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Los sumerios entraron por el sur
Cuando los sumerios se establecen al sur de Mesopotamia ya encuentran
algunas ciudades, como Uruk. Es indudable, sin embargo, que su llegada
coincide con el nacimiento de la civilización
urbana. La presencia de tribus semitas más
al norte también aparece atestiguada.
Estas tribus constituían la primera
avanzada desde las planicies semidesérticas
al oeste del Eúfrates y, al encontrar a
los sumerios, fueron relacionándose
estrechamente con ellos. Hay que considerar que las costumbres y características
culturales de ambos pueblos eran distintas pero de un modo que podían
complementarse. Así, por ejemplo, los
sumerios disponían de una administración
centralizada y tendían a agruparse en
ciudades de forma sedentaria. En cambio, las tribus semitas eran seminómadas
en su mayoría, solían
trabajar en el campo con la ganadería y
la agricultura, organizándose en torno a
clanes familiares de manera más
individualizada.
La tierra de este sur mesopotámico
era entonces grande para tan pequeña
población. Al tiempo, se registraban
inundaciones frecuentes dada la horizontalidad del terreno, alternándose
las parcelas secas con otras pantanosas. Ello condujo al nacimiento de pequeñas
ciudades aisladas en principio unas de otras. Sin embargo, la continua
relación social y económica
entre ciudad y campo, llevaba a una expansión
mayor de las ciudades tanto físicamente
como en la búsqueda de pastos y terreno
fértil. El desarrollo de vías
comerciales constituyó asimismo un
fuerte impulso en el avance de los sumerios hacia el norte, intentando
controlar el curso del agua del que dependían.
Esta situación condujo a enfrentamientos
frecuentes entre las llamadas "ciudades estado". Es un tiempo en que se
comienzan a levantar murallas en torno a ciudades como Uruk, que llegan a
alcanzar los 9 kms. de longitud y dan lugar a leyendas
épicas de conquista y defensa de los
territorios, como la del héroe Gilgamesh.
Al igual que sucede en otras culturas antiguas como la distante china, la
pugna y expansión de las ciudades tuvo
como colofón el dominio bélico
de una de ellas. Como ejemplo se puede escoger la ciudad de Lagash que conoció
una primera dinastía de gobernantes en
el 2495 bajo el vasallaje de Ur. A mediados de siglo, gobernando Eannatum
(famoso por su 'Estela de los Buitres', ilustración superior),
alcanza su propia independencia y comienza un período
de expansión militar que le lleva a
ocupar Mari, importante nudo de comunicaciones entre norte y sur en el Eúfrates
medio, así como a expandirse hacia el
Elam. Sin embargo, mantuvo una pugna durante todo este tiempo con la ciudad
de Umma.
Con el tiempo Umma, al mando de Lugalzagesi, terminará
por derrotar a Lagash erigiéndose en
gobernante de todo el sur mesopotámico.
Con él surge la primera idea de un
imperio que coronará Sargón
I desde la nueva ciudad de Akkad hacia el 2335 a.C.


Comienzos de la idea imperial
Sargón I parece haberse lanzado a un
proceso creciente de conquista y dominio de tierras incluso fuera del
ámbito mesopotámico.
Así, se dirigió
inicialmente hacia el oeste, subiendo por el curso del Eúfrates,
ocupando Mari, penetrando en Siria y llegando incluso al Mediterráneo.
La lengua sumeria será sustituida
paulatinamente por la acadia. Conforme a ello las tablillas de la dinastía
sargónida adoptarán
nuevos formatos imponiéndose una versión
oficial de la escritura, así como una
progresiva unificación de las medidas de
peso, superficie, etc.
La historia de esta fase en la cultura mesopotámica
oscila entre la idea de un imperio y el predominio de las ciudades estado, más
locales y limitadas en sus aspiraciones y expectativas. Toda esta pugna
entre los dos modelos se verá alterada
por la irrupción constante de fuerzas
tribales externas como los guti, asentados en los montes Zagros, que
derriban a la dinastía sargónida.
Una atención especial hay que dedicar
a la III dinastía de Ur (a la derecha,
plano de sus excavaciones) por cuanto en su
tiempo se sitúan muchos de los restos
arqueológicos más
importantes de naturaleza contable y matemática,
la gran mayoría de ellos encontrados en
excavaciones ilegales de finales del siglo XIX, lo que hace muy difícil
su datación. Los guti terminan con el
reinado del último rey sargónida,
Sharkalisharri, hacia 2193, devastando en el transcurso de sucesivos
enfrentamientos la ciudad de Akkad así
como Ur y Uruk, de gran importancia entonces en el sur mesopotámico.
