7. EL OJO DEL PINTOR

 

7.1. Ya está universalmente aceptado que, si bien el ojo humano ve natural y espontáneamente, también que el acto de la visión requiere un aprendizaje.

7.2. El aprendizaje de la visión suele ser intuitivo y empírico, pero muchos aspectos y fenómenos visuales solo pueden ser conocidos y mejorados por un estudio racional y ordenado de sus mecanismos.

7.3. El pintor fundamenta su arte en el acto espontáneo de ver, enriquecido por una intuición sensible, pero es evidente que el conocimiento por el pensar discursivo, deductivo y conceptual, amplía el campo de sus posibilidades y repercute positivamente en la obra pictórica. Entre la visión automática, espontánea e intuitiva de Monet, y el ojo sensible, pero enriquecido por el pensamiento lógico y deductivo de Leonardo, o Piero de la Francesca, hay una distancia insalvable. No se trata del mejor ejemplo debido al alejamiento cronológico entre ambos pintores, pero sirva para entender la diferencia entre la superficialidad del ojo espontáneo de Monet ante la profunda, reflexiva y culta mirada de Leonardo o de Piero.

7.4. Conviene a nuestro propósito traer aquí algunas consideraciones multidisciplinares, que si son bien conocidas en sus respectivos campos, suelen sernos de gran utilidad y eficacia en el contexto de la visión pictórica. El estudio fisiológico del ojo humano, como primer nivel de conocimiento del objeto pictórico y, por consiguiente, básico para la comprensión del fenómeno visual, lo exponemos seguidamente despojado de todo tecnicismo; espigamos aquellas cuestiones que tendrían una relación directa con el campo visual del propio pintor, y puedan ayudarle a un mayor dominio del complejo mundo del arte pictórico.

7.5. Para comprender el mecanismo de la visión y explicarnos los efectos visuales, se hace imprescindible repasar los elementos constitutivos del ojo humano. Su estructura anatómica, y cada uno de sus componentes forman un perfecto aparato, de tan delicada precisión, que los más modernos instrumentos de la moderna tecnología, no son más que burdas imitaciones de este maravilloso miembro. Por eso es chocante que Helmholtz (- 1894) la más importante autoridad en este campo, con su obra - todavía vigente - "Phisiologial Optics", dijese en cierta ocasión: "si un comerciante de instrumentos de óptica intentara venderme alguno con tantos defectos como este (el ojo humano) lo denunciaría por su negligencia".

7.6. El ojo humano tiene limitaciones evidentes: no puede alcanzar las distancias del telescopio, ni precisar el detalle del microscopio; no es sensible a las ondas de hiperfrecuencia como el televisor, ni atraviesa los cuerpos como los rayos X, no aprecia los movimientos muy rápidos como la bala de un arma de fuego, ni los muy lentos como las manillas de un reloj, el movimiento de la luna o el cambio de las sombras del sol, no puede apreciar simultáneamente lo lejos y lo cerca, etc., pero su funcionamiento produce el más prodigioso automatismo, lo que le permiten adecuarse a las más variadas situaciones y obedecer con la más perfecta coordinación.

7.7. Frecuentemente se suele comparar el ojo con una cámara fotográfica, y por culpa de esta comparación nos formamos una idea puramente geométrica de su óptica, cuando el ojo es más bien un complejo laboratorio o central electroquímica, que transforma y produce energías que, como moderna computadora, recibe señales, las transforma, las codifica y trasmite al cerebro para su interpretación. Porque, digámoslo cuanto antes, el ojo ve de forma simbólica; más que formas y figuras, que precisarían un nuevo ojo para ser vistas (según la teoría de la pantalla visual de Frisby); el ojo interpreta, identifica, las impresiones luminosas como formas que reconoce y catalogo como algo real.

7.8. Porque, el ver, implica esa interpretación del cerebro con todas las facultades de la inteligencia. No solo descifra e interpreta los significados de las impresiones luminosas, sino que almacena en la memoria produciendo, retrospectivamente, el recuerdo. Recompone, mezcla y modifica en el acto de la imaginación, y, en estado de inconciencia, ajena a nuestro control, provoca los sueños. Recuerdo, imaginación y sueño que tienen su origen básico en la ventana abierta de nuestros ojos, siendo este material almacenado, más que la impresión directa de la visión, lo que sirve de modelo al artista pintor.

7.9. Pero no es solo eso. De cómo reconocen los ojos el mundo exterior, es uno de los grandes enigmas que traen preocupados a generaciones de sabios. El concepto de "pantalla interna" que puede servir para explicar algunos fenómenos, no es válida al abarcar los prodigios que realizan en el cotidiano acto de ver. Nos salimos del campo puramente biológico para adentrarnos en la sicología de la percepción, aunque pronto detectaremos que tampoco es suficiente esa ciencia para abarcar las complejidades de la agudeza visual, o sea, detectar, reconocer, discriminar, localizar un objeto con su tamaño y su movimiento.

7.10. ¿Cómo se reconocen las cosas? Ello se nos antoja relativamente fácil cuando conservaran su forma, tamaño, luz, color, etc. Pero ¿cómo se reconocen cuando cambian el aspecto externo? Ahora que luchan los científicos por encontrar máquinas inteligentes que reconozcan textos y voces, comprendemos con mayor admiración la maravilla de nuestros ojos, capaces de identificar con rapidez textos manuscritos, con las más diversas caligrafías.

7.11. ¿Cómo reconocen nuestros ojos a personas que solo hemos visto una vez en fotografía? ¿Cómo reconocemos personas mayores que vimos cuando eran jóvenes? Y, fundamental para el pintor, ¿qué es el parecido de la caricatura, del retrato, de la expresión, del gesto?...A semejanza de los estudios propuestos por Gombrich en "La imagen y el ojo". En la figura adjunta mostramos una serie de imágenes de nuestro propio rostro en diversas edades y circunstancias. (Figuras A, B, C, D, E, F). Entre la más antigua y la más reciente median unas seis décadas. Pese a estas grandes diferencias formales y de aspecto morfológico, hay un nexo común de un extraño parecido. Dejamos aquí, a nuestro pesar, este apasionante tema, que tanta trascendencia tiene en la mimesis en el realismo pictórico, porque es objeto de otro trabajo que tenemos preparado.

Figuras A, B, C, D, E, F

Seis fotografías del autor, en diferentes edades y con características morfológicas
 bien diferenciadas; pese a tantas diferencias se mantienen unas constantes, 
ajenas a las formas, que constituyen "el parecido" sicológico.

 

                                                                                         

 

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