2. FUENTES DE LUZ
2.1. El sol es nuestra fuente de luz por excelencia. Pero decir esto es poco, porque con la luz del sol nos llegan otras muchas propiedades, tantas que, podemos decir que el sol es nuestra fuente vital. Primitivas tribus lo adoraban como el dios de la vida, y nosotros, después de conocerlo mejor, nos admiramos de la intuición de aquellos pueblos primitivos. Y si bien para nuestra visión solo utilizamos una mínima parte de sus radiaciones, la energía que el sol irradia abarca tan amplio espectro, que no podemos concebir la vida en nuestro planeta sin la energía solar. Por la fotosíntesis se producen los hidratos de carbono y viven las plantas, y por la función clorofílica podemos apreciar sus variados colores; por la fotoperiodicidad se renueva el ciclo regenerador y vital de los vegetales. También los animales presentan respuestas fotoperiódicas que influyen en la migraciones y reproducciones, y en los vertebrados hay evidencias de la fotoperiodicidad que sería la base rítmica de los llamados relojes biológicos. Son muchos, pues, los fenómenos que justifican la primacía de la luz como elemento fundamental de la vida.
2.2. Nosotros nos quedamos con la bella y precisa definición de Chr. A. Blom-Dahl: "La vida es un modo que la luz tiene de caminar a través de la materia". Es un prodigio que nos fascina como la inmensa energía radiante del sol nos ha proporcionado una filtrada selección que nos preserva de las radiaciones nocivas y peligrosas para la vida de nuestro planeta, haciéndonos llegar, por el contrario, una estrecha franja del espectro electromagnético (dentro de ese enorme torrente de radiaciones) que propicia la recepción por la retina humana de la luz visible, que alcanza su máxima intensidad lumínica en el color amarillo. De ahí que no solo sea este color gran protagonista en el campo de la simbología, sino que, de un modo más pragmático, es el adoptado internacionalmente para elementos de salvamento en el mar, y también en el arte saben los pintores que el sol, y las partes luminosas de sus cuadros son consustanciales con el color amarillo del sol.
2.3. El hombre dispone de otras fuentes luminosas (aunque puedan tener su origen remoto en el sol) que serían interesantes estudiar por el artista, pues hay diferencias sustanciales que transforman los efectos visuales, perceptuales y estéticos. Desde la luz lunar, la llama del fuego de diferentes gases y productos, la incandescencia de una bombilla eléctrica, las más modernas lámparas de gases incandescentes, las luces indirectas de la reflexión, etc., forman un amplio repertorio de fuentes luminosas, que condicionan la obra pictórica, en donde el pintor se ve implicado ineludiblemente. Pese a ello no entraremos en ese campo para el que se requeriría un amplio preámbulo técnico-científico. Nos vamos a limitar a algunas cuestiones básicas de la óptica y, siempre que ello sea posible, orientada con ejemplos y experiencias al campo de la expresión artística, dejando de lado aquellas cuestiones que no afectan directamente a un mejor conocimiento del campo singular del pintor.
2.4. Entre los pintores siempre ha existido el dilema entre pintar con luz natural o con luz artificial. Normalmente una pintura realizada con luz natural soporta su contemplación con luz artificial, incluso con las avanzadas combinaciones lumínicas de algunos estudios de hoy, pierden las pinturas sus matizaciones al ser expuestas a la luz del mediodía; quedan faltas de sutilezas y variantes cromáticas; muchos colores se "tuercen" o distorsionan, y se producen desarmonías que no se observaban cuando el foco eléctrico, simplificador y unificador de tonos, los iluminaba.
2.5. Las múltiples radiaciones de la luz solar manifiestan una gran riqueza vibratoria, que se traduce en un mensaje cromático más variado, que un ojo educado es capaz de captar. La energía lumínica procedente de otro foco emisor tiene más limitadas radiaciones, que uniforman, reduciendo a paquetes simplificados un mensaje de radiaciones más restringidas. Algo así sirva el ejemplo como la diferencia acústica que se produce entre una obra sinfónica de muchos y variados instrumentos, y una versión de esa misma obra adaptada para piano. Puede parecer la misma obra, pero la riqueza de la orquesta sinfónica (igual a la luz del sol en pintura) no es comparable al reducimiento a un solo instrumento (igual que la obra pictórica vista con la luz de una lámpara).