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De nobles y clérigos

La nobleza sevillana en el siglo XVI

Condesa de San Segundo.  1535. El Parmigianino (Museo del Prado)
Condesa de San Segundo. 1535. El Parmigianino (Museo del Prado)

La nobleza sevillana no era muy numerosa. Había un grupo importante de familias de la alta nobleza pero escaseaba la media y la baja. El estamento nobiliario no era un grupo homogéneo ni mucho menos. Cabe distinguir entre ellos al menos tres grados:

los grandes y los títulos
los caballeros
los simples hidalgos

Dominguez Ortiz, el gran historiador, distingue aún más, de mayor a menor importancia:

Títulos y grandes, la alta nobleza
Caballeros de hábito, comendadores y señores de vasallos
Caballeros, una auténtica clase media
Hidalgos, generalmente de escasos medios por la institución del mayorazgo en la que el primogénito es el que hereda el patrimonio familiar.
caballeros cuantiosos, pecheros acomodados que obtenían ciertos privilegios económicos a cambio de su aportación militar. Le llama situaciones prenobiliarias o de dudoza nobleza.

La nobleza sevillana era distinta al resto de la nobleza peninsular al menos en dos aspectos:
Era más urbana que rural. Su protagonismo político en el Ayuntamiento era notable.
Habitaba entre el vecindario modesto, aunque en magníficos palacios, lo que fomentó una familiaridad entre ella y la clase de los villanos mayor que en otros lugares del reino castellano.

Carta de Hidalguía de 1507

Esta imbricación de la nobleza dio lugar a otra diferencia curiosa con otros lugares : no existía diferencia entre las carnicerías de nobles y de plebeyos. En Castilla existían carnicerías especiales para hidalgos. Su existencia respondía en otras ciudades a la necesidad de satisfacer el privilegio de los nobles de no pagar el impuesto de la sisa (una blanca por cada libra de carne). En Sevilla todos pagaban la blanca de la carne, aunque después los hidalgos que querían hacer valer su derecho, reclamaban esa blanca, y su concesión era una especie de reconocimiento público de sus privilegios. Lo que ocurría era que la nobleza de alto rango despreciaba esa devolución, mientras que los más interesados en que se les reconociese el privilegio eran aquellos cuya condición nobiliaria era menos clara, lo cual dió lugar a innumerables pleitos.

En la Sevilla del Quinientos podemos contar al menos 30 casas de la alta nobleza sevillana, repartidas en torno a la Alameda de Hércules y el barrio de San Vicente, muy cerca del río y del centro urbano. Su protagonismo político era notable en el Consejo hispalense, controlado por ella. Apellidos como los de Guzmán, Tellos, Ponce de León, Enríquez, Saavedra, Solís, etc. se repiten en las actas del Consejo, y es que para ser Jurado o Caballero Veinticuatro había que pertenecer a la nobleza. Dueña de un propio estatuto jurídico, poseía privilegios y preeminencias a veces hereditarias.

El cronista Luis de Peraza enumera las lujosas mansiones de los duques de Medinasidonia, Arcos, Medinaceli, Béjar; los marqueses de Tarifa (la Casa de Pilatos), Portugal, Castellar y Villanueva; los condes de Olivares, Gelves, Gomera, Orgaz...

alameda
la Alameda de Hércules en sus inicios, tras su arreglo por el Conde de Barajas en 1574

Precisamente fue uno de estos nobles, el Conde de Barajas (1), el que en 1574 urbanizó la Alameda de Hércules, rellenándola y plantando álamos. Hasta entonces era un lugar pantanoso, conocido como la Laguna de la Feria (antiguamente pasaba por allí un brazo del Guadalquivir que los visigodos cortaron).