Sin embargo, fueron incapaces de hacerse con los resortes del gobierno limitándose
a cortar los caminos, saquear e incendiar. Finalmente se fueron replegando
hacia los montes Zagros de manera que las ciudades sumerias al sur (Lagash,
Ur, entre otras) volvieron a desarrollarse de forma autónoma.
Ésta quedó
plenamente confirmada con la derrota definitiva de los guti (2120) a manos
del rey Utukhegal de Ur.
Nace así una nueva dinastía
de reyes que ejercerán un control
importante sobre toda la zona revitalizando la idea imperial de Sargón
I. Del tiempo del hijo de Utukhegal, Shulgi (2094 - 2047) proviene la mayoría
de los documentos importantes encontrados hoy en día.
Su largo reinado estuvo caracterizado por la consolidación
administrativa y política, primero, y
por las brillantes campañas
militares que dirigió después.
Respecto a la primera, se encargó de
restaurar los templos destruidos en las luchas anteriores con los guti,
reformó los sistemas de pesos y medidas,
reconstruyó los caminos y los canales de
irrigación destruidos, favoreciendo con
ello el comercio y la agricultura. Respecto a la expansión
militar alcanzó a dominar, nuevamente,
la ciudad de Mari, llave fluvial para el comercio con el norte por el Eúfrates,
y se extendió hacia el Elam en el oeste
a fin de salvaguardar el naciente imperio de las invasiones de las tribus
montañesas.
A finales del III milenio hubo un desequilibrio importante entre los
pobres recursos que ofrecía el norte de
Mesopotamia y las necesidades de tribus de amorreos que fluían
sin cesar provenientes de Siria. Estas tribus seminómadas
fueron descendiendo hacia el sur siguiendo el curso de los ríos
hasta encontrarse con el territorio ocupado por la III dinastía
de Ur, entonces gobernada por Ibbi Sin (2028 - 2004). Para entonces, la
centralización de su antecesor Shulgi se
había debilitado ante la creciente
autonomía de las antiguas ciudades
estado sumerias. Del mismo modo, las tribus de los montes Zagros habían
ganado en agresividad realizando incursiones periódicas
que mermaban la capacidad militar del imperio hasta su conclusión
con el saqueo de Ur y la prisión del
último gobernante.
El control del imperio sargónida o
del Ur III no era férreo ni de
naturaleza política, como lo será
en más alto grado el babilónico.
Pese al desarrollo de la administración
en ambos casos, particularmente en Ur III, el área
directa de influencia de los gobernantes era limitada, contentándose
con ejercer un control militar esporádico
sobre las vías comerciales y exigiendo
eventualmente el pago de tributos a las poblaciones más
alejadas de dicho área. Sargón
I, por ejemplo, manifiesta que sus dominios se extienden desde el "mar inferior" (Golfo Pérsico)
hasta la ciudad de Tuttul, en el curso medio del Eúfrates.
Las demás regiones más
al norte son áreas con las que podía
comerciarse activamente y, para proteger dicho comercio y sus vías
fundamentales (la fluvial y la terrestre), podía
eventualmente ser necesaria una expedición
militar que en ningún caso se asentaba
en el territorio dentro de emplazamientos militares fijos.
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Cuadro cronológico |
|
2900 -
2350 |
Período
Protodinástico |
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2350 -
2200 |
Akkad |
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2200 -
2120 |
Guti |
|
2120 -
2000 |
Ur III |


Babilonia, desde el centro
La invasión de las tribus amorreas
procedentes del desierto sirio-arábigo
terminó con el gobierno unitario de Ur
III. Pese a que carecían de experiencia
administrativa y política para gobernar
grandes extensiones, pretendieron imitar los usos y costumbres, sobre todo
en lo que concierne a la organización
administrativa, asumiendo incluso la lengua que encontraron, la variedad
acadia del sumerio.
No obstante, terminaron por disgregarse por el territorio ocupado. La
causa fundamental fue la naturaleza de sus relaciones basadas en el clan, la
territorialidad limitada y, en suma, el pequeño
grupo humano y autosuficiente. Es por ello que, pese al ascenso de diversas
dinastías poderosas durante el siguiente
milenio y medio (Babilonia, Asiria, fundamentalmente) durante un largo período
inicial surgieron grupos poderosos en Isin, Larsa y Babilonia, de imposible
entendimiento pese a su común origen.
