|
(Fuente: Boletín de la
Institución Libre de Enseñanza, 1934, págs.
87 a 94)
ORIGEN Y CARACTER.
La Institución Libre de Enseñanza fue fundada en
1876 por varios catedráticos y auxiliares de la Universidad
e Instituto, separados de sus clases a consecuencia de su protesta
contra los decretos de Instrucción pública de 1875,
atentatorios de la libertad de la cátedra.
En el proyecto de creación dicen sus fundadores que obedece
aquél a la necesidad de sustraer a la esfera de acción
del Estado fines de la vida y órdenes de la actividad que
piden una organización independiente; que la historia contemporánea
muestra la dificultad de armonizar la libertad que reclaman la investigación
científica y la función del profesor con la tutela
que ejerce el Estado, el cual tiende, a veces, a desconocer en su
origen el valor absoluto de la ciencia y la fuente pura de donde
se derivan los bienes que está llamada a producir para el
individuo y para la sociedad; y que dar el primer paso en el camino
de la independencia en ese orden es el fin que al establecer la
Institución se proponen.
Creóse, y se mantiene, sin subvención alguna oficial,
con el solo concurso de la iniciativa particular, mediante acciones
y donativos voluntarios, a más de los ingresos de su matrícula
y demás servicios.
Nació y permanece completamente ajena a todo espíritu
e interés de comunión religiosa, escuela filosófica
o partido político; apartada de apasionamientos y discordias,
de cuanto no sea, en suma, la elaboración y la práctica
de sus ideales pedagógicos.
En armonía con su origen, comenzó por ser un centro
de estudios universitarios y de segunda enseñanza; mas la
experiencia puso de manifiesto bien pronto que una reforma educativa
profunda no puede cimentarse sino en la escuela primaria. Inauguróse,
pues, en 1878, una escuela inspirada en las ideas y métodos
que en aquella época pugnaban en otros países por
informar la educación hacia nuevos derroteros, y este ensayo
fue el comienzo de una serie de innovaciones con objeto de extender
a la segunda enseñanza el mismo espíritu e iguales
procedimientos, y de infundir en la superior, andando el tiempo,
principios homogéneos con los de ambas.
Así ha nacido el interés con que la Institución,
al par que en su obra interna, viene ocupándose en la reforma
de la educación nacional, de donde procede el influjo que,
en medio de las naturales protestas y explicables prevenciones,
han podido ejercer sus principios -generalizados y aun vulgares
hoy ya muchos de ellos- sobre la opinión pedagógica
del país y, consiguientemente, a veces, sobre el régimen
de nuestra educación pública y privada.
Una de las manifestaciones de la continuidad que la Institución
aspira a dar a su influjo educador es la "Corporación
de Antiguos Alumnos" (C. A). y uno de los medios de salvar
los límites en que, por fuerza, ha de encerrarse la obra
que realiza, es su Boletín, órgano oficial de la Institución,
y a cuyo frente figura el articulo 15 de los Estatutos, que fija
claramente el carácter de esta Sociedad educadora: "La
Institución Libre de Enseñanza es completamente ajena
a todo espíritu e interés de comunión religiosa,
escuela filosófica o partido político; proclamando
tan sólo el principio de la libertad e inviolabilidad de
la ciencia y de la consiguiente independencia de su indagación
y exposición respecto de cualquiera otra autoridad que la
de la propia conciencia del profesor, único responsable de
sus doctrinas.” La Institución se estableció
en 1876, en el piso principal del número 9 de la calle de
Esparteros. En 1880 se trasladó al número 42 de la
calle de las Infantas, y reside desde 1884 en el actual inmueble
de su propiedad.
PRINCIPIOS Y ORIENTACIONES.
He aquí los más importantes, aunque de escasa novedad,
sin duda, para las personas familiarizadas con el movimiento de
la educación contemporánea.
La Institución se propone, ante todo, educar a sus alumnos.
