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Contexto económico |
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Los centros de decisión
administrativos y económicos fueron el
templo y, poco después, el palacio. En
el primero habitaba el dios de la ciudad y en el segundo vivía
el rey. Desde antes del
En los tiempos de la III dinastía de Ur se construyen varias terrazas superpuestas de forma que en la superior se disponía el templo dedicado al dios de la ciudad (figura inferior). Desde ese momento y durante un milenio y medio, toda Mesopotamia adoptará este tipo de construcción poblándose el país de lo que se ha denominado zigurats. Cuando alcanza la complejidad dada por un diseño escalonado ya no pretende simplemente aislar el templo en la cúspide para protegerlo de la inundación, sino que responde a una idea espiritual por la cual el templo ha de acercarse al cielo de modo que le sea más accesible al dios y el hombre pueda acercarse a él con más facilidad.
Sin embargo, el templo también fue, durante toda la historia mesopotámica, un centro administrativo y económico fundamental. Sus actividades se mantienen en general constantes a lo largo de la historia mesopotámica: cultivos, control de los riegos, gestión del ganado y la pesca, elaboración de productos textiles y metalúrgicos, administración de la actividad de mercaderes y comerciantes. Tan sólo el palacio real ostentaba unas competencias semejantes que fueron creciendo con el tiempo en detrimento del templo. No obstante, hay que aclarar desde el principio que no puede entenderse la relación entre uno y otro como de competencia o rivalidad. El rey era la figura autorizada y protegida del dios. A cambio, como sumo sacerdote del mismo, estaba obligado al culto y el mantenimiento del nutrido grupo de sacerdotes y funcionarios que sostenían la actividad religiosa. A esta disposición jerárquica no era extraño añadir el hecho de que algunos funcionarios palaciegos, parientes o no del rey, ostentaban puestos representativos en ambos recintos, bien directamente o en forma de prebendas, derechos que se podían heredar, vender o arrendar incluso, y que garantizaban una relación estrecha entre los intereses del templo y del palacio. El personal del templo era básicamente de tres tipos:
2) Administrativos, como el supervisor, contables, tesoreros, coperos, escribas, etc. que se dedicaban a las tareas correspondientes. 3) Artesanos, como el molinero, el trabajador del cobre, tejedor, etc. que garantizaban la elaboración de las materias primas a nivel doméstico. A ellos habría que unir un nutrido grupo de trabajadores como el barbero, los porteros, limpiadores, guardias, cuyo trabajo resultaba imprescindible. El templo era considerado, no sólo como la casa del dios local, sino como el lugar más seguro en el que almacenar el grano necesario en épocas de sequía y las materias primas (madera, minerales) de necesario uso posterior. Además, el nutrido grupo de personas encargadas del funcionamiento del templo debían recibir sustento en forma de alimentos y otros productos. Ello hacía del templo un centro económico de primera importancia donde, además de la sala reservada al dios, se debían incorporar talleres artesanales, almacenes. Para garantizar el sustento y productividad propias, el templo era propietario de tierras que le rendían fruto de formas diversas: 1) Había tierras reservadas al dios de manera que todo lo producido por ellas venía destinado al culto divino y pago de raciones para todos aquellos que dieran servicio al templo. 2) Los campos de prebendas se reservaban para el cultivo directo de los sacerdotes y administradores más importantes de la institución. 3) Los campos de cultivo eran tierras arrendadas a población campesina de modo que se recibiera de ellas una parte de lo producido. Los palacios, por otra parte, llegan a tener múltiples actividades y funciones, a medida que el poder del rey se consolida y la administración de sus territorios queda centralizada. Durante largos períodos de tiempo la actuación real es cotidiana y alejada de los enfrentamientos bélicos. Es entonces cuando queda en evidencia la triple actividad económica de la casa del rey: 1) En primer lugar, administrar las posesiones agrícolas que siguen una estructura semejante a la del templo. 2) Después, albergar las industrias artesanales (talleres) que son necesarias en la elaboración de las materias primas que necesita. 3) Finalmente, organizar las empresas comerciales necesarias para la obtención de dichas materias primas.
