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Los edificios de la Universidad de Sevilla y la Casa de la Moneda
tienen al menos dos elementos comunes: A) Ambos fueron Reales Fábricas
-una de tabaco y otra de moneda. B) Las portadas monumentales fueron
diseñadas por el mismo ingeniero-arquitecto: Sebastián
Van der Borcht. Esta imputación al ingeniero flamenco es
moderna (la de la Casa de la Moneda); se la debemos a la profesora
Espiau Eizaguirre, de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, que
lo publicó en
un artículo en 1987 (1)
A mediados del siglo XVIII la Casa de la Moneda de Sevilla se
encuentra en una situación lamentable, tanto a nivel de eficacia en
el uso de sus espacios -problema apenas resuelto con la instalación
de molinos- como a nivel de mantenimiento de sus construcciones.
De hecho, las reformas efectuadas en la primera mitad del siglo no
solucionaron los problemas de conservación de la fábrica,
que se vieron agravados con el terremoto de 1755 (llamado "de
Lisboa") y las sucesivas inundaciones que las lluvias y crecidas
del río provocaron en 1740 y 1758.
Durante la gran inundación de 1758 las filtraciones de
agua y las lluvias afectaron a la estructura arquitectónica
de la Casa de la Moneda. Como consecuencia, hubo que efectuar algunos
reparos en los tejados y muros de las salas que ocupaban el frente
norte, entre las que se encuentran el Fiel y la vivienda del Superintendente.
Todo ello hace que el 17 de mayo de 1761 se encargue a Sebastián
Van der Borcht la dirección de las nuevas obras de reforma
en la Casa de la Moneda. Esta es la segunda gran intervención
que se desarrolla sobre el edificio durante este siglo y es sin
duda la de mayor importancia, dado que con ella la antigua fábrica
cambiará sustancialmente de fisonomía al conectarse
directamente con el exterior por medio de una portada monumental.
Las obras finalizaron dos años después, siendo la
portada
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"celebrada de todos por su buena vista, tan correspondiente
a la principal casa coxiendo, la puerta por medio del Patio
principal, que antes era por un lado una entrada como de
sótano, que todos afeaban".
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Deplorable estado de abandono que presenta
actualmente esta portada dieciochesca, sin que a nadie parezca
interesarle.
En cambio, se rehabilitaron las viviendas
interiores que eran más rentables. Esta imagen la tomé en
el 2003; en el 2005 la bóveda del pasillo interior está apuntalada
por peligro de derrumbe. Grima me da; vergüenza inconfesable.
La fachada primitiva tenía el
escudo real en el lugar del balcón y carecía
del ático que se añade en la azotea. Estas
son modificaciones del siglo XIX, una vez privatizado el
edificio.
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Hasta entonces, y desde el siglo XVI, la única puerta de
entrada a la fábrica estaba situada en el frente oriental,
dando a la Plaza de Maese Rodrigo (2). Era un acceso discreto,
aunque lo suficientemente amplio como para posibilitar el paso
de mercancías
y, posiblemente, flanqueada por dos pequeñas torrecillas
como único elemento señalizador de su existencia.
La nueva fachada manifiesta una estrecha relación con la
de la vecina Fábrica de Tabacos, levantada pocos años
antes por el mismo ingeniero. En su alzado se desarrollan dos plantas
divididas en tres calles separadas por pilastras cajeadas de orden
gigante. En la calle central se localiza la portada y en las laterales
se abren cuatro vanos adintelados -dos en cada cuerpo-, siendo
muy posible que estuvieran coronados con frontones triangulares
como en la Fábrica de Tabacos. El conjunto se remata con
un friso de triglifos y metopas sobre el que discurre una cornisa,
manteniéndose en ambos elementos el resalte de las pilastras.
Como colofón, se utiliza un frontón triangular que,
ubicado en el eje de la calle central, se perfora con un óculo
ovalado y se decora con el mismo denticulado de la cornisa, además
de perfilarse siguiendo los quiebros del resalte.
La portada propiamente dicha presenta un gran arco central muy
rebajado, flanqueado por pilastras jónicas y orejetas almohadilladas.
Las pilastras dan paso, en la planta superior, a un frontón
partido y escalonado, que albergaba el escudo real -hoy desaparecido-
flanqueado por los dos jarrones que persisten actualmente.
En su decoración aparece la estética rococó en
los relieves del arco, donde se incluyen las características
tarjas, rocallas y elementos florales de este estilo. Junto a ello
destacan los jarrones, de bulto redondo y gran potencia plástica,
atribuidos por Pleguezuelo Hernández a Cayetano
de Acosta,
escultor activo en Sevilla por estas fechas y muy vinculado a Van
der Borcht para quien trabaja en la Fábrica de Tabacos.
El modelo de los jarrones es el "Vas Insigne Devotionis" grabado
por los Klauber para la Letanía Lauretana de Francisco Xavier
Dornn, cuya primera edición
-publicada en Augsburgo en 1750- fue la que Acosta debió manejar
para realizar el diseño, pues en España no se publicará hasta
1768, cinco años después de finalizada la obra.
El escudo central formaría parte del trabajo modelado por
Cayetano de Acosta al igual que el resto de la decoración
del arco salvo la clave, señalada a través de una
cabeza de león, que más bien parece una obra de taller
por la tosquedad de su aspecto frente al refinamiento y la exquisitez
de líneas de los relieves que la acompañan. Entre
los días 10 y 16 de julio de 1763 se dan los últimos
toques a la portada, entre los que se encuentra el dorado de su
escudo -realizado por Francisco de Figueroa- y la inclusión
de bolas de metal en los balcones principales y en los de las torres
que flanquean la fachada.
La utilización de piedra hace que la portada destaque sobre
el enfoscado del fondo, recortándose nítidamente
como un elemento autónomo sobrepuesto al plano de fachada
que actúa como nexo de unión entre las distintas
partes que componen su estructura. La portada actúa, pues,
como elemento unificador de la totalidad de la fachada, al ubicarse
en el punto central de la misma y extenderse sobre la superficie
circundante para impedir la disgregación de las partes.
Se trata de establecer una relación de coexistencia armónica
entre dos lenguajes claramente diferenciados: uno -el rococó-,
de fuerte arraigo en tierras andaluzas, y otro -el clasicista-
proveniente de la arquitectura ilustrada. Este procedimiento, ya
empleado por el autor en la Fábrica de Tabacos, alcanza
ahora una simbiosis perfecta, lo que ejemplifica el dominio y la
sutileza que caracteriza la labor del ingeniero flamenco a la hora
de elaborar una sintaxis visual que, jungando con el contraste,
dé como resultado un todo equilibrado y unitario. De esta
forma, la rigidez de las líneas horizontales y verticales
de la fachda y la angularidad del frontón, se ven matizados
por la plasticidad y el movimiento curvilineo de los elementos
que conforman la portada, y viceversa.
Con la apertura de esta nueva fachada, el edificio subre un cambio
sustancial al establecer un mayor contacto con el exterior posibilitando
la comunicación directa entre el antiguo Patio de los Mercaderes
(hoy calle Habana) y la ciudad. Se genera así un eje que,
enlazando la portada con el patio principal de la fábrica,
crea un sistema compositivo de simetría bilateral. Se trata
del mismo esquema empleado en la Fábrica de Tabacos.
Así, Van der Borcht prolonga el vano de fachada con un
cañón de bóveda que atraviesa la crujía
principal, para desembocar en el gran espacio abierto que es el
Patio de los Mercaderes. En él también se acusa la
impronta del ingeniero, mediante la ordenación de sus dos
lados menores en los que se levanta una triple arquería
de medio punto sobre columnas.
Pero no termina ahí la intervención de Van der Borcht
que también había proyectado ciertos arreglos en
la vivienda del Superintendente y algunas otras obras como la bóveda
de cañón, el zaguán, la escalera y las habitaciones
para el guarda. Sin embargo, la escasez de presupuesto -empleado
casi en su totalidad para la realización de la portada-
había provocado la paralización de las obras quedando
aún por concluir, un año después, el enlucido
de la fachada, algunos remates de la cornisa y los tabiques divisorios
entre el Fiel y los cuartos del Superintendente situados en planta
alta.
No obstante esta suspensión, las obras siguieron su curso
aunque a las órdenes del ingeniero delineador Miguel
de Taramas y bajo la responsabilidad del Superintendente. Taramas
-que vive en Sevilla- es el sustituto de Van der Borcht durante
su estancia en Cádiz, elegido por el mismo Van der Borcht
el 23 de enero de 1760 ante la eventualidad de salir fuera de Sevilla.
Tras la conformidad del Rey, Ricardo Wal firma una carta fechada
el 5 de febrero de ese mismo año y dirigida a D. Miguel
de Aguirre. La respuesta de éste se expresa en los siguientes
términos:
"Muy señor mío: Por la Real Orden que V.E.
se sirvió comunicarme con fecha de cinco del que sigue quedo
entendido de que S.M. se conforma en que el Ingeniero D. Miguel
de Taramas se encargue en las obras que haya o puedan ofrecerse
en estos Reales Alcázares durante la ausencia de D. Sebastián
Van der Borcht y de acordarme con el mismo en todos los asuntos
relativos a ellas, lo que he puesto en ejecución como se
manda"
El resultado final de todo este proceso fue un arreglo general
en torno al antiguo Patio de los Mercaderes cuyo aspecto externo
quedó realzado, además de reorganizarse las naves
y construcciones que lo rodeaban.
Así, aprovechando la apertura de la fachada en su frente
norte, se remozó la vivienda del Superintendente separándola
de la sala alta del Fiel, al que había de construirsele
una escalera de acceso particular.
Junto a ello, se emprendió la reforma de la sala destinada
al cuerpo de guardia que, situada en el mismo lugar que en el siglo
XVI en el frente occidental, ocupaba la crujía que dividía
los dos patios con acceso por el pasaje de comunicación
entre ambos.
La reforma de la portada en el siglo XIX
En 1868, la Fábrica de la Moneda sevillana pierde su función fabril,
tras lo cual será dividida en lotes y vendida a diversos particulares-
Ildefonso Lavín, Inocencio Ocho y José Marañón- que la reconvertirán
en un conjunto de viviendas en régimen de alquiler.
En el año 1879 la propiedad de la antigua Casa de la Moneda
pasará a manos de un solo propietario, D. Manuel
Marañón
y Martínez:
"...en las operaciones particionales de los bienes quedados
por fallecimiento de la señora Doña María
de los Angeles Lavín y López Gavilán, mujer
legítima del señor D. Manuel Marañón
y Martinez, protocolarizadas en 23 de julio de 1879... se adjudicó en
parte de pago de sus derechos a dicho señor Marañón
un edificio que fue Casa de la Moneda en esta Ciudad, que tiene
su entrada principal por la Plaza de la Aduana, hoy Plaza de Santo
Tomás, marcado con el número cuarenta y cinco novísimo
y cuarenta y tres actual con cuatro y media pajas de agua de pie,
cuya finca fue inscrita a su nombre en el Registro de la Propiedad
de este partido..." (Archivo Administrativo Municipal de Sevilla,
1913)
A partir de este momento la antigua fábrica de moneda comenzará a
protagonizar una serie de reformas, tanto internas como externas,
que cambiarán radicalmente su estructura y fisonomía
primitivas.
La primera de ellas consistió en la apertura de un acceso
en su frente sur -hacia la calle Almirante Lobo- que, enlazando
con la vía interior que era la calle Habana, sirvió para
establecer un paso continuado atravesando la totalidad del recinto.
El proceso de reorganización de los espacios libres de
la fábrica se verá completado con la transformación
en viviendas de sus antiguas construcciones fabriles. Y ello como
consecuencia del trasvase de propiedades al sector privado, que
ahora se ocupará de convertir la primitiva fábrica
en un espacio básicamente residencial.
En ese contexto es donde hay que encuadrar la reforma de la crujía
de fachada que, en 1894, sufrirá un cambio sustancial en
su fisonomía a partir del proyecto realizado por José Gómez
Otero. Este arquitecto, de formación académica y
amplia experiencia en lo que respecta a la reforma de viviendas
tradiciones para familias de la alta burguesía, llevará a
cabo el diseño de una nueva portada para el recinto de la
Casa de la Moneda.
El proyecto consistió en la sustitución del escudo
real por un balcón central, más el añadido
de dos cierros en los vanos del primer piso y un ático que
sirve de pretil a la azotea. El plano, fechado en 30 de enero de
1894, muestra claramente estas transformaciones a pesar de presentar
un aspecto mucho más estilizado que la realidad, lo que
por otra parte es una característica común al diseño
decimononónico.
Así observamos cómo se ha alargado el canon, elevando
la altura de la portada que en la realidad presenta un cierto achatamiento.
Junto a ello, se ha dulcificado el aspecto jugoso de los relieves
del arco y de la clave, así como el de los jarrones que
en el diseño aparecen como dos esbeltas copas rebosantes
de frutas reflejando la estética de la decoración
doméstica ochocentista.
El resultado arquitéctonico de la reforma plantea un cambio
sustancial de la fisonomía dieciochesca, lo que responde
claramente al cambio de uso operado en el edificio. Todo ello se
traduce en la desaparición del contenido simbólico
representado por el escudo, ahora innecesario como elemento emblemático
dado el nuevo carácter privado y residencial de la construcción.
Por contra aparece un nuevo vano abierto al exterior, recordando
el modelo estructural de las portadas barrocas que reforzaban el
eje central con la inclusión de un balcón monumental.
Sin embargo el balcón no tiene ningún ornato especial,
algo que sí encontramos en los huecos laterales ahora recubiertos
por sendos cierres de madera que nos introducen de lleno en la
estética doméstica decimonónica. El conjunto
se remata con el antepecho superior que asoma detrás del
frontón central, repitiendo el resalte de las pilastras.
Sobre estos resaltes se alzan cuatro pedestales que soportan otras
tantas copas y, en los dos paños laterales, se abren sendos
huecos rectangulares para ventilación e iluminación
de esta nueva planta.
El resultado final responde al modelo de fachada establecido para
las viviendas burguesas de fines del ochocientos, con su característica
estructura de puerta y balcón central flanqueados por cuatro
vanos laterales, dos de los cuales -los que corresponden a la planta
noble- se recubren con cierres de madera y líneas simples
de corte clasicista.
Esta es la intervención más llamativa de todo el
recinto, que se resanará totalmente transformando las antiguas
construcciones fabriles y diseñando sobre ellas edificaciones
de nueva planta. Con ello las primitivas hornazas de mercaderes
y capataces serán reconvertidas en viviendas unifamiliares,
desarrolladas en dos plantas y uniformadas en fachada según
los parámetros de regularización exigidos en las
ordenanzas.
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Para saber más... |
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Espiau
Eizaguirre, Mercedes: "La Casa de la Moneda de Sevilla
y su entorno : historia y morfología" / Junta de Andalucía-Universidad
de Sevilla, 1991 |
Fotos: Alfonso Pozo
Notas:
(1) Espiau Eizaguirre, Mercedes: "La fachada
de la Casa de la Moneda de Sevilla, obra de Sebastián Van
der Borcht".
Archivo Hispalense, nº 212, Sevilla 1987, págs. 193-196.
Más tarde, en 1991, vuelve a publicar un libro titulado "La
Casa de la Moneda de Sevilla y su entorno", en la que se reitera
el descubrimiento (pág. 141). Esta historiadora del arte
está especializada en la arquitectura; curiosamente, como
podrán sospechar por su primer apellido, es biznieta, nieta,
hija y hermana de una renombrada dinastía de arquitectos. [Volver
al punto de lectura]
(2) Lo que hoy sería, aproxidamente, la calle Joaquín
Hazañas [Volver al
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