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Acceso al texto completo (PDF)
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¿
Donde deben dirigirse los padres si están preocupados?
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¿ Qué podemos hacer en casa?
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Mas información
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¿Donde deben dirigirse los padres si están preocupados?
A continuación describimos una serie de
centros y servicios donde puedes encontrar profesionales que evalúen a
tu hijo/a y donde puedes encontrar asesoramiento técnico y en algunos
casos intervención:
A) Servicios públicos
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Si el niño es menor de cuatro años puede
dirigirse a un Servicio de Atención Temprana. Generalmente te pueden
informar de los que existen en tu localidad en los servicios sociales
de tu ayuntamiento.
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Si el niño es mayor de 3-4 años debe
solicitar estudio y apoyo escolar a los Equipos de Orientación
Educativa de los Centros Escolares (EOEs)
. Para ello, debéis dirigiros al tutor escolar de niño, ya que es éste
el que solicita la valoración del equipo. Si el niño todavía no ha
comenzado la escolarización, los padres pueden contactar con el EOE de
su zona por teléfono o por correo electrónico
Enlace listado EOEs (se accede al equipo haciendo clic en el
código)
Ver también nuestro apartado de Atención
Educativa a Niños con TEL, sección escolarización.
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Todos los niños deben acudir a los
distintos Servicios sanitarios: Unidades de neuropediatría de los
distintos hospitales públicos o privados.
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Para la obtención del Certificado de
Minusvalía, debéis dirigiros a los Centros de Valoración y Orientación
de la Consejería para la Igualdad y el Bienestar Social. En los
Centros de Valoración los niños no reciben intervención, sólo se les
realiza una evaluación y se determina la existencia y el grado de
minusvalía (psíquica en este caso)
Podrás encontrar más información sobre los
Centros de Valoración y los beneficios y ayudas institucionales a los
que el Certificado de Minusvalía da acceso en nuestra sección Ayudas y
Beneficios Institucionales.
B) Centros privados
En la provincia de Sevilla existen un
número de Centros Psicopedagógicos con profesionales especialistas en
el diagnóstico y tratamiento de los trastornos del desarrollo en
general, y del lenguaje en particular. A continuación listamos algunos
que la Asociación conoce en Sevilla Capital, donde nuestros hijos
reciben intervención:
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Fundación ICSE.C/ Asturias 13, 41010
Sevilla, Teléfono 954 344 019
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Valores interés social (antiguo Centro
Clase). C/ Juan de Mariana 21. Teléfonos 954 582126 y 954 583324. Web
http://www.valores.org.es
(Actualmente en construcción)
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AKROS. C/ Mariano Benlliure 72, Sevilla,
Teléfono 954 574838
Esperamos poder ampliar en breve este
directorio con Centros de otras provincias andaluzas
Inicio
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¿Qué podemos hacer en casa?
1. Creemos que el primer paso debe
ser tratar de aceptar a nuestros hijos tal y como son, con su
discapacidad o sus dificultades de comunicación, pero también con
miles de otras cosas maravillosas y gratificantes. Debemos estar
orgullosos de ellos porque hacen un esfuerzo mucho mayor que los demás
niños para conseguir algunas metas.
2. Apoyar e incrementar las
interacciones sociales positivas del niño, o mejor dicho de todos
los miembros de la familia. Incentivando y aumentando las relaciones
interpersonales cercanas y cordiales ayudamos a nuestros hijos a ser
más competentes y felices. También es interesante que los padres
busquen apoyo social en amigos, familiares y grupos de padres que
están pasando o han pasado por experiencias educativas similares. El
desarrollo psicológico se construye en gran medida a través de las
interacciones con otras personas. De cara al niño, básicamente se
recomienda:
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Propiciar relaciones cordiales y cercanas
múltiples (padres, abuelos, tíos, amigos, compañeros de colegio…..).
Es importante potenciar que juegue con otros niños, no importa que
sean más pequeños.
-
Buscar e incrementar momentos agradables
de interacción o de acciones conjuntas de ambos padres con su hijo/a.
