Los artículos de consumo abarcados por el adjetivo de culturales son, por una parte subvencionados para promocionar la cultura entre la población, y por otra se evita que esa población pueda acceder a la cultura mediante la copia del producto que los medios técnicos actuales permiten.
No deja de ser extraño este comportamiento, pues entonces con las subvenciones no se persigue que la cultura llegue a todos, sino comprar estómagos entre los artistas, con muchos seguidores entre los jóvenes.
Es cierto que los artistas deben vivir, pero no se comprende que la ley proteja seguir cobrando hasta 70 años después de la muerte del autor, por el trabajo realizado. Desde aquí abogamos por la disminución de años en los que se protejan los derechos, digamos 15 ó 20 años serían suficientes. Un cantante puede seguir cobrando por los conciertos que haga y por las nuevas canciones que grabe, es decir, por seguir trabajando.
Tampoco es legítimo cobrar un canon por productos que pueden servir para grabar la música o las películas, es como cobrar un canon por comprar pintura porque puede servir para hacer pintadas en paredes y monumentos de una ciudad. La presunción de inocencia ha muerto en este caso, y los partidos PP, PSOE e IU son los culpables de ello. Además ese dinero lo cobran y reparten, por primera vez en España, organizaciones privadas de derechos de autor como la SGAE, cuando en realidad debería hacerlo el Estado.
Existe un nuevo movimiento que lucha por eliminar los abusos cometidos. Usan licencias libres (copyleft, creative commons), que se reservan algunos derechos sobre sus canciones pero permiten copiarlas y oírlas sin coste alguno para uso privado, y en algunos casos hasta comercial.
Cada vez hay más buenas canciones de música libre, aunque debe tener en cuenta que este tipo de música existe desde hace menos de un lustro. Oyendo sólo música libre incentivaremos este segmento para que las canciones de los nuevos grupos revelación salgan con licencias copyleft.
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