CIENCIA Y PRÁCTICA

LAS MALOCLUSIONES: CONCEPTOS FUNDAMENTALES PARA LA PRÁCTICA GENERAL

Dr. Rafael Alcoba Caballero
Médico estomatólogo. Práctica exclusiva de Ortodoncia.

 

Dr. Juan José Segura Egea
Médico y odontólogo. 
Catedrático de Procesos Sanitarios del Ciclo Superior “Higiene Bucodental”, Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía. Sevilla

 
 

 

 

 

 

 

 


Introducción
El Real Decreto 1594/1994, de 15 de julio1, definió las capacidades profesionales del Higienista Bucodental. El artículo 10.1 de dicho Real Decreto define al Higienista Bucodental como “el titulado de formación profesional de grado superior que tiene como atribuciones, en el campo de la promoción de la salud y la educación sanitaria buco-dental, la recogida de datos, la realización de exámenes de salud, el consejo de medidas higiénicas y preventivas, individuales y colectivas, y la colaboración en estudios epidemiológicos”. Estas funciones serán desarrolladas por los Higienistas que trabajen en Atención Primaria de Salud en centros públicos, formando parte de los Equipos Básicos de Salud Bucodental2, en conexión directa con el odontólogo de atención primaria y con el pediatra, así como por los que colaboren con los profesionales odontoestomatólogos en consultas dentales privadas, especialmente en el campo de la odontología preventiva, la odontopediatría y la ortodoncia.
        Durante sus estudios, el Higienista aprende a explorar correctamente la cavidad oral y a recoger y registrar los datos significativos detectados durante la exploración3. Asimismo, se instruye sobre las técnicas preventivas aplicables en odontología y sobre la metodología relativa a la educación sanitaria4. Entre los contenidos del módulo “Exploración Bucodental”, módulo que conlleva la mayor carga docente en los estudios conducentes a la obtención del título de Técnico Superior en Higiene Bucodental, destaca el bloque temático “OCLUSIÓN, PRÓTESIS DENTAL Y ORTODONCIA”, que incluye las siguientes unidades didácticas:
 

  1. Posiciones y movimientos básicos mandibulares. Teorías oclusales. Oclusión mutuamente protegida. Oclusión balanceada bilateral.
  2. Instrumentos relacionadores y registros. Articuladores semiajustables. Arcos faciales.
  3. Fisiología y fisiopatología del paciente desdentado.
  4. Prótesis: clasificación e indicaciones. Patología paraprotésica.
  5. La higiene oral en el paciente portador de prótesis.
  6. Parafunciones. El bruxismo.
  7. Síndrome dolor-disfunción de la ATM.
  8. Maloclusiones. Clasificación de Angle.
  9. Hábito de succión del pulgar. Deglución inmadura. Respiración oral. Prevención.
  10. La higiene oral en el paciente ortodóncico.

Así, el Higienista, ya sea titulado o habilitado, ha de ser capaz de desarrollar tareas exploratorias y preventivas no sólo de la caries, la enfermedad periodontal y el cáncer oral, sino también en materia de oclusión, por lo que debe conocer perfectamente la oclusión dentaria, los tipos de maloclusión y la nomenclatura utilizada para su registro, sus mecanismos etiopatogénicos y las actuaciones encaminadas a su prevención.
        Del mismo modo, el odontólogo generalista tiene la ocasión de examinar la boca de numerosos pacientes, incluidos muchos niños, y puede y debe detectar las maloclusiones que estos presenten, informándoles y educándoles sobre las medidas y tratamientos que pueden aplicarse para impedir la progresión de la maloclusión y/o para corregirla, tratando él mismo la maloclusión o refiriendo el paciente al ortodoncista si lo considera necesario. En este trabajo realizamos una revisión de la terminología utilizada en la exploración y en el registro de la oclusión normal y de las maloclusiones.