Dependiendo de la edad podemos proponerle jugar juntos a un juego
motor o simbólico (jugar al escondite o a las peluquerías), leer un
cuento, jugar al parchís, ir a tomar un helado o ir juntos al lavado
del coche. Los tiempos dedicados a estas actividades no son
necesariamente largos, en ocasiones nos basta con unos minutos. Los
padres pueden alternarse en estas actividades compartidas, procurando
que ambos miembros de la pareja participen en el cuidado, educación e
interacción con el niño en diferentes momentos del día. Si nuestro
hijo es pequeño necesitará un tiempo diario para estar y jugar con
nosotros, si es mayor las actividades o encuentros pueden ser más
espaciados. Es importante que aprovechemos los horarios y actividades
comunes de la familia (desayuno, comida, horario de ver la TV, cena..)
para dialogar y reírnos con nuestros hijos. Debemos procurar que al
menos algunas de las comidas diarias se hagan sin prisas ni
sobresaltos; apagando la televisión y fomentando el diálogo y las
bromas compartidas (aunque sea una vez a la semana si sus hijos no
tienen los mismos horarios que nosotros). En los actividades
compartidas, se trata de propiciar un rato de disfrute en el que
evitemos las demandas, las correcciones y el juego dirigido. Podemos
tratar de seguir las iniciativas de juego o los intereses del niño
para pasar un rato agradable juntos. Si el niño es pequeño o sus
competencias son menores se aconseja fomentar interacciones
rutinizadas, recurrentes y con un alto grado de predictibilidad
(juegos de “preparados, listos, ya”, “chocar y caerse”, escondite
simple, etc..).
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Potenciar los tiempos sin prisa en las
distintas rutinas de la vida diaria.
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Favorecer experiencias de relación en
distintos contextos. Salir y mostrar a nuestro hijo distintos
entornos: visitas al parque, al campo, cine, el zoo de la localidad,
un museo acorde a su edad, visitas a casas de amigos, ir a una
heladería…..
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Buscar o ayudarle a encontrar amigos y/o
grupos de ocio que coincidan con los intereses y/o puntos fuertes del
niño. Podemos tratar de invitar a casa a niños de su clase con
intereses similares y/o apuntarle a grupos de ocio dedicados a
actividades de su interés (por ejemplo apuntarle a un grupo que hace
patinaje o acampadas en el campo).
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Enseñarle y reforzarle competencias
comunicativas y sociales adecuadas. Es muy importante enseñarles a
expresar sus deseos, a elegir y a rechazar de forma adecuada,
fomentando que exprese sus sentimientos y opiniones. Esto puede
hacerse tanto con lenguaje hablado como con procedimientos
alternativos que incluyan gestos, signos o sistemas visuales de
comunicación alternativa (por ejemplo señalando una foto de un panel
de 2, 4 u 8 fotos en el que se ven representados distintos alimentos o
distintas chucherías que puede elegir el niño para merendar). Es
indispensable preparar el ambiente físico y social del hogar para que
surja la necesidad de comunicar y para que existan numerosas
oportunidades de intercambio comunicativo del niño con los miembros de
su familia en los que pueda elegir y expresar sus deseos u opiniones.
También debemos favorecer la comprensión de los deseos, intenciones y
opiniones de las otras personas. Debemos enseñarles a comprender a
otras personas, a ponerse en el lugar de otros y a mostrar empatía
social.
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Darles ejemplos de buenos modales y
enseñar normas de educación, esto facilitará su integración social.
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Potenciar las habilidades de escucha y el
control instruccional. Debemos asegurar que nuestro lenguaje se adecua
a los niveles de procesamiento/comprensión del niño y trabajar de
forma constante el hecho de que siga nuestras consignas (en ocasiones
es necesario hacer “prácticas de obediencia” o “prácticas” de
seguimiento de instrucciones. Debemos acostumbrarle a escuchar y a
obedecer las instrucciones.
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Integrarle en actividades sociales de la
comunidad en las que pueda participar (deportes, música, caminatas al
aire libre, paseos en bici….) cuidando no sobrecargar su inmersión en
ambientes “verbales” que no se adapten a los niveles de procesamiento
lingüístico del niño. Es mejor buscar actividades que entren dentro de
sus intereses y “talentos” o puntos fuertes de habilidad.
