Espinel se escandalizaba de la floración de sodomitas sevillanos:
¡Oh! Caso horrendo, mísero y terrible
es ver la juventud del suelo vándalo
envuelta en sodomía incorregible;
el melífluo mozuelo oliendo a sándalo
con blanduras del rostro y alzacuello,
moviendo al cielo a ira, al mundo a escándalo |
Y eso que, incluso en los bajos fondos, la sodomía tenía
peor reputación que el robo, si seguimos el texto de "Rinconete
y Cortadillo", de Cervantes, que se desarrolla precisamente
en la Sevilla del Quinientos:
La sodomía llegó a ser conocida como el crimen
contra naturam, peccatus, crimen nefandum, pecado nefando, crimen
cometido contra el orden natural, nefando pecado contra natura,
el pecado, la sodomía, crimen atrocisimus. Y a un sodomita
se le llamaba sodomita, sodomista, sodomético, sométicos,
puto, marica, maricón o bujarrón. Este último
término tendía a connotar un "placer por la penetración
anal" y un amor por los muchachos jóvenes.
Como otros males, era habitual imputar el origen del vicio a los
extranjeros, en particular a los italianos, que abundaban en la
Sevilla del Quinientos. (Recuérdese que la sífilis
también se había imputado a los itálicos, entre
otros). En algunas ocasiones, esta sospecha de "tocados por
el pecado nefando" de los italianos dió lugar a encontronazos
como el simpático caso referido por el P. León, habido
entre un estudiante manteísta y un barbero:
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"Mucho mejor le venía a este desdichado el usar
el remedio que el otro estudiante de Madrid: que habiendo
quemado la Justicia a un barbero italiano por el pecado nefando,
se fue él a quitar el cabello a casa de otro barbero
de la misma nación y al sentarse quitóse el
manteo, y el italiano vio cómo traía una esportilla
terrera, el envés afuera, muy encajada en las asentaderas
y fuertemente atada. El estudiante le respondió, que
ya sabía cuán peligroso estaba el tiempo y que
siendo su merced barbero italiano le pareció que convenía
venir semejantemente prevenido. El maestro lo llevó
muy mal y asiéronse a palabras, y de ahí a las
manos y mojicones a tiempo que un alguacil los vio y llevó
presos."
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Sigamos viendo casos. En 1585 fueron ejecutados Salvador Martín
y Alonso Sánchez; su historia es sumamente reveladora de
la realidad sevillana. Habían sido inducidos a la sodomía
por Diego Maldonado, aficionado a relacionarse con mozuelos a los
que pagaba generosamente por sus servicios y con los que solía
reunirse para organizar orgías en la Huerta del Rey. Al ser
detenido, Maldonado delató a Francisco Galindo, sodomita
y alcahuete que trabajaba para caballeros y clérigos de la
ciudad; Galindo, a su vez, encartó al verdadero cerebro de
la red, Machuco el Negro; era un antiguo esclavo que había
conseguido adquirir la carta de libertad gracias al dinero que le
pagaban sus clientes para buscarles partenaires, y que tenía
como ayudante principal en sus tareas a un mulato.
A 1590 corresponde otro de los casos más sonados que dejaron
al descubierto la organización de una red clandestina de
prostitución masculina. Un alguacil de apellido Quesada detentaba
de forma oculta una casa de juegos que, en realidad, no era más
que la tapadera de un burdel masculino. A él procuraba atraer
a "algunos mocitos pintadillos y galancitos", género
que ofrecía a personas de buen caudal, como el hijo del arrendador
de la renta del pescado o un canónigo de la Catedral de Granada.
Muchos otros casos de sodomía apuntó el padre
León en su "Compendio", en los que de
forma menos explícita y entre líneas se puede observar
el contorno de unas prácticas sexuales más extendidas
de lo que en principio se pudiera pensar.
| "Francisco de Zárate y Mateo de Salvatierra a
14 de febrero [de 1579] fueron quemados por tocamientos deshonestos
que entre sí tuvieron estando acostados juntos en una
cama. Oyéronlos, que estaban retozando el uno con el
otro y hablando palabras deshonestas y palpándose. Estos
dos eran mozuelos de hasta diecisiete años y venían
en una compañía de soldados, y su capitán,
con su asesor, los condenó a quemar."