Concepto de oclusión
Cuando se considera la vinculación entre la arcada inferior y la superior vistas como arcos antagonistas merced a la acción de la articulación témporomandibular, oclusión significa contacto dentario y anoclusión ausencia de contacto dentario.
       La relación de antagonismo que se establece entre ambas arcadas dentarias puede ser de varios tipos. Cuando no hay contacto dentario, ni traslación voluntaria de la mandíbula, existiendo únicamente actividad tónica simple de la musculatura estomatognática, hablamos de inoclusion fisiológica estática o posición de reposo o de tono postural. En esta situación el maxilar inferior, en razón de su peso, vence la resistencia de los músculos que tienden a elevarlo y cae. Hay contacto interlabial pero no hay contacto dentario, quedando un espacio libre entre los dientes de unos 2-3 mm.
        Si no hay contacto dentario ni traslación mandibular voluntaria, pero hay actividad muscular involuntaria que mantiene la mandíbula descendida pero inmóvil (boca abierta “embobado”) hablamos de inoclusión estática. Cuando no hay contacto dentario, pero si hay actividad muscular y traslación mandibular voluntaria, por ejemplo, cuando se habla, existe inoclusión dinámica.
        Si existe contacto dentario y actividad muscular, pero no hay traslación o desplazamiento mandibular, estando la mandíbula estática (boca cerrada), entonces decimos que existe oclusión. Según Angle, oclusión es “la relación normal de los planos inclinados oclusales de los dientes cuando los maxilares están cerrados”. Existen dos formas básicas de oclusión: la céntrica y la excéntrica. La oclusión céntrica se caracteriza por presentar la mayor cantidad de puntos de contacto entre ambos arcos antagonistas (máxima intercuspidación); la sínfisis del maxilar inferior y del maxilar superior están situadas en el plano sagital y los cóndilos ocupan la posición más dorsal posible sin producir presiones en los tejidos retroarticulares. La oclusión excéntrica se produce cuando los puntos de contacto disminuyen hasta reducirse incluso a uno, a la vez que la mandíbula se desvía o se lateraliza.
        Por último, cuando hay contacto dentario, actividad muscular y desplazamiento mandibular, como ocurre durante la masticación, decimos que existe articulamiento; esto es, una sucesión ininterrumpida de estados de oclusión. Es el tipo de oclusión que se da cuando se imprime a la mandíbula una traslación sin que se pierda el contacto dentario. La mandíbula puede desplazarse hacia adelante en una trayectoria sagital (protrusión) o bien lateralizarse (laterotrusión).
        Los factores que determinan la oclusión son la correcta impactación de los dientes inferiores con los superiores, la articulación témporomandibular, la implantación de los dientes en el maxilar y en la mandíbula, las relaciones interproximales dentarias (puntos de contacto), la longitud del arco (piezas apiñadas, lateralizadas...) y la forma de las superficies oclusales. En la figura 1 se muestra una arcada superior considerada como “ideal” por su longitud, posiciones dentarias, forma de las superficies oclusales y puntos de contacto interdentarios. 


Fig. 1 Arcada superior ideal

        La oclusión central ideal tendría 138 puntos de contacto entre los dientes antagonistas y sólo se encuentra en un 5 por 100 de las personas. El papel de articular permite determinar con exactitud la existencia y localización de los puntos de contacto oclusal. Para que una oclusión sea aceptable basta con que cumpla su función fisiológica, si además es estética, mejor. Esto es lo que se denomina eunasia o estado eunásico. La visión vestibular de la oclusión céntrica se caracteriza por la psalidoncia: el maxilar superior cabalga sobre el inferior tanto longitudinalmente como transversalmente (fig. 2). 


Fig. 2. Oclusión ideal.

        Cada diente contacta con dos del arco contrario, con dos excepciones, el ICI que sólo contacta con el ICS, y el tercer molar superior, que sólo contacta con el tercer molar inferior. Cuando se observa la oclusión céntrica por proximal existe enarmosis; esto es, las verticales que pasan por los bordes cortantes de los dientes de cada arco se hallan separadas por 2-3 mm (overjet, resalte o desbordamiento horizontal) y las líneas horizontales que pasan por esos mismos bordes cortantes también se hayan separadas (overbite, entrecruzamiento vertical o sobremordida) (fig. 3). 
Fig. 3. Concepto de resalte (overjet) y sobremordida (overbite).

        Los dos desbordamientos forman un ángulo recto y un triángulo rectángulo cuyos catetos son la sobremordida y el resalte y su hipotenusa es la pendiente incisal o superficie activa del diente superior; esto es, la trayectoria incisiva cuya inclinación está vinculada a la ATM, concretamente a la topografía de la cavidad glenoidea y de la vertiente posterior del cóndilo del temporal.
        Si se incrementa el desbordamiento horizontal (resalte) aumenta la longitud de la hipotenusa y disminuye su inclinación. Si se incrementa el desbordamiento vertical (sobremordida), aumenta la longitud de la hipotenusa y también su inclinación. Todo lo dicho se aplica tanto a dientes con bordes incisales como a las cúspides de las superficies oclusales. En los dientes superiores con cara oclusal se consideran los valores de las cúspides vestibulares, cuyas hipotenusas alcanzan siempre menor inclinación que las de los incisivos. Desde incisivos hacia molares aumenta el resalte y disminuye la sobremordida. 
        Con fines ortodóncicos, Angle clasificó la oclusión central en tres clases, según la relación antagonista existente entre los primeros molares superior e inferior (fig. 4). 