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Potenciar la coordinación y/o los lazos
entre los distintos entornos (colegio, familia, logopedas, terapeutas
o apoyos externos, médicos, etc.). Es muy importante que los padres se
coordinen con los profesores y terapeutas del niño, además ellos
pueden servir de lazo coordinador de los distintos entornos.
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Es conveniente organizar a la familia de
forma que no se sobrecargue a una sola persona. Las labores de crianza
y educación de los hijos deben compartirse.
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Debemos aprender a buscar ayuda (no somos
absolutamente indispensables para nuestro hijo/a). El dejarlos con
otras personas responsables les ayuda a madurar
3. Asegurar y mejorar el bienestar
personal, así como la primacía de la expresión de humor y respuesta
emocional positiva; también es necesario potenciar un amplio
número de habilidades y rasgos de personalidad que concretan la
inteligencia emocional, fundamentalmente: a) Conciencia de sí mismo y
de las propias emociones y estados mentales (qué quiero, cómo me
siento, cómo puedo sentirme mejor, qué es lo que me gusta o disgusta,
que pienso sobre…..). b) Autorregulación personal, incluyendo
habilidades para la identificación/perseverancia de metas o tareas,
organización-planificación en la resolución de problemas y habilidades
de autocontrol tales como ser capaz de controlar los impulsos y para
afrontar la ansiedad y/o los estados de frustración, diferir
gratificaciones o regular los estados de ánimo; y competencias de
autoevaluación. c) Optimismo, motivarse y perseverar a pesar de las
frustraciones, incluye autoestima; d) Empatía (comprender a otros y
ponerse en su lugar).
Un punto importantísimo a la hora de
asegurar el bienestar personal es llevar a cabo un buen control de la
salud. Los niños que presentan crisis conductuales no previstas deben
ser estudiados en profundidad para descartar posibles problemas de
salud (dolor de muelas, oídos, etc.).
Básicamente se aconseja:
-
Darles y expresarles amor de forma
incondicional. Ser cariñosos. Asegurarnos de que sienta y sepa que es
querido y estimado, de que es alguien especial para nosotros. Debemos
practicar el elogio y las muestras de afecto que más motiven a nuestro
hijo.
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Reforzar y alabar a menudo su conducta,
alabando no solo sus logros sino también sus esfuerzos. Tenemos que
asegurarnos de señalar todos los días lo bueno y positivo que ha hecho
el niño, sobre todo si tenemos que hacer alguna corrección o conducta
disciplinaria negativa. Es conveniente expresar al menos 2-3
comentarios positivos por cada corrección o conducta disciplinaria.
Usaremos elogios concretos ("Me gusta como has hecho la cama"),
asegurándonos que son elogios merecidos y emitidos por conductas
específicas. Aunque debemos reiterar las alabanzas, no hay que olvidar
que debemos plantearnos expectativas y objetivos que estén dentro del
nivel potencial del niño. Es importante que las expectativas sean
objetivas y realistas; para ello lo mejor es que los padres busquen
información de los profesionales acerca del desarrollo evolutivo de su
hijo y de sus niveles potenciales. Debemos usar métodos claros,
naturales y ajustados a la edad del niño para asegurarnos que toma
conciencia de los elogios y de las conductas que los motivan. Además
de las alabanzas verbales, cuando son pequeños, podemos tener una
carpeta con sus mejores trabajos, poner en un tablón de anuncios los
logros u objetivos que está consiguiendo, llevar a cabo registros de
conducta con economía de fichas…Se recomienda confiar más en elogiar
lo que hace bien que en castigar por lo que hace mal.
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Cuidar la comunicación efectiva,
fundamentalmente usando un estilo positivo y claro de comunicación.
