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Se trata de unas mazas de ceremonia que se usaban y se usan
en los acontecimientos solemnes, y que llevaban a hombros
los reyes de armas.
Su tipología es la habitual de estas piezas, y consiste
en un vástago y un grueso ensanchamiento o macolla
en la parte superior. El vástago o mango es cilíndrico
y está divido en dos partes por un anillo liso. Una
de las partes se decora con guirnaldas de frutas sostenidas
por fauces de leones, y la otra sólo contiene las guirnaldas.
En la parte superior del mango va un pequeño nudo ovoide
con los mismos temas decorativos, que se mezclan con cartelas
platerescas.
Apoyado en él va un arranque de fuste con capitel
corintio que sostiene la maza propiamente dicha. Esta es muy
gruesa, lobulada y con una cinta decorativa en su parte media,
que se adorna con bustos de alto relieve, alternados con óvalos.
La decoración de la maza es enormemente rica y variada,
acumulando casi todos los temas decorativos de la época.
la parte inferior lleva rostros de gran relieve enmarcados
por cartelas que se forman por cartones enrrolados, alternándose
los barbados con los barbilampiños.
La decoración de la parte superior es más variada,
pues los lóbulos llevan trofeos y cabezas aladas alternantes,
excepto dos, que muestran los escudos de la Ciudad y de Santa
María de jesús, respectivamente. El primero
presenta, como es habitual a San Fernando, con la espada y
la bola, entre San Isidoro y San Leandro, que llevan cruces
altas en las manos. El segundo escudo presenta a la Vigen
con el Niño, como patrona de la Universidad, llevando
en una de las mazas una flor en la mano, y en la otra una
fruta. Se presenta así una variante iconográfica
de una maza a otra, de la misma manera que también
se aprecian variantes en la postura de los santos del escudo
de la ciudad.
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Estilísticamente se relacionan con la obra de Hernando
o Fernando de Ballesteros el Joven, pues su fina decoración
renancentista a base de guirnaldas, la utilización
de los rostros, etc., se halla muy relacionada con la de los
blandones de la Catedral de Sevilla llamados los "Gigantes",
que él realizó entre 1579 y 1580. No obstante,
las mazas parecen obra algo anterior, de estructura algo más
arcaizante, y quizá podrían relacionarse también
con la última etapa de actuación de su padre.
Hasta el momento no se conoce ninguna marca en estas piezas,
pues una leve señal que podría serlo es imposible
leerla por estar muy borrada.
El remate de la maza debió perderse antes de fines
del siglo XVIII, ya que el que ahora tiene data de esta época.
Éste se decora con rocalla decadente y rosetas de tipo
neoclásico, de poco realce y elemental técnica.
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