Para lograrlo, comienza por asentar, como base primordial, ineludible,
el principio de la "reverencia máxima que al niño
se debe". Por eso precisamente no es la Institución,
ni puede ser de ningún modo, una escuela de propaganda. Ajena,
como se ha dicho, a todo particularismo religioso, filosófico
y político, abstiénese en absoluto de perturbar la
niñez y la adolescencia, anticipando en ellas la hora de
las divisiones humanas. Tiempo queda para que venga este "reino",
y hasta para que sea "desolado". Quiere, por el contrario,
sembrar en la juventud, con la más absoluta libertad, la
más austera reserva en la elaboración de sus normas
de vida y el respeto más religioso para cuantas sinceras
convicciones consagra la Historia.
Pretende despertar el interés de sus alumnos hacia una amplia
cultura general, múltiplemente orientada; procura que se
asimilen aquel todo de conocimientos (humanidades) que cada época
especialmente exige, para cimentar luego en ella, según les
sea posible, una educación profesional de acuerdo con sus
aptitudes y vocación, escogida más a conciencia de
lo que es uso; tiende a prepararlos para ser en su día cientificos,
literatos, abogados, médicos, ingenieros industriales...;
pero sobre eso, y antes que todo eso, hombres, personas capaces
de concebir un ideal, de gobernar con sustantividad su propia vida
y de producirla mediante el armonioso consorcio de todas sus facultades.
Para conseguirlo, quisiera la Institución que, en el cultivo
del cuerpo y del alma, "nada les fuese ajeno". Si le importa
forjar el pensamiento como órgano de la investigación
racional y de la ciencia, no le interesa menos la salud y la higiene,
el decoro personal y el vigor físico, la corrección
y nobleza de hábitos y maneras; la amplitud, elevación
y delicadeza del sentir; la depuración de los gustos estéticos;
la humana tolerancia, la ingenua alegría, el valor sereno,
la conciencia del deber, la honrada lealtad, la formación,
en suma, de caracteres armónicos, dispuestos a vivir como
piensan; prontos a apoderarse del ideal en dondequiera; manantiales
de poesía en donde toma origen el más noble y más
castizo dechado de la raza, del arte y de la literatura españoles.
Trabajo intelectual sobrio e intenso, juego corporal al aire libre;
larga y frecuente intimidad con la Naturaleza y con el arte; absoluta
protesta, en cuanto a disciplina moral y vigilancia, contra el sistema
corruptor de exámenes, de emulación, de premios y
castigos, de espionaje y de toda clase de garantías exteriores;
vida de relaciones familiares, de mutuo abandono y confianza entre
maestros y alumnos; íntima y constante acción personal
de los espíritus, son las aspiraciones ideales y prácticas
a que la Institución encomienda su obra.
La Institución estima que la coeducación es un principio
esencial del régimen escolar, y que no hay fundamento para
prohibir en la escuela la comunidad en que uno y otro sexo viven
en la familia y en la sociedad. Sin desconocer los obstáculos
que el hábito opone a este sistema, cree, y la experiencia
lo viene confirmando, que no hay otro medio de vencerlos, sino acometer
con prudencia la empresa, dondequiera que existan condiciones racionales
de éxito. Juzga la coeducación como uno de los resortes
fundamentales para la formación del carácter moral,
así como de la pureza de costumbres, y el más poderoso
para acabar con la actual inferioridad positiva de la mujer, que
no empezará a desaparecer hasta que aquélla se eduque,
en cuanto se refiere a lo común humano, no sólo como,
sino con el hombre.
Mixtas han sido las escuelas en muchos pueblos de la antigüedad
clásica; mixtas son hoy las rurales y las universidades,
casi en todas partes, y en España, por fortuna, hasta los
Institutos; coeducación existe en todos los grados de la
enseñanza oficial en los Países Bajos; en casi todas
las escuelas secundarias de los Estados Unidos; en muchas primarias
y secundarias de Alemania, Suiza y paises escandinavos, y coeducativas
son los más recientes y famosos ensayos de escuelas privadas
en Alemania e Inglaterra.