Hablarles, escucharles y tratarles de forma respetuosa. Es fundamental
adecuar nuestro lenguaje al nivel de procesamiento auditivo-verbal del
niño y asegurar su atención cuando le hablamos. Además debemos ser
claros y precisos en nuestras solicitudes o demandas. Usaremos
patrones positivos de comunicación, evitando los términos y patrones
negativos (las criticas, las humillaciones, los gritos, las
interrupciones, él ignorarle o él escucharle a la vez que se hacen
otras cosas, el tono sarcástico…) Cuidaremos la postura y aptitud
cuando le estamos escuchando y/o hablando con él (por ejemplo, no
darle la espalda o no hacer otra cosa al mismo tiempo). Usaremos
modales y contenidos respetuosos, además de la calma. Es bueno
conversar y no sólo preguntar. Evitar las etiquetas negativas
(hiperactivo/ lleno de energía, tímido/ discreto, agresivo/ impetuoso)
y ejercitarse en dar instrucciones en positivo, evitando en lo posible
el uso de “no” (Por ejemplo, en vez de usar “no lo tires”, podemos
usar “ponlo en la mesa” o “vamos a ponerlo en la mesa, mira”, o en vez
de “No llores, eres una llorona”, podemos decir “no me gustan los
gritos, me duelen los oídos y no podré oír el timbre si llaman a la
puerta”) Evitar las comparaciones y las etiquetas genéricas (“eres tan
vago como…”/”has dejado la ropa en el suelo”). Se deben evitar las
calificaciones de conducta global o de persona (“eres un vago”)
Tenemos que asegurarnos que usamos más el verbo “estar” que el verbo
“ser” (que el cuarto este desordenado no significa que su hijo sea un
vago o un desastre; si la comida que usted ha hecho esta salada eso no
significa que usted sea malo/a cocinero/a o sea un desastre). Si un
niño es muy “testarudo” podemos enseñarle de forma firme a llegar a
compromisos (ahora elijo yo y luego tú).
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Ejercitarse para dar instrucciones
positivas, disminuyendo el uso del “no”.
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Cultivar el humor y la expresión emocional
positiva. Las bromas compartidas y las “payasadas” deben ser
frecuentes en el hogar, tanto como las risas y otras expresiones
emocionales positivas.
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Transmitir nuestra confianza en ellos con
mensajes claros. Proporcionarles oportunidades frecuentes para tomar
decisiones, elegir y resolver problemas de forma independiente.
Permitirles que tome decisiones sobre algunas de las normas de
comportamiento en el hogar o del centro educativo, la elección de
actividades o sobre sus propios gustos e intereses. Haga que opine o
tome parte de las decisiones familiares que afectan a todos (decidir
donde ir de excursión o que comprar para la cena especial de un día de
fiesta). Las decisiones personales o de pareja deben ser privadas. Si
el niño es pequeño o no puede hablar, sus elecciones pueden consistir
en elegir entre varios objetos o fotos de objetos, alimentos o
actividades que desea. Escucharles y hacerles ver que nos interesamos
por sus opiniones, decisiones e intereses; respetándoselas siempre que
no afecten a una norma de convivencia familiar o social importante y/o
no pongan en peligro su integridad o la de otros.. Acepte que su hijo
tenga otros intereses y preferencias diferentes a las suyas propias o
a sus expectativas.
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Poner límites educativos, junto con una
serie de normas básicas de comportamiento y convivencia familiar.
Deben ser normas claras, concretas y adecuadas a la edad y
características del niño. Tenemos que asegurarnos que esas normas se
cumplan, actuando de forma sistemática y consecuente con demandas
limitadas, recompensas numerosas y métodos de disciplina natural con
consecuencias lógicas (“Si no terminas los deberes no te dará tiempo a
ver la televisión”). Es necesario ser firme y constante. Se recomienda
utilizar el razonamiento ("Sí le empujas se va a caer y le dolerá",
"Si no me ayudas a recoger la mesa, yo no podré sentarme contigo a ver
la tv. y estaré muy cansada para hacer las cosas de la comida que a ti
te gustan "), el sentido del humor ("Por el color de tus manos parece
que llevas guantes”, "Ha llegado un tornado a esta habitación, me
parece que es hora de que pase el servicio de limpieza"), las
actividades placenteras ("Si guardas los juguetes deprisa nos dará
tiempo de preparar un postre juntos" - " Es hora de que recojamos la
mesa y freguemos para podernos ir a la calle", la alabanza o las
muestras de agrado por anticipado ("Que buen ayudante tengo", "Se te
da muy bien ordenar los armarios") y las consecuencias positivas ("Los
chicos que se hagan la cama todos los días dispondrán de.…."He pensado
que como tienen tu cuarto muy ordenado, podríamos jugar a ……." "Cuando
termines los deberes te dará tiempo de salir a la calle a jugar" ) .
