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El Renacimiento fue el Siglo de Oro de la música andaluza,
impulsada por el creciente poderío económico derivado
del descubrimiento de América y de la conquista del Reino de
Granada por los Reyes Católicos, que hacen posible el establecimiento
de las diversas catedrales y sus respectivas capillas
musicales, alcanzando
sus mayores cotas en el ámbito de la música europea.
Los instrumentos habituales en las capillas catedralicias eran los
de viento, aunque los de cuerda, especialmente arpas y violas da
braccio, también participaban regularmente en el acompañamiento
o en la alternancia de voces.
La tradición cultural de Sevilla alcanza su máximo
punto de desarrollo durante el siglo XVI. La solemnidad y complejidad
musical estaba en función de la importancia de la fiesta
religiosa celebrada, que exige del maestro de capilla una intensa
dedicación, porque de él dependía la brillantez
y vistosidad del acto. Sevilla se convirtió, como sede de
la cabecera del comercio con las Indias, en un centro de irradiación
musical de la mayor importancia, sobre todo a partir de 1506,
fecha en la que quedó concluida la nueva catedral.
Sevilla contó entonces con muy notables cultivadores: Pedro
Fernández de Castilleja, Cristobal de Morales, Mudarra, Francisco
Guerrero o Francisco Peraza. Unos como maestros de capilla, otros
como compositores, y otros como organistas, dieron altos vuelos
a la música polifónica hispalense. Música fundamentalmente
religiosa que tuvo en la catedral su gran escenario y de cuya grandiosidad
quedan espléndidos testimonios en el archivo musical del
primer templo hispalense.
En 1507 se estableció la plaza de organista fijo en la
catedral de Sevilla, que anteriormente había sido temporal.
Destacaron Pedro de Villada, principal impulsor del órgano
grande de la catedral, seguido de Jerónimo Peraza de Sotomayor,
Diego del Castillo y Francisco Peraza, éste último
biografiado por Francisco Pacheco en su "Libro de descripcion
de verdaderos retratos", de 1599 y seleccionado por oposición
por el mismísimo Guerrero.
En el siglo XVI, las Catedrales y las ciudades contrataban conjuntos
de instrumentos de viento constituidos principalmente por chirimías,
cornetas, sacabuches y bajones (y ocasionalmente flautas y orlos),
a los que se les conocía en España como Ministriles o Chirimías, en Italia pifferi o trombetti, pfeiffern en
Alemania y en Inglaterra waits.
Los ministriles tocaban en los oficios litúrgicos, precedían
y daban brillo a las procesiones, anunciaban las fiestas, e incluso
marcaban el comienzo de las ventas en los mercados. El uso de
instrumentos para acompañar a la polifonía es una
de las características más interesantes del siglo
XVI. Su versatilidad
les permitía doblar y alternar con delicadeza con los cantantes
y también competir con el ruido de las plazas.
En cuanto a los ministriles sevillanos, la catedral hispalense
contaba con tres chirimías y dos sacabuches contratados
para las fiestas más importantes -quizás desde 1526-,
hasta que, en 1553, con Francisco Guerrero, se crearon las plazas
fijas, aunque seguían contratando a trompetas, cornetas,
atabales (timbales) o tamborinos (tamboril, tambor pequeño).
Pedro Fernández de Castilleja, considerado como maestro
de los maestros de España, compuso motetes, chazonetas
y será maestro de Francisco Guerrero y Cristóbal de
Morales. Una larga vida le permitió permanecer al servicio
de la catedral desde 1505 hasta 1568 en que se jubila. Su alumno,
Cristóbal de Morales será, con el también sevillano
Francisco Guerrero, uno de los tres grandes polifonistas españoles
del XVI.