Los principios cuya más alta expresión en la época
moderna corresponde a Pestalozzi y a Froebel, y sobre los cuales
se va organizando en todas partes la educación de la primera
infancia, cree la Institución que deben y pueden extenderse
a todos los grados, porque en todos caben intuición, trabajo,
personal y creador, procedimiento socrático, método
heurístico, animadores y gratos estímulos, individualidad
de la acción educadora en el orden intelectual como en todos,
continua, real, viva, dentro y fuera de la clase.
Por lo que se refiere al programa, no existe la separación
usual entre la escuela de párvulos, la primaria y la secundaria,
sino que estos tres periodos constituyen uno solo y continuo: el
de la educación general. Los alumnos, conforme al grado de
su desarrollo, se dividen en secciones, dispuestas para que todos
puedan tomar parte activa en el trabajo, y lejos de estudiar "asignaturas"
aisladas, las diversas enseñanzas marchan todas paralelamente,
de tal suerte, que el niño -cuando el régimen no se
perturba por nuestra carencia de medios- debe aprender, en el fondo
y durante todo el tiempo de su educación, las mismas cosas
en las primeras secciones que en las últimas, aunque en la
medida y según el carácter que a cada grado de desarrollo
le corresponde. Exceptuando las lenguas clásicas, cuyo estudio
piensa la Institución convendría retrasar, por creer
que no deben imponerse a todos los alumnos por igual, sino sólo
a aquellos que muestren inclinación por determinadas orientaciones,
entran en el programa, desde el primer grado, todas las enseñanzas
que constituyen la base de la cultura general de nuestro tiempo:
así, la lengua materna y las vivas, las ciencias matemáticas,
fisico-quimicas y naturales, las sociales, las filosóficas,
la historia de la civilización, la geografía, lo literatura,
la teoría y la historia del arte, el dibujo y el modelado,
la música y el canto, el trabajo manual en diversas aplicaciones...;
aunque siempre -conviene repetirlo- en la medida en que la frecuente,
casi continua, insuficiencia de medios lo hace posible.
La Institución aspira a que sus alumnos puedan servirse
pronto y ampliamente de los libros como fuente capital de cultura;
pero no emplea los llamados "de texto", ni las "lecciones
de memoria" al uso, por creer que todo ello contribuye a petrificar
el espíritu y a mecanizar el trabajo de clase, donde la función
del maestro ha de consistir en despertar y mantener vivo el interés
del niño, excitando su pensamiento, sugiriendo cuestiones
y nuevos puntos de vista, enseñando a razonar con rigor y
a resumir con claridad y precisión los resultados. El alumno
los redacta y consigna en notas breves, tan luego como su edad se
lo consiente, formando así, con su labor personal, única
fructuosa, el solo texto posible, si ha de ser verdadero, esto es,
original, y suyo propio; microscópico las más veces,
pero sincera expresión siempre del saber alcanzado. La clase
no sirve, pues, como suele entenderse, para "dar y tomar lecciones",
o sea, para comprobar lo aprendido fuera de ella, sino para enseñar
y aprender a trabajar, fomentando, que no pretendiendo vanamente
suprimir, el ineludible esfuerzo personal, si ha de haber obra viva,
y cultivándolo reflexivamente, a fin de mejorar el resultado.
Y no a otra cosa responden las tareas que los alumnos hayan de hacer
también fuera de la clase, ya que nunca se encomiendan como
mero aprendizaje de las usuales y estériles lecciones memoristas,
sino como ejercicios que obliguen a buscar, a reflexionar, a resolver,
a componer, siempre personalmente. Cuando se trata, claro está,
del cultivo especial de la memoria, se procura enriquecer con trozos
y motivos selectos el caudal literario del niño y su tesoro
de inspiración y de goce poético. El trabajo fuera
de clase, que apenas si se inicia en las primeras secciones, aumenta
con moderación hasta la última, en que adquiere todo
su desarrollo; pero cuidando siempre de evitar, no aquella saludable
fatiga, necesaria para el recreo de las fuerzas y la plena estimación
del trabajo, sino el exceso malsano, que destruye la salud, engendra
el desamor hacia la escuela y agota inútilmente las energías
de la inteligencia.