Si estas técnicas no son suficientes podemos acompañarlas de técnicas
suaves de castigo o sobrecorreción. Sobre todo son útiles las
consecuencias naturales relacionadas con la conducta y hacerle
experimentar que es responsable de su conducta y que tiene que
soportar las consecuencias de su proceder (“ Sí chillas tendrás que
irte a la silla de los chillones, aquí no podemos oír nada”, “Como no
guardes tus juguetes los guardaré yo en mi armario pero no podrás
sacarlos hasta dentro de una semana porque la llave la tengo yo”).
Cuanto mayor sea su hijo trate de llegar a acuerdos con él acerca de
las normas de la casa, muéstrese flexible y adopte una posición firme
y estricta solo en puntos que considere fundamentales. Si su hijo es
pequeño, necesitará mayor control externo. Cuando el niño es pequeño
puede ser adecuado usar la llamada “silla de pensar” o mejor “silla de
la tranquilidad” (también se llama “tiempo-fuera”), se le coloca en un
lugar tranquilo durante unos minutos para que se calme o recapacite
sobre lo que ha hecho (un minuto por año cumplido, sí tiene 3 años
puede estar entre 3-4 minutos; a los 4 años entre 4-5 minutos).
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Evitar sobreprotección y/o excesivo
control. Darle libertad física para explorar y, de alguna manera, para
equivocarse. Enseñar y fomentar la independencia y autonomía personal
(habilidades de autocuidado, tareas domésticas y de cuidado del hogar,
desplazamientos..). Dales la ayuda que necesiten pero evitando
solucionarles todos los problemas y/o "ponerles las cosas en bandeja".
No adelantarnos con nuestra ayuda.
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Plantearles expectativas que aumenten sus
posibilidades de éxito y que les animen a llevar a cabo nuevas
experiencias.
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Promover la capacidad de mantener y/o de
persistir en la ejecución o resolución de tareas, así como la
capacidad de proponerse criterios de meta e interesarse por los logros
positivos. Promocionar atención mantenida desde que son pequeños.
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Ayudarles a desarrollar un sentido de
responsabilidad y de solidaridad o ayuda hacia las demás personas.
Puede aprender a ayudar a niños más pequeños que él a hacer cosas de
la vida diaria (ayudar a vestirse a su hermano pequeño o a su primo,
ayudarles a comprar chuches en el quiosco; ayudar a un profesor del
colegio en una clase de niños pequeños…); colaborar en acciones de
solidaridad social realizadas por o en la comunidad (acciones
parroquiales, caritas, grupos solidarios…); y actividades de
responsabilidad en el hogar (poner la mesa, limpiar los zapatos de la
familia, comprar el pan….). Asegúrese de que estas actividades se
acompañen de experiencias de éxito, deben programarse de modo que sean
adecuadas a los niveles de desarrollo y desempeño de su hijo.
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Asegurarnos que está en el programa y
nivel escolar adecuado, de que al niño se le enseña y se le exige de
acuerdo a sus posibilidades.
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Enseñarle que es normal cometer errores y
que se deben aceptar, aprendiendo de ellos o resolviéndolos sin más
problemas añadidos. Es conveniente darle modelos donde nosotros nos
autoevaluamos y reconocemos haber cometido un error sin que esto nos
ocasione sentimientos negativos ni de evitación. Evitar en lo posible
que el niño se evada de sus responsabilidades o de aquellos asuntos
que no se han salido a la primera. Debemos evitar reaccionar
excesivamente a los errores cometidos por el niño o por otras personas
de su ambiente. Es muy positivo reconocer los logros o aspectos
positivos antes de corregir los errores. Podemos acompañar cada
“corrección” o llamada de atención hacia un error de 2-3 alabanzas o
reconocimiento positivo de habilidades o logros.