"Juan de Quevedo, en 30 de marzo [de 1579], quemado
por el pecado nefando. Este hombre era maestro de escuela
en Utrera y con los muchachos, sus discípulos, pecaba."
"[N.N.] 17 de junio de 1579, por bestialidad con una
borrica, fue quemado y ahorcada la borrica como manda la ley."
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Otras fuentes son coincidentes a este respecto. El 19 de abril
de 1600 fueron quemados nada menos que quince acusados de sodomía,
un número que nos hace pensar en una comunidad activa y secreta.
Tres años más tarde era un sacerdote, Francisco Inhiesta,
el procesado por sostener la errónea opinión de que
la sodomía no era pecado si se pagaba al cómplice,
tal y como él habia hecho en numerosas ocasiones aprovechando
el momento de la confesión.
Tal era la obsesión por extirpar el pecado nefando que alguna
que otra vez fueron condenados personas inocentes, por malos entendidos.
Así nos cuenta el padre León un caso tragicómico
que el conoció a fines del XVI. Se trata de dos pobres arrieros
que llegaron a Sevilla con sus mercancías. Uno de ellos tuvo
necesidad de tomar un purgante y tal dosis ingirió que le
quedaron "aquellas partes secretas abrasadas".
Así que no tuvo más remedio que encamarse en la posada.
Allí recibe la visita de su compañero:
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"¿Qué teneis, fulano, que no habeis parecido
por allá? El enfermo le respondió: Pecador de
mí, cómo tengo de aparecer, que estoy en esta
cama padeciendo lo que Dios sabe de unas quemaduritas que
me hice en el baño con un diablo de no sé qué
medicina que me dieron en el baño para limpieza. Dóila
yo al diablo, y nunca yo allá hubiera ido.
Veámoslas
(dijo el amigo).
Y el cuitado enfermo le dijo: Cerrad esa
puerta. Y cerrada asentóse en la cama el pobre enfermo
y alzó la pierna para que le pudiese ver bien las llamas
que tenía. Y estándoselas mirando púsole
la mano en una de ellas, y apenas se la había puesto
cuando le dijo: ¡Quedito, cuerpo de Dios, que me lastimáis!
La moza del mesón que estaba con cuidado por haberle
oído decir al enfermo "cerrad esa puerta",
estuvo acechando por un agujero de otro aposento, pared en
medio. Y viendo que el enfermo tenía las piernas en
alto y el amigo tocándoselas y oyese decir al enfermo:
Quedito, que me lastimáis, púsosele en aquella
cabeza que estaban cometiendo el pecado nefando. Y bajó
corriendo a su ama, y contóle lo que había visto
y oído. El ama le mandó que luego al momento
fuese a dar cuenta a la justicia, como lo hizo.
Y al punto
vino el alcalde de la justicia y hallólos en el dicho
aposento en buena conversación, y préndelos,
y presos tomóles la confesión a cada uno de
ellos. Confesaron la verdad que queda referida, de que le
estaba mirando las llagas contraídas en el baño,
a lo cual el alcalde dijo: ¡Abujarrones! que aun estándoos
muriendo no podéis apartaros de este pecado. Mandó
el alcalde de la justicia que le llamasen al verdugo para
darles tormento." Tras múltiples torturas, confesaron
lo que no habían hecho "y estando ya confesos,
los sentenció a quemar y la Audiencia confirmó
la sentencia de fuego".
"Compendio..." del Padre León
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Concluyendo. En la pícara Sevilla del Siglo de Oro,
Babilonia en la jerga de la germanía, no habían de
faltar refinamientos sexuales de toda calidad, forma y condición.
Al fin y al cabo, el oro todo lo consigue (y lo corrompe, según
voces de la época), y en pocas urbes del mundo corrió
nunca tanto oro como a orillas del Betis.
Pero no creamos que era sólo en Sevilla. El "sexo
contra natura" tuvo un desarrollo notable en esta época
en España. El profesor Carrasco, en su obra "Inquisición
y represión...", ha documentado la siguiente información.
Entre 1450 y 1700, el Tribunal Inquisitorial instruyó 380
casos por sodomía en Valencia, otros 791 en Zaragoza y 453
en Barcelona. En Valencia, el tribunal sentenció a la hoguera
a 37 hombres entre 1566 y 1775, la gran mayoría entre 1616
y 1630, justo durante el auge de la Contrarreforma. Los tribunales
no condenaron a la pira a ningún sodomita después
de 1630; en lugar de eso los condenaron al cadalso, a que se les
administraran latigazos o al destierro perpetuo del Reino. En Castilla
este cambio ocurrió en la última década del
siglo XVII.