1) La residencia del rey y sus familiares, normalmente apartada para garantizar su privacidad, con habitaciones exclusivamente de ocupación femenina. 2) Salas para actividades ceremoniales entre las que se cuenta como principal el salón del trono, un lugar reservado para recibir a personajes de importancia y recibir sus obsequios. Normalmente cuenta con un asiento especial y una cierta profusión de riqueza ornamental a través de la cual el rey mostrara la importancia de sus posesiones. 3) Habitaciones para realizar actividades artesanales y domésticas, generalmente presididas por hornos, cuyos restos han sido encontrados sistemáticamente en los palacios. En el de Mari, por ejemplo, vivían y trabajaban más de mil personas, lo que suponía la realización de una cantidad importante de comida tanto para ellos como para los visitantes eventuales. 4) Centros de administración donde se almacenaban los materiales que permitían a los escribas registrar las actividades reales y comerciales del lugar. Habitualmente tenían que acudir allí donde estuviera el rey para escribir de pie sobre tablillas de arcilla fresca los mandatos y órdenes del mismo. No obstante, era necesario almacenar y registrar estas tablillas en lugares que con el tiempo han mostrado a los arqueólogos todo su contenido. 5) Almacenes, donde se depositaban las materias primas destinadas al alimento y el comercio tanto para el consumo directo como para la distribución e intercambio con los mercaderes que acudían a los palacios. En líneas generales, los templos y palacios, como organizaciones comunes, mostraban un cúmulo de ventajas organizativas en el trabajo del pueblo mesopotámico, no sólo por la importancia política y el control militar del territorio, sino por una serie de ventajas económicas frente al campesinado agrupado en aldeas o las tribus seminómadas repartidas por el campo. Se verá más adelante que determinadas obras, como la construcción de reguladores del cauce fluvial o la construcción de canales de irrigación de los campos, cuando son de cierta envergadura, son realizables solamente por este tipo de organizaciones. Además, cuando se cuenta con material en común (animales de tracción, arados, hoces con el borde de sílex, material de difícil obtención), las labores agrícolas resultan más rentables. A ello hay que unir que un pequeño agricultor tendrá muchas dificultades para dejar en barbecho parte de su reducido campo lo que puede conducir, en caso de que no pueda hacerlo así, a su empobrecimiento y finalmente a su abandono. La consideración de grandes campos permite dejar parte de él en barbecho sin merma de la productividad necesaria.
En torno al templo y el palacio e, incluso independientemente de ellos, se gestan numerosas relaciones económicas entre los distintos sectores e instituciones de la sociedad. Muchas de sus peculiaridades y características estarán presentes con mayor detalle en los capítulos posteriores pero, llegados a este punto y con la mayoría de los protagonistas presentes, conviene esbozar a grandes rasgos cuáles son las principales relaciones económicas, los distintos sectores sociales que las establecen y algunos de los mecanismos primordiales para ello. El eje vertebrador de la economía, desde el punto de vista funcional, es el templo primero y el palacio después, cuando este último se hace cargo progresivamente de las tareas del primero y lo integra en su propia estructura económica como un elemento más, aunque de enorme importancia. De este modo, palacio y templo formarán una unidad que dinamiza las relaciones establecidas dándoles el sustento religioso, el fundamento político y los medios económicos necesarios. El elemento básico sobre el que se construyen las relaciones económicas es la tierra mesopotámica. Es por ello imprescindible recordar lo expuesto líneas arriba sobre las distinciones en su propiedad: 1) Había tierras reservadas al dios de manera que lo producido en ellas venía destinado al culto divino y pago de raciones para todos aquellos que dieran servicio al templo. 2) Los campos de prebendas se reservaban para el cultivo directo de los
sacerdotes y Estos dos tipos de tierra necesitaban mano de obra que se escogía muchas veces entre el campesinado empobrecido. Existían otros arreglos posibles. Así, muchos de estos campesinos libres socialmente se veían obligados a pedir créditos hasta la siguiente cosecha, créditos que eran otorgados por el templo directamente o por algunos de sus funcionarios. Además de la devolución de los mismos muchas veces se incluía la obligación por parte del campesino de recoger la cosecha de los campos de los prestatarios. Con ello se paliaba la frecuente escasez de mano de obra. 3) Los campos de cultivo eran tierras arrendadas a población campesina de modo que se recibiera de ellas una parte de lo producido. Los arriendos, que se extendían habitualmente por dos o tres aZos, podían suponer hasta la mitad de la cosecha para el propietario pero habitualmente consistía en la tercera parte. De esta manera, tanto unos como otros obtenían una compensación, sea de la propiedad, sea del trabajo efectuado.