Fueron cuantiosas las rentas de casas como la de Medinaceli, Medinasidonia o Béjar, en tanto que los ingresos de la nobleza inferior, de caballeros e hidalgos, dejó mucho que desear. Lo que marcaba realmente la diferencia entre la gran nobleza y la inferior, eran sus rentas. Los grandes títulos solían tener rentas muy cuantiosas, como el Duque de Béjar, al que se le calculan 80.000 ducados anuales, el Duque de Medinaceli, 60.000, y el Duque de Medina Sidonia, el más rico de toda Castilla, que obtenía alrededor de 170.000 ducados. (Para hacernos una idea de la capacidad adquisitiva debemos saber que un ducado era una moneda de oro de 440 maravedís, que un obrero de la construcción podía ganar unos 5 maravedíes por día y que un cabrito podía costar más de 15 maravedíes)

A los largo del XVI esta élite sufrió un recorte de sus privilegios, y se resintió de la inflación crónica y de la depreciación de la moneda, por lo que no es extraño encontrarse a miembros de ella descendiendo de su escalón social para relacionarse con mercaderes, mientras que éstos también, sobretodo de apellidos extranjeros, ascendían. La venta de títulos e hidalguías, no sin protestas, permitió a más de uno comprar, a finales de siglo, linajes.

Nos lo cuenta un ilustre testigo de la época, el dominico Fray Tomás de Mercado, en su obra "Summa de tratos y contratos" (1569):

 "... de sesenta años a esta parte, que se descubrieron las Indias Occidentales, se le recreció (a Sevilla) para ello una gran comodidad y una ocasión tan oportuna para adquirir grandes riquezas, que convidó atrajo a algunos de los principales a ser mercaderes, viendo en ello grandísima ganancia...

Así de este tiempo acá los mercaderes de esta ciudad se han aumentado en número, y en hacienda y caudales han crecido sin número. Hase ennoblecido y mejorado su estado: que hay mucho entre ellos personas de reputación y honra en el pueblo, de quien con razón se hace y debe hacer gran cuenta.

Porque los caballeros, por codicia o necesidad de dinero, han bajado (ya que no a tratar) a emparentar con tratantes; y los mercaderes con apetito de nobleza e hidalguía, han tratado de subir, estableciendo y fundando buenos mayorazgos"

Pero no era raro encontrarse a nobles implicados directamente en el tráfico comercial. A la Casa de la Contratación de las Indias, más que a las Gradas y a la Lonja, iban los caballeros a hacer sus embarques y transacciones para el Nuevo Mundo y en dicha Casa se empleaban en oficios bien retribuidos. Es frecuente en los registros de naos ver los apellidos más ilustres de la Nobleza embarcando géneros y traficando algunas veces, si no con indios ya que este trato estaba prohibido, sí con negros. En más de un expediente de pruebas para vestir los hábitos de las órdenes militares, los testigos declaran que el pretendiente o su padre y abuelos habían ejercido el comercio con las Indias, causa ésta, muchas veces, de denegar la Cruz el Consejo.


Notas:

(1) Don Francisco Zapata de Cisneros, primer Conde de Barajas. Hijo de don Juan de Zapata Ossorio, quinto señor de Barajas y de doña Maria Jiménez de Cisneros, sobrina del gran Cardenal fundador de la Universidad Complutense. En 1570 fue Corregidor de Córdoba, tiempo en el que por orden de don Juan de Austria, redujo a los moriscos sublevados de la serranía correspondiente a su jurisdicción. En 1571 pasó a ser mayordomo de la reina Isabel de Valois, esposa de Felipe II. En 1573 lo recibió Sevilla como Capitán General y Asistente, cargo en el que se mantiene hasta 1579, y durante el cual construyó la Alameda de Hércules, restauró el acueducto del Arzobispo y las murallas, amplió las rondas y construyó algunos puentes y puertas de Sevilla, según constaba en las incripciones de la Alameda de Hércules y en la antigua Puerta de Carmona. En 1579 asistió a Mariana de Austria y de los Infantes. En 1580 fue nombrado Presidente del Consejo de Órdenes y en el 1583 presidió el Consejo de Castilla al mismo tiempo que fue consejero de Estado y Guerra hasta el 1592, año en que se retiró a sus posesiones de Barajas, donde murió el 20 de septiembre de 1594. [Volver al punto de lectura]

  Para saber más...
" La ciudad del Quinientos"; Francisco Morales Padrón; Sevilla, 1977
"Sevilla en el imperio"; Santiago Montoto, 1937
"La economía en la Andalucía del descubrimiento / Tomás de Mercado" ; prólogo y selección de Antonio Acosta; Sevilla, 1985
  Enlaces webs
  Moral económica en Suma de tratos y contratos de Fray Tomás de Mercado:
estado actual de la cuestión
  "Aristocrats and Traders: Sevillian Society in the Sixteenth Century",de Ruth Pike, (The libray of iberian resources online): texto íntegro en inglés

 

 

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