La sodomía femenina o lesbianismo
La sodomía a principios de la Edad Moderna no era un dominio
exclusivo del hombre. Si los textos legales de los inicios de esta
época habían atribuido las nociones de sodomía
en exclusiva a los hombres, los teólogos desde la época
bíblica ya habían comentado la posibilidad de la sodomía
entre las mujeres.
Una de las descripciones más tempranas de la sodomía
como "contra natura" aparecía en el Nuevo Testamento
en una carta que San Pablo envió a los romanos en la que
se refería tanto a la sodomía entre los hombres como
a la de las mujeres. Por desgracia, comentaba Pablo, tanto hombres
como mujeres habían abandonado el "uso natural"
del orden prescrito cuando los hombres se juntaban con hombres y
las mujeres con mujeres, el vergonzoso acto contra naturaleza:
"Por eso los entregó
Dios a pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones
naturales por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres,
abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los
unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre,
recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío"
(Epistola a los Romanos 1, 26-27)
En el siglo XIII, Gregorio López, en su comentario titulado
"Omes en la Setena Partida" definía el concepto
del pecado nefando en términos amplios; escribía que
"aunque dice la ley hombres, se incluye también a
las mujeres tanto cuando una con otra haga contra natura como cuando
varón con hembra haga el coito contra natura [...] así
pues el pecado femenino es posible y ha de ser castigado".
A pesar de la posibilidad de la sodomía femenina, razonaba
López, la ley divina o la secular no castigaba el coito
entre dos mujeres: "coito de mujer con mujer no se encuentra
castigado por ley divina ni humana [...] aunque este es un pecado
grave no es tan grave como el vicio sodomítico de varón
con varón [...] mayor es la perturbación del orden
natural en el pecado sodomítico entre varones que entre mujeres".
Se consideraba que el hombre era un colaborador de Dios en la tarea
de la Creación, que nunca cesó, puesto que en el Hombre,
en su semilla, en su semen, se albergaba el potencial de los seres
nuevos y futuros. La sodomía entre mujeres no alteraba la
economía de la creación puesto que no había
posibilidad de coito que involucrara el desperdicio de semen, y
a diferencia de la sodomía entre hombres, la sodomía
entre mujeres no ofendía directamente la imagen de Dios.
En consecuencia, argumentaba López, las mujeres no tenían
que sufrir el calor de las llamas sino más bien una pena
menos severa que la muerte excepto cuando hubieran empleado aliquo
instrumento virginitas violetur entre sí, es decir, lo
que hoy llamaríamos "consoladores".
La Cárcel Real de Sevilla, observada por Cristobal
de Chaves, había "castigado muchas mujeres porque
querían ser más masculinas de lo que la naturaleza
permitía". Cuenta el abogado que en prisión,
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"algunas mujeres se habían convertido en gallos
con la ayuda de un baldrés o un instrumento
fabricado con el pellejo curtido de una oveja y moldeado en
forma de la natura de un hombre, que después se ataban
con cintas".
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Estas mujeres recibían "doscientos latigazos y el tribunal
las desterraba a perpetuidad del Reino". No parecen raras estas
intimidades femeninas; el padre León contaba, mucho más
discretamente como clérigo que era, que también se
besaban las mujeres en ocasiones: "la otra ... que junta
con ella boca con boca y otras cosas indignas de historia por más
profanas que fuera y así las dejo por la decencia".
A diferencia de López, Antonio Gómez, otro moralista
del siglo dieciséis, escribió que si dos mujeres cometían
el crimen de sodomía contra la naturaleza "mediante
aliquo instrumento materiali" debían ser quemadas,
como dictó en un caso anterior que había instruido
y que había "involucrado a dos monjas". Pero en
ausencia de un instrumento empleado para la penetración,
Gómez se mostraba partidario de una pena menor que la de
muerte.