Otro tanto sucedía en el caso de los artesanos, tanto los que trabajaban en el templo como fuera de él. Recibían las materias primas o bien de los mercaderes independientes o, más frecuentemente, de los que trabajaban para el palacio y templo. Con estas materias (cobre, sílex, etc.) elaboraban los productos manufacturados que daban al templo a cambio de sus correspondientes raciones o bien los intercambiaban por grano u otros materiales necesarios en el mercado de la ciudad. Al tiempo, el templo fundamentalmente recibía
una serie de ofrendas que volvían a
constituir raciones al ser repartidas entre sus trabajadores. Muchos de los
contratos entre campesinos, comerciantes y mercaderes se realizaban al
amparo del templo, poniendo al dios como testigo del acto y del
resarcimiento de las deudas contraídas.
Esto motivaba la obtención de distintas
ofrendas y regalos al dios que venía a
incrementar la riqueza del templo, disponible siempre para el rey en caso de
necesidad. Por último se han de contar, aunque ya han sido mencionados, con los mercaderes. Como los artesanos, su trabajo es en cierta forma independiente del palacio pero lo cierto es que las relaciones que establecen son fundamentalmente con él. De este modo, sin llegar a ser funcionarios del mismo sí pueden considerarse elementos estrechamente vinculados. En muchas ocasiones, sólo el poder del palacio podía garantizar la viabilidad de determinadas rutas comerciales, la adquisición de todos los productos traídos en las caravanas. Sólo el templo y el palacio podían encargar para sus talleres y su importante ornamentación muchos de los productos de los que era carente Mesopotamia (madera, determinados minerales). Así pues, hay una relación privilegiada entre el palacio/templo y los mercaderes aunque estos no son estrictamente trabajadores del mismo y las raciones que reciben no son sistemáticas sino en función de los productos obtenidos.
La agricultura en la tierra mesopotámica está ligada a los dos ríos que la presiden. Ya se ha comentado la distinta productividad esperable en el norte, más seco, respecto del sur, donde los cauces se desbordan con facilidad extendiéndose por los márgenes y creando, particularmente en tiempo de crecida, numerosos brazos fluviales. El Eúfrates y Tigris no colaboran en demasía con la agricultura de la zona. Su crecida tiene lugar entre los meses de abril y mayo, cuando se funden las nieves en las montañas donde se originan, y es una crecida tumultuosa protagonizando numerosas inundaciones a medida que su curso le acerca al sur. Ello causa dificultades crecientes en el deseo muy antiguo de esta civilización de encauzar sus aportaciones ordenadamente hacia canales de irrigación que, por lo dicho, pueden quedar anegados con suma facilidad. Por este motivo, probablemente, se impuso en el sur la necesidad temprana de coordinar esfuerzos para construir canales y controlar las crecidas.
