12. EL CRISTALINO (D)
12.1. La verdadera lente del ojo, que permite la nitidez focal sobre la retina, la constituye el cristalino Situado inmediatamente después de la pupila tiene la forma de un esferoide achatado. Es de gran transparencia y no tiene riego sanguíneo, estando separado del fondo del ojo por el humor vítreo, más viscoso y denso que el acuoso.
12.2. La característica principal del cristalino es su elasticidad, que le permite por la presión de los músculos ciliares, a los que lo unen minúsculas fibras, modificar su forma, curvándola más o menos, y constituir una lente cambiante, apta para enfocar objetos lejanos o próximos, aunque no es posible enfocar lo lejano y lo próximo al mismo tiempo.
12.3. Desgraciadamente, a pesar de su continua renovación celular, este tejido se endurece con el tiempo, perdiendo su flexibilidad acomodaticia.
12.4. Este prodigioso elemento nos permite apreciar las distancias o profundidad espacial, por sí solo, y sin recurrir a otros mecanismos fundamentales como es la visión binocular. Con un solo ojo podemos percibir las distancias en el espacio real, y ello por la asociación a un acto reflejo, de la contracción-dilatación, a cerca-lejos. Pero es evidente que este mecanismo asociativo se invalida al mirar el espacio pictórico, ya que sus lejanías y cercanías el cristalino no se altera, pues lo que enfoca es la distancia real del cuadro. Por este conocimiento fisiológico comprendemos que el relieve en una pintura se aprecia mejor con un solo ojo, y que, el espacio físico, mejora con los dos.
12.5. Esta lente del cristalino proyecta la imagen, reduciendo e invirtiendo su forma, al fondo del ojo, y por un elemental proceso de óptica geométrica, consigue el ángulo preciso de convergencia para la nitidez retiniana Si bien no es solo la proyección geométrica la que intervine, sino el principio físico de la refracción, ya que también se debe al alto índice de refracción de este transparente cuerpo. Este cuerpo está formado por más de dos mil fibras que lo envuelven como las capas de una cebolla, que le hace aumentar su refracción. También influye en el alto índice de refracción, en el que la imagen no se desplaza en el vacío sino en el humor vítreo, con lo que se acorta la distancia cristalino-retina. Es esta función mecánica la que más se asemeja a la tradicional máquina fotográfica, aunque vemos también su gran diferencia entre ambas.
13. LA RETINA (E).
Esquema de una sección de la retina
La luz entra a través del humor vítreo (parte de arriba) mientras las células sensibles (conos y bastones) están orientadas hacia la coroides y la esclerótica, en la parte de abajo.13.1. La retina constituye la envoltura interna de globo ocular, ocupando una gran parte de su superficie y teniendo un espesor aproximado de un milímetro. Está protegida contra la luz por otro músculo opaco llamado coroides, y otro que envuelve a los dos anteriores, más rígido y que permite conservar la estructura esférica del ojo, denominado esclerótica.
13.2. Se asemeja la retina a la pantalla del televisor o la placa fotográfica; en ella se realizan las más complicadas transformaciones, con tal precisión, que muchos piensan que es parte de la misma corteza cerebral. Los rayos de luz que llegan hasta ella son los portadores de la carga energética que desencadena reacciones químicas y eléctricas, que el cerebro interpretará llenas de significados.
13.3. La retina se compone en su capa más profunda de células fotosensibles de dos tipos: conos y bastones, repartidos de forma desigual por su superficie. Forman un verdadero mosaico compuesto por más de seis millones de conos, (que tiene cada uno de ellos conexión directa e individualizada con la parte posterior del cerebro), y unos ciento veinte millones de bastones en cada ojo, (que se conectan en grupos varios).
13.4. Tienen distintas funciones estas células especializadas. Los conos alcanzan mayor precisión y detalles, también son aptos para la más intensa iluminación, y, por un pigmento especial llamado rosina, permiten la visión cromática; por el contrario los bastones captan mejor el movimiento, son más sensibles al gris tonal y a la escasa iluminación. No están igualmente repartidos por la retina, abundando la concentración de conos en la zona central, donde hay un punto minúsculo, llamado fóvea, (F), situado en el eje visual del ojo, que tiene la máxima concentración. Es en la fóvea donde quedan enfocadas las imágenes que desean verse con mayor nitidez y detalle. Esta zona mide de 25 a 3 mm., con una zona central llamada fóvea centralis, que tiene un diámetro de 03 mm., libre de bastones. Como ejemplo comparativo diremos que la imagen de la Luna llena ocupa 02 mm. de diámetro de la retina.
13.5. En contraste con la eficacia de la fóvea, en el fondo del ojo se encuentra al nudo de salida o conexión de estas células con el nervio óptico, encargado de transmitir las sensaciones al cerebro: ese punto es insensible a la luz; se llama punto ciego (G). Véase la experiencia clásica para detectar la presencia del punto ciego.