Fig. 4. Clasificación de la oclusión 
según Angle.

        La oclusión clase I de Angle es aquella en la que coinciden en el mismo plano vertical el vertice de la cúspide mesiovestibular del primer molar superior y el surco mesial de la cara vestibular del primer molar inferior. Se da en un 69’2 por 100 de los casos (fig. 5). La oclusión clase II de Angle se caracteriza por la mesialización del molar superior; la cúspide V-M del superior contacta más hacia mesial del surco vestibular del inferior. Se da en el 26’6 por 100 de las personas. La oclusión clase III de Angle se caracteriza, por el contrario, por la distalización del molar superior; la cúspide V-M del superior contacta más hacia distal del surco vestibular del inferior. Se da en el 4’2 por 100 de los casos.


Fig. 5. Oclusión clase I de Angle. La cúspide mesiovestibular 
del 6 superior ocluye con el surco mesial del 6 inferior.

       La oclusión se va modificando en el adulto con el transcurso del tiempo debido a la atrición dentaria, consistente en el desgaste fisiológico del esmalte por el roce contra el antagonista. Se produce a nivel de los bordes incisales y de las superficies oclusales y es compensado por la erupción continua. El desgaste de las superficies proximales, en las que el inicial punto de contacto se transforma en una superficie de contacto, es compensado mediante mesialización. Las pérdidas dentarias se compensan también con mesializaciones (que pueden llegar a ocupar el espacio que ha quedado libre) y por erupción (si se pierden las fuerzas verticales). Los dientes mesializados suelen inclinar su eje.

Bases de la terminología ortodóncica
Los términos mediante los que se caracterizan las anomalías maloclusivas deben expresar el tipo de alteración existente y dónde está localizada, definiéndola en los tres planos del espacio: vertical o frontal o coronal, anteroposterior o sagital y transversal u horizontal. Para denominar una determinada alteración de la oclusión utilizamos, pues, dos elementos: un prefijo que indica el tipo de alteración (tamaño, número y/o desarrollo) o la dirección del espacio en las alteraciones de la posición, y un radical que define la estructura anatómica afectada o el tipo de alteración de la posición. Los prefijos utilizados son los siguientes:

A) Alteraciones de la posición:
1. PRO/MESIO: hacia adelante.
2. RETRO/DISTO: hacia atrás. 
3. LATERO: hacia un lado; dextro (derecha) o levo (izquierda).
4. SUPRA/EXTRU: sobre el plano oclusal.
5. INFRA/INTRU: bajo el plano oclusal.
6. VESTÍBULO, LINGUO, MESIO, DISTO (en relación con los dientes).

B) Alteraciones del tamaño:
1. MACRO: aumentado.
2. MICRO: disminuido.

C) Alteraciones del número y/o del desarrollo:
1. A/AN: ausencia completa.
2. HIPO/OLIGO: disminución.
3. HIPER/POLI: aumento.

Los radicales utilizados, extraídos de la nomenclatura anatómica clásica, pueden ser muchos, tantos como estructuras anatómicas pueden estar afectadas: alveolia (alveolo; proceso alveolar); gonia (ángulo goniaco mandibular); condilismo (cóndilo); oclusión; genie (mentón); odoncia (dientes); glosia (lengua); prosopa (cara); gnatia o gnatismo (maxilar/mandíbula); queilia (labios).
        Aunque las anomalías del número (hiperodoncia, diente supernumerario, hipodoncia, oligodoncia, agenesia), del tamaño (macrodoncia, microdoncia) y de la forma dentaria pueden causar diferentes grados de maloclusión, son las alteraciones de la posición dentaria las que con mayor frecuencia están implicadas en ella. En estos casos se utilizan una serie de radicales específicos. Si el diente está desplazado en bloque fuera de la arcada se utiliza el radical gresión, mientras que si ocupa su lugar en la arcada pero su eje longitudinal está inclinado, se utiliza el radical versión, si es el extremo coronal el que se ha salido de la arcada, y torsión, si el desplazado es el extremo apical.
       El término rotación o giroversión se utiliza cuando el diente ha girado sobre su eje longitudinal, y habrá que nombrar el movimiento indicando uno de los márgenes del diente y el sentido de la rotación, por ejemplo mesio-vestíbulo-rotación o disto-linguo-rotación.
        Cuando el diente está en su posición en la arcada, pero por debajo del plano de oclusión, se habla de intrusión, mientras que si está por encima del plano de oclusión hablamos de extrusión.
El apiñamiento se produce cuando hay discrepancia oseodentaria negativa y el espacio de la arcada es insuficiente para los dientes erupcionados (figs. 6 y 7). Por el contrario, cuando la discrepancia oseodentaria es positiva, como ocurre en los casos en que las dimensiones de la arcada son amplias o el tamaño y/o número de los dientes menores al normal, aparecen espacios entre los dientes que se denominan diastemas (fig. 8).