Las excursiones escolares, elemento esencial del proceso intuitivo,
forman una de las características de la Institución
desde su origen. Cursos completos hay, verbigracia, los de historia
del arte, que se dan, a veces, casi exclusivamente ante los monumentos
y los museos, cuyas colecciones se utilizan también para
los demás estudios, sobre todo el de historia. Y otro tanto
ocurre con la industria, las ciencias naturales, las sociales, etc.
Las vacaciones se utilizan, en la medida de lo posible, para que
los alumnos salgan de excursión durante varios días.
No sólo las ciudades, centros y sitios de interés
próximos a Madrid, sino casi todas las regiones de España,
han sido objeto, muchas de ellas repetidas veces, de excursiones
más o menos largas. Algunas han llegado a Portugal y a Francia.
Hay excursiones en que predomina el estudio: arte, geología,
industria, etc.; en otras, el ejercicio físico y el goce
de la vida rural, la marcha por el campo y la montaña; a
veces, la permanencia tranquila de aquélla a la orilla del
mar, y con frecuencia, la combinación de estas finalidades.
La sierra vecina, sobre todo, es visitada por los alumnos desde
las primeras secciones, ya que la Institución tiene allí
desde 1912 una casa refugio, construida gracias a los auxilios de
don Luis del Valle y del ex alumno don Manuel Rodríguez Arzuaga.
Pero en estas excursiones, la cultura, el aumento de saber, el
progreso intelectual entran sólo como un factor, entre otros.
Porque ellos ofrecen con abundancia los medios más propicios,
los más seguros resortes para que el alumno pueda educarse
en todas las esferas de su vida. Lo que en ellas aprende en conocimiento
concreto es poca cosa si se compara con la amplitud de horizonte
espiritual que nace de la varia contemplación de hombres
y pueblos; con la elevación y delicadeza del sentir que en
el rico espectáculo de la naturaleza y del arte se engendran;
con el amor patrio a la tierra y a la raza, el cual sólo
echa raíces en el alma a fuerza de abrazarse el hombre a
aquéllas; con la serenidad de espíritu, la libertad
de maneras, la riqueza de recursos, el dominio de si mismo, el vigor
físico y moral, que brotan del esfuerzo realizado, del obstáculo
vencido, de la contrariedad sufrida, del lance y de la aventura
inesperados; con el mundo, en suma, de formación social que
se atesora mediante el variar de impresiones, el choque de caracteres,
la estrecha solidaridad de un libre y amigable convivir de maestros
y alumnos. Hasta la ausencia es siempre origen de justa estimación
y de ternura y amor familiares. Por algo ha sido Ulises en la poesía
dechado de múltiples humanas relaciones y de la vida armoniosa,
y la Odisea, una de las fuentes más puras para la educación
del hombre en todas las edades.
La Institución, por último, considera indispensable
a la eficacia de su obra la activa cooperación de las familias.
Excepto en casos anormales, en el hogar debe vivir el niño,
y a su seno volver todos los días al terminar la escuela.
Esta representa para él lo que la esfera profesional y las
complejas relaciones sociales para el hombre; y al igual de éste,
no hay motivo para que el niño perturbe, y mucho menos suprima,
sino excepcionalmente, la insustituible vida familiar, sagrado e
inviolable asilo de las intimidades personales. Nada tan nocivo
para la educación del niño como el manifiesto o latente
desacuerdo entre su familia y la escuela. Nada, por el contrario,
tan favorable como el natural y reciproco influjo de una en otra.
