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Historia de la institución
Patrimonio histórico-artístico

Bargueños del siglo XVII

vista oblicua vista frontal

2ª mitad del siglo XVII
Hecho con madera de ébano, mármoles de colores, nácar y laca.
Procede de Italia
Sala espera Rectorado

Se trata de dos piezas idénticas de mobiliario de las llamadas bargueños, papeleras o contadores, nombres que han recibido a lo largo de los siglos de sus existencia. Están realizados en madera de ébano, y madera de menor calidad lacada en negro.

Se compone cada pieza de dos cuerpos, el superior o contador propiamente dicho, que contiene siete gavetas o cajones, cuyos frentes se hallan decorados con incrustación de mármoles de colores. Los dos cajones mayores de la parte baja llevan figuras de pájaros sobre una rama con guindas. En los pájaros se emplean los colores: verde esmeralda, blanco, negro, amarillo, rojo-Alicante, rojo-caldera y dos tonos de verde claro. Otros cuatro cajones más pequeños llevan incrustaciones de rosas y margaritas, las primeras en las gavetas altas, y las segundas en las bajas. En el centro del compartimento mayor lleva ambos tipos de flores mezcladas.

bargueño

El marco de todos los cajones es doble, uno exterior de mármol verde jaspeado, y otro interior rojo con intervalos de círculos de nácar. En los laterales del bargueño hay también incrustaciones de mármoles que siguen los modelos decorativos del barroco europeo. Se trata de un rombo de varios perfiles -verde, blanco, rojo-, y a su alrededor cuatro sigmas vegetales con florones en los ángulos que lo enmarcan, en amarillo, rojo y verde. El mismo tema aparece en la cubierta superior.

La mesa, o parte inferior, es más sencilla, con patas en forma de columna salomónica, cajones figurados en el frente, y temas decorativos incrustados del mismo tipo que los ya descritos, tanto en el frente como en los laterales. La tapa de la mesa lleva una cenefa de meandros cuadrados en la que utiliza la misma técnica de la incrustación ya descrita.

Estilística y técnicamente las obras pertenecen al barroco italiano, realizadas en la segunda mitad del siglo XVII, en algunos de los varios talleres italianos en que se trabajaba la "piedra dura", ya desde el siglo XVI. Esta técnica de la incrustación de placas de mármol sobre una superficie -de mármol o de madera-, llamada "piedra dura", no se ha perdido aún y en Florencia, uno de los lugares más representativos de este arte, aún se conservan talleres en que se sigue trabajando, además de un museo dedicado exclusivamente a él.

No se sabe cómo llegaron estas obras al organismo universitario, pero parece ser que fueron producto de una donación, cuyo donante quizá fuera el que figura en la tarjeta de papel que llevan pegadas las mesas en el revés. El papel dice: "nº 438. Expositor. Don Juan de la Cámara y Urzaiz /Objeto: mesa de un contador de ébano con incrustaciones de jaspes de colores /Localidad: Sevilla, calle Mármoles 6 /A.Padura".

La técnica de la "piedra dura"

museo del opificio
El Museo Dell’Opificio delle Pietre Dure, en Florencia. Detalle de una mesa decorada con la técnica del oficio de la piedra dura. Se ven unos arreglos florales y una corona cuyos materiales pueden ser mármol, lapizlázuli, perla, ónix y ámbar.

Las incrustaciones de piedras duras es un arte muy antiguo, alcanzando un cierto relieve en la orfebrería y ebanistería de la cultura del Próximo Oriente; entonces se inscrustaban piedras duras o silíceas en cavidades hechas ex-profeso en el material de soporte, que puede ser metal o marfil.

Fue en Florencia donde esta técnica alcanzó más tarde un alto grado de perfección, hasta el punto de que se da el nombre, impropio, de mosaico florentino a todo tipo de incrustaciones de piedras duras; por otro lado, mientras que en otros lugares esta técnica ya no se practica, en Florencia se siguen produciendo trabajos de este tipo. Este trabajo ocupó al “Opificio delle pietre dure” desde el Renacimiento hasta nuestros días. Si bien falta una descripción precisa de los procedimientos seguidos en sus fases más antiguas, podemos afirmar que la técnica originaria no era sustancialmente diferente de la que todavía hoy sigue vigente en el mismo Opificio (que también se dedica a la restauración) y en los diferentes talleres artesanos de la ciudad.

La única diferencia estriba en la preparación de las piedras, reducidas hoy a láminas por sierras que se accionan eléctricamente, mientras que antes se realizaba con sierras de mano. Sin embargo, las operaciones de corte y ensamblaje de las piececitas se siguen haciendo hoy igual que en sus orígenes. Después de la elección de las piedras más aptas para conseguir fielmente los colores del cartón suministrado por el proyectista y tanto más numerosos cuanto más variadas son las gradaciones y las tonalidades, los incrustadores pegan las diferentes plaquitas sobre un papel cortado, siguiendo las líneas del dibujo, dirigiendo una y otra parte de la pieza, según las manchas o el sombreado que mejor se presta a las diferen­tes gradaciones de color

Hoy la actividad fundamental del “Opificio” es la restauración, que consiste o en regenerar el legante original para reforzar el ensamblado o, cuando el soporte original no está en condiciones de ser reparado, transportar la ensambladura entera a una nueva plancha de sostén, o finalmente en restituir las partes que falten, que se individualizan por medio de una pequeña moldura que pone de relieve los límites de la restauración.

La fama de la alta calidad de los productos del “Opificio” florentino se difunde en el Barroco por todas las cortes europeas, muchas veces a través de los regalos de los mismos grandes duques a los demás soberanos. A ejemplo de Florencia, quizá por la presencia de artesanos florentinos, las diferentes manufacturas reales de Europa produ­jeron obras de incrustación de piedras duras y mármoles, en Francia, Alemania, España y en Italia.

En el siglo XVIII se difunde por todas partes la utilización de las piedras duras incrustadas en mármoles no sólo en Italia, sino también en la India de la época moghul, donde, sobre la tradición precedente de incrustaciones de piedras calcáreas y esquisto aplicadas a la arquitectura y las inscripciones de mármol negro incrustadas en mármol blanco, se inserta la influencia de las incrustaciones florentinas.

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Fuente: Catálogo Exposición "Magna hispalensis" (1995) y
Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (MEC)
Fotografía: Antonio Torres Barranco

  Página personal © Alfonso Pozo Ruiz
Miembro del Comisariado del V Centenario Universidad Sevilla y autor de la sección histórica de la web institucional www.quintocentenario.us.es