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En una sociedad cambiante, con evidente necesidad de saber al amparo
de las corrientes humanísticas propiciatorias del diálogo
como método de conocimiento, no es sorprendente que surgiera
un sistema técnico de fijación del texto escrito que
facilitara el intercambio de conocimientos en la cultura occidental.
Otras culturas ancestrales, Oriente, habian acudido a la utilización
de tipos móviles siglos atrás, pero la conexión
con Europa, y por tanto su influencia, fue inexistente. Hay que
acudir, pues, al ámbito occidental y buscar los antecedentes
en una etapa precursora, protagonizada por las planchas xilografiadas
en relieve, con las que se imprimían estampas, calendarios,
naipes, e incluso libros como el Ars amandi, algunos Donatos y el
mixto de planchas y caracteres móviles "Speculum de
humanae salvationis". Los caracteres móviles, cuya invención
ha venido atribuyéndose tradicionalmente a Johann Gensfleisch
zum Gutenberg, autor de las Biblias de 42 lineas o Mazarina
y de 36 líneas o de Schelhorn, inauguran un poderoso medio
-la Galaxia Gutenberg lo denominó McLuhan [1]-
que revolucionaría las comunicaciones.
Este libro incunable o paleotipo, denominación que abarca
a los impresos hasta el año 1500 inclusive, comenzaría
por imitar fielmente los modelos manuscritos, que seguirán
gozando de mayor consideración social todavía durante
bastante tiempo. El incunable sólo pretende en un principio
el abaratamiento de costes del libro y en su carácter subalterno
con respecto al códice manuscrito, no alterará las
principales características de éste: gran tamaño,
la letrería utilizada y el dejar huecos y espacios con el
fin de incluir miniaturas, letras capitales, títulos, etc.
realizados a mano. Incluso la utilización de abreviaturas,
reclamos, signaturas, registros, comienzos formularios del texto
y escasas y sobrias portadas, son un recuerdo de los procedimientos
de aquél. No obstante, las innovaciones aportadas por el
incunable son también evidentes: el papel se consagra
sobre el pergamino como soporte escritóreo: muy pocos
serán los incunables impresos sobre pergamino o vitela, ilustrados
con bellas miniaturas y destinados al uso de reyes y magnates; la
mancha de tinta pasa a ser más compacta y el texto se distribuirá
artísticamente, bien a dos columnas si el libro es de grandes
dimensiones, bien en el centro de la página con tipos grandes,
enmarcados por glosas y notas diversas en tipos de dimensiones más
pequeñas; comienza a advertirse la utilización de
los grandes formatos preferentemente para temas religiosos, mientras
que los pequeños se destinan a lecturas de caracter recreativo.
Es notorio igualmente el cambio experimentado en el tratamiento
tipográfico de las portadas, cuya inexistencia suele ser
casi general en este período, y la aparición en su
lugar del título apenas acompañado de algún
grabado.
La ilustración recurrirá en los primeros años
de la imprenta al sistema manual, donde la miniatura seguirá
estando presente así como la rotulación de títulos
y epígrafes. Pronto sin embargo ésta será suplantada
por bellas xilografías sobre los motivos más diversos:
retratos, escudos nobiliarios y religiosos, paisajes, ilustraciones
científicas... Las planchas xilografiadas se utilizarán
también en los colofones, donde se imponen las marcas tipográficas
a partir del primer ejemplo proporcionado por el "Libro de
Psalmos" impreso por Fust y Schoeffer, socios y dignos sucesores
de Gutenberg, en 1457. Solo la calcografía conseguirá
desplazar a las planchas de madera de los lugares relevantes del
libro durante los siglos XVII y XVIII sin conseguir su total desaparición.
En cuanto a la letrería, la autoridad del manuscrito empieza
por imponer los tipos góticos alemanes salvo en el caso de
Italia y España, que prefieren los humanísticos
o redondos, con cierta especialización en temas religiosos
los primeros, frente a profanos y textos de los clásicos
greco-latinos los segundos. Se utilizará preferentemente
el latín como lengua diplomática, aunque la proporción
difiera en cada país y en los temas predomine lo religioso
-Biblias, comentarios bíblicos, textos litúrgicos,
misales, devocionarios, sermonarios, libros de horas que en Francia
excepcionalmente se imprimieron sobre papel, etc...- sobre lo literario:
clásicos greco-latinos, tratados filosóficos, gramáticas
latinas, literatura en lengua vulgar y traducciones de obras piadosas.
La fuerza del nuevo procedimiento llegaría a ser tal que
en breve se daría paso a tiradas desde 200 ejemplares a 1000
al final de la centuria. La habilidad de impresores y grabadores
en el diseño de portadas, frontis y tipos de imprenta conseguirá
obras de extraordinaria belleza, verdaderas obras de arte. La rápida
propagación del invento por toda Europa vendría motivada
en gran parte por el saqueo de Maguncia en 1462 por las tropas
del Conde Adolfo de Nasau, lo que produjo la diáspora de
los obreros tipógrafos siguiendo el curso del Rhin a la búsqueda
de las mayores ciudades comerciales.
Tras cierto nomadismo, el asentamiento en los grandes núcleos
de población se impondrá al amparo de la demanda cada
vez mayor del libro impreso no sólo por parte de las instituciones,
sino también por particulares, dando así origen al
nacimiento de los primeros talleres tipográficos de interés,
como los de Johann Mentelin en Estraburgo, Ulrich Zell en Colonia,
Anton Koberger en Nuremberg, Arnold Pannartz en Subiaco, Juan Heylin
en París y otros tales como Lambert Palmart, Joan Plank,
Juan Parix de Heidelberg, Pablo Hurus, Jacobo Zitzlant, Werner Rolewinck,
Pablo de Colonia, Juan Pegnitzer, Magnus Herbs y Tomás Glokner,
con los nativos Antonio Martínez, Alfonso del Puerto y
Bartolomé Segura para las diversas imprentas incunables españolas.
Todas ellas contribuirían al desarrollo de un nuevo arte
que iría dejando sus ricos frutos al abrigo de los bien custodiados
muros de las bibliotecas.
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Fuente: Mª José Porro Herrera;
"Las Universidades andaluzas y el libro";Consejería
de Educación y Ciencia, Junta de Andalucía,
Córdoba 1994
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Notas:
(1) Herbert Marshall McLuhan (1911-80) fué
un pedagogo y teórico de la comunicación canadiense.
La publicación de The Gutenberg Galaxy (La galaxia Gutenberg,
1962) popularizó en España las teorías de McLuhan
sobre los medios de comunicación, según las cuales
había entrado ya en su etapa de desaparición el homo
typographicus, es decir, la cultura basada en el libro; y ahora,
con la presencia en la sociedad postindustrial de los sistemas electrónicos
de comunicación y, sobre todo, de la televisión, el
hombre volvería a un contacto audio-táctil con la
realidad, sumergido en una sociedad tribalizada a escala planetaria,
lo que él llama «la aldea global». [Volver
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