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Control médico y alimentación equilibrada
y completa.
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Potenciar el deporte y las actividades al
aire libre.
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Cuidar y desarrollar nuestro propio
autocontrol y bienestar personal. Debemos aprender a relajarnos y a
buscar nuestras propias satisfacciones personales. Tenemos que
cuidarnos a nosotros mismos, al menos un poco, y obligar a los demás a
que nos cuiden y respeten. Hay que reforzar los lazos de pareja y/o
amistad, así como buscar algunas ocupaciones o entretenimientos fuera
del hogar o del trabajo. Digámonos a nosotros mismos lo mucho que
valemos. Podemos aprender a identificar, controlar y/o modificar
nuestra ira y nuestros pensamientos negativos o desalentadores ("Me
está tomando el pelo", "Este niño no va a llegar a nada", "No puedo
con él”, "No me quiere") y sea constructivo (¿qué quiero que el niño
cambie?, ¿Qué le puedo pedir o exigir?, ¿Qué puedo hacer al respecto?,
¿Lo que he hecho hasta ahora está sirviendo para algo?...). También
hay que aprender a relajar la disciplina y rutina cotidiana en
momentos difíciles y recordarse a uno mismo que “no somos perfectos,
no pasa nada por rectificar”.
-
Tratar de eliminar sentimientos negativos
como la frustración, la culpabilidad, la impotencia, la tristeza (nos
puede llevar a la sobreprotección del niño/a, creándole incapacidades
añadidas), la vergüenza, etc
4. Mejorar la disposición u
organización del entorno tratando de incidir favorablemente en el
bienestar y en el desarrollo del niño. Los contextos naturales de la
vida diaria configuran entornos óptimos para potenciar el aprendizaje
y estimular el desarrollo.
La organización del entorno implica tener
en cuenta dos aspectos básicos en el diseño u organización familiar:
a) Disponibilidad y oportunidades de
estimulación variada. Incluye básicamente pensar en las actividades y
en los materiales más acordes para el niño, teniendo en cuenta su edad
cronológica, su edad evolutiva y sus intereses o preferencias, así
como las características de los distintos entornos que conforman su
vida diaria.
Básicamente debemos incluir o pensar en la
posibilidad de incluir:
-
Actividades/ materiales y/o juguetes
manipulativos, de diseño y/o de dibujo. Incluye manipular alimentos o
ayudar a cocinar, actividades de plástica, construcciones, encajes y
puzzles, ensartes, coser, modelar…..
-
Juegos/actividades de ficción e
imaginación. Incluye jugar a los coches, a la peluquería, disfrazarse,
imitar a un cantante, etc.
-
Juegos de ejercicio físico/ centrados en
la acción. Incluye correr, montar en bici, subir toboganes, fútbol,
perseguir….
-
Juegos/actividades de relajación.
-
Actividades de ayuda en el hogar y de
autocuidado personal (aseo, vestido, alimentación…)
-
Juegos/actividades interpersonales y de
colaboración con otros.
-
Juegos/actividades individuales o en
solitario
Importante:
-
Evitar actividades o situaciones que
generan ansiedad.
-
Asegurar que dispone de algún tiempo para
las actividades que son de su agrado y/o que se le dan bien.
-
Planificar incentivando actividades
coincidentes con sus “talentos” o puntos fuertes.
-
Disponer de distintos tipos de material o
de juegos de forma que se incentiven distintos tipos de actividades
(manipulativas, físicas, autocuidado…). Debemos ser creativos y
variados, para ello es un buen consejo la rotación de las actividades
y la inventiva.
-
Pensar en actividades y materiales que
fomenten la independencia personal y el autocontrol.
-
Planificar/organizar las actividades de
ocio.
-
Distribuir las actividades por entornos o
rincones diferenciados, cómodos y adaptados a su uso.
-
Evitar sobre-estimulación.
b) Disposición/organización del entorno
físico y social. Incluye la organización del espacio, del tiempo y de
los materiales, así como del grupo o grupos sociales en los que se
integra esa persona.