Este período histórico
se caracteriza sobre todo por la fragmentación
de los estados. Sea con la preponderancia babilónica,
desde el 2000 al 1600 aproximadamente, o la asiria después
(entre el 1150 y el 600 a.C., aproximadamente), ningún
estado podrá vivir con la seguridad de
dominar todos los recursos económicos y
territoriales, las vías comerciales, sin
contar con unos rivales bien visibles. A ello se une el hecho de que, cuando
pudo ser así, particularmente con los
asirios después de Sargón
y con el estado caldeo de Nabucodonosor II (600-550 a.C.), las discrepancias
dinásticas dieron al traste
inmediatamente con una fuerza tan emergente y poderosa. La naturaleza de
clan que se manifiesta en todos los gobiernos de la zona implica que la
sucesión no está
legitimada sino a través del favor de
los dioses y no tanto por la vía de la
sangre. Ello implica que, en muchas ocasiones, la descendencia de padre a
hijo sea discutida y revocada por la presencia de luchas intestinas dentro
del clan gobernante cuando no el levantamiento de otros grupos que desean
adquirir la preponderancia negada por el gobernante anterior. Ello conduce a
una gran debilidad dinástica que influye
en el derrumbamiento progresivo de dinastías
aparentemente poderosas y consolidadas.
En todo caso, el afán imperialista de
todos los estados gobernantes es notable. Los procedimientos sargónidas
y el aparato administrativo y militar de Ur III son, en general, continuados
durante este período. Se asiste así
a una búsqueda constante de las vías
fluviales comerciales (Mari, lugar crucial en el curso medio del Eúfrates,
es invadida varias veces por fuerzas opuestas) y la salida al Mediterráneo
con el objeto de asegurarse el suministro de materias primas ausentes en
terreno mesopotámico. Estas
aspiraciones, en las que se sucederán
los intentos de Babilonia y Asiria, se ven dificultados muy seriamente por
la presencia de otros grupos humanos que emigran hacia la península
de Anatolia, al norte de Mesopotamia. Son los hurritas, que llegan a someter
a vasallaje a los asirios, y los hititas, que incluso consiguen derribar una
larga e importante dinastía babilónica
ocupando su capital. Todo ello hace que el mundo mesopotámico
no esté unificado, como en el período
anterior, sino que pueda considerarse multipolar, con varios centros de
importancia que luchan entre sí por
salvaguardar su territorio, sus vías
comerciales y área de influencia, al
tiempo que aspiran a aumentarlos.
A principios del segundo milenio, por tanto, se pueden encontrar varias
ciudades que emergen: Isin, Larsa, sobre todo, y una aldea central dentro
del territorio mesopotámico, Babilonia.
El triunfo de esta última se dirime
durante el gobierno del conocido rey Hammurabi (1792 - 1750) que supo aunar
con acierto la vía militar y la política,
además de asegurarse una administración
eficaz. Ocupó así
Larsa, al sur, y Esunna, al este, para luego dirigirse hacia el norte y el
Mediterráneo. Hacia el norte se enfrentó
a las fuerzas de Shamsi Adad I, un importante rey asirio que dominaba el tránsito
comercial hacia la península anatólica
y la región mediterránea,
pese a que Alepo le había conseguido
rechazar. Su poder limitado al norte no pudo enfrentarse al del rey babilónico
que realizó la labor de ocupar Mari y
hacerse con el poder en Alepo, junto a la costa mediterránea.
Hammurabi, famoso por su código (a la
derecha), quiso
instaurar la imagen del rey, no sólo
como guerrero, sino como buen pastor de su pueblo, para lo cual trató
de proteger a los necesitados y débiles
dictando las leyes de su famoso código,
donde al garantizar la ley del Talión
(ojo por ojo, diente por diente), conseguía
que el vencido y débil pudiera
resarcirse ante el más fuerte.
El reino de Hammurabi y sus sucesores es, como en muchos casos, de corta
duración relativamente por cuanto hacia
1600 Babilonia es invadida por el rey hitita Mursili que aprovecha las
desavenencias dinásticas y el
debilitamiento general del trono babilónico.
Dado que los hititas vuelven a sus tierras después
de la invasión, el vacío
de poder que dejan es ocupado por una dinastía
casita, tribus que procedían del este y
que ya se habían enfrentado a los
sucesores de Hammurabi (zigurat casita, a la izquierda). Con ellos Babilonia alcanza una estabilidad social
amparada, entre otras cosas, por la asunción
de los invasores de los modos administrativos precedentes, todos ellos
basados en la cultura acadia hasta el extremo de que la lengua babilónica,
modificación del acadio, será
la preponderante durante milenio y medio. La estabilidad se basa también
en el hecho de que la dinastía casita se
plantea sobre todo como objetivos los del orden interno, antes que la
expansión exterior. Esto hace que
Babilonia, como estado imperialista, desaparezca durante varios siglos de la
escena mesopotámica hasta caer,
posteriormente, bajo el dominio asirio.


Asirios, del comercio al dominio
Una de las tribus amorreas se había
asentado a finales del tercer milenio en el norte de Mesopotamia creando allí
la ciudad de Assur, muy cercana al actual Mosul. Los cultivos en esta zona
son de secano, hay pocas precipitaciones y se está
lejos del terreno de aluvión y las
huertas del sur. Es por ello que esta tribu orienta sus pasos hacia la
ganadería y, sobre todo, el comercio con
el norte donde encontrar las materias primas de que carecen. De este modo,
se abren paso por las montañas
del Tauro hasta la península de Anatolia
donde llevan tejidos y productos manufacturados para obtener,
fundamentalmente, cobre y estaño.