Alonso Mudarra, canónigo en 1547, gran tañedor
de vihuela, compuso "Tres libros de música en cifra"
para este instrumento. El citado Guerrero, como su compañero
Morales, anduvo más fuera que en Sevilla; es la figura central
del panorama musical de entonces. Le cupo actualizar el archivo
musical de la catedral en unión de Fernández de Castilleja,
ser maestro de los famosos cantores, y componer una infinidad de
obras que aún se conservan, y muchas de las cuales fueron
impresas en el extranjero y en vida del autor.
Finalmente, Francisco de Peraza, organista y compositor,
autor de "Medio registro alto de primer tono" y magistral
intérprete, que muere en 1598. Mereció ser enterrado
en la capilla de la Virgen de la Antigua y que Guerrero dijese de
él que tenía un angel en cada dedo.
Pero, entre todos los compositores renacentistas sevillanos, destacaré
a dos por la calidad de su producción musical, por su proyección,
así como por su contribución al desarrollo de la música
andaluza.
Cristobal de Morales
El sevillano Cristobal de Morales (h. 1500 - 1553) fue el más
ilustre compositor de su época y primera figura del arte
religioso polifónico andaluz, de la escuela sevillana.
La primera noticia que se tiene de él data de 1526, como
maestro de capilla de la catedrales de Ávila y de Plasencia.Luego,
en 1535, en la Capilla Sixtina de Roma con Pablo III, siendo ya
sacerdote; Tal fue la fama que adquirió en Roma que se le
encargó la composición de la cantata Jubilate Deo
omnis terra con ocasión del tratado de paz entre Carlos
V y Francisco I de Francia.
En 1545 fue maestro de capilla de la catedral de Toledo; luego
estuvo en Marchena (Sevilla); en 1551 se marchó a su última
morada, Málaga. Este continuo cambio de residencia se debió
a su deseo de obtener mejores beneficios económicos.
Su obra se difundió con gran rapidez, ya que en un espacio
de veinte años se hicieron más de cuarenta ediciones
impresas en toda Europa (Italia, Alemania, Países Bajos,
Francia y España). Su éxito editorial se prolongó
hasta después de su muerte. Sus trabajos figuran hoy en las
mejores antologías, al lado de los de otros grandes maestros.
Su obra comprende 21 misas, 75 motetes, 2 magnificats, entre otras
composiciones de igual importancia. Aún hoy la Capilla Pontificia
sigue cantando por Cuaresma uno de sus geniales motetes: "Lamentabatur
Jacob", de 1564. Murió en Málaga en 1553, cuando
se disponía a volver a la plaza que dejara en Toledo, quizás
por una afección de malaria.
Francisco Guerrero
A Guerrero (1528-1599) se le consideraba como el máximo
representante de la escuela sevillana en esta época dorada.
Fue el mayor maestro de la polifonía sacra de la Escuela
Andaluza. Fue alumno de su hermano Pedro, de Pedro Fernández
de Castilleja y del propio Cristóbal de Morales. Se inició
como niño cantor en la catedral de Sevilla y ocupó
la plaza de maestro de capilla de la catedral de Jaén, ciudad
en la que permaneció hasta 1549, en que regresó a
Sevilla de nuevo como cantor de los veinteneros. Posteriormente
fue nombrado maestro de los niños, con la promesa por parte
del Cabildo de la catedral de la sucesión del maestro Castilleja
cuando éste falleciera. La titularidad definitiva la obtendría
en 1574. Al margen de la música, fue miembro del Santo
Oficio.
Guerrero fue un viajero infatigable, que visitó, por motivos
de distinta índole, a Carlos V y Felipe II, e incluso viajó
a Roma y Venecia con la finalidad de imprimir sus obras. Pero su
viaje más célebre fue el realizado a Jerusalén
en 1588, fruto del cual escribió un libro autobiográfico
que tituló "El viaje de Jerusalén, que hizo
Francisco Guerrero, racionero y maestro de capilla de la santa iglesia
de Sevilla", publicado en Sevilla en 1596.
Después de 44 años al servicio de la catedral de
Sevilla, una epidemia de peste acabó con su vida en 1599.