A partir de ese momento era necesario asegurar un riego regular de los campos pero ahí comenzaban los problemas. El cauce fluvial en esta época es el más bajo del año y hay que esperar a primavera, cuando ya no es necesario, para que llegue a su nivel más alto. Esta disparidad entre los ciclos agrícolas y fluviales supone que es necesario aprovechar al máximo el agua que escasea desde otoño a primavera mientras que resulta necesario controlar debidamente las crecidas impetuosas después. La recolección, finalmente, se realiza sobre el mes de mayo. Después de lo cual viene la trilla y el aventado de lo recogido para conducir el grano, inmediatamente después, a los almacenes oportunos, sean particulares o los propios del templo y el palacio. Uno de los cultivos más populares en este tiempo fue el del sésamo, posiblemente introducido en Mesopotamia en el tiempo de los acadios. Además de que su aceite se constituyó pronto en un elemento esencial de la dieta, gran parte de su éxito se debió a su ciclo de crecimiento. Se plantaba entre abril y mayo, poco antes de la recolección del cereal y su cosecha era en verano. De este modo se aprovechaba la mano de obra inoperante en este tiempo y que se ocupaba tan sólo, a la espera de la siguiente siembra, del mantenimiento de los canales de irrigación que los mesopotámicos construyeron en los márgenes de los ríos desde muy pronto. En efecto, para asegurar el abastecimiento de agua en los campos todo el tiempo en que era necesario, se debían construir canales que extendían el curso del agua por gravedad. Para el máximo aprovechamiento de estos canales los campos se trazaban generalmente rectangulares y muy alargados, con el lado más corto sobre la acequia oportuna, de modo que se irrigase el mayor número posible de campos con el menor tendido de canales posible. Al mismo tiempo, esta forma tenía la ventaja al arar de que se minimizaba el giro del arado, siempre costoso de realizar. Generalmente, los agricultores mesopotámicos realizaron una ingente tarea de construcción de canales de mayor o menor tamaño. Algunos de ellos se destinaron, no sólo al riego de los campos, sino al transporte fluvial. Pero durante mucho tiempo, hasta el primer milenio en concreto, no previeron cómo drenar los terrenos anegados por el agua sobrante. De este modo, el agua salía del cauce, corría por los canales, continuaba eventualmente por acequias más pequeñas y terminaba en los campos pero no se controlaba de manera suficiente como para impedir que quedasen muchas veces anegados durante largo tiempo. Dado que la evaporación es muy rápida debido a las altas temperaturas, se precipitaban las sales de tal manera que los campos resultaban empobrecidos. El ganado más frecuente en toda
Mesopotamia era, en general, compatible con la agricultura. Se trataba de
las ovejas y cabras. Su lugar de pasto solía
ser en los bordes de los campos cultivados,
Mesopotamia es una tierra carente de algunos productos fundamentales como la madera para la construcción de barcos o material de construcción, así como diversos productos minerales como el sílex, el cobre, lapislázuli, cornalina, etc. El palacio o el templo encargaban estos materiales, además de productos de lujo con los que adornar sus paredes y tesoros (joyas, armas, vasijas de lujo, muebles, alfombras, etc.). Sin embargo, sus funcionarios y administrativos no eran las personas adecuadas para obtenerlos de tierras lejanas y era necesario que acudiesen a los comerciantes. En los tiempos de Uruk ya se registran actividades comerciales asiduas, siempre en relación con el palacio o el templo. Ello quiere decir que los mercaderes trabajaban por encargo de los templos y palacios, al objeto de satisfacer su demanda de materias primas de difícil obtención. Además, no es extraño encontrar transacciones donde el mercader pagaba en plata por productos en los que, en un momento determinado, el templo fuera excedentario. Lo interesante es que estos productos (lana, ganado vacuno, sésamo, por ejemplo, raramente cereal) aún no habían sido recaudados por el templo por lo que los mercaderes actuaban finalmente como cobradores de dichas deudas. Pese a todos estos datos que se deducen de la correspondencia y contratos encontrados en los archivos, se puede imaginar que los mercaderes trabajarían también por su cuenta, teniendo al templo o palacio como clientes preferenciales. En el sur hay rastros de un activo comercio con las tierras del Golfo Pérsico
(para traer cobre Se han encontrado rastros de una actividad comercial intensa entre Asiria y la península de Anatolia. Caravanas de asnos debían marchar desde la primera hacia la segunda portando fundamentalmente estaño (procedente de las mesetas iranias y del que carecía Anatolia), necesario para obtener el bronce y productos textiles cuya confección era excelente entre los acadios. Llegaban a algunas ciudades como Kanish y allí se almacenaban los productos antes de su entrega. Se ha localizado una verdadera colonia asiria en las afueras de esta ciudad, casas de una arquitectura similar a las del país, utilizando la misma cerámica del entorno, pero con miles de tablillas que denotan transacciones, contratos y entregas de productos. El "karum" (muelle), tal como se conoce a este tipo de emplazamientos, disponía de su propia organización interna rigiéndose de forma conjunta por una asamblea de comerciantes presidida por un enviado de Asiria.
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