Fig. 6. Apiñamiento dentario por discrepancia óseo-dentaria 
negativa. Visión vestibular.


Fig. 7. Apiñamiento dentario por discrepancia óseo-dentaria 
negativa. Visión oclusal.


Fig. 8. Discrepancia oseo-dentaria positivas. Diastema interincisivos.

Clasificación de las maloclusiones
El término “maloclusión” debe aplicarse a aquellas situaciones que exigen intervención ortodóncica más que a cualquier desviación de la oclusión ideal. Las anomalías dentarias enumeradas anteriormente pueden provocarla (maloclusiones dentarias), pero serán las anomalías del tamaño de los maxilares (macrognatismo, micrognatismo), así como las anomalías de la posición de los maxilares con respecto a la base craneal (prognatismo, retrognatismo, anterorrotación mandibular y posterorrotación mandibular) las que provocarán las maloclusiones más graves (maloclusiones esqueléticas).
        La calificación de oclusión normal o anormal debe ser matizada individualmente en cada paciente, pues hay una amplia gama de posibilidades que están dentro de lo normal sin corresponder exactamente con lo que se considera como oclusión ideal. Además, no siempre lo ideal es lo bueno funcionalmente.
        Actualmente se considera que la mayoría de las maloclusiones resultan de una de estas dos situaciones: A) Discrepancia óseo-dentaria: discrepancia relativa entre el tamaño de los dientes y el de las bases óseas maxilares, y/o B) Discrepancia esquelética: disarmonía en el desarrollo de las bases óseas maxilares.
        Así, las alteraciones de la oclusión pueden producirse, básicamente, por tres causas. Cuando la maloclusión se origina por una alteración de la mandíbula o del maxilar, ya sea por defectos en su crecimiento o en su posición, tal maloclusión se califica como esquelética (fig. 9). Sin embargo, cuando las bases óseas mandibular y maxilar tienen un tamaño y posición normales y la maloclusión se produce por alteraciones de la erupción, forma, número, tamaño o posición dentaria hablamos de maloclusión de origen dentario (fig. 10). Por último, pueden producirse maloclusiones de origen funcional en pacientes que, aún teniendo el maxilar y la mandíbula bien desarrollados y posicionados y sus dientes correctamente situados, como consecuencia de hábitos orales anómalos (succión digital, respiración oral, deglución atípica) o por la presencia de contactos prematuros, generan estímulos neuromusculares que fuerzan posiciones mandibulares anormales. Este es el caso de los respiradores bucales, en los que la posición lingual baja y la interposición lingual interincisiva provoca un prognatismo mandibular funcional y mordida abierta anterior (figs. 11 y 12). Otro ejemplo de maloclusión de origen funcional es el que se produce cuando los caninos temporales inferiores no se abrasionan y aparece un contacto prematuro que origina una desviación mandibular y una mordida cruzada funcional que se recuperará tras eliminar el contacto prematuro.


Fig. 9. Mordida cruzada anterior y posterior de origen esquelético.


Fig. 10. Maloclusión clase II, división 2ª de origen dentario.


Fig. 11. Hábito oral anómalo de interposición lingual interincisiva.


Fig. 12. Mordida abierta anterior en el mismo caso de la 11.