Es necesario que el niño disponga de un
espacio cómodo, luminoso y, si es posible, amplio para jugar, para
trabajar, para hacer ejercicio y para relajarse. El entorno debe
atraer y gustar a los niños pero hay que evitar los estímulos
recargados que pueden cansar después de varias horas de actividad y
dificultar las actividades objetivo. Es recomendable que el espacio
este organizado por rincones o entornos distintos, favoreciendo la
implicación del niño en las distintas actividades significativas que
conforman su día a día (un lugar para comer, un lugar para dormir, un
rincón de juego, un rincón de trabajo, etc.). Es importante que
tratemos de que haya un lugar para cada cosa y un lugar para cada
actividad, que existan claves visuales que le ayuden a situarse en ese
espacio (¿para qué? ¿Qué hago?) y que cada rincón o entorno sea lo más
cómodo o propicio posible para la actividad elegida. Los materiales o
enseres que el niño va a utilizar deben estar ordenados y organizados
por categorías de uso (una caja para los cochecitos y otra para los
animales de la granja, etc.) Debemos evitar ambientes bulliciosos,
caóticos o excesivamente hiper-estimulantes, así como minimizar
elementos de distracción. Es importante no recargar los espacios con
muebles o accesorios irrelevantes. Es útil colocarse al nivel del ojo
del niño. Es aconsejable que el niño disponga de un espacio propio (si
comparte la habitación con un hermano puede disponer de un determinado
rincón o mueble para él, además de su propia cama). El niño debe
sentir ese espacio como propio, podemos pedirle que nos ayude a
organizarlo o decorarlo con objetos y señales personales (si es mayor
los ayudantes seremos nosotros). Atención a los pequeños espacios
“muertos” de la casa, pueden ser muy bien aprovechados por el niño
(por ejemplo un rincón de una terraza puede convertirse en un arenero
o en una piscina durante el verano, una esquina de la cocina puede
convertirse en un rincón manipulativo-experimental). Un punto
importante a la hora de diseñar la organización espacial es que
debemos priorizar el máximo autocontrol e independencia personal.
De forma general podemos considerar como
rincones o entornos básicos dentro del hogar y/o del contexto de la
vida diaria del niño:
-
Rincón de música y cuentos- relajación
(puede tratarse de la misma cama del niño con almohadones y
posibilidad de oír/poner música desde la cama; aconsejamos, si es
posible, auriculares); en este espacio se debe asegurar privacidad y
silencio.
-
Mesa a la altura del niño para plástica,
diseños y juegos manipulativos y una o dos baldas o cajones para
disponer del material o los juguetes. Aconsejamos disponer el material
en cajas independientes y tratar de ser creativos y variados.
-
Zona-rincón con juegos de
ficción-imaginación Pueden incluirse materiales de juego simbólico,
disfraces y juegos de construcción.
-
Zonas de ejercicio físico. Gran parte de
las actividades de ejercicio físico se van a realizar fuera de la
casa, además del parque y de la calle para dar paseos o montar en
bici, puede ser recomendable buscar un lugar para patinar o una
piscina para nadar. Dentro del hogar, dependiendo de la edad e
intereses del niño podemos pensar en aprovechar al máximo las
instalaciones para tratar de que el niño que lo necesite pueda
disponer de un rincón para el ejercicio físico, podemos pensar en
colocarle una pequeña cama elástica o trampolín individual, una cinta
de andar, una espaldera para trepar, un balancín o una bicicleta
estática como elementos que le inciten al ejercicio.
-
Zona de vídeo/ ordenador (importante poner
horarios para delimitar tiempos de uso y compaginar con las
necesidades de otros miembros de la familia)
-
Zonas comunes y/o de encuentro con otros.
-
Alimentación.
-
Aseo.
-
Sueño.
Disposición del tiempo. Es necesario
organizar temporalmente las rutinas de la vida diaria (hora de comer,
de dormir, etc.) respetando la estructuración y la rutina que
necesitan los niños más pequeños o con problemas de función ejecutiva.
