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Los negros libertos. Sevilla siglo XVI

negros
La liberación de esclavos era habitual en la Andalucía bajomedieval (Negros pintados por Rembrandt, 1661)
En la sociedad andaluza de fines del Medievo fue bastante frecuente la concesión de la libertad al esclavo. El acto por el cual se concedía la libertad se llamaba ahorramiento y mediante él conseguía como premio la gran ilusión de su vida, la libertad, porque su comportamiento hacia el amo había sido fiel, cariñoso, obediente y respetuoso.

De dos únicas maneras se podía efectuar en esta época la liberación: por una carta de ahorría firmada por el escribano público, o lo que era más frecuente, por una cláusula testamentaria. Con la posesión de uno u otro documento el esclavo se convertía en una persona jurídicamente libre, dotada de todos los derechos y obligaciones de las demás personas libres. Podían contraer matrimonio libremente, hacer testamento, dejar sus bienes a sus hijos, ir a cualquier parte que desease, etc.

El dueño que en su testamento liberase a un esclavo podía, si ese era su deseo, arrepentirse de ello y, en un codicilo posterior, invalidar el ahorramiento. El acto de liberación dependía, pues de la voluntad y carácter del dueño, así como del cariño que tuviese por el esclavo, y sobre todo de la fidelidad de éste a su señor.

Los esclavos eran liberados con mayor frecuencia en el seno de los grupos privilegiados de la sociedad. Nobles y eclesiásticos eran las personas que mayor número de cautivos ahorraban. En los sectores socioprofesionales inferiores -artesanos, profesiones liberales, etc.- se producían menos liberaciones. Los mercaderes eran los más reacios porque en gran parte vivían de este negocio. Las razones de todo ello no hay que buscarlas en el hecho de que unos grupos tuvieran una consideración distinta, peor o mejor, del esclavo sino en la necesidad que se tenía del mismo. Las oligarquías dominantes, al disponer de un número mayor de esclavos, podían permitirse el lujo de realizar una buena acción al otrogarles la libertad, porque gozaban de una situación económica que podría facilitarles la adquisición de otros. No así los artesanos, para quienes el esfuerzo que les había supuesto la compra de un cautivo no podía despilfarrarse con la concesión de la libertad.

Algunos esclavos negros conseguían ahorrar el dinero necesario para pagar su liberación, pero la gran mayoría de ellos sólo tenía la posibilidad de dejar de serlo cuando su amo lo estimaba oportuno o, a veces, cuando uno de sus padres ya era libre y podía conseguir a su vez liberar a su hijo. Se liberaba con mayor frecuencia a las mujeres, a los niños y a los ancianos que a los varones jóvenes y adultos; y en mayor medida a los esclavos ladinos, es decir, a los ya adaptados a las costumbres de sus dueños, que a los bozales.

La liberación llevada a cabo por cláusula de testamento -la más frecuente- venía a ser, por lo general una recompensa que el dueño concedía al esclavo cuando éste le había servido con lealtad y buena disposición de ánimo. No obstante, y con abrumadora frecuencia, el dueño le imponía antes de llegar a ser libre una serie de condiciones básicas. La más importante consistía en ser cristiano. Si no lo era, nunca llegaría a ser libre. En los testamentos podía suceder que la liberación del esclavo fuera total, en cuyo caso desde el mismo instante en que fallecía su dueño pasaba a ser un hombre libre. Sin embargo, en la mayor parte de los casos esta libertad venía condicionada por la prestación de un número determinado de años de servicio a los herederos del difunto. Este tiempo variaba mucho según la edad del esclavo y del capricho del dueño. Unas veces duraba tres, cuatro o diez años, y otras prácticamente toda la vida del esclavo.

baustimo de cristo
Magnífico cuadro de un esclavo liberto, Juan de Pareja, que lo tuvo Velázquez, aprendiendo el oficio de pintor de su maestro a escondidas. Ya libre siguió con su ex-amo ("Bautismo de Cristo", 1667, Museo BB.AA. Huesca)

La mayor parte de los libertos, en especial hembras y niños, continuaban en el hogar de sus antiguos dueños, vinculados a ellos como criados libres o cumpliendo el servicio que se les había enconmendado. De esta manera, el futuro liberto, mientras durase el tiempo de servicio, no podía considerarse propiamente un esclavo, pero tampoco era un hombre libre. Quedaba situado socialmente como una curiosa figura jurídica de criado semilibre, aunque el amo encargase a veces a sus herederos que le trataran como a persona libre.

Una vez conseguida la liberación total, si habían ahorrado dinero mientras fueron esclavos, o le habían dejado alguno sus amos al morir, compraban o arrendaban una pequeña casa y se ponían a trabajar. Los que se establecían con sus antiguos amos recibían en pago de su servicio la manutención, la cama y un pequeño sueldo. Pero estos eran excepciones: en general, el liberto pasaba necesidades y sus condiciones de vida tuvieron que ser bastante duras. No todos conseguían un empleo, en cuyo caso se veían obligados a vivir de la caridad pública, aunque lo más frecuente era que se dedicaran al asalto y al robo. La bebida constituía el vicio más frecuente del liberto abandonado a su destino. El hurto también estaba muy extendido. Las reyertas y peleas entre libertos y esclavos son frecuentes y a menudo terminaban en sangre. Su propio carácter y la incomprensión de una sociedad cerrada en sí misma y celosa de sus privilegios les impedía llevar una vida normal e integrarse plenamente en la ciudad.

  Para saber más...
"Los esclavos de Sevilla" / Alfonso Franco Silva / Diputación Provincial de Sevilla, 1980
"La esclavitud en Sevilla y su tierra a fines de la Edad Media", Alfonso Franco Silva; Diputacion Provincial de Sevilla 1979
  "El mercado de esclavos en la Sevilla de la primera mitad del siglo XVII", María del Rosario Santos Cabota; colaboración en "La antigua hermandad de los negros de Sevilla", Isidoro Moreno
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