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Contexto administrativo

 


   ¿Por qué fue tan importante el faraón?
   La imagen del faraón ¿cambió con el tiempo?
   ¿De qué vivían el faraón y su corte?
   ¿Qué funciones tenían los visires?
   ¿Cuál era el papel y las atribuciones de los nomarcas?
   ¿Cómo se educaban los escribas?
   ¿Qué funciones tenían los escribas?


    ¿Por qué fue tan importante el faraón?

   Como en todo sistema monárquico, el rey asume el papel fundamental en la estructura de esta forma de gobierno. En este sentido, la preponderancia de unos dirigentes locales sobre otros marcó el comienzo de la organización política del antiguo Egipto. De este modo, el alto Egipto fue sojuzgando a las distintas poblaciones que habitaban en el Delta del río hasta hacerse con el control de estas fértiles tierras, probablemente por obra del rey Narmer. Durante un tiempo se fueron estableciendo formas monárquicas que garantizaran la asimilación del nuevo territorio. Tal es el caso del uso de la simbología (como la doble corona con la que se representará al faraón desde entonces) y, de forma probablemente más importante, la asimilación de la estructura monárquica a los deseos divinos.
   La legitimidad de la forma monárquica y su extensión a todo el territorio del antiguo Egipto tiene su base en la identificación del monarca o faraón con el dios dueño de toda la tierra. Los sucesivos nombres que se van adjudicando protocolariamente al faraón denotan esta especial relación con los dioses: 'Horus', dios del cielo en forma de halcón que todo lo ve, 'Nebti', diosas protectoras del Alto y Bajo Egipto, 'Nombre áureo', el material de que están hechos los dioses, etc.
   Desde el momento en que el faraón es asimilado al dios más importante de Egipto o bien, posteriormente, al hijo de un dios, la consecuencia inmediata es que todo lo que tiene Egipto (sus tierras, sus hombres, el ganado, la cosecha, etc.) es propiedad del faraón que debe disponer de ello según sus propios criterios y, como única limitación, seguir la ley de Maat, la ley de la justicia, la verdad que garantiza una adecuada relación entre la esfera divina (del faraón) y la humana (sus súbditos y posesiones).

   La imagen del faraón ¿cambió con el tiempo?

   La impresión general de que la sociedad egipcia de aquel tiempo apenas varió y el poder del faraón fue incontestable no resiste el análisis histórico. Es cierto que resulta ser una sociedad que conoce pocos cambios estructurales y que, en no pocas ocasiones, volverá su mirada al período del Imperio Antiguo tomándolo como ideal de gobierno. Sin embargo, no está exenta de cambios sociales de todo tipo y, entre ellos, figura en un lugar destacado el de la imagen del propio faraón para su pueblo.
   Inicialmente, el faraón fue un dios sobre la tierra, el poseedor de todo lo existente, el dueño de las tierras, el ganado y los hombres, así como de su fuerza de trabajo. Esta imagen, que llega probablemente a su culmen con el faraón Keops, cede el paso pronto a otra relación del faraón con la divinidad. La mala imagen que los sacerdotes de la época legaron a la posteridad sobre él denota que su poder omnívoro encontró una serie de resistencias que llevaron a disminuir la importancia posterior del faraón otorgándole, como ya sucede en tiempo de Micerinos, el papel de hijo de dios. Dicho papel le obligaba, entre otras cosas, a la construcción y mantenimiento de templos solares asociados a su tumba, lugares de culto que enriquecían a la clase sacerdotal.
   El caos social que reinó en Egipto en el llamado Primer Período Intermedio dio lugar a una modificación de la imagen del faraón, no sólo con respecto a los sacerdotes (una élite a fin de cuentas), sino en relación al propio pueblo egipcio. Las 'Lamentaciones de Ipu-hur', obra literaria que narra los sucesos habidos, achaca la responsabilidad de este caos al hecho de que el faraón no ha seguido la ley de Maat, no ha respetado sus deberes para con su pueblo. Esta crisis debilita su poder y la naturaleza divina que lo legitima. Cuando surja a partir de Tebas una nueva fuerza que asuma las responsabilidades del gobierno se presentará encabezándola un faraón humano y preocupado por su pueblo, un gobernante magnánimo, un buen pastor para sus súbditos.
   El Imperio Medio muestra esta nueva imagen del gobernante que vuelve a entrar en crisis ante su debilidad (quizá motivada por sucesivos problemas dinásticos) y la irrupción en la historia del pueblo hicso que va ocupando el Bajo Egipto y asumiendo los ornamentos y títulos de la monarquía egipcia. Esta vuelta atrás en la separación entre las dos tierras egipcias promueve un cambio en la imagen del máximo gobernante.
   A partir de ese momento, el faraón ha de reconquistar el terreno perdido, expulsar a los invasores extranjeros, rehacer la riqueza de la tierra bajo una sola mano. El faraón tiene que ser un héroe, ha de defender al pueblo de los ataques externos, tiene que mostrar su fortaleza y no sólo su naturaleza divina o su noción de justicia y cuidado de su pueblo. Es por ello que todos los faraones del Imperio Nuevo deben, en mayor o menor medida, demostrar dicha fortaleza en el combate. De ahí surgen faraones como Tutmosis III, plenamente guerreros, o Ramsés II, poco combativo pero que cuida su imagen de héroe deformando la realidad de lo sucedido en la batalla que establece con el reino hitita en Qadesh. Es en esta línea por lo que resulta más llamativo el contraste de un faraón pacífico y seguidor del monoteísmo como Akhenatón, pero a fin de cuentas sólo supondrá un paréntesis dentro de sucesivos monarcas que colocan el valor y la fortaleza como garantías y fundamento de su divinidad.