Es decisivo implantar unos buenos hábitos de alimentación, higiene y
sueño Es importante cuidar las horas en que se van a la cama, recordar
que de forma general se recomiendan alrededor de 13-14 horas de sueño
para un niño de 12 meses (11 de noche + la siesta), alrededor de 13
horas a los 2 años (11 noche + siesta), 11 horas para los 4 años, 10
horas para los 8 años, 9 horas para los 12 años y aproximadamente 8
horas a partir de los 16 años. Para la mayoría de las personas, el
rendimiento en tareas de resolución de problemas y de alerta es mejor
por las mañanas. Debemos organizar secuencias predecibles de las
actividades cotidianas proporcionando claves temporales para la
anticipación y la planificación de las mismas. A la hora de organizar
las actividades es muy “socorrido” acudir a “la ley de la abuela” o
“ley de Premack”, toda actividad de baja frecuencia que va seguida de
otra de alta frecuencia aumenta de frecuencia, o, lo que es lo mismo,
“si ordenas la habitación, salimos al parque …al video-club”.
Los padres podemos aprovechar las
actividades cotidianas para reforzar el aprendizaje incidental, sin
olvidar que a la hora de organizar las actividades cotidianas es
importante recordar que el juego o las actividades libres y no
estructuradas (hobby) contribuyen al bienestar y al desarrollo
cognitivo, social y emocional de los niños y de los adultos. Debemos
asegurar o programar un periodo de tiempo libre o tiempo de elección
individual de al menos 2 horas diarias según edad y temperamento.
5. Intentar conocer al máximo las
habilidades o puntos fuertes (talentos e intereses) de nuestros
hijos, tanto como las débiles, de cara a organizar mejor las
experiencias de aprendizaje para que se ajusten a los “talentos” o
“clases de inteligencia” en que nuestro hijo tiene más capacidad. No
debemos olvidar que existen múltiples estilos de aprendizaje y/o
diferentes “clases de inteligencia” (lógico-matemática, verbal,
espacial, musical, corporal-cinestésica, interpersonal, intrapersonal,
naturalista) y debemos ayudar a nuestro hijo a conocer y a realizarse
en todas sus vertientes. Es importante diseñar los entornos y/o
distintas experiencias de aprendizaje e interacción de forma que se
ajusten a los “talentos” o clases de inteligencia en la que la persona
tiene más capacidad. Por ejemplo, la mayoría de los niños con un
trastorno del lenguaje severo se benefician de entornos de interacción
que simplifican el lenguaje hablado y maximizan las señales visuales,
además pueden sentirse muy competentes realizando juegos o tareas de
inteligencia visoespacial (especial talento para las imágenes, las
formas y los patrones, para recordar el lugar donde hemos dejado algo,
recordar o reconocer como llegar a un lugar, reconocer marcas de
coches o imágenes, rompecabezas, juegos de informática,
construcciones…), de inteligencia musical, de inteligencia naturalista
(cuidando plantas o animales, montando a caballo, paseando por el
campo…) o de inteligencia corporal-cinestésica (talento con el cuerpo
y la experiencia táctil y cinestésica). Generalmente se pueden
beneficiar de modelos de aprendizaje kinestésico, visual o musical en
los que se le enseñe a través de imágenes y claves visuales (colores,
dibujos..), de sensaciones corporales (tocando, manipulando, etc.) o
con claves melódicas (ritmo, canciones.etc.). En este sentido podría
ser útil, para un niño en concreto que tenga un estilo de aprendizaje
preferentemente visual, el uso de carteles o señales visuales para
ayudarle a organizar su tiempo o a recordar las normas, en otros casos
puede ser aconsejable emplear un casete con normas grabadas junto con
canciones en el caso de preferencia musical y/o con buena memoria
auditiva, o emplear representaciones gestuales y/o mímicas para una
persona con preferencia cinestésica. También podría ser conveniente,
por ejemplo, para un niño con preferencia cinestésica, dejar que
riegue las plantas mientras escucha el cuento o que manipule una
pelota de goma mientras el padre termina de vestir a la hermana
pequeña.
Mas
información:
Para mas información, puedes consultar los
siguientes textos:
-
La Comunicación con un niño disfásico (Mariana Savtschenko)
-
Orientaciones del lenguaje en el hogar (Maria Gortazar)
|