Anatomía del globo ocular

9. LA CÓRNEA  (A)

9.1. Es una de las materias más transparentes del cuerpo humano. Está continuamente lavada por las lágrimas en la función del parpadeo. En el agua se hace totalmente invisible por tener semejante índice de refracción. No tiene riego sanguíneo, lo mismo que el cristalino, y este aislamiento de la corriente sanguínea evita las posibles interferencias cromáticas. Se nutre de la potente concentración proteínica del humor acuoso que se renueva constantemente.

9.2. Aunque es una prolongación delantera de la capa membranosa, envolvente del globo ocular, llamada esclerótica (H), que cierra y configura el globo ocular. No tiene el mismo radio que el resto de la esfera, sino que se hace más convexa, constituyendo la primera lente del mecanismo óptico del ojo. Por su índice de refracción frena la velocidad de la luz en un 25%, produciendo convergencia de los rayos incidentes.

10. EL IRIS  (B)

10.1. Es el verdadero diafragma que regula la cantidad de luz necesaria para la visión correcta. Es por ello un cuerpo opaco, fuertemente pigmentado, que cuando tiene poca pigmentación es de color celeste y los muy pigmentados tienen un intenso color negro. Ello es lo que produce el color de los ojos, ya que es perfectamente visible debido a la transparencia de la córnea.

10.2. Esta mayor o menor opacidad según el color, hace que los iris poco pigmentados funcionen mal con mucha luz. No es capricho de la naturaleza que las razas nórdicas sean de ojos claros, mientras las meridionales y ecuatoriales, donde la luz es intensa, tengan los ojos negros.

11. LA PUPILA  (C)

11.1. El orificio que posee el iris en el centro, que en los animales de vida diurna - como el hombre - tiene forma circular, es la PUPILA. Las pupilas en hendiduras se pueden cerrar totalmente, por el contrario las circulares siempre dejan un pequeño orificio. Dicho en términos fotográficos, este orificio hace de obturador y diafragma, regulador de la luz precisa que debe entrar en la cámara oscura del globo ocular e impresionar la película sensible de la retina, sin quemarla por un exceso de luz.

11.2. Estimulando el iris por exceso de luz puede contraerse, dejando este orificio convertido en un diminuto punto negro, y por el contrario, en lugares de poca iluminación pueden dilatarse hasta formar un gran círculo que puede medir hasta ocho milímetros de diámetro, sobre todo en los jóvenes, pues en los ancianos y en los niños es más limitada esta abertura.

11.3. El proceso de dilatación de la pupila sucede con total automatismo, independiente de la voluntad del sujeto, condicionada por el cambio de brillo o la intensidad de iluminación. Volviendo a la comparación fotográfica, tenemos las modernas cámaras con sus grandes lentes de gran abertura y corta distancia focal, que pueden captar imágenes con escasa iluminación, pero esa gran abertura de la lente, consigue poca nitidez y poca profundidad de foco. Pasa igual con la pupila muy abierta, en escenas poco iluminadas: se dilata hasta conseguir un gran orificio, pero capta menos detalles.

11.4. Las pupilas se cierran con mucha mayor rapidez que se abren; por consiguiente, se adaptan mejor y más rápidamente cuando pasamos de la oscuridad a la claridad, y es más lenta la acomodación cuando pasamos de la claridad a la oscuridad. Este hecho, fácilmente verificable, debe ser tenido en cuenta por el pintor, quien pasa con frecuencia su vista del modelo a la paleta y al cuadro, si tener presente sus niveles de iluminación, y la influencia que ello tiene en la visión correcta de su trabajo. De igual modo, al ser expuesta su obra, deberá tener presente de donde proviene la mirada el espectador antes de posarse en su cuadro, si de zona más oscura o más clara, ya que la adaptación de la pupila puede jugar un importante papel para la corrección de la visión.

11.5. El proceso de adaptación del ojo, al pasar de zonas de diferente iluminación, no solo se condiciona por la modificación de la pupila, sino que, como veremos al estudiar la retina, los receptores aptos para capturar poca luz son los bastones, poco sensibles al color o tonos, aunque dispuestos para distinguir los diferentes matices del gris, al agruparse por conexiones comunes al cerebro, en mayor o menor agrupamiento (de forma automática) según varíe la intensidad de la luz. Por el contrario, las condiciones de mayor luminosidad hacen actuar a los conos de la retina, receptores especializados en la captación del color, el detalle y la luz abundante. Esta transferencia de la recepción lumínica, según sea escasa o abundante, tiene repercusiones en el ojo del pintor, ciertamente que sutiles y autocorregibles, pero son datos a tener en cuenta cuando nos estamos refiriendo, no a cualquier espectador desprevenido, sino a un hipersensible especialista de la visión y la observación de las apariencias visuales como es el pintor.

11.6. No solo reaccionan las pupilas por efecto de la luz, pues está demostrado que acciones de otra naturaleza, como pueda ser la ira, el deseo y otros estados anímicos pueden influir y modificar el tamaño de este singular orificio; también puede ser modificado con el esfuerzo de mirar objetos cercanos para aumentar así la profundidad de enfoque, aunque estas funciones no son las de su normal funcionamiento. Se dice que los comerciantes chinos miran atentamente las pupilas de sus clientes cuando les ofrecen su mercancía, y averiguan, por la dilatación de las pupilas, el interés que muestran por aquella mercancía.

11.7. Un interesante trabajo publicado en la revista "Scientific American, en 1965, del profesor de Sicología de la Universidad de Chicago, Eckhard H.Hess, titulado "Actitud y tamaño de la pupila", expone el resultado de una investigación sobre el tema, abriendo con ello una nueva puerta para el mejor conocimiento de la mente humana, donde se relaciona la fisiología con la sicología, y ambas con el fenómeno luminoso.

 

                                                                                                       

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