Clasificación de las maloclusiones según los planos del espacio
En la actualidad se tiende a clasificar las maloclusiones según el plano espacial al que afecten preponderantemente:

A) Maloclusiones del plano sagital o antero-posterior: 
– Distoclusión: clase II de Angle, oclusión posnormal, posteroclusión.
– Mesioclusión: clase III de Angle, oclusión prenormal, anteroclusión.
– Resalte excesivo: overjet exagerado (fig 13).
– Oclusión borde-borde: sin acabalgamiento, no hay overjet ni overbite.
– Mordida cruzada anterior: inversión del overjet o resalte invertido (fig. 14).


Fig. 13. “Overjet” o resalte exagerado.


Fig. 14. Mordida cruzada anterior.

B) Maloclusiones del plano transversal u horizontal:
– Mordida cruzada lateral: cuando las cúspides vestibulares de premolares y molares superiores ocluyen en las fosas de los premolares y molares inferiores (mordida cruzada lateral completa) (fig. 15). Las piezas inferiores desbordan lateralmente a las inferiores. La oclusión cúspide a cúspide se considera una mordida lateral incompleta. Puede ser bilateral, si afectan ambas hemiarcadas, unilateral, si afecta una hemiarcada; o aislada, cuando afecta a una sola pieza dentaria.
– Mordida en tijera: cuando las caras palatinas de molares y premolares superiores están en contacto con las caras vestibulares de los correspondientes inferiores. Si es bilateral se denomina síndrome de Brodie. Se produce por un defecto del desarrollo transversal de la mandíbula.
– Desviaciones de la línea media: no coinciden los frenillos superior e inferior en la línea media interincisal.


Fig. 15. Maloclusión clase II, división 2ª, con mordida 
cruzada posterior.

C) Maloclusiones del plano frontal o vertical:
– Sobremordida: overbite exagerado; mordida cerrada anterior (fig. 16).
– Mordida abierta: presencia de una apertura interdentaria en el momento del cierre oclusal (fig. 17). Puede afectar a los dientes anteriores y/o a los posteriores.


Fig. 16. Sobremordida (overbite exagerado).


Fig. 17. Mordida abierta anterior.

Clasificación de las maloclusiones según Angle
Aunque ya se ha hecho referencia anteriormente a los tipos de oclusión según Angle, vamos a abordar ahora la clasificación de las maloclusiones realizada por este mismo autor. La clasificación de Angle, universalmente aceptada, ve la relación oclusal en el plano sagital, considerando el 6 superior como punto fijo, sin tener en cuenta las relaciones transversales ni verticales con sus posibles alteraciones, y sin localizar las anomalías en el marco dentario, óseo o neuromuscular.
        Edward H. Angle (1899), consideró tres principios básicos en su clasificación de las maloclusiones: 1º) El cuerpo mandibular y su arcada dental deben ocupar una posición anteroposterior fija con respecto al cráneo; 2º) La arcada superior, al estar implantada en el maxilar superior, hueso fijado al cráneo, puede ser una referencia válida para ver la relación mandíbula-cráneo y, concretamente, el primer molar superior permanente, al estar en una posición estable en la arcada superior, puede tomarse como referencia que no cambia para ver la posición de la mandíbula en relación con el cráneo; 3º) Existen suficientes signos para detectar cambios de posición de los primeros molares.

Maloclusión clase I de Angle
En este caso la relación de la mandíbula con respecto al cráneo es la correcta. Cuando las arcadas están en máxima intercuspidación, la relación anteroposterior de los primeros molares permanentes es tal que el surco mesiovestibular del 6 inferior se encuentra en la misma línea que la cúspide mesiovestibular del 6 superior. Las maloclusiones que se dan en esta situación son malposiciones individuales de dientes, anomalías en las relaciones verticales o transversales, problemas de apiñamiento... (fig. 18). En este grupo se encuentran más del 50 por 100 de las maloclusiones, y muchas de ellas no se tratan. Puede asociarse a cualquiera de las anomalías de la oclusión anteriormente mencionadas.


Fig. 18. Oclusión clase I con apiñamiento dentario anterior.