En apariencia, hasta 1560, incluso el Tribunal Supremo Inquisitorial
de Madrid no conocía casos que involucraran sodomía
entre mujeres sin el uso de un "instrumento", a pesar
de acusaciones al contrario. Antes, en la primera década
del siglo XVI, es conocido el caso de Catalina de Belunza y una
tal Mariche, que el Fiscal General de San Sebastián había
acusado de "penetrarse entre sí como lo harían
un hombre y una mujer desnudas, en la cama, tocándose y besándose,
la una encima del vientre o la panza de la otra, un crimen que habían
perpetrado en numerosas y diversas ocasiones". Tras apelación,
el Tribunal Supremo terminó retirando todos los cargos.
Y es que, "aunque un crimen", muchos moralistas consideraron
la sodomía entre mujeres como "no auténtica,
imperfecta, desprovista de semen desperdiciado o dispersado"
y los tribunales por lo general delegaban estos casos y sus sentencias
a los obispos locales.
Notas:
(1) Que la Iglesia siempre fue consciente de
que existía la homosexualidad incluso en sus propias filas
sí es algo documentable. Basta leer la norma base del monacato
occidental, que es la Regla de los Monjes, escrita por San Benito
Abad hacia el 540 dC. En su capítulo XXII, intitulado "Cómo
han de dormir los monjes" se lee: "Duerma cada cual en
su cama. Reciban de su abad la ropa de cama adecuada a su género
de vida. Si es posible, duerman todos en un mismo local, pero si
el número no lo permite, duerman de a diez o de a veinte,
con ancianos que velen sobre ellos. En este dormitorio arda constantemente
una lámpara hasta el amanecer... Los hermanos más
jóvenes no tengan las camas contiguas, sino intercaladas
con las de los ancianos." Tantas cautelas -luz encendida, el
abad en medio, jóvenes con viejos- no pretendían sino
evitar tentaciones libidinosas. (pueden ver la Regla íntegra
en esta web: http://www.sbenito.org.ar/regla/rb.htm). Un reflejo
de esta obsesión lo encontramos en las primeras Constituciones
del Colegio-Universidad de Santa María de Jesús (1506),
embrión de la Universidad de Sevilla. Escritas por el fundador,
el canónigo Fernández de Santaella, castigaba muy
severamente al colegial que durmiera en la habitación de
un compañero. [Volver
al punto de lectura]
(2) Solamente en el Reino de Aragón,
en conformidad con un breve de Clemente VII (1524), eran juzgados
por los tribunales de la Inquisición, mientras que en
Castilla, las Indias y los demás dominios hispanos eran materia
de competencia de los tribunales civiles. Hay que precisar que
aun en Aragón tal delito podía ser juzgado indistintamente
por la Inquisición o los demás tribunales de justicia,
pero los perpetradores de tales faltas tenían una gran ventaja
si eran juzgados por la Inquisición: era una de las raras
oportunidades de salvar el pellejo. Los sodomitas procesados por
la Inquisición eran tratados con energía pero, al
mismo tiempo, con benignidad. Así, el Tribunal reconocía
atenuantes y la posibilidad del arrepentimiento del procesado. En
tales casos le perdonaría la vida pero se haría merecedor
de alguna sanción severa, la misma que podría incluir
el encierro en prisión por algún período de
tiempo determinado o el ser enviado a galeras, el destierro, la
confiscación de bienes o la imposición de alguna multa
en proporción a la situación económica del
procesado, recibir entre 100 y 200 azotes además de lo cual
se recibirían penas espirituales. En cambio los tribunales
civiles aplicarían la pena capital, sin mayor posibilidad
de arrepentimiento, si se conseguía demostrar que una persona
había incurrido en tales faltas. Mientras en los tribunales
civiles se condenaba a la pena de muerte a todo sodomita en el Tribunal
de la Inquisición sólo a un porcentaje minoritario.
Por ejemplo, en el Tribunal de Valencia se procesó a 359
entre 1565 y 1785 de los cuales 37 (10.3%) fueron relajados, según
Rafael Carrasco op. cit. [Volver
al punto de lectura]
(3) La primera vez que aparece
el vocablo "homosexualidad" en diccionarios de
la Real Academia es en el Usual de 1936 (pág. 694) y lo define
simplemente como "sodomía". Según Luis Mott,
el término gay proviene del catalán-provenzal "gai",
siendo usado desde los siglos XIII-XIV como sinónimo de homosexual
(según cita de Carolina Giraldo en web abajo citada.) [Volver
al punto de lectura]
(4) Tradicionalmente se ha entendido
la lujuria como "appetitus inorditatus delectationis
venerae", es decir como un apetito desordenado de los placeres
eróticos. La tradición cristiana subdividió
este pecado en la simple fornicación, el estupro, el rapto,
el incesto, el sacrilegio, el adulterio y el pecado contra natura,
comprendiendo bajo esta última especie, la polución
voluntaria, la sodomía y la bestialidad. La lujuria sería
siempre un "pecado mortal" pues involucra directamente
la utilización del otro, del prójimo, como un medio
y un objeto para la satisfacción de los placeres sexuales.