Aporta la familia, con el medio más intimo en que el niño
se forma y con sus factores ancestrales, un elemento necesario para
el cultivo de la individualidad. Y por la familia, principalmente,
recibe la escuela la exigencia más espontánea y concreta
de las nuevas aspiraciones sociales, obligándola así
a mantener abierta, flexible, viva, en vez de languidecer petrificada
en estrechas orientaciones doctrinarias. La escuela, en cambio,
ofrece, sobre aquellos materiales, la acción reflexiva, el
experimento que pone a prueba, que intenta sacar a luz lo ignorado,
y que aspira a despertar la conciencia para la creación de
la persona. Y a la familia ha de volver, para que también
ella misma se eduque, la depuración de aquellas aspiraciones.
los resultados prácticos de la elaboración sistemática
de los principios educativos, que como su especial obra le incumbe,
Establecer esta intima relación entre escuela y familia,
no sólo mediante el niño, sino directamente, es tal
vez hoy el problema pedagógico-social de superior interés
y novedad en los pueblos más cultos.
REGIMEN ESCOLAR.
La Institución quisiera continuar acentuando en su escuela
aquella orientación educativa a que constantemente aspiró,
y que consiste, no en aprender las cosas, sino en aprender a hacerlas.
Este carácter es aplicable a todas las enseñanzas.
Pero mientras en las llamadas teóricas (Lenguaje, Matemáticas,
Historia, Filosofía. etc.), exige para su realización
pocos medios exteriores, pues el hacer depende en ellas casi exclusivamente
del ejercicio del pensar reflexivo, en las que se llaman prácticas
(Dibujo, Física, Química, Ciencias Naturales, etc.),
no porque lo sean más que las otras, sino porque su hacer
depende en gran parte de la actividad manual, se necesitan, para
aprender a hacer, muchas condiciones exteriores.
I.a carencia de ellas, la pobreza de recursos -conviene declararlo
insistentemente-, ha venido con frecuencia a imitar la obra de la
Institución en esta última esfera.
Siempre que es factible, realizanse por la tarde todas las enseñanzas
de carácter manual, a fin de conseguir la indispensable continuidad
y persistencia de los ejercicios, concentrando en la mañana
las teóricas.
Las clases, por la mañana, comienzan a las nueve y quince,
terminan a las doce y media. Por la tarde, la hora de entrada es
a las dos y cuarenta y cinco, y la salida se verifica de cuatro
y media a cinco y media, según las secciones, y atendiendo
a la elasticidad con que hay que contar siempre en los trabajos
de taller y de laboratorio.
La Institución encarece la puntualidad y la continuidad
en la asistencia de los alumnos, en beneficio del aprovechamiento
de los mismos, de la creación de hábitos de regularidad
y del espíritu del deber.
Las excursiones a los museos, fábricas, etc., suelen verificarse
el sábado por la mañana. El juego organizado se realiza
el miércoles por la tarde. Algunos de sus más constantes
favorecedores han puesto al servicio de la Institución, en
usufructo, y en un terreno de cuatro hectáreas, a diez minutos
del Hipódromo, por el tranvía de Chamartin, sitio
sano y de espléndido paisaje, un campo de fútbol,
otro de tenis y un pequeño pabellón para todos los
servicios necesarios. Los alumnos, por tanto, así como los
antiguos alumnos, pueden disponer con entera independencia de un
elemento tan importante para su educación y su recreo.
La duración de las clases suele ser de cuarenta y cinco
minutos, excepto las de las primeras secciones, que son más
cortas. Entre aquéllas, hay siempre un intervalo de quince
minutos, en que los alumnos salen a descansar o a jugar libremente
en el jardín. En el intermedio de las clases de la mañana
a las de la tarde, pueden almorzar en la Institución, bajo
las condiciones que establece la Secretaria. Concluido el almuerzo,
juegan en el jardín hasta que vuelven a comenzar las clases.
Los domingos se verifican partidas de juegos en el campo, donde
pasan la mañana, y, a veces, el día, acompañados
de varios profesores.
Para los alumnos de las secciones superiores, suele haber también
algún curso de lección semanal, y después de
las horas habituales de clase, así como sencillas audiciones
musicales, con las explicaciones técnicas e históricas
necesarias.