Crean incluso lugares propios parecidos a colonias comerciales (karum)
donde instalarse permanentemente. Entre ellas la más
importante radica en la ciudad de Kanish (actual Kultepe).
Tras la muerte de su rey más
ambicioso, Shamsi Adad I (1813 - 1781), el estado asirio se desintegró,
incapaz de hacer frente al babilónico
del que imitó su cultura, sus formas
administrativas e incluso sus dioses, sometiéndose
finalmente a vasallaje respecto al gobierno de los hurritas, una tribu
indoeuropea más al norte.
Un cúmulo de circunstancias propició
el ascenso de Asiria a la primera escena dentro de las luchas mesopotámicas.
El rey Assur-uballit I (1363 - 1328) se encontró
que los hititas terminaron con el estado hurrita en Anatolia así
como debilitaron de un modo importante a los babilónicos.
Al tiempo, los hititas tenían que
enfrentarse a los egipcios en la costa mediterránea
por lo que dejaron un considerable vacío
en Mesopotamia, cuya importancia dejó de
ser central durante un tiempo en la historia del Medio Oriente. Este tiempo
fue aprovechado por Asiria para extender su influencia por el Eúfrates,
donde Adad-nirari I (1305 - 1274) conquistó
la importante ciudad de Karkemish, o por los caminos caravaneros de Siria,
donde Tiglatpiléser I (1114 - 1076) ocupó
Palmira llegando hasta la costa fenicia (relieve de tributos a este rey, a
la izquierda).
A comienzos del primer milenio el imperio hitita se derrumba ante el
empuje de los llamados reinos del mar, de origen incierto. Al tiempo, todos
los estados restantes de la zona sufren la presencia de estos nuevos
invasores, entre los cuales el grupo más
importante concluye siendo el arameo. Egipto consigue aguantar la presión
bélica de estos grupos y los asirios, ya
fortalecidos anteriormente, hacen otro tanto. Sin embargo, esta creciente
presión aramea conduce a que el estado
asirio, cuyos objetivos comerciales habían
sido hasta entonces preponderantes dentro de un ambiente de pacto y acuerdo,
se transforme. La garantía del comercio
será cada vez más
la fuerza o, al menos, su amenaza. Se instaura así
el llamado imperio neoasirio comenzando con el rey que se hace llamar Sargón
(a imitación del primero acadio de este
nombre que se toma como modelo en su afán
expansionista y militar) y siguiendo por sus sucesores Asurnásirpal
II (883 - 859) o Salmanasar III (858 - 824), que conquistan la península
de Anatolia e incluso instauran monarquías
asirias en Babilonia.
Su dominio es completo sobre toda la zona pero, al tiempo, es incapaz de
afrontar el peligro de una alianza de distintas fuerzas en su contra. De
esta forma, los caldeos (tribu aramea), al mando de Nabopalasar, se alían
con las tribus medas, montañeses
de los Zagros, para avanzar hacia el norte y, ocupando la conocida ciudad de
Nínive (625), derribar de manera
definitiva el poder asirio. Se instaura así
una corta pero importante dinastía
caldea en Babilonia que volverá a
recobrar y aumentar el esplendor del pasado para llegar a convertirse en el
centro político de todo Oriente Medio.
Nabucodonosor II (604 - 562) llegará a
someter a vasallaje a Egipto extendiendo su poder por toda la región
y enriqueciendo su ciudad con jardines colgantes, la puerta de Istar o la
conocida torre escalonada Etemenanki, modelo de la bíblica
torre de Babel.
Finalmente, el predominio de los sacerdotes de Marduk a la muerte del rey
y su enfrentamiento con el nuevo rey, Nabónido,
hizo crecer el descontento del pueblo y a debilidad general de la dinastía,
que terminó por derrumbarse ante el
empuje de las fuerzas persas de Ciro que ocupó
la ciudad en el 538 como paso previo hacia el dominio de toda la región
del Medio Oriente, comienzo del imperio persa.
|
Cuadro cronológico |
|
2025 -
1763 |
Predominio de Isin
y Larsa |
|
1950 -
1750 |
Reino asirio
antiguo |
|
1894 -
1595 |
La Babilonia de
Hammurabi |
|
1600 -
1150 |
Casitas en
Babilonia |
|
1360 -
1050 |
Reino asirio medio |
|
900 -
615 |
Imperio neoasirio |
|
625 -
539 |
Caldeos en
Babilonia |
|
550 |
Comienzo del
imperio persa |

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