Cerrando el ojo izquierdo y situando el derecho perpendicular al punto,
si se acerca o separa del monitor, a una detereminada distancia,
desaparecerá la visión de la cruz. Ello es debido a que el enfoque en la
retina pasa por el llamado punto ciego. A la inversa, desaparecerá el punto.13.6. Esta forma simple y esquemática de explicar el funcionamiento de la retina, nos elude entrar en el complejo proceso de emplean estos receptores de los cuantos de luz. La propia estructura terminal de un bastón, dispuesta para capturar cuantos de luz, posee un juego de nueve filamentos longitudinales que se amplían por una bolsa que forma el término, llena de un sistema de dobles membranas transversales, (dispuestas como si fuesen una pila de monedas, de las que hay unas once mil en cada bastón). En estas membranas están ordenadas millones de moléculas de pigmento visual. De tal modo que el rayo de luz que llega al segmento terminal de un bastón o un cono, apunta a unos dos mil millones de moléculas de pigmento, y cualquiera de ellas, puede capturar un cuanto. Y esta es la primera etapa de la percepción de la luz. Todavía es más sutil y compleja la composición de los pigmentos fotosensibles, compuestos de retínenos, un derivado de la vitamina A. Y de una proteína u opsina, que juntas componen el pigmento rodopsina, o púrpura visual. El proceso de excitación que convierte estos agentes químicos en un potencial eléctrico, nos llevaría muy lejos de nuestro objetivo.
13.7. Al llegar a este momento de nuestro repaso por los mecanismos de la luz y la visión, podemos preguntarnos si estos conocimientos deben formar parte de la educación académica del artista o, por el contrario, quedarse en el ámbito exclusivo de las ciencias. Nuestra propia experiencia de pintor nos dice que es de gran ayuda, cuando menos para comprender mejor la pintura y, tal vez, para elevar un poco la calidad de nuestra obra. Podríamos hacer un catálogo de cuestiones directamente relacionadas con estos conocimientos científicos, pero, por ahora, nos limitamos a ilustrar las cuestiones expuestas con algunos casos significativos. Ejemplo: cuando una imagen iluminada es impresionada en nuestra retina, las células fotosensibles de la misma, son afectadas, (destruidas), produciéndose un vacío igual a la parcela de la imagen; al mirar nuevamente a otro lugar, la parcela afectada anteriormente por la imagen no se ha "recuperado" (en ocasiones tarda hasta quince segundos, dependiendo de la intensidad de la impresión), por lo que produce una mancha "ciega", o sea, no sensible, que se interpreta como el negativo de la imagen. La superposición de esa imagen negativa o complementaria de color, sobre la escena siguiente, produce las más extraordinarias mezclas ópticas. Solo cuando se conoce el origen de este fenómeno de postimagen retiniana se está en condiciones de usarlo como recurso de nuestra paleta. Este recurso lo empleaba Delacroix, otro gran estudioso de la ciencia del arte, cuando desafiaba a la alteración, sin tocarlas, de ciertas parcelas de su cuadro, cambiando solamente las zonas periféricas.
Y, de igual modo, podemos extraer otros muchos importantes hallazgos de la ciencia, que evitarían a los pintores preocupaciones innecesarias, y tanteos de adanismo.
14. VISIÓN BINOCULAR
14.1. El mecanismo de la visión se complementa con el estudio de la visión binocular, pues es en esta función donde se produce una coordinación prodigiosa; siendo diferente el mensaje recibido por cada ojo (llamada esta diferencia disparidad binocular) en el cerebro se registra como una sola impresión, que da origen a una sola imagen de propiedades singulares. El uso coordinado de los dos ojos tiene para el pintor importantes consecuencias, sobre todo en lo que afecta a la percepción del espacio, y al diferente campo visual izquierda-derecha respecto al arriba-abajo.
14.2. Aunque abogamos por el conocimiento científico de la visión, por parte del pintor, entendemos que no todas las cuestiones científicas encierran igual importancia. Si ahora destacamos esta peculiaridad (de la visión simultanea de los dos ojos) es por dos razones importantes: primero, porque entra en conflicto la visión de las formas pictóricas con las formas escultóricas; y, segunda, porque son los dos ojos los que nos permiten la percepción tridimensional plena (aunque es cierto que, un solo ojo, tiene recursos para apreciar el espacio).
14.3. El percibir la tercera dimensión, en una pintura o en la realidad, tiene dos claves diferentes en los ojos. Una pintura que se desarrolla en el plano del cuadro, adquiere mayor ilusión tridimensional al contemplarse con un solo ojo estático: es más, pierde verismo cuando se contempla con los dos ojos. Por el contrario, una escena natural, se ve difícilmente con un solo ojo, y adquiere toda su plenitud de espacio, cuando nos desplazamos con los dos ojos abiertos. También esto es una simplificación, pero nuestro objetivo no era entrar en el campo de la representación y percepción espacial de la perspectiva, que ya hemos tratado en otro lugar. Es en este terreno de la expresión y representación del espacio perspectivo, donde desarrollamos nuestra actividad docente y, por ello, donde divisamos un campo más extenso y, también, más conflictivo. Queda, pues, para otro lugar, el tercer y más importante fenómeno de la visión: la percepción visual que, junto a los fenómenos de la luz y a los mecanismos del ojo, forman un trípode de básicos conocimientos para el pintor.
Ojo derecho del autor dibujado ante el espejo