Entre su obra podemos destacar 16 misas, 2 officium defunctorum,
34 himnos, unos 105 motetes impresos y un ciclo de magnificats (siempre
fue conocido en España como ferviente cantor a la Virgen).
Dentro de la producción del maestro ocupa un lugar de excepción
las "Canciones y villanescas espirituales", únicas
en su género por estar en lengua vernácula.
Las obras de Guerrero fueron impresas en París, Lovaina,
Roma y Venecia, como también, en su país natal, rarísima
excepción entre los polifonistas españoles del siglo
XVI. De una noble serenidad y gran expresión artística,
estas composiciones lo colocan entre los grandes exponentes de la
escuela polifónica española; no hubo catedral ni templo
en la Península donde no fueran ejecutadas sus obras, hasta
bien entrado el siglo XVII.
GLOSARIO:
Polifonía: Música que combina simultáneamente
diversas voces, en la que cada una de ellas conserva su independencia,
a la vez que está sujeta armónicamente a las restantes.
Desde los tiempos del primer cristianismo asentado en Europa,
el principal papel de la música era servir únicamente
como soporte de las palabras tanto en el ámbito religioso
-recordemos la cristalización del canto gregoriano- como
en el profano, en el que obras como El Cantar del Mio Cid, las
cantigas de amor o de amigo, canciones de trovadores, troveros
y segreles, reflejaban una literatura para ser escuchada. El primer
desarrollo de la polifonía seguía manteniendo la
primacía indiscutible del texto.
Capilla: La palabra capilla deriva del latín medieval
"cappa", y con él se denominaba al espacio del
templo donde ensayaban los músicos y, por extensión,
al conjunto de músicos encargados de cantar o tocar, con
todo el acompañamiento de libros corales, instrumentos, vestimenta,
distintivos, al servicio de una iglesia o corte.
Las capillas catedralicias estaban regidas por un maestro de capilla,
principal responsable de la misma, entre cuyas obligaciones debía
cuidar e instruir a los niños cantores, componer la música
necesaria para el culto divino, dirigir el coro o presidir las oposiciones
de otras plazas de músicos. Para ayudar al maestro había
otras plazas como el "maestro de mozos de coro", que instruía
a los niños en el canto gregoriano, y el "maestro de
canto de órgano", que enseñaba la música
polifónica. La capilla también contaba con un grupo
de voces adultas, los llamados "veinteneros", dado su
agrupamiento, que eran en su mayoría clérigos. Para
la entonación de la música gregoriana estaba el "sochantre".
Paralelamente a las capillas catedralicias, existen las capillas
reales, que se disputaban los maestros y cantores de mayor renombre,
aunque hubiera que buscarlos y traerlos de tierras extranjeras o
enviarlos allí a prepararse. Destacaron las de los Reyes
Católicos, Carlos I y la de Felipe II.
Por otro lado, emulando a las capillas reales, algunos nobles se
permitieron el lujo de poseer su propia capilla musical, muy semejante
a las catedralicias pero que, además, contaban con ministriles
de instrumentos de cuerda, como el arpa, vihuelas (primitiva guitarra),
violas, clavicordio o laúdes.
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Sacabuche: Similar en apariencia al trombón de varas
moderno, el sacabuche fue el único instrumento de metal
que tenían a su disposición los compositores del
Renacimiento. En Italia se denominaba trombone, saqueboute en
Francia, sackbut en Inglaterra. No se sabe con certeza
cuándo
fue creado, pero hacia 1500 aparece mencionado con regularidad,
e incluso en ilustraciones. Praetorius ofrece detallada información
del instrumento, indicando que se construía en cuatro tamaños:
alto, tenor, bajo y contrabajo. El sacabuche tenor era el que
se empleaba más frecuentemente y el que ha evolucionado
al trombón tenor actual prácticamente sin variaciones. Para
la interpretación de
música en la calle, los
conjuntos de sacabuches eran acompañados por chirimías,
mientras que en las iglesias las partes más agudas eran
ejecutadas por cornetas.
