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Capítulo X

    En el siglo XVII , y coincidiendo rigurosamente en edad con Alonso Cano, ejerce en Sevilla el escultor flamenco José de Aertz, conocido como José de Arce; también como antes su compatriota Alejo Fernández, toma el apellido castellano al casarse por primera vez con la sevillana María de Arce en 1641. Una vez que faltan Mesa, Montañés y Cano de Sevilla, es José de Arce el más prestigioso y considerado escultor del momento, lo prueba la importancia de las obras que le encargaron, como el retablo de la Cartuja de Jerez o las ocho monumentales esculturas, en piedra sin policromar, para la cornisa del Sagrario de la Catedral Hispalense, comparables a las que el Bernini realiza en San Pedro de Roma.

Figura 49. Jesús Nazareno. Convento de las Monjas Concepcionistas. Figura 49a (Detalle)   Figura 49 

    Pues a este excepcional escultor se debe el Jesús Nazareno que se conserva en la clausura del Convento de las Monjas Concepcionistas, y que H. Díaz le llama el “Gran Poder lebrijano”.
Obra poco conocida dada esta circunstancia de su emplazamiento, a la entrada del coro alto en clausura, donde hace años tuvimos la ocasión privilegiada de estudiarla detenidamente.

Figura 50. San Juan Evangelista Figura 51. San Juan de la Hermandad de Los Dolores 
Figura 50 y 51
   

    De muy buena calidad artística, y siguiendo los cánones de la imaginería sevillana del siglo XVII, destacamos el San Juan Evangelista, que procesiona con la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Humildad, con sede en la Capilla de la Aurora.
La  atrevida composición y el movimiento de toda la figura, imprime un singular patetismo a esta escultura  de autor desconocido pero, indudablemente, de un gran maestro. También interesante otro San Juan de la Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores, con más claros signos de restauración y limpieza, y por ello, se nos presenta como más vulgar y amanerado.

Figura 52. Niño Jesús del retablo de San José 
Figura 52

    De toda la imaginería retablística de la Parroquia de la Oliva, me llama la atención el Niño Jesús del retablo de San José, en la nave de la epístola, a los pies de la Iglesia. Sin duda obra muy superior a San José, y realizada por un autor fuera de lo corriente. La delicada figura que se adivina bajo el amplio ropaje del Niño, el plegado de ángulos marcadamente geométricos, con reminiscencias de la mejor escultura  sevillana que arranca del magnifico Mercadante de Bretaña y Pedro Millán, nos hacen pensar en un autor desconocido, al que convendría seguir por los archivos, para identificarlo como un gran maestro todavía inédito.
 
    Semejante valoración merece la figura de la Virgen Niña del conjunto de Santa Ana en su retablo del lado de la Epístola en la Parroquia de la Oliva. Recoge Don José Bellido que dicha imagen fue concertada en 1695 con el escultor del Puerto de Santa Maria, Ignacio López. De ser este el autor, debemos reconocerle un talento especial, pues la imagen – hoy bastante repintada – es de gran delicadeza y calidad artística.

Figura 53. Inmaculada del Sagrario de verano Figura 53. Inmaculada del Sagrario de verano Figura 53. Inmaculada del Sagrario de verano Figura 53         Figura 54. Asunción, Titular de la Capilla de la Aurora Figura 54

    Dos vírgenes del más depurado barroco del siglo XVIII son la Inmaculada del Sagrario de verano, y la Asunción, Titular de la Capilla de la Aurora. Obras de cronología y calidad semejantes; de un avanzado barroco donde los paños son movidos con gran atrevimiento y la composición de las masas, en ambas imágenes, es excelente. Ignoramos el autor o autores, pero en esa fecha casi todos los imagineros sevillanos recibían  más o menos directa influencia de los modelos de Duque Cornejo, nieto de Roldan y sobrino de La Roldana, que mantuvo un taller de gran prestigio en el siglo XVIII sevillano, y cuya impronta se deja notar en no pocas imágenes de esta zona. Al menos se sabe que Duque Cornejo tuvo contacto con Lebrija, cuando tasó el camarín de la Virgen de la Oliva, obra del escultor lebrijano Juan Santa Maria Navarro.

 

Capítulo XI 

Figura 55. Sánchez Barahona Figura 56. Sánchez de Alva  Figuras 55 y 56
 
   
No completaríamos esta relación de pinturas y esculturas en Lebrija si, al menos por amor a mi pueblo y a mis paisanos, no mencionase a dos pintores de desigual fortuna. El lebrijano José Antonio Sánchez Barahona que durante el siglo XVIII, fue profesional pintor y dorador de retablos, con escenas de una pintura popular, que satisfacía una clientela de devotos no muy exigentes en cuestiones estéticas. Y la precoz pintora de Lebrija  Antonia Rodríguez Sánchez de Alva, autora de muchas obras de cariz romántico en la mitad del siglo XIX, entre las que destaca, por su empeño, el “San Cristóbal” pintado cuando tenia solo quince años (obra que ocultó mucho tiempo el actual de la parroquia y hoy se encuentra en la Ermita del Castillo) y también,  por su exquisita delicadeza y sensibilidad, su “autorretrato” de la colección Cortines Pacheco, nuestro ilustre amigo y compañero de Academia, su biógrafo, a quien se debe la más importante investigación sobre la vida y obra de esta pintora lebrijana.

Figura 57. Juan Santa Maria Navarro
 Figura 57a. Juan Santa Maria Navarro Figuras 57

    No menos importante fue el taller de escultura que floreció en el siglo XVIII, creado por el ya mencionado Juan Santa Maria Navarro y que continuó su hijo Matías. Junto con el citado camarín de la Virgen de la Oliva, trabajó en toda la comarca, haciendo retablos en Arcos de la Frontera y Puerto de Santa Maria. En Lebrija tiene documentado el coro parroquial y el Retablo Mayor de las Monjas Concepcionistas. Su hijo Matías José Navarro realizó la caja del órgano parroquial y el Retablo de las Ánimas. Seguramente muchos de los retablos del siglo XVIII, repartidos por iglesias y conventos lebrijanos, fueron realizados por estos artífices locales, pero no tenemos documentación que lo avale.
    Nos quedan por comentar otras muchas pinturas y esculturas de interés, pero no se trataba aquí de hacer el inventario de todas las obras que posee Lebrija, sino un comentario muy general de aquellas que, por su significación e interés artístico, rebasan los límites de lo local, y adquieren dimensiones de interés general en la historia del Arte y la Cultura.

   Con esta exposición no solo hemos querido señalar una excelente colección de obras de arte (por otro lado bien conocida por los lebrijanos y los especialistas) sino también, provocar en los más agudos analistas, el descubrimiento de un hilo vertebral que engarza todas las obras, y que, a través del tiempo y las distintas circunstancias históricas, reflejan lo que a primera vista parece casuístico, pero que es un fiel retrato del carácter exquisito, sensible y singular de este pueblo.
  Corresponde a los actuales jóvenes lebrijanos (quienes han alcanzado en estos últimos años un nivel cultural y unos medios envidiables que no tuvimos los de mi generación) profundizar en las obras de los muchos paisanos que deben ser conocidas, revisadas y valoradas a la nueva luz de este siglo. Obras y autores arrinconados como las notas dormidas del arpa becqueriana, que están “esperando la mano de nieve que sabe arrancarlas!”...


 

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS MÁS DIRECTAS

 

 

Profesor D. Juan Cordero Ruiz
Catedrático de Perspectiva de la Facultad de BB.AA.
y Profesor Emérito de la Universidad de Sevilla

 

                                                                                                          

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