| Este santo español fue heredero del ducado
de Gandía y virrey de Cataluña. Al morir la emperatriz
Isabel, esposa de Carlos V, acompañó su cadáver
hasta Granada, donde fue sepultada. Posteriormente, ingresó
en la Compañía de Jesús y falleció
en Roma en 1572.
Esta escultura se expone, haciendo pareja con la
de San Ignacio de Loyola, sobre un pedestal situado en
el lado del Evangelio (a la izquierda del retablo mayor del
templo).
Por las evidentes semejanzas estilísticas y técnicas
con la de Ignacio -que sí está documentada
su autoría- se atribuye esta escultura a Martinez
Montañes.
El encargo al escultor se efectuaría en 1624, con
motivo de la beatificación del santo. La efigie,
actualmente recubierta de telas encoladas, debía
lucir ricas prendas litúrgicas durante los solemnes
cultos que le dedicaban en esta iglesia de la Compañía.
Contempla un cráneo que porta en la mano izquierda,
a la par que sostiene con la diestra una cruz. La calavera
recuerda la muerte de la emperatriz Isabel, cuyo acontecimiento
le hizo exclamar:
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"Nunca más servir a señor que
se pueda corromper".
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En contraposición, la cruz es
signo de Vida Eterna.
El recogimiento y austeridad de la imagen es semejante al
que plasma Alonso Cano en un lienzo del mismo asunto, ahora
en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, fechado también
en 1624. De ahí se puede inferir que ambos artistas
tomaran como fuente de inspiración iconográfica
alguna estampa que, procedente de Roma, los jesuitas debieron
difundir por toda la ciudad.
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