[Volver al punto de lectura]
(5) La iconografía de
San Sebastián, mártir de Roma, ha ido adquiriendo
a lo largo de los siglos muchas de las caracteristicas que hoy reconocemos
propias de la historia de la homosexualidad, que observamos como
características del imaginario gay. Esto ha sido objeto de
una tesis doctoral ("Homoerotismo en la iconografía
de San Sebastián Mártir: una visión desde el
presente", José Manuel Bujan Bran, 1995, Universidad
del Pais Vasco). El trabajo analiza los distintos elementos de la
iconografia sebastiniana (representación del cuerpo, de las
vestiduras, del cabello...), tratando de asentar científicamente
lo que durante siglos fue una opinión extendida, es decir,
que las representaciones de San Sebastián debían mucho
al homoerotismo de las esculturas de la antigüedad. [Volver
al punto de lectura]
| Para saber más... |
 |
Vázquez García, Francisco y Moreno
Mengíbar, Andrés: "Poder y prostitución
en Sevilla",
(siglos XIV-XX), tomo I /Universidad de Sevilla, 1998 (2ª
edición) |
Garza Carvajal, Federico: "Quemando mariposas : sodomía
e imperio en Andalucía
y México, siglos XVI-XVII" /
Ed. Laertes, Barcelona, 2002 |
Pedro de León (1616): "Grandeza y miseria en Andalucia.
Testimonio de una encrucijada histórica 1578-1616"
/Edición, introducción y notas de Pedro Herra
Puga / Granada 1981 [Contiene íntegramente el "Compendio
de algunas experiencias en los ministerios de que usa la
Compañía
de Jesús..." y su Apéndice de los ajusticiados.
Recoge muchos casos de condenados por el pecado nefando en
Sevilla] |
Morales Padrón, Francisco: "La ciudad del Quinientos" /coleccion
Historia de Sevilla. Universidad de Sevilla 1977 |
Sobre este tema hay un estudio de Rafael Carrasco, gran especialista
en el tema:
Inquisición y represión sexual en Valencia. Historia
de los sodomitas (1565-1785).- [Ed. Laertes Barcelona, España,
1985], si bien centrado en el tribunal valenciano. Puede ver
un extracto del mismo en
esta web y en otras muchas. |
Tomás y Valiente, Francisco: "El crimen y pecado
contra natura". Veáse "El Derecho penal de
la Monarquía absoluta. Siglos XVI, XVII y XVII"
(Ed. Tecnos, Madrid 1969) y "Manual de historia del derecho
español" (Ed. Tecnos, Madrid 2001) |
Perry,
Mary Elizabeth. "The 'Nefarious Sin' in
Early Modem Seville". Journal of Homosexuality 16 (1988):
67-89. Este tomo del Journal of Homosexuality también
se publicó como el libro The Pursuit of Sodomy: Male
Homosexuality in Renaissance and Enlightenment Europe. Eds.
Kent Gerard and Gert Hekma. New York: Haworth Press, 1989. |
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Enlaces webs externas |
Aunque trata del vicio innombrable en Latinoamérica
en el siglo XVII, este ensayo apunta datos interesantes sobre
el tema: "Esclavos
sodomitas en Cartagena colonial. Hablando del pecado nefando",
por Carolina Giraldo Botero, en la revista digital "Historia
Critica", del Departamento de Historia - Facultad de Ciencias
Sociales, Universidad de Los Andes. |
La
supuesta homosexualidad de Cervantes.- Daniel Eisenberg
(Excelsior College, Albany, New York); en Biblioteca Virtual
Miguel de Cervantes. El autor inventa un nuevo término, "homoamical",
para describir algunos comportamientos homofílicos
de la época. Repasa el entorno homosexual que pudo
vivir el ilustre escritor a fines del siglo XVI: Sevilla,
Argel, ... |
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