   ¿De qué vivían el faraón y su corte?

   Partiendo del hecho de que el faraón era el propietario de toda la tierra de Egipto debido a su naturaleza divina, la cuestión se debe reformular en el sentido de saber cómo se articulaba esa propiedad de cara a su mantenimiento personal y el de la corte que le acompañaba. Básicamente, las posesiones de la monarquía egipcia eran de dos clases:

  • La Gran Casa.
  • Los dominios reales.

   La primera comprendía todo el conjunto de palacios ocupados por el rey, bien para funciones de protocolo, de gobierno o simplemente de carácter residencial. Dada su movilidad a lo largo del país (generalmente por vía fluvial) existía un número amplio de dichos palacios repartidos por el curso del río. Estos palacios, construidos con adobe, no han sobrevivido pero debieron ser numerosos y contar con su propia administración. En efecto, resultaba necesaria la organización del suministro de alimentos para la familia real y su corte y, en general, todo lo necesario para su vida cotidiana y el protocolo asociado al cargo. En dichos palacios habrían de residir peluqueros, médicos, cocineros y todo tipo de servidores.
   Los dominios reales se refieren a tierras de directo uso del faraón y su familia, habitualmente administradas por un Mayordomo real. Estas tierras, de una gran extensión, resultaban productivas por sí mismas o bien mediante el arriendo a campesinos que entregaban al administrador una parte importante de la cosecha obtenida. Estas tierras, a su vez, podían ser objeto de donaciones tanto a los templos para su mantenimiento como a particulares que se habían destacado en el favor del faraón.
   Nuevamente, estas tierras entregadas en donación (en muchos casos para su uso, no en propiedad) eran habitualmente arrendadas a campesinos que, de este modo, debían entregar una parte de la cosecha al arrendador directo y otra parte al faraón. Las escenas literarias, en ocasiones de una gran dureza, en las que los escribas y soldados encargados de la recaudación de tasas obligan a su entrega a los campesinos, no son infrecuentes. 

   ¿Qué funciones tenían los visires?