El sacabuche se diferencia del actual trombón en el menor
tamaño de la embocadura, la campana, que es menos amplia,
en la falta de una llave de agua, de una vara de afinación
y en la curva de la campana. Tenía trozos de piel para
amortiguar las varas cuando eran traídas a primera posición;
en los sacabuches bajo, debido a que el brazo humano no podía
alcanzar las posiciones más lejanas, tenían una
manivela articulada en la vara para extender el alcance. Estas
características permiten al sacabuche obtener
un sonido mucho más dulce y aterciopelado que el trombón
moderno, y lo hace esencial para la interpretación
de música
sacra renacentista. En cuanto a su nombre, es curioso el origen
que da Covarrubias en su "Tesoro de la Lengua Castellana"
(1611):
"Es un instrumento musical que se larga y recoge en sí mesmo,
táñese con los demás instrumentos de chirimías, cornetas y flautas. Díjose
así porque,
cualquiera que no estuviese advertido, le parecería cuando
se alarga sacarle el buche".
Corneta: La corneta renacentista, más conocida como
cornetto, es un instrumento de madera que surgió y
se desarrolló durante el Renacimiento, teniendo su máximo
esplendor en la Italia de finales del Siglo XVI y principios
del Siglo XVII, solicitado para todo tipo de música: baja (interior),
alta (exterior); música de danza; música de iglesia y de cámara;
bandas municipales y cortesanas. Bach utilizó la corneta en once
de sus cantatas sacras, casi siempre para apoyar las voces una
coral.
Su aspecto no tiene nada que ver con la actual corneta
(de uso militar y cofradiero); se parece más
a la flauta pero curva, en vez de recta; precisamente su nombre
viene del parecido con el cuerno del toro, aunque las hay rectas
(ya en los escritos ingleses del siglo X se menciona la corneta
como diminutivo de cuerno). Solían hacerse en madera o marfil,
cubiertos de cuero, para protegerlo de las inclemencias del tiempo
y con embocadura adicional. Michael Praetorius en su importante
obra Sintagma Musicum, II, (de Organographia, Wolfenbüttel,
1619), considerada un auténtico manual de referencia ya que contiene
datos precisos y reproducciones de los instrumentos antiguos y
contemporáneos, habla de tres tamaños: corneto tenor, corneto
y cornetino.
Su sonido es similar
al de la trompeta, pero dulcificado, con lo que puede adaptarse
a los instrumentos de metal o de madera. Es un instrumento que
posee una cualidad vocal excelente, por lo que es ideal para doblar
la voz humana, especialmente en el registro de tiple. En la época
se utilizó de
manera deslumbrante, y ha sido quizá uno de los instrumentos
más difíciles
de tañer en la historia de los instrumentos de viento. Mersenne
en su Harmonnie Universelle publicada en París en
1636, escribe que el sonido de las cornetas es semejante al brillo
de un rayo de sol que aparece a través de las sombras, cuando
se oye mezclado con las voces en las iglesias catedrales o en las
capillas.
Chirimía: Las chirimías corresponden a los
instrumentos de caña doble antecesores del oboe y corno inglés.
Son instrumentos de madera que funcionan con doble lengüeta
para producir el sonido. La caña vibra y el sonido se propaga
a través del instrumento. En sí, son instrumentos
bastante simples y solamente poseen una llave para el último
agujero de la maño izquierda en los instrumentos altos, tenores
y bajos. Sin embargo, esta simplicidad hace que la forma de tañerlos
y su afinación sea extremadamente difícil, y por estas
dificultados son relativamente poco utilizados, sobre todo mezclados
con voces.
Motete: Composición vocal polifónica de caracter
religioso.
Magnificat: Composición vocal dedicada a la Virgen
María
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