Maloclusión clase II de Angle
La mandíbula está en posición distal respecto al conjunto máxilo-cráneo-facial. El surco mesiovestibular del 6 inferior ocluye por distal (distoclusión) de la cúspide mesiovestibular del 6 superior. Es completa si la cúspide distovestibular del 6 superior ocluye con el surco mesiovestibular del 6 inferior (el desplazamiento es de una cúspide completa). Es incompleta si el surco inferior no llega hasta esta cúspide y queda un borde a borde entre la cúspide central del 6 inferior y la distovestibular del 6 superior. Puede presentarse de forma bilateral o unilateral y se diferencian dos variedades:

1) Clase II división 1ª: Hay distoclusión molar pero, a la vez, los incisivos superiores están protruidos en vestibuloversión, con resalte interincisivo aumentado (fig. 19). Aunque son dos veces menos frecuentes que las maloclusiones de clase I, constituyen más de la mitad de los pacientes ortodóncicos. Suelen darse en respiradores bucales con adenoides hipertrofiadas y en casos de interposición labial tras los incisivos superiores. Las maloclusiones que pueden asociarse en el plano transversal son desviación de la línea media, mordida cruzada lateral, mordida en tijera y compresión de la arcada superior. En el plano vertical: mordida abierta o sobremordida. En el plano sagital: incisivos superiores vestibulizados, con diastemas, e inferiores lingualizados.


Fig. 19. Maloclusión clase II, división 1ª. Puede observarse 
el enorme resalte existente.

2) Clase II división 2ª: Hay distoclusión molar y, a la vez, los incisivos superiores están en una de las siguientes posiciones: a) los 4 incisivos superiores están palatinizados, b) los incisivos centrales están palatinizados y los laterales vestibulizados (figs. 20 y 21), c) los 4 incisivos están palatinizados y los caninos vestibulizados, y d) los incisivos están rectos. Suele haber cara ancha (altura facial inferior disminuida), respiración nasal, tonicidad muscular aumentada, labio superior corto e hipotónico, labio inferior hipertónico cubriendo 1/2 - 2/3 de los incisivos superiores y surco labiomentoniano acusado.


Fig. 20. Maloclusión clase II, división 2ª . Visión vestibular anterior.


Fig. 21. Maloclusión clase II, división 2ª. Vista lateral del mismo 
caso de la figura 20.

        En la clase II es frecuente la sobremordida aumentada, pudiendo originar trauma oclusal, daño periodontal y patología de la ATM (figs. 22 y 23). De hecho, la maloclusión clase II es la que más se asocia a patología de la ATM y en el 33 por 100 de los casos los cóndilos están forzados hacia distal por la guía incisal.


Fig. 22. Maloclusión clase II, división 2ª. La sobremordida ha 
ocasionado afectación periodontal.


Fig. 23. Maloclusión clase II, división 2ª, con gran sobremordida. 

        Desde el punto de vista etiopatogénico, si consideramos los dos huesos basales maxilares (maxilar superior y mandíbula) y los dos procesos alveolares, podemos distinguir 7 tipos de clases II, 4 de origen esquelético u óseo y 3 de origen dentario o dentoalveolar:

A) Clases II esqueléticas: 1) Hiperplasia maxilar, 2) Prognacia maxilar, 3) Hipoplasia mandibular (la más frecuente), y 4) Retrognacia mandibular. Pueden existir también distintas combinaciones entre estos tipos.
B) Clases II dentarias o dentoalveolares: 1) Proalveolia superior, 2) Retroalveolia inferior, 3) Mixta: proalveolia superior y retroalveolia inferior.

Maloclusión clase III de Angle
En este caso la mandíbula se sitúa mesialmente respecto al cráneo. El surco mesiovestibular del 6 inferior está por mesial de la cúspide mesiovestibular del 6 superior (mesioclusión) (fig. 24). 


Fig. 24. Maloclusión clase III.

        Representa el 5 por 100 de las maloclusiones. La clase III “verdadera” es de origen esquelético u óseo y puede deberse a hipoplasia del maxilar (máxima frecuencia) o hiperplasia de la mandíbula. A la clase III de origen dentario se la denomina también pseudoclase III, falsa clase III o pseudoprogenie, observándose una relación molar normal (clase I de Angle) pero los incisivos inferiores están por delante de los superiores (que están lingualizados), existiendo mordida cruzada anterior.

Referencias
1. Real Decreto 1594/1994, de 15 de julio, por el que se desarrolla lo previsto en la Ley 10/1986, que regula la profesión de Odontólogo, Protésico e Higienista Dental. BOE de 8 de septiembre de 1994.
2. Segura JJ, Poyato M. El higienista dental: marco legal y perfil profesional. Revista Andaluza de Odontología y Estomatología 1997; 7:20-23.
3. Segura JJ, Poyato M. La exploración bucodental en el currículum académico del higienista dental. Maxillaris 1999; 10:40-48.
4. Poyato M, Segura JJ. La prevención bucodental en el curriculum académico del técnico superior en higiene bucodental. Gaceta Dental 1998; 89:54-60.