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Capítulo IX

Figura 42. Pablo Legot

    Y las pinturas de Pablo Legot. Aunque se sabe algo de la producción de este artista, no hay un estudio profundo del hombre y su obra; creemos que su calidad lo justifica, y anda buscando un autor que le restituya al lugar preeminente que debe ocupar en la historia de la pintura, sacándolo de un injusto y menospreciado localismo. Sabemos que nace en Marche (Luxemburgo) el año 1598, y llega a Sevilla en 1610. Pocos datos tenemos de su aprendizaje como pintor, pues su estilo está más bien relacionado con un tenebrismo a lo Ribera, muy acorde con lo que conocemos de Velázquez en el taller de su suegro Pacheco, pero lleno de un naturalismo que hay que buscarlo cercano al clérigo Juan de Roelas, sobre todo en el retrato de tipos populares. Obtiene muy tarde su título de pintor, por lo que figura en contratos, incluso en el acta de casamiento como bordador y entallador de retablos, pero poco como pintor independiente. Sin embargo, es primeramente a él a quien se dirigen para la construcción del retablo mayor de Lebrija, tal vez por su vinculación con el Arzobispado. Se deduce de las pocas actuaciones que conocemos que tuvo que ser hombre apacible, modesto y generoso; mientras Cano pleiteaba para conseguir 4.200 ducados más por su obra lebrijana, Legot aceptó sin protesta sólo 200 ducados sobre los 3000 que se habían concertado. De igual modo pinta bajo la severa dirección de Cano toda la imaginería, la propia Virgen de la Oliva, y más tarde, bajo la dirección de Felipe de Ribas el Crucificado del ático. Es fiel a su amistad con Cano cuando acude en su auxilio al encontrarse el maestro en dificultades con la justicia. Cuando se traslada a Cádiz ejerce como Fiscal Real del Almirantazgo en 1635, algo así como inspector aduanero de mercancías. Pero tenemos constancia que lleva una vida humilde y muere viejo y muy pobre en 1671. Un hombre de sus grandes cualidades pictóricas se dedicaba, principalmente, al dorado y pintura de los retablos, labor muy por debajo de sus cualidades artísticas como pintor creador. 
   Entre sus obras que conservamos, están el Apostolado del Palacio Arzobispal  (en la Casa de Ejercicios de San Juan de Aznalfarache); el retablo de la Iglesia Parroquial de Espera; el retablo Mayor de la Iglesia parroquial de Los Palacios; un San Jerónimo peniente en la Catedral de Sevilla y una Adoración de los Magos en Cadiz; en la Parroquia del Salvador y San Roque de Sevilla (destruidos los originales en la guerra civil)...  más otras muchas obras que están sin investigar.

   Pero analicemos estas de Lebrija, que creo su mejor conjunto. Era frecuente en estos momentos imponer al pintor un repertorio iconográfico, incluso un modelo a seguir; también era frecuente que los pintores se inspirasen para sus composiciones en estampas y grabados de otros maestros,  por los que hacían sus propias propuestas a los clientes, que si estos eran clérigos y los temas sagrados, las correcciones para conservar el decoro y la ortodoxia habían de sufrir muchas alteraciones. No nos consta que esto ocurriera con Legot, pero sí que tenia unas composiciones bien estudiadas a las que introducía variaciones para cada caso. Debemos reconocer la gran dificultad de componer unas escenas de tantos personajes en un formato vertical y tan alargado, ello supone un reto para cualquier pintor, pero Legot lo resuelve con gran maestría: en los Magos con los elementos arquitectónicos del fondo, y en los Pastores con el barroco rompimiento de gloria.

   Se empeña Valdivieso, en su Historia de la Pintura Sevillana, en rebajar los méritos de este pintor como creador, diciendo reiteradamente que “sus esquemas se derivan de grabados”; incluso que “sus escasas dotes de dibujante hacen que falte naturalidad y armonía en la totalidad de la escena.”  Y todo ello sin mostrarnos los grabados en que dice inspirarse, que, como mínimo, tendrían otro formato.

Figura 36. Adoración de los Magos Figura 36a. Adoración de los Magos (Detalle) Figura 36b. Adoración de los Magos (Detalle)  Figuras 36
   
 
Lo que no ofrece  dudas, contemplando estos dos grandes lienzos, la “Adoración de los Magos”
(Figura 36) y la “Adoración de los Pastores”(Figura 37), que se trata de un magistral pintor, gran observador de la realidad de su entorno, y que toma muchos modelos del natural. Son tipos, principalmente los niños, sacados de la picaresca y la calle, son retratos de tipos concretos y poco idealizados. Verdaderos retratos,  que al ser del natural, están realizados con una técnica suelta y muy impresionista, en contraste con algunos Ángeles o el Niño y su Madre que son más idealizados y recreados. Es interesante la persistencia de un juvenil modelo en obras de Los Palacios, Lebrija y Cádiz, que puede arrojarnos mucha luz sobre aspectos cronológicos y familiares; incluso, por la forma de estar tratado, podríamos reconocerlo autorretratado en la Adoración de los Magos de Lebrija.

Figura 37. Adoración de los Pastores. Figura 37. Adoración de los Pastores (Detalle) Figura 37. Adoración de los Pastores (Detalle)
Figuras 37

Sin una documentación demostrativa, fecha Valdivieso la “Adoración de los Pastores” de Lebrija entre 1631 y 1636, y la “Adoración de los Magos” de Cádiz en 1642, pero basta observar los personajes retratados “del natural” en ambos cuadros (abajo), para ver que son muchos los años de diferencia para esos dos personajes que, evidentemente, son los mismos, y de edades semejantes.

   

 

    La pintura de la calle central del retablo, que representa la Ascensión, nos parece amanerada y menos original; algunos autores quieren ver en ella la influencia de Rafael de Urbino. Por ejemplo, dice Valdivieso: “Se constata claramente como se inspira en un grabado que reproduce este mismo tema pintado por Rafael”. Rafael pinta la Transfiguración. Ponemos juntas ambas obras para que el lector saque las conclusiones que su perspicacia le demande.

Figuras 44. La Ascensión  Figura 44 

    Si analizamos con detenimiento solo tiene un aparente parecido, lo que sucede es que a tan potente precedente como la Transfiguración rafaelesca, nadie puede escapar a su influjo. Pero se trata de una obra personal, y hemos de lamentar que no componga bien en el conjunto retablístico (queda ahogada en la parte superior y mutilada en la inferior) debido al arreglo que se hizo para incrustar el camarín de la Virgen de la Oliva.

Figura 45 Figura 46 Figuras 45 y 46

De no menos calidad pictórica, aunque teniendo en cuenta la altura de su emplazamiento, son los cuatro lienzos restantes: los dos juanes y la Anunciación, que completan hoy el retablo. Como queda dicho, en su día contaba con otras pequeñas tablas, que hoy se conservan en el museo parroquial.