El curso se divide en tres trimestres, separados por las vacaciones
de Navidad (del 22 de diciembre al 6 de enero, ambos inclusive),
las de primavera (del miércoles santo al de Pascua, ambos
inclusive), y las del verano (julio, agosto y septiembre). Durante
las vacaciones, cesan las clases escolares, pero se aprovecha este
tiempo, siempre que es posible, para excursiones dentro y fuera
de Madrid.
En el verano, la Institución organiza, en la medida de sus
recursos, alguna de las excursiones escolares largas, ya mencionadas,
así como la estancia a la orilla del mar o en el campo.
La imposibilidad de alterar o detener la marcha de secciones ya
formadas, que deben desenvolver un mismo programa durante varios
cursos, obliga a la Institución a desear que el ingreso de
sus alumnos se verifique únicamente por las primeras. El
ideal consistiría en que todos sus alumnos nuevos fuesen
párvulos. La matrícula continúa, sin embargo,
abierta en todas las secciones, admitiendo a aquellos niños
que, a juicio de los profesores, y después de un periodo
de prueba se hallan en situación de aprovechar las labores
de clase.
Los derechos mensuales de matrícula son, para las secciones
de párvulos e inferiores, 25 pesetas; para las secciones
superiores, 30 pesetas, y 10 más por las clases de lenguas
vivas (inglés o alemán).
La Institución, opuesta al régimen de internado,
en el sentido que tiene entre nosotros y aun en otros países,
procura ofrecer, en cambio, a los padres de fuera de Madrid, cuando
recibe instancias al efecto, facilidades para que le envíen
sus hijos, organizando, si le es posible, como en ocasiones lo ha
hecho, la vida en familia de un corto número de alumnos en
casa de algunos de sus profesores. Las personas que deseen utilizar
este servicio pueden dirigirse a la Secretaría de la Institución.
Aspira la Institución a no abandonar por completo a sus
discípulos después de recorrido el ciclo de su educación
general, y a intentar para ello modo, ya que no de darles toda una
educación especial conforme a sus ideas -que para esto carece
hoy de medios-, de seguir, al menos, ayudándolos, hasta donde
le sea posible, con sus lecciones y consejos en la preparación
para las profesiones a que se destinan y aplicando en este orden
los mismos principios que en el de la educación general.
Con pocos alumnos, y de una manera muy incompleta, ha podido ejercer
todavía esta dirección. Aprovechan aquéllos,
por ejemplo, ciertas clases de los establecimientos oficiales, pero
cursan libremente sus estudios. La Institución les aconseja
sobre el plan y modo como deben hacerlos, procurando suplir los
vacíos que pueda ofrecer en su organización la enseñanza
del Estado, ya mediante la asistencia a otras cátedras de
distintos centros, ya proporcionándoles clases y trabajos
especiales, organizados por la misma Institución, gracias
al concurso generoso de las personas y Corporaciones privadas a
quienes acude, y que le prestan sus servicios o sus medios de enseñanza,
ya guiándolas, por último, en sus lecturas y estudios
individuales. Se les obliga a ejercitarse en trabajos relativos
a su especialidad, cada vez con mayores exigencias, conforme van
adelantando en sus estudios. Y se procura, por último, que
no pierdan de vista en absoluto la unidad y universalidad del saber,
y sigan todos los años algún curso, ya oficial, ya
privado, enteramente ajeno a aquella especialidad; alguna serie
de excursiones, conferencias, manipulaciones, etc., verbigracia,
en los estudios referentes a ciencias físicas y naturales,
que tanto interés despiertan hoy en la cultura general humana.
Harto siente la Institución la deficiencia de sus medios
de todas clases para dar cima a su obra. En ésta, únicamente
le satisfacen los principios a que procura acomodarse en lo posible
y la conciencia de no omitir esfuerzo alguno para mejorarla.
La
Junta Directiva de la Institución
Libre de Enseñanza | Estatutos
de la Institución
|