   La amplitud de la tarea de gobierno sobre una tierra tan extensa condujo al nombramiento de diversos cargos que actuasen en nombre del faraón. El principal de todos fue el de visir. Era un cargo de extrema confianza ya que implicaba una salutación matinal (interesándose por la salud del rey) y un informe diario sobre las gestiones e intereses faraónicos en todo Egipto o, al menos, en el territorio donde ejercía su cargo el visir (desde el Imperio Medio solía haber dos, uno para el Alto y otro para el Bajo Egipto). 
   Por entonces la crecida del Nilo borraba los lindes de los campos de manera que, considerando las ambiciones de unos templos respecto de otros, de unos nomos entre sí, conducía a que las estelas que actuaban a modo de lindes fluctuaran de posición según la importancia o la fuerza de unos y otros, lo que daba lugar a todo tipo de reclamaciones. Era necesario, por tanto, recurrir a una entidad superior como era el faraón para que se revisara el catastro, las medidas realizadas antes de la inundación, se atendieran dichas reclamaciones y se llegara a una resolución justa. De todo ello era encargado el visir que, de forma más general, también ejercía funciones en los diversos tipos de juicios. Este cargo de confianza fue en el comienzo del Imperio Antiguo confiado a un miembro de la familia real, particularmente un hijo del faraón. Sin embargo, con Micerinos comienza a desligarse de estas relaciones familiares e incluso es posible el nombramiento de varios visires simultáneamente, aunque este hecho es de difícil determinación. En el Imperio Medio, como sucederá en el Nuevo, comienzan a nombrarse dos visires dado que la monarquía tebana había establecido su capital (Menfis o List) en una ciudad diferente a la suya original y pretendían conservar el gobierno radicado en ambas localidades. 
   Desde la quinta dinastía las funciones de los visires atañían a unos campos que hemos visto ejemplificados en las instrucciones de Tutmosis III, si bien podían ser aún más amplios. Cinco en concreto se pueden señalar:

  • Director de los Seis Grandes Tribunales y encargado, por tanto, de la impartición de la justicia en su nivel más alto.
  • Director del Doble Granero, al cargo tanto del esencial almacenamiento de grano.
  • Director del Doble Tesoro, guardando el oro, la plata, el cobre y demás materiales preciosos, pero también el lino y otros productos que podían ser manufacturados.
  • Director de los Archivos Reales, y custodio por tanto de toda la información escrita que atañía al gobierno de Egipto (catastros, relación de impuestos, censos, propiedades y, en general, toda la información escrita que correspondía a los restantes campos de actuación).
  • Director de los Trabajos del Rey, es decir, las construcciones de canales, el levantamiento de obeliscos, templos, tumbas, etc.

   La competencia del visir sobre estas áreas no quiere decir tampoco que su gobierno fuera directo sobre cada una de ellas. Podían existir encargados en cada una a las órdenes del visir (Cancilleres), cada uno de los cuales requería el trabajo de un grupo de escribas que contrataban trabajadores para que cumpliesen las tareas asignadas al director correspondiente. Se constituía así una trama burocrática y administrativa en referencia a estos campos de gobierno que daban lugar a nombramientos y carreras administrativas que aparecen reflejadas en las tumbas de los nobles, a veces con titulaciones que no corresponden a funciones específicas sino que parecen de carácter honorífico (como es el de Compañero Único, por ejemplo) y otras cuyas funciones son imprecisas y aún están en estudio.

   ¿Cuál era el papel y las atribuciones de los nomarcas?

   Los nomos son las principales unidades administrativas en que se dividía el país egipcio. En una forma primitiva parecen surgir de tiempos incluso predinásticos al modo de áreas territoriales de influencia de distintas tribus. La unificación del Alto y Bajo Egipto va de la mano con la centralización del poder y unas estructuras administrativas y políticas jerarquizadas que descansan en la autoridad divina del faraón. De este modo, los jefes de los nomos fueron meros encargados por el faraón para recoger las tasas en sus territorios, distribuir las tierras, ordenar el almacenamiento de grano para épocas de hambruna y, sobre todo, administrar el uso del agua por medio de la realización de canales de riego, diques y drenados de los mismos. Todo esto, además de otras labores encargadas por el faraón (proveer de hombres para expediciones anunciadas y cualquier otra tarea referente al nomo), conllevaban un poder que podía llegar a ser considerable. 
   Se ha detectado que, a lo largo del Imperio Antiguo, los nomarcas pasaron de ser enterrados cerca de la corte del faraón a hacerlo en su propio territorio del nomo. Teniendo en cuenta la importancia otorgada al culto a los muertos por parte de sus familiares y descendientes más directos, este hecho indica que dichos descendientes siguieron viviendo en el nomo de que se tratase lo que, unido al hecho de que estas tumbas cada vez mostraran un lujo mayor, parece indicar que el cargo de nomarca pasó a ser hereditario. De hecho, la creciente debilidad del faraón frente a la clase sacerdotal de este período de tiempo tiene que ponerse en relación también con la importancia creciente de los nomarcas. Las inscripciones de sus tumbas sugieren que, al final del Imperio Antiguo y durante el Primer Período Intermedio, sostuvieron con su autoridad la vida de cada nomo en lo que se refiere a la alimentación y el agua, a veces en confrontación con otros nomos vecinos. De algún modo, el modelo aristocrático de la corte egipcia vino a reproducirse en pequeña escala dentro de cada nomo.
   Este precedente condujo a que, tras el reestablecimiento del poder central, los nomarcas fueran viéndose despojados paulatinamente de su poder transformándose de nuevo en meros administradores del faraón.

   ¿Cómo se educaban los escribas?

   La formación de un escriba estaba condicionada socialmente dado que era necesario disponer de muchos años en la vida del candidato, años que entre los campesinos debía dedicarse al trabajo. De hecho, muchos escribas firman sus escritos autentificándolos con referencias a sus antecesores (padres, abuelos, etc.) que también fueron escribas, de donde se deduce que este oficio se llevaba a cabo frecuentemente dentro de un mismo círculo familiar. 
   En la conocida 'Sátira de los oficios', un escrito realizado por un escriba de la dinastía XII, se muestran con claridad las ventajas de esta tarea respecto de otras más humildes:

Mira, no hay una profesión que esté libre de jefe, salvo la de escriba. El es el jefe. Si conoces la escritura, te irá mejor que en las profesiones que te he presentado. Míralos en su miseria... Mira, te he colocado en el camino del dios... Mira, no hay escriba que carezca de comida y de bienes de palacio.

   Todo ello justificaba la inclusión del muchacho en una 'Casa de la Vida', recinto a cargo de los sacerdotes del templo que se encargaba de asegurar su formación y su eventual inclusión posterior en el sacerdocio o bien al servicio de la corte. Esta formación era larga puesto que era necesario aprender toda la escritura jeroglífica formada por cientos y cientos de símbolos distintos, así como la realización de cuentas y otros procedimientos matemáticos, entre otros saberes.

   ¿Qué funciones tenían los escribas?

   La palabra era un verdadero don de los dioses. La religión egipcia consideraba al dios lunar Thot como el creador ancestral de la lengua y la escritura en sus dos formas habituales: La jeroglífica, frecuente en las inscripciones sobre piedra y en el culto religioso, y la hierática, de forma cursiva y habitual en su uso sobre papiro para funciones administrativas y también religiosas.
   Pronunciar la palabra precisa permitía que aquello nombrado surgiese a la vida, se diferenciase de lo demás en que estaba previamente confundido. Esta es la base del poder de la palabra que pronunciaba el sacerdote lector frente al cadáver del faraón durante el proceso de momificación. El mismo poder que se esconde tras los Textos de las Pirámides que se esculpían en las tumbas y que sólo podían ser repetidos y recitados por el escriba para la glorificación del fallecido, para la petición de dones o cualquier otra tarea referente al culto.
   La sociedad egipcia es fundamentalmente analfabeta. De ahí la enorme importancia del escriba, no sólo en la vertiente religiosa que hemos mencionado, sino en la administrativa. Escriba tenía que ser el que escribiese los mensajes entre los distintos departamentos administrativos, el que calculase los suministros necesarios en la corte y los registrase. Escriba también había de ser el que llevase todo tipo de contabilidad, incluyendo la tarea de recaudar tributos, medir los campos y hacer los cálculos de su productividad, calcular las necesidades en hombres y material para cualquiera de los proyectos arquitectónicos en curso. El escriba era en general el funcionario imprescindible en todo tipo de tarea administrativa.

                